jueves, 21 de junio de 2012

248. Esencias de Santa Clara - 5 Vista por su hermana Beatriz


Cartas de un hermano menor
a una hermana clarisa capuchina
en torno a santa Clara y su Forma de vida (2007),
reeditadas hoy (2012) con motivo de los 800 años
del comienzo de la vida evangélica de Clara (Assisi, 1212)


Carta 5

El retrato espiritual de santa Clara
hecho por su hermana Beatriz
     
Mi querida Lidia:
Al investigar sobre estos puntos iniciales que tratamos de pormenorizar para ver cómo eran santa Clara, porque de la unidad de la persona comprenderemos mejor lo íntimo de su "Forma de vida" dado a las Hermanas Pobres, me ha impresionada especialmente lo que dijo su hermana carnal, Beatriz.
Como sabes, el Proceso notarial sobre la investigación  de la santidad de Clara se hizo al poco de la muerte de la que luego fue santa. Murió en agosto de 1253, y el Proceso se llevó a cabo en noviembre del mismo año.
Le tocó declarar a Beatriz. Dijo cosas sencillas y preciosas. Testimonió que su hermana hacía milagros... Pero la pregunta del "veinte" - como he aprendido en México - fue ésta:  en qué estaba la santidad de madonna Clara. Y Beatriz respondió. Se olvidó de que su hermana había hecho milagros: no estaba  en eso la santidad. Y la testigo habló con mucha sencillez, diciendo (como lo puedes ver escrito): virginidad, humildad, paciencia y afabilidad..., "y, por encima de todo, en el amor al Privilegio de la Pobreza". Beatriz no habla como una teóloga; habla como una hermana de la Comunidad, que narra lo que ha visto, y nos cuenta: "Así vi yo la santidad de mi hermanas. Este es el retrato que yo puedo haceros..."
A mí me parece precioso un testimonio tan sencillo, directo y fragante. Y, al punto, me han brotado unos versos, que no tienen otra finalidad que repetir lo que su hermana dijo, para que lo recuerden hoy, principalmente, las Hermanas Clarisas y se lo apliquen a sí mismas. He destacado en negrita el párrafo central sobre el que he compuesto el himno, incluso puedes ver en líneas distinta el collar de virtudes que Beatriz ha visto en su hermana.
Es mi carta espiritual, que dedico a mis hermanas clarisas.

* * *
Pero deseo profundizar esta reflexión, mi querida Lidia. No sé si sabré hacerlo como el tema merece.
Según entiendo, Beatriz ve en su hermana dos virtudes "polares": virginidad y pobreza; ahí está el secreto, con esos dos rasgos se trazar el verdadero perfil.
Virginidad es la primera palabra; pobreza la última. Se pueden juntar las dos palabras, y hacer de las dos una sola expresión. La esencia de Clara es ésta: la virginidad hasta ser toda pobre: virginalmente pobre, o pobreza virginal.
Recordemos la historia. Clara, pura y angelical siempre, dio el paso a la vida nueva a sus 18 años. Llegó la edad del amor, que para una mujer de entonces eran los 16 años. Y se habló de matrimonio. Sobre este punto encontramos dos testimonios de seglares que son extraordinariamente elocuentes. Conviene leerlos con atención.

"Messer Ranieri de Bernardo de Asís declaró bajo juramento que no dudaba de la santidad de madonna santa Clara, de feliz memoria, ni de que estuviese como santa en el cielo; y si alguno dudase de ella, de ninguna otra se debería creer y aun antes parecería que nuestra fe habría que tenerla por nada.
El testigo conoció a la dicha madonna Clara cuando era niña en casa de su padre; y era virgen, y desde su primera edad comenzó a dedicarse a las obras santas, como si hubiese sido santificada en el vientre de su madre.
Como era bella de rostro, se trató de darle marido; y muchos de sus parientes le rogaban que consintiese en casarse; pero ella jamás accedió. Y el testigo mismo le había rogado muchas veces que accediese, y ella no quería ni oírle; antes bien, ella le predicaba a él el desprecio del mundo.
Preguntado por cómo sabia las dichas cosas, contestó: porque su mujer era pariente de la dicha madonna Clara, por lo que el testigo frecuentaba su casa con confianza y veía sus antedichas buenas obras" (Proceso, XVIII, 2).
La joven Clara era virgen. Es un dato no baladí, sino muy estimable para el hombre que así habla. Él la hubiera visto muy bien casada, y hasta era su reiterado consejo personal, pero Clara pensaba en otra cosa bien distinta.
No menos preciso es el testimonio de otro caballero, cuya acta íntegra es la siguiente:
"Pedro de Damiano, de la ciudad de Asís, declaró bajo juramento que el testigo y su padre eran vecinos de la casa de santa Clara, de su padre y de los demás familiares.
Y conoció a madonna Clara mientras estuvo en el siglo; y conoció a su padre, messer Favarone, noble, grande y poderoso en la ciudad, él y los otros de su casa.
Y madonna Clara fue noble y de noble linaje, de honesta conducta; y de su casa eran siete caballeros, todos nobles y poderosos.
Preguntado sobre cómo sabía las dichas cosas, contestó que las había visto, porque era su vecino.
Ya entonces, la dicha madonna Clara, que era muchacha en aquel tiempo, vivía espiritualmente, según se creía. Y vio que el padre y la madre y sus parientes la quisieron casar según su nobleza, magníficamente, con hombres grandes y poderosos.
Pero la muchacha, que tendría entonces aproximadamente diecisiete años, no pudo ser convencida de ninguna manera, porque quería permanecer virgen y vivir en pobreza, como lo demostró después, ya que vendió toda su herencia y la dio a los pobres. Y por todos era tenida como de buena conducta.
Preguntado por cómo lo sabia, contestó: porque era su vecino y sabía que nadie había podido persuadirla nunca a poner su afición en las cosas mundanas"(Proceso, XIX).

Aquí se habla expresamente de que el deseo del matrimonio era el plan expreso tan de su padre como de su madre. Nada obsta que su madre fuera una piísima dama, peregrina hacía años a San Miguel "in monte Gargano" e, incluso a Tierra Santa..., y que, al fin, ella misma terminara monja en San Damián, al lado de su hija, o más bien de sus hijas, Inés (Catalina) y Beatriz. Ella, y el que llamaríamos consejo de familia,  la querían ver casada... Y esto no de una manera abstracta, porque los casamientos no se hacen sino con tal o con cual doncel... Y los nombres circularon, aunque no los haya conservado - discretamente, y con razón - la historia. El joven elegido sería del rango de los nobles o caballeros.
Así pues, Pedro Damiano, con sensato realismo y apreciando el valor de lo que dice, afirma que nada se pudo contra el propósito de la joven. Y en dos palabras nos da la clave de la vida que emprendió Clara: "quería permanecer virgen y vivir en pobreza".

Es lo mismo que aprecia su hermana Beatriz en el testimonio emitido: lo primero, fue virgen; y el culmen: vivió esta virginidad en la pobreza que Dios le inspiró.
Si volvemos a los testimonios, veremos que varias hermanas quiere recalcar fuertemente este dato: fue decididamente virgen, virgen desde su nacimiento, virgen toda su vida. "allí entró virgen y se conservó siempre virgen. (Proceso, II, 2), "fue virgen desde la infancia, permaneció virgen elegida por el Señor" (III,2), " la madonna permaneció virgen desde su nacimiento" (VII,2); "La madonna Clara fue tenida siempre por todos como virgen purísima" (XVII,2 Testimonio de "Madonna Bona de Guelfuccio de Asís declaró bajo juramento que conoció a santa Clara de cuando ella estaba en casa de su padre, pues la trató y estuvo en casa con ella; y por la mucha santidad de su vida, antes y después de entrar en religión, creía firmemente que había sido santificada en el vientre de su madre" XVII,1).

* * *

Siempre he pensado que virginidad y pobreza son la figura de la santidad de Clara. Y no es mero lirismo el enfoque que Inocencio IV presenta en la bula que otorga al obispo Bartolomé de Espoleto para que inicie la investigación canónica sobre la santidad de Clara.
"En seguida, renunciando a sí misma y a los suyos y sus bienes, amó como a esposo a Cristo pobre, Rey de reyes, hecha ella ya doncella real. Y, consagrándose a El totalmente en cuerpo y alma, con espíritu humilde, le ofrendó como dote, principalmente, estos dos bienes: el don de la pobreza y el voto de la castidad virginal.
Y así fue admitida la pudorosa virgen a los deseados abrazos del Esposo virginal; y de este tálamo de la virginidad inviolada nació una descendencia fecunda y casta, prodigiosa a los ojos de todos; esta estirpe, al perfume de su santo ejemplo, y con el amor de una vida santa como la de ella, fructifica copiosamente para Dios como un plantel celeste, extendida a casi todas las regiones del mundo" (Inocencio IV, Bula de investigación, 18 octubre 1253).

* * *
Querida Lidia: Aquí va, pues, el testimonio de Beatriz y el himno; este himno para que lo añadas a la pequeña colección que ido escribiendo. Con todo afecto, con el deseo de encontrar en la vida de Clara un reflejo limpio y fragante del Evangelio, afectísimo en el Señor Jesús


Testimonio de Beatriz
1. Sor Beatriz de messer Favarone de Asís, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que la testigo fue hermana carnal de madonna Clara, de santa memoria, cuya vida había sido casi angélica desde su niñez ya que fue virgen y permaneció siempre en virginidad. Y era solicita en las buenas obras de santidad, y tanto que su buena fama se divulgó entre todos los que la conocían.

Conversión de santa Clara
2. Y dijo que, habiendo oído san Francisco la fama de su santidad, muchas veces se acercó a ella para predicarle; y la virgen Clara aceptó su predicación y renunció al mundo y a todas las cosas terrenas, y se fue a servir a Dios tan pronto como le fue posible.
3. Y vendió toda su herencia y parte de la herencia de la testigo y la dio a los pobres.
4. Y luego, san Francisco la tonsuró ante el altar, en la iglesia de la Virgen María, llamada de la Porciúncula, y después la llevó a la iglesia de San Pablo de las Abadesas. Y, como sus parientes quisieron sacarla de allí, madonna Clara agarró los manteles del altar y se descubrió la cabeza, mostrándola rapada; y de ningún modo quiso acceder, ni se dejó sacar de allí, ni regresar con ellos.
5. Más tarde, san Francisco, fray Felipe y fray Bernardo la llevaron a la iglesia del Santo Angel de Punzo, donde estuvo poco tiempo y de donde fue llevada a la iglesia de San Damián, lugar en que el Señor le dio más hermanas que gobernar.
Preguntada por cómo sabía las cosas antedichas, contestó que, siendo ella su hermana, unas cosas las había visto y otras las había oído de la misma madonna Clara y de otros.
Preguntada sobre cuánto tiempo hacía, contestó: unos cuarenta y dos años.

Vida religiosa de santa Clara en el monasterio
6. Dijo también la testigo que, siendo madonna Clara abadesa en el monasterio, se condujo en su gobierno tan santa y tan prudentemente, y tantos milagros hizo Dios por medio de ella, que todas las hermanas y todos los que la conocieron la tuvieron y la tienen como santa.
Preguntada por en qué estaba la santidad de madonna Clara, respondió que estaba
                  en la virginidad,
                  en la humildad,
                  en la paciencia y afabilidad,
                  en la corrección necesaria,
                  en las dulces exhortaciones a las hermanas,
                  en la asiduidad en la oración y la contemplación,
                  en la abstinencia y el ayuno,
                  en la aspereza del lecho y del vestido,
                  en el desprecio de sí misma,
                  en el fervor del amor de Dios, en el deseo del martirio;
                  y, por encima de todo, en el amor al Privilegio de la Pobreza.
                 
7. Preguntada por cómo sabía las cosas antedichas, contestó: porque había visto que ella practicaba todas estas cosas, y porque era su hermana carnal y había vivido con ella en el monasterio durante unos veinticuatro años. Y antes había tratado y vivido con ella, como hermana suya. Y aseguró que era tal la bondad de madonna Clara, que su lengua no era capaz de expresarla.
8. Preguntada sobre qué milagros había obrado el Señor por medio de ella, contestó que Dios había curado a algunas hermanas al trazar ella la señal de la cruz sobre las mismas. Y otros muchos milagros; pues Dios, por sus oraciones, defendió al monasterio de los sarracenos, y a la ciudad de Asís del asedio de los enemigos, según se cree públicamente.
Preguntada por cómo sabía esto, contestó: porque vio cuando ella hizo oración y cuando huyeron los sarracenos sin hacer ningún daño a ninguna ni al monasterio. Y luego de haber hecho oración, al día siguiente, el ejército que estaba a las puertas de la ciudad de Asís se retiró
9. Preguntada sobre la curación de las hermanas, contestó que por medio de madonna Clara habían sido curadas sor Bienvenida, sor Cristiana y otras más.
Preguntada sobre cómo lo sabía, contestó que primero las había visto enfermas y muy mal, hasta que la santa madre, trazando sobre ellas la señal de la cruz, con la oración, las curó v después las había visto sanas.

* * *
                  1. Su santidad fue sencilla,
                  transparente como el agua:
                  fue virgen, toda de Cristo,
                  virgen solo por gracia.

                  2. Humilde, paciente, afable;
                  era madre y fue la hermana,
                  suave en la corrección,
                  muy dulce cuando exhortaba.

                  3. Fiel en la santa oración,
                  y en contemplación muy alta,
                  en la abstinencia y ayuno
                  como esposa enamorada.

                  4. Pobre en el lecho y vestido
                  como el Niño en unas pajas;
                  era toda para todas
                  y de sí misma olvidada.

                  5. Y ardientemente por Cristo
                  el martirio deseaba:
                  en la santa Eucaristía
                  su vida a Dios inmolaba.
     
                  6. Su secreto y privilegio
                  lo que más de todo amaba,
                  era la santa Pobreza
                  que Francisco le enseñara.

                  7. En milagros florecía
                  la gracia que Dios le daba,
                  mas su hermosa santidad
                  en los milagros no estaba.

                  8. Oh Clara, Virgen humilde,
                  nuestra madre y nuestra hermana,
                  condúcenos hasta Cristo,
                  por sus huellas y palabras.

                  9. ¡A ti, Cristo, Esposo amado,
                  el amor y la alabanza,
                  a ti el gozo y nuestros cánticos,
                  oh Hijo, luz de la patria! Amén.

Tres Ojitos, 23 de marzo de 2007

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