jueves, 21 de junio de 2012

247. Esencias de Santa Clara - 4 Mística pura

Cartas de un hermano menor
a una hermana clarisa capuchina
en torno a santa Clara y su Forma de vida (2007),
reeditadas hoy (2012) con motivo de los 800 años
del comienzo de la vida evangélica de Clara (Assisi, 1212)

Carta 4
Mística pura


Mi querida Lidia:

Nos hemos centrado en este foco original de donde nace el alma clarisa. Añadimos ahora un toque de espíritu y gracia, al decir: No se entiende el corazón de Clara, no se logra su genuina identidad si no vemos en ella a una mística, a una mística pura. Por eso mi pensamiento que comparto contigo lleva tal título. Mística pura.

Corazón místico de la autora de la Regla

Con ello también queremos situarnos en el mero-mero centro de la Regla. ¿Entenderíamos ésta si no partimos de esta convicción y enfoque: Clara es un horno ardiente de amor, y solo desde ese amor ha nacido la Regla, su "forma vitae" (como aclararemos), camino evangélico para llegar al Crucificado?
La veta del alma de Clara es la mística. Clara vive lo que piensa; y lo que piensa es una realidad divina, que se opera en ella. Por eso, sus vivencias son mística pura.
Y es notable que se dirija con este lenguaje, mejor, con tales vivencias, a una candidata que va a traspasar el umbral del monasterio. Curioso sistema de promoción vocacional: comenzar por las cumbres. Acaso rendiría más el empeño de por nuevas vocaciones si comenzáramos por las alturas, a condición - claro está - de que jamás en tales efusiones haya cosa que no pertenezca a la pura realidad (al menos como deseo) de mi vocación franciscana.


La veta mística en el subsuelo de la Regla

En la tradición franciscana ha habido desde el principio un convencimiento común, tenido como un axioma, de que Francisco mismo es la Regla. No se distancia el legislador de su obra, sino que él mismo es la "regla al vivo". En una de las antífonas del Tránsito, lo ensalzábamos como "regula morum", regla de nuestras costumbres. Francisco ha sido para nosotros, que nos ha dado en el Evangelio su "forma vitae", él mismo "forma minorum", forma y molde de los menores.
Creo que la tradición escrita no ha creado iguales expresiones para santa Clara. Pero seguro que no nos alejaremos de la verdad si pensamos que, de manera correspondiente, Clara es para las hermanas "forma de vida".

Las hermanas que convivieron con ella, no la vieron solo como una santidad en sí singularísimo, sino como una estampa a copiar.
Cuando se hizo el proceso, sor Balbina (octava testigo), que había vivido más de 36 años bajo la autoridad de madonna Clara "dijo que siempre había visto a madonna Clara vivir en gran santidad. Preguntada sobre en qué forma de santidad, respondió: en la mucha mortificación de su carne y en la mucha aspereza de su vida. Y en cuanto podía, procuraba agradar a Dios y amaestrar a sus hermanas en el amor de Dios; y tenía mucha compasión de las hermanas, en el alma y en el cuerpo. Y añadió la testigo que sólo teniendo la ciencia de los santos podría expresar la bondad y santidad que había visto en madonna Clara" (Proceso, VIII testigo, 2-3).


Clara, encarnación de una forma de vida

Debajo de la Regla hay una persona viviente, que de algún modo proyecta su vida en "forma de vida" para las demás.
A propósito: la palabra "regla" no existe en los escritos de santa Clara. Existe la expresión de FORMA DE VIDA. Veamos cómo aparece:

"En el nombre del Señor comienza la forma de vida  de las hermanas pobres La forma de vida de la Orden de las Hermanas Pobres, instituida por el bienaventurado Francisco, es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad" (Capítulo I de la Forma de vida, comienzo); "prometiendo guardar siempre esta vida y forma de nuestra pobreza" (II,14); "Y elíjanse, de la misma manera,  al menos  ocho hermanas  de entre las más discretas; y la abadesa se atendrá a su consejo en todo lo exigido por nuestra forma de vida" (IV,23); "movido a piedad [san Francisco] nos redactó la forma de vida en estos términos..." (VI,2); "Luego nos escribió  la forma de vida, sobre todo en que perseverásemos siempre en la santa pobreza" (Testamento, 33).
Clara ha establecido una "forma de vida", que está sustentada, en lo profunda, por una fuerte experiencia de Dios, por unas opciones radicales que se han adoptado.
Clara con la Forma de vida pretende decir simplemente: Así hacemos nosotras; así vivimos para alcanzar al pobre Crucificado.
La Forma de vida, si por una parte podemos entenderla como molde, como configuración, acercándonos a ese sentido escolástico-medieval de "materia" y "forma" (forma: lo que da el ser por dentro). Por otra, podemos entenderla en un sentido flexible, casi narrativo: Este es nuestro intento, nuestro diseño, estas son nuestras opciones en vista de un objetivo simple: responder a la llamada simple que el Señor nos ha otorgado. Como acabamos de decir: así vivimos para alcanzar al pobre Crucificado.
Si aceptamos este sentido, tendremos una gran ventaja para entender la fuerza interior del Proyecto, porque percibiremos mejor hacia dónde apunta con unas opciones concretas, que según la cultura pueden variar.


La mística de Clara en la base de su "forma de vida"

Mi querida Lidia: la hermana clarisa - estoy hablando de ti y estoy compartiendo contigo - se pregunta: Y en su intimidad ¿cómo era mi hermana Clara? ¿Cómo vivía?
Rastreando su espíritu de lo que manifiesta en sus escritos más libres, bien podemos decir que era una mística pura, una mística de amor. La mística de una relación permanente de amor es la respiración de su alma.
Y su mística se puede diseñar con estos rasgos que vamos a tratar de pergeñar.

- Una mística de intimidad esponsal en torno a la santa humanidad de Cristo. Cuando escribe a la princesa Inés de Bohemia, madona Clara es una mujer en absoluta plenitud; tiene unos 40 años. De casada habría tenido a esa edad hijas casaderas. Pero no es casada, ni nunca se sintió tal, sino que se ve como esposa de Cristo. Y se deleita en contempla la santa humanidad del Señor, y frente a él ve a la joven esposa - Inés - con todos los atavíos femeninos de la mujer que es entregada a un esposo. "Te lo estoy describiendo así - podría decir en su secreto - porque lo estoy viviendo así" (pues ¿qué otra cosa hace el escritor sino transfundir sus íntimas vivencias?).

- Intimidad esponsal con el "Pobre Crucificado". Jesús está en la Cruz pobre y desnudo. El Sacrum Commercium (las "Sagradas Nupcias") verá que esposa Pobreza es la mayor gloria del Desnudo: "No lo abandonaste hasta la muerte, y una muerte de cruz, y en la misma cruz desnudo ya el cuerpo, extendidos los brazos y elevadas las manos y los pies sufrías juntamente con El, de suerte que en Crucificado nada aparecía más glorioso que tú" (Sacrum Commercium, 23). San Buenaventura nos dirá que debemos entregarnos desnudos en brazos del Crucificado: "expropiado de tal posesión, pueda adentrarse en las obras del poder del Señor y entregarse desnudo en los brazos del Crucificado" (Buen., 7,2).
Ya lo había dicho: cómo quedó Francisco ante el Obispo de Asís: "Así, quedó desnudo el siervo del Rey altísimo para poder seguir al Señor desnudo en la cruz, a quien tanto amaba" (Buen. 2,4).
Y al morir san Francisco, comenta: "Ciertamente, quiso conformarse en todo con Cristo crucificado, que estuvo colgado en la cruz: pobre, doliente y desnudo. Por esto, al principio de su conversación permaneció desnudo ante el obispo, y, asimismo, al término de su vida quiso salir desnudo de este mundo. Y a los hermanos que le asistían les mandó por obediencia de caridad que, cuando le viesen ya muerto, le dejasen yacer desnudo sobre la tierra tanto espacio de tiempo cuanto necesita una persona para recorrer pausadamente una milla de camino" (Buen. 14,4).
Santa Clara ha oído hablar del combate del desnudo con el desnudo..., lenguaje místico que alude al Desnudo de la Cruz (según pensamos, con el trasfondo de la lucha de Jacob con Dios, con "Alguien", al cruzar el vado de Yaboc: Gn 32,23-33). El obispo Jacobo de Vitry, en un sermón a los hermanos menores (del tiempo en que Clara escribe esta carta), decía: "Por consiguiente, cuando atraviesen el río de las cosas temporales y combatan desnudos contra el que está desnudo, confíen en el Señor en que podrán superar al enemigo, con tal que estén en guardia con cautela..." (Sermón 2,2).
Me parece que una expresión feliz que puede compendiar la mística de Clara es esta: "abraza como virgen pobre a Cristo pobre" (2Cta a Inés, 18).

- Mística de la santa humanidad que se traduce en vivencias de "hermana, esposa y madre, del Hijo del Altísimo Padre y de la Virgen gloriosa". En la carta que tenemos entre manos vamos a ver por dos veces esta triple mención del parentesco espiritual que existe entre la virgen consagrada y el Hijo del Altísimo que es Hijo de la Virgen gloriosa. Es una vivencia íntima que Francisco la exponían para todos los cristianos, al eco de aquella frase de Jesús: ¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? Esta vivencia interior de san Francisco es bien conocida.

- Mística de intimidad con el misterio de María. El misterio de María aparece muy vivo en los escritos de Clara; muy vivo y con evidente sensibilidad de mujer. He aquí, como ejemplo, dos textos: "Adhiérete a su Madre dulcísima, que engendró un tal Hijo: los cielos no lo podían contener (3Re 8,27) 19 y ella, sin embargo, lo llevó en el pequeño claustro de su vientre sagrado, y lo formó en su seno de doncella" (III Cta a Inés, 18)..
"La gloriosa Virgen de las vírgenes lo llevó materialmente: tú, siguiendo sus huellas (1Pe 2,21), principalmente las de la humildad y  la pobreza, puedes llevarlo espiritualmente siempre, fuera de toda duda, en tu cuerpo casto y virginal; de ese modo contienes en ti a quien te contiene a ti y a los seres todos (Sab 1,7; Col 1,17), y posees con El el bien más seguro, en comparación con las demás posesiones, tan pasajeras, de este mundo" (3Cta a Inés, 24-25).
Me gustaría tratar este tema en otra ocasión, aparte.

El "cursus" rítmico de la mística Clara de Asís

Para expresar esta idea matriz, de que debajo de la Forma de vida de las Hermanas Pobres escrita por la humilde Clara de Asís hay una mística que rezuma amor, me gustaría meterme dentro del alma de santa Clara y traducirle las palabras que ella está desgranando en su redacción.
Nos intrigan estas "Cartas de santa Clara". ¿Las habrá escrito ella...?, nos atrevemos a preguntar. ¿Era poetisa...? ¿Era escritora...? ¿Tenía cultura para escribir así..., con esa elevación y estilo de una persona que sabe manejar la pluma? Porque, a la vista está, las cartas son distintas de la Forma de vida.
No creo que los investigadores, los especialistas en latín medieval, nos hayan aclarado hasta el presente estas preguntas. Pienso humildemente que necesitamos saber más para llegar a unas respuestas satisfactorias... (Hoy mi referencia  es la edición crítica de los escritos de Clara en Fontes Franciscani, a cura di E. Menestrò e St. Brufani. Edizione Porziuncola 1995, 2581 pp., con la introducción para Clara de Emore Paoli, véase p. 2223, nota 3).
En las cartas, al menos en amplias secciones de las cartas, vemos que el latín fluye con lo que los maestros llamaban el "cursus" de la dicción, la correcta y rítmica ondulación de las frases. Voy a hacer un intento de traducirle a nuestra hermana Clara no en verso, que sería falsificarle, pero sí pretendiendo un cierto ritmo interior de las frases, que quiere corresponder a la la ondulación elevada del contenido.
Lo intento para ti, mi amada Lidia.
Y con esto cierro hoy mi comunicación.
Recibe mi abrazo cariñoso.
     
Escribí en Tres Ojitos, el 11 y 12 de marzo de 2007

Traducción rítmica de la Primera Carta a Inés

Carta escrita en 1234, poco antes de entrar Inés de Praga en el monasterio (según la edición de Omaecheverría), o poco después de haber abrazado ya esta vida (según Emore Paoli, en: Fontes Francescani).

He aquí, pues, mi versión (mi sencillo intento de versión), de esta prosa que escrita por una mujer que ha gustado lo que va escribiendo y que viene a resultar a Poema a Jesús dedicado a Inés de Bohemia.
He visto con agrado, luego de traducir, que el traductor de santa Clara (Luciano Canonici, OFM, 1978), ha colocado como verso diversos textos de las cartas I, II, y IV (y prácticamente toda la V, ésta a Ermentrudis de Brujas), dejando lo demás en prosa. Destacamos tales secciones en negrita.


A la venerable y santísima Virgen, doña Inés,
hija del excelentísimo e ilustrísimo Rey de Bohemia,
yo, Clara,
servidora indigna de Jesucristo,
y esclava de las damas enclaustradas en el monasterio de San Damián,
de Vos rendida súbdita y sierva,
saludo y pido con especial reverencia vuestra plena recomendación
para alcanzar la gloria de la felicidad eterna.

Habiendo llegado hasta mí
la fama de vuestra santísima conducta y purísima vida,
- si bien no solo a mí,
pues ya se ha divulgado por casi todo el orbe, -
me regocijo y exulto inmensamente en el Señor.
Mas no soy yo sola quien puede exultar,
sino todos cuantos se han consagrado o desean consagrarse
al servicio de Jesucristo.

Podríais haber disfrutado, con preferencia a todas,
de las pompas, honores y dignidades del mundo
con gloria resplandeciente.
Podríais haberos desposado legítimamente con el ínclito Emperador,
con el honor que a vuestra excelencia y la suya correspondía.

Pero habéis rechazado todo esto,
y habéis preferido y elegido
con todo el ánimo, con todo el afecto del corazón,
la santísima pobreza y la indigencia del cuerpo.

Habéis acogido al Esposo de superior nobleza,
al Señor Jesucristo:
Él guardará para siempre vuestra virginidad,
inmaculada e intacta.

      Amándolo, os sentiréis casta;
      acariciándolo, os haréis más pura;
      abrazándolo, seréis virgen.

      Él es el Fuerte más poderoso,
      su generosidad es sublime;
      su rostro, el más hermoso;
      su amor, el más suave;
      su gracia y su talle, los más elegantes.

      Y a él le dais los íntimos abrazos,
      a él, que ha adornado vuestro pecho de joyas preciosas,
      y os ha embellecido con aretes de perlas riquísimas,
      que os ha engalanado con traje esplendente de pedrería,
      y os ha coronado con una corona de santidad.

* * *

Ya, pues, hermana mía amadísima,
y dueña mía a quien sumamente venero,
pues sois esposa y madre y hermana de mi Señor Jesucristo,
a Vos se os ha confiado con gloria resplandeciente
el estandarte de la virginidad inviolable y de la santísima pobreza:
Sed fuerte en el santo servicio comenzado,
en el ardiente deseo del Pobre Crucificado,
el que por nosotros sufrió la pasión de la Cruz,
y nos libró del poder del Príncipe de las tinieblas,
encadenados por el pecado del primer padre,
y nos reconcilió con Dios Padre.

* * *

      ¡Oh bienaventurada pobreza:
      a quienes la aman y abrazan
      les entrega las riquezas eternas!
      ¡Oh santa pobreza:
      a quienes la tienen y la desean
      Dios les promete el Reino de los cielos,
      y mus cierto que les da la gloria eterna
      vida bienaventurada!
      ¡Oh entrañable pobre:
      el Señor Jesucristo,
      que gobernaba y gobierna cielo y tierra
      - él lo dijo y existió -
      la abrazó, prefiriéndola a todas las cosas!

Las zorras tienen sus madrigueras, dijo,
y las aves del cielo sus nidos,
pero el Hijo del hombre, Cristo,
no tiene donde reclinar la cabeza:
la inclinó y entregó el espíritu.

Y tan grande y tal Señor
vino a las entrañas virginales
y se hizo presente en el mundo
despreciado, necesitado y pobre,
para que los hombres,
ellos sí pobrísimos y míseros,
padeciendo toda necesidad de alimento celestial,
se hicieran ricos en él
y poseyeran los reinos celestiales.

Exultad Vos, sin medida, alegraos,
porque os ha agrado más el desprecio del mundo
      que los honores,
la pobreza más que las riquezas temporales,
y habéis querido guardar los tesoros
no en la tierra sino en el cielo,
donde ni roe el orín ni come la polilla,
ni los ladrones perforan ni roban;
en los cielos está vuestra recompensa copiosísima,
y habéis merecido ser y llamaros
hermana, esposa y madre,
del Hijo del Altísimo Padre
y de la Virgen gloriosa.

* * *

Confío firmemente que Vos conocéis
que el Señor ha prometido el Reino de los cielos
solo a los pobres
y solo a los pobres es dado;
pues quien ama el bien temporal,
pierde el fruto de la caridad.
No se puede servir a Dios y a Mamón,
pues si se ama al uno, se odia al otro;
si se consagra a uno, se desprecia al otro.
El luchador vestido
no puede luchar con el desnudo:
teniendo donde agarrarlo,
al punto lo derriba en tierra.
No se puede tener la gloria aquí en el mundo
y reinar allí con Cristo.
Antes pasará el camello por el ojo de la aguja,
que pueda ascender el rico a los reinos celestiales.

Por eso habéis arrojado los vestidos
- las riquezas temporales -
para no sucumbir derribada por el luchador
y para entrar en los reinos celestiales
por la puerta estrecha y angosta.

      ¡Qué grande y ventajoso negocio:
      dejar los bienes temporales por los eternos,
      ganar los celestiales en vez de los terrenos,
      recibir el ciento por uno
      y poseer la vida bienaventurada y eterna!

* * *
Permítame su excelencia y santidad,
suplicarle, en cuanto puedo, por las entrañas de Cristo,
que se mantenga firme en ese su santo servicio,
creciendo de bien en mejor,
de virtudes en virtudes,
para que Aquel a quien toda el alma quiere servir
se digne concederle los premios deseados.
Os suplico en el Señor, como puedo,
nos encomendéis en vuestras santísimas oraciones
a mí, vuestra sierva, aunque indigna,
y a todas mis devotas hermanas que moran en el monasterio,
para que por medio de ellas podamos obtener
la misericordia de Jesucristo,
y junto con Vos merezcamos contemplarle en la visión celestial.

Que Dios  os bendiga,
y orad por mí.

      (Tres Ojitos, 12 de marzo de 2007)

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