jueves, 14 de junio de 2012

242. Sagrado Corazón: Nací para ser amado y amar


Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús:
Juan 19,31-37

Texto del Evangelio

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: "No le quebrarán un hueso"; y en otro lugar la Escritura dice: "Mirarán al que atravesaron."

Hermanos:

1. Hoy es el día del sagrado Corazón de Jesús. Sagrado Corazón de Jesús, así decimos por abreviar. Sacratísimo Corazón de Jesús, dice el título de la liturgia de esta solemnidad. Y, al amparo de la Escritura, vamos a reflexionar – a contemplar, más bien – el amor invicto de Dios, que tiene un nombre en la creación y en la familia humana: Jesús.
Jesús de Nazaret, contemporáneo de todas las edades, compaisano de todos los hombres. Mirarán al que atravesaron, esta es la consigna de hoy, una frase del profeta Zacarías que san Juan la ha tomado como el primer icono del Corazón de Jesús. Jesús en la Cruz, con el corazón abierto, manando vida – sangre y agua- como palabra de Dios en la historia.
Hermanos, a velas desplegadas tenemos que hablar del amor, dirigidos también con la mano de Juan que escribió en sus cartas: Dios es amor. Y repitió: Dios es amor.
El actual Papa, Benedicto XVI, al dar su primera palabra al mundo en la encíclica inicial de su pontificado (Navidad 2005), tomó esta proclamación para decir todo de una vez: Dios es amor, Deus caritas est.
Insisto, vamos  navegar por los mares sin fondo del amor.

2. Si yo fuera filósofo, quisiera decir a mis hermanos los hombres: La vida es el punto de arranque de todo pensamiento. Nada hay superior a la vida, y todo retorna a ella, abierta a lo infinito. ¿Qué es el amor, humanos que me escucháis? El amor no es otra cosa que la revelación de la vida, la comparecencia de la vida, la presencia de la vida, el amanecer, la plenitud y el ocaso infinito de la vida. El amor es la forma suprema de la vida, la esencia misma de la vida.
Pero como filósofo que ha bebido en las aguas de la Escritura, tendría que añadir, y añado: El amor no es otra cosa que la vida de Dios aparecida en medio de los hombres; porque Dios es amor, y, por lo tanto, el amor es Dios.
El amor es la revelación de Dios, la aparición de Dios, la presencia de Dios, la comunión de Dios vuelto al mundo. Estamos bajo la omnipotencia del amor de Dios, único rector de la historia, que no puede quedar domeñada por poderes extraños. Dios es el amor invicto del hombre.

3. Y tornamos al punto de arranque: Mirarán al que atravesaron. Nosotros no miramos una idea; miramos a un ser humano que ahora vivía y acaba de morir. No le han bajado todavía de la Cruz, y ese costado abierto, con el corazón que mana sangre, es el lazo que une la vida terrestre y ultraterrestre de Jesús, la única vida del Hijo de Dios.
Ahora resulta, mis queridos hermanos, afinando el perfil de nuestros pensamientos que el amor no solamente es Dios, sino que del modo más preciso, el amor es la historia de Dios, esto es:
- la encarnación de Dios en Jesús,
- la muerte de Dios en su Hijo amado, Jesús,
- la resurrección de Dios en Jesús de Nazaret, vencedor en el amor.
El amor  no es un ente de pensamiento; no es ese punto central y radial para dar sentido a todo cuanto se agita en la mente del ser humano, que por necesidad intrínseca no puede menos de pensar. El amor ya no es una palabra abstracta, la más bella de cuantas existen; el amor es Alguien, el amor es lo más concreto, es el amante Jesús. Y demos a las palabras la densidad que llevan consigo mismas, ajenos a todo romanticismo.

4. Mirarán al que atravesaron. Jesús en la Cruz: de él estamos hablando. Esa es la efigie del Corazón de Jesús, del Sagrado, del Sacratísimo Corazón de Jesús:
- amor de sangre,
- amor de muerte,
- amor de la entrega exhaustiva.
Los amó hasta el extremo, dice san Juan, antes de la Cena. Amar…, ni más no pudo, ni se puede pensar que pudiera.
Sigamos, pues, hermanos, filosofando como amantes del pensar. ¿Qué es el amor? El amor es el amor total de Dios, sin posibilidad de que pueda haber una amor más grande.
Y ese amor total – puntualiza el filósofo – es el amor gratuito, porque es de la esencia divina que Dios no pueda amar, sino amando gratis. Dios no puede rebajarse a amar a cambio de una mercancía provechosa. Dios, amando, ama gratis: gratis, y del todo y para siempre.
Todo esto lo estamos contemplando, admirados y atónitos, en la imagen que se yergue en el Calvario.
El Dios de los cristianos es el Dios del amor;
el mensaje cristiano, el Evangelio de Jesús, no es otro que éste: Dios es amor.

5. Pues esta es la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús que en este viernes celebra la Iglesia.
Si esto toca nuestro corazón, transforma radicalmente nuestra vida.
En efecto, aquí se produce el encuentro. El ser humano ha nacido para ser amado, y para abrirse en correspondencia al amor experimentado: ser amado y amar; ser amado por Dios y amar a lo divino, arrebatando en ello todas las fuerzas humanas del corazón.
Estamos, pues, dando vueltas y vueltas al eje de la existencia, divina y humana: Dios es amor.

6. Pero un extraño pensamiento, como una sombra, se acerca al acecho: Pero Dios es justicia, y hay que poner la balanza en el justo medio.
Dios es justicia – en el sentido más usual de la palabra – sí es cierto; como es cierto que Dios es santidad, Dios es sabiduría, Dios es verdad…
Ahora bien, hermanos, si en la cápsula de nuestro cerebro queremos poner al par el amor y la justicia, seguro que descomponemos la imagen de Dios, al quitarle el centro de unidad. La Escritura pone ese centro de unidad en el amor, y de ninguna manera en un atributo vindicativo del honor divino.
Dios es amor, seguiremos repitiendo con respecto y adoración, ensalzando la gloria divina.
Y al amparo de ese amor trataremos de recoger nosotros nuestra vida con la seguridad humilde y firme de que no andamos errados.
Dios es amor total y gratuito, decíamos.
Para nuestro propio consuelo, miremos otro perfil: Dios es amor misericordioso. Y esa misericordia ¿en quién la vemos sino en el Hijo amado, que “me amó y se entregó por mí”…?

7. Mirarán al que atravesaron. ¡Oh Jesús, infinito amor del Padre, yo te miro, porque primero me has mirado tú a mí!
Que al atravesar la frontera de la muerte me encuentro con esos ojos misericordiosos y en ellos encontraré el infinito amor de Dios, que mana de tu Corazón. Amén.

Puebla de los Ángeles, jueves víspera del Sacratísimo Corazón de Jesús, 14 junio 2012.

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