jueves, 21 de junio de 2012

250. Esencias de Santa Clara - 7 Paloma mensajera, Úrsula


Cartas de un hermano menor
a una hermana clarisa capuchina
en torno a santa Clara y su Forma de vida (2007),
reeditadas hoy (2012) con motivo de los 800 años
del comienzo de la vida evangélica de Clara (Assisi, 1212)

Carta 7
Clara, paloma mensajera:
Úrsula Micaela Morata,
capuchina (1628-1703)


Mi querida Lidia:
El tiempo ha corrido, y ya hace dos semanas que de Cuaresma pasamos a Pascua. Recibiste - espero - mi felicitación pascual, que era un cántico eucarístico de la Encarnación, escrito al eco de la explicación espiritual de Jn 1,1-18: El Verbo se hizo carne, carne mía... Quise, con ello, que celebráramos la Pascua en el momento de la Comunión, uniendo Encarnación y Resurrección en la misma vivencia.  Guárdala en tu corazón. Y que el Señor nos conceda el disfrute de sus misterios en el momento más sagrado del encuentro: la Comunión.
     
Estamos aspirando “esencias de Clara”, y lo hacemos acudiendo al manantial, a lo que Clara ha escrito en su Forma de vida para ella y sus hermanas.
Clara despide su fragancia y nos llega a nosotros, después de siete siglos y medio en que ella nos dijo adiós. A través de estos siglos ella ha estado muy presente, latiendo en sus hermanas, porque su vida ha persistido en el Jardín de San Damián. Cada una de nuestras casas esto es: un Jardín de San Damián, pero ¡qué distintas flores se han cultivado según el paso de los tiempos!
Habrás visto, Lidia, una colección de “Taus”, dibujada por un capuchino de tierras indonesias, Fr. Philippus Philippus (dos veces)... Entre ellas, hay la Tau con la paloma. La Paloma ¿es el Espíritu? Puede ser. Ahora se me antoja pensar en la Tau y la Paloma, viendo en la paloma a Clara. Paloma mensajera, que lleva un mensaje: la Tau del Señor: Jesús, su amor, su amor total. Pues vas a ver ahora a la Paloma mensajera que lleva su mensaje, esa Tau de su corazón, y lo deposita en una tórtola española de tierras levantinas, soleadas y abiertas a los mares.

Acaba de llegar a mis manos un libro titulado: Memorias de una monja del siglo XVII: Autobiografía de la Madre Úrsula Micaela Morata. Capuchina (1628-1703), preparada y anotada por el capuchino valenciano P. Vicente Benjamín Piquer Garcés, publicada en el Convento de Capuchinas de Alicante, 1996. Diez años después, en 2006, este mismo padre ha publicado una Vida de la Madre Úrsula, que en este momento no la tengo a mano. Quizás hayan llegado a tu monasterio hojitas de propaganda de la causa de beatificación de la Madre Úrsula, que envían nuestras hermanas alicantinas.
Posiblemente la fundadora de Alicante pasará un día a nuestro calendario de santas capuchinas.
Úrsula es una capuchina, una mística capuchina, una mística de la época del Barroco. Al adentrarme en estas páginas - ¡qué oportunamente anotadas por el P. Piquer, para situarnos en los gustos y modos de la época! - mi espíritu volvía a las “esencias de santa Clara”, y me preguntaba: ¿Es esto lo que estoy explicando a mis hermanas capuchinas de Ciudad Madera...?
Sí y no... Sí, porque ella, la protagonista y sus hermanas,  se sienten muy clarisas y capuchinas. No, porque en el Barroco las cosas, la espiritualidad, era lo que eran (hay un estilo “barroco”, por cierto bellísimo en sí: florido, opulento, terriblemente dramático...), pero distinto de la simplicidad de la Forma de vida que queremos atisbar en las “esencias de santa Clara”.  Si somos inteligentes los santos y santas del Barroco nos pueden enseñar mucho, porque ¡eran verdaderamente santos!, si bien es cierto que hay que leerlos con mucha criba...
Quiero compartir contigo lo que voy aprendiendo en esta primera lectura a fondo, para ver cómo los modos los acentos, en el fondo, las esencias, las hemos escanciado en vasijas distintas según los siglos. En cualquier caso, allí estaba Clara.


Da
La capuchina de que hablamos nació el día de santa Úrsula (de ahí el nombre), 21 de octubre de 1628, en Cartagena (España); se hizo monja capuchina en Murcia, tomando el hábito el día 14 de enero, a los 17 años, donde tuvo como superiora largos años a la Beata María Ángela Astorch. Las Capuchinas fundaron en la ciudad de Alicante (España) el día de la Degollación de San Juan Bautista, 29 de agosto de 1674. Allí fue abadesa; allí vivió treinta años y murió en 1703, a los 73 años de edad. En Alicante se veneran sus restos.
En determinado momento los confesores le ordenaron escribir su vida. Y aquí la tenemos: 27 cuadernos, que llegan solo hasta el año 1677.
“Con la venida de la república española el 14 de abril de 1931, el 11 de mayo fue incendiado el convento de capuchinas sito en la Rambla Méndez Núñez. Las monjas lo abandonaron entre humo y llamas sin tiempo de retirar sus pertenencias. Burlando la vigilancia establecida en el lugar, era la madrugada del 12 de mayo, se colaron en el edificio destruido la madre Angélica Villanueva Redal... y doña Tránsito Álvarez Pastor. (...) Conocía bien la superiora Villanueva la distribución del archivo. Fácilmente se introdujo en él, tomó uno de los legajos pertenecientes a sor Úrsula y lo escondió debajo de una toquilla. Al ser sorprendidas por la guardia explicaron estar allí para recoger ropa necesaria íntima” (Benjamín Piquer, o.c., XVII).
      Así se salvó, gracias a Dios, esta “ropa íntima” de sor Úrsula, que por primera vez podemos leer después de 300 años de la muerte.


Capuchina de Francisco y Clara: La Regla con cubierta de oro y cordones de seda carmesí
Lo primero de todo debemos decir que Úrsula es una hermana nuestra, capuchina de Francisco y de Clara. Que nos lo diga ella.          
Estamos en el año 1651, en el convento de Murcia. Ha habido una célebre inundación del río Segura. Las monjas tienen que salir del convento. Y les acogen los Jesuitas en su Colegio, donde están once días. Luego, tienen que salir de la ciudad a las Ermitas.
Y entonces, en el trayecto, “consolóme mi divino Señor mostrándome a mi padre san Francisco y a mi madre santa Clara. Traíanme la regla, muy hermosa con las cubiertas de oro. Pusiéronmela en el pecho prendida con unos cordones de seda carmesí, dándome inteligencia que el traer cubierta de oro la Regla, era el grande amor con que me la había abrazado y deseaba guardarla. Los cordones de seda carmesí con que la tenía prendida significaba lo mucho que había de padecer para guardarla.
Todo el camino sentía la dulzura y compañía de mi querido esposo y de su santísima Madre y de mis santos padres [san Francisco y santa Clara], más cierto que si los viera con los ojos corporales. Lo que mi alma gozó no es posible explicar con palabras” (Autobiografía 62).


Una contemplativa
Leyendo a Úrsula, me doy cuenta de lo que es la contemplación. Puedo decir que la contemplación, la vida contemplativa a la que aspira una capuchina está integrada simultáneamente por estos tres ingredientes:
- Intimidad personal con Jesús.
- Contemplación o mirada de amor de Jesús y sus misterios.
- Diálogo que entonces se establece en esta relación.

Todo esto, unido con frecuencia con un dolor lacerante, finísimo, misterioso. Piquer nos recuerda en su estudio lo que escribió Paul Claudel, católico hasta el tuétano, poeta de mi devoción: Dios no vino al mundo a quitar el dolor, ni siquiera a explicarlo: vino a habitarlo con sus presencia. Sin dolor no hay mística que valga. Nosotros quisiéramos dominar el dolor, al menos explicándolo, pero he aquí que el dolor puro es sin razón, por ser divino.
Úrsula es contemplativa de raíz, incluso una precoz contemplativa, porque ya desde niña, muy niña, y muy jovencita recibe las visitas del Señor.   
Estamos en 1644 y Úrsula tiene 16 años: “A veintinueve de junio, día del apóstol san Pedro, estaba muy afligida por ocasión de que estaba en una heredad de unos parientes míos, y había algunos días que no había recibido a su Majestad sacramentado.
Estando oyendo misa, al tiempo de alzar la Hostia, sentí que se me abrasaba el corazón con deseos amorosos de recibirle sacramentado. Quedé como fuera de mí y toda el alma suspensa y abrasada en el fuego del divino amor de mi Dios sacramentado, que dentro d e mi alma sentía como si le tuviera acabado de recibir. Quedé consolada en mis deseos y agradecida a las finezas de mi divino Señor que tan liberal y enamorado se muestra en criatura tan ingrata como yo” (Autobiografía, 24).
Úrsula es una imaginación primaveral, selvática y creadora... Y Dios llega a cada uno por los caminos que encuentra. Nuestro psiquismo, sea como sea, siempre puede ser vehículo de Dios. Insisto: Sea como sea, y condicionado por toda la cultura del tiempo.
Por eso, un estudioso puede mantener sus recelos frente a los místicos, admitiendo, no obstante, que Dios está ahí. Pero resulta que también Dios está en la ciencia humilde, y habrá que interpelar con respeto a nuestros místicos cuando nos cuentan visiones raras y rarísimas.
Es un asunto del que tenemos que tomar nota con detalle.


Cómo es una novicia mística
Me encanta que Úrsula nos diga de su noviciado esto:  “Quedé desde este día [comienzo del noviciado, 14 de enero de 1646, 17 años] hasta que profesé, en un profundo silencio interior. Hallábame como en una soledad muy grande y olvido de todas las cosas creadas que me parecía que no había más que Dios y yo en el mundo” (Autobiografía, 28).
Claro, que hoy hacemos un noviciado de muchos cursillos, y pienso que hay que hacerlo así.

Cómo puede ser un Día de Profesión
He aquí la estampa de cómo puede ser el Día de la profesión:
“Llegóse el día de mi profesión, que fue lunes a veinte del mes de enero, día de san Sebastián, siendo de edad de dieciocho años y tres meses.
En toda aquella noche, no me dejó dormir mi dulce esposo preparando y enriqueciendo mi pobrecica alma, tan pobre de virtudes, con sus divinos dones. Sentía a la Reina del Cielo que, como madre y señora, me asistía y apadrinaba [¿o amadrinaba?] para tan divinos desposorios y a mi padre san Francisco y mi madre santa Clara y a santa Úrsula con las once mil vírgenes y los santos mártires de aquel día.
Esto me pasaba por un modo tan divino y sobrenatural que no me sé declararlo, no es posible darlo a entender con las palabras lo que mi corta capacidad no alcanza, llegando a hacer los votos de mi profesión, comunicándome mi divino Señor su espíritu, porque la entrega y la desnudez no eran mías, sino suyas. Llegando a la clausura, no sólo me hallé gozosa de haber cautivado el cuerpo en la religión sino también mi alma. Se encerraba como paloma en el amoroso pecho de mi amado. Quedando todo aquel día en una transformación y unión amorosa en mi Dios, más para dejar al silencio que para referida con palabras.
Los afectos que me quedaron fueron deseos de padecer y cumplir con toda perfección lo que había prometido” (Autobiografía, 30).
Así, sí tiene perfecto sentido el Ritual de la profesión.

Dejadla ser mujer
Voy a transcribir dos párrafos de esta hermana nuestra capuchina. Comprendáseme, por favor. Yo no quiero dar, con estas citas, una Manual ascético ni para novicias ni para profesas. Quiero dar testimonio de cosas que han existido, que pueden insistir, que no se dicen, que no se escriben... Pero ahí están y dígalas sin miedo sor Úrsula, que su director espiritual, como el de la Madre María Ángela Astorch es el Inquisidor de Valencia, Don Alexos Boxadós.

Úrsula mamando de los pechos de María. Úrsula tiene 33 años. El día de los Inocentes. “a cosa de las cuatro de la tarde, halléme tan apretada de las divinas influencias, que me retiré donde no fuese vista de las religiosas, temiéndome no hiciese alguna exterioridad. Perdí los sentidos y halléme en espíritu en brazos de mi Madre y Señora, Reina del cielo. Regalábame entre sus pechos dándome a mamar de ellos su dulce leche, etc.” ( Autobiografía, 67).

Jesús en los pechos de Sor Úrsula (1652). Pero todavía es más audaz que el mismo Niño Jesús mame a los pechos de esta capuchina.  “Otras veces, estando en oración, sentía las divinas influencias de mi amado, sentíale como tierno y enamorado infante, que le tenía entre mis pechos regalándose en ellos como un hijo se regala con los pechos de su madre. Me decía con grande amor: Madre mía, dame de mamar de tus pechos, que yo muchas veces te doy de mamar de la dulzura de los míos, quiero que ahora me regales tú.
Lo que mi alma gozó y recibió no lo alcanzo a explicar. Ardíame en las llamas de amores de mi amado esposo que, si no me fortaleciera con gracia, no pudiera soportar mi flaqueza.
Los efectos que quedaron fue quedar enseñada de la leche y dulzura que quería mi amado Señor que le diera: era la mortificación perfecta y ejercicio de todas las virtudes”. 92

Cómo es una comunidad con enredos
Pero, en medio de santas ¿puede haber una comunidad de enredos?
Le habían elegido abadesa a una sierva de Dios,  Arcángela Espeleta y Amatriáin (de las monjas que habían venido de Zaragoza, pero apellido navarro por los cuatro costados). Estamos en 1661; sor Úrsula tiene poco más de treinta y dos años, y le han elegido discreta y secretaria.

“Hízose la elección de abadesa y comenzaron luego las inquietudes. Tomó el enemigo por instrumento a una religiosa recién profesa. Ésta tenía grande afecto a una madre de las fundadoras: iba con chismes y cuentos ajenos de toda verdad” (Autobiografía, 134).
“Llegó a tanto el sentimiento que un día estando toda la comunidad en capítulo, levantóse una madre de las más antiguas y dijo delante de todas: Esta embustera, que son sus revelaciones nos tiene a todas inquietas, tengo de hacer castigar con el Prelado o la Inquisición”
Un poco más abajo: “Estando un día rezando Sexta fuera del coro, llegando al segundo salmo, un verso que dice: Possuerunt peccatores laqueum mihi: sed a mandatis tuis non erravi (Ps 118,110) [Los pecadores me tendieron un lazo, pero no me desvié de tus mandatos], díjome mi Dios en quien me hallé toda transformada y absorta:
- Ea, buen ánimo, hija, que ya es llegada la hora del mayor padecer, en que te has de hallar metida  en un lago profundísimo en donde te pondrán la malicia de las criaturas y de los demonios, que con sus maldades, inquietudes, te quieren sumergir en las cavernas profundas del infierno, tentándote en lo interior con falsedades y mentiras dictadas de su malicia y maldad, que todas te han de cercar como animales ponzoñosos, que son los pecados. Ya que en lo exterior no pueden dañarte, han de hacer diligencias para que de las aguas emponzoñadas de su veneno te lleguen a lo interior. Anímate y sigue mis caminos que son derechos y no torcidos. Yo soy verdad y las almas que me siguen no pueden ni quebrantar mis preceptos y mandatos que yo seré su ayuda.
Fue tanto lo que comprendí de este verso que por ser tan alta y profunda la inteligencia, no me sé explicar más” (Autobiografía, 136).
Pero sigamos leyendo: “En estas ansias y sentimientos se me pasaban las noches enteras sin enjugarse mis ojos. Cobréles un amor tan grande a las religiosas, que me parecía poco dar la vida por cada una” (Autobiografía, 136 al final).
     
La cosa pasó a mayores y hubo una “visita jurídica pedida contra la superiora y sor Úrsula”. Y cuenta nuestra hermana que ella quiso callar y sufrir... Pero veamos:
“Otra mañana estaba en oración pidiendo a su divina Majestad por la misma materia de que voy hablando, sentíme toda absorta en mi Dios en quien me fue mostrado todos los cargos que las religiosas me habían hecho en la visita. Yo resolví de callar y no hacer ningún descargo.
Díjome su divina Majestad: No conviene que ahora calles.
Yo respondí: ¿Cómo, Señor, no os tengo de imitar en vuestra pasión?
Díjome que sí. Mas que también habló cuando convino para defender la verdad. Cuando a mí me dieron la bofetada en casa de Anás, respondí a la calumnia que me hacía aquel falso ministro diciéndome: ¿así hablas al Pontífice” (Jn 18,22). Yo respondí con modestia y serenidad: Si mal hablé, muéstrame en qué, y si bien ¿por qué me hieres? (Jn 18,23).
Los afectos que me quedaron fueron de agradecimiento a mi Dios que tan liberal le comunicaba la luz a mi pobrecica alma, tan sin merecerlo yo. Quedóme gran paz y quietud en mi interior, amor y caridad con las que me perseguían...” (Autobiografía, 138).
En fin, es historia larga la de estos “enredos” y “chismes” (son dos palabras que ella emplea), y escrita queda para tu consolación, cuando algo ocurra - Dios no lo quiera - y es pena que tengamos que hablar de estas miserias en medio de tan alta mística.
Pero, ¡alerta!, que esto existe.

¡Al amor, al amor!
Siempre he pensado que la vida es una pasión de amor. Si tomamos esta veta, estamos en la mística.
¡Al amor, pues, querida Lidia, pase lo que pase y digan lo que digan! Al amor puro, cuya regla y medida es Dios, solo Dios.
Los momentos más bonitos de nuestra vida son aquellos en los que estamos Dios y yo - Dios y tú - y entonces uno dice:
- Señor, estamos tú y yo, y me sobran en este momento todos los místicos, y todo mi pasado, y toda la sabiduría y todos los maestros, y todas las comparaciones y todos los análisis y todas las lamentaciones; me sobra todo, para decirte tan solo: Yo te amo.
¡Sólo tú, mi Dios, mi amor!
     
Y con esta mera lógica, entiendo perfectamente la Transverberación de Úrsula a los 34 años:

“Estando una noche en oración después de maitines, me fue mostrado en espíritu un ángel con un dardo de fuego que me lo metió en el corazón. Fue tan grande el dolor y fuego que sentí, que me penetró todos los huesos y caí en tierra desmayada. Mas el ángel me detuvo para que no me hiciese mal. Estuve así cosa de una hora, gozando y padeciendo lo que yo no sé decir, sino que me abrasaba y quemaba en llamas de amor divino, que lo sentía en lo más íntimo de mi alma.
Y, en medio de este fuego, me hallaba en medio de una soledad tan profunda y desamparo muy grande y desnudez de todas las cosas de esta vida, que todo me servía de pena: que no hallaba alivio en nada, ni aún en el mismo Dios, ni en las virtudes. Y, por otra parte, eran grandes las ansias que sentía de conseguir la mayor perfección en el ejercicio de las virtudes.
Sentíame herida del amor divino. Y no sé decir el cómo, sí sólo que del fuego que sentía en el interior, me daba calentura y tan grandes dolores en los huesos, que me parecía que me estaba quemando. En medio de este padecer, me hallaba en una pacificación muy grande que, cuanto mayores eran los dolores que padecía, era mayor la paz que mi alma gozaba” (Autobiografía, 101).

No olvidemos nunca, mi querida Lidia, que Jesús es el único director espiritual de nuestras almas, sólo él. Y eso de voto de obediencia al Director Espiritual, es cosa que teológicamente hay que pasarla por el tamiz, porque el Director Espiritual no es más que un Consejero cualificado, que yo acepto..., no es un superior jurídico. Pero, siempre y en todo, por encima del Director está Jesús mismo, y pueden entrar en conflicto. Es delicado decirlo, pero es así. “Dábame pena el no poder obedecer a lo que tenía mi padre espiritual. Respondíame mi querido esposo: tú ya haces de tu parte lo que puedes, mas yo no tengo obligación de obedecerle” (Autobiografía, 39).

Úrsula, esposa de Jesús con un collar de oro y un velo azul
Sabes muy bien, mi querida Lidia, que eso de llamar a Jesús “¡Esposo mío!” suena, al parecer, a lenguaje “light”, débil y meloso; por eso, en los libros espirituales no se usa. Cierto, que si no se siente, es mejor no usarlo.
Si no ponemos esta palabra al principio de la Autobiografía de esta nuestra Úrsula, Capuchina, no la entendemos. Úrsula se siente esposa de Jesús, lo vive y como a esposo le habla.
Y llegaron los días místicos esponsales y la renovación de los Desposorios. Pues el amor verdadero tiene esta calidad: que siendo viejo, siempre es nuevo. Siempre hay un nuevo ímpetu o una nueva paz y una nueva sorpresa.
En 1654, antes de semana Santa - 25 años de edad y enferma, sin poder acudir a las “prácticas” propias de esos días - Jesús renovó con ella el Desposorio espiritual.
“Estando un día, después de haber comulgado, transformada en los amores de mi amado esposo sacramentado, hallóse mi alma anegada en aquel mar inmenso de mi Dios.  Sentíale como amoroso esposo, se me comunicaba y regalábame diciéndome:
 Querida esposa mía, quiero renovar los desposorios espirituales contigo. Y ha de ser diferente que otras veces, que así como en el sacramento del matrimonio no está consumado hasta que se velan los desposados, así quiero yo que nos velemos los dos.
Echóme una cadena de oro al cuello y unióme con tan singular amor en sí mismo, que yo no me sé explicar con palabras tal transformación de amor.
Quedó mi alma transformada en Dios, quedando las dos voluntades en una, que solo había de obrar la de mi amado esposo y ya no habría de ser más mía, ni obrar en nada ni querer sino sólo el de mi Dios.
Cubrióme la cabeza con un velo azul. Me fue dada inteligencia de la pureza y recato que había de guardar como fiel esposa, no sólo en el cuerpo, sino también en los pensamientos, pues ya no había de tener otros que el celo de la honra y de la gloria de Dios. Mas conociendo yo mi poca firmeza y cuán poco constante soy y fiel a mi esposo, temí de mí misma conociendo mi maldad. Mas alentóme mi Señor diciendo:
- No temas, querida mía, que con mi gracia lo podrás y yo te ayudaré. Muchas veces permito a mis siervos que caigan en algunas faltas para que se humillen y conozcan que en su naturaleza no tienen sino maldades y lo que tienen bueno es mío. Imperfecciones y faltas has de tener mientras estés en esta vida, bien contra tu voluntad, porque no me quieres ofender advertidamente. No desmayes ni turbes, ni te retires temerosa, sino confiada y con dolor de haberme ofendido, pídeme perdón, que yo amoroso te recibiré y perdonaré y con el fuego de mi amor purificaré todas tus imperfecciones.
Los efectos que me quedaron fueron de amor, gozo y paz en mi alma. Muy grande conocimiento de mi nada y vileza, agradecimiento a mi Dios que se dignaba de hacerme tantos favores tan sin merecerlos yo. Quedáronme grandes ansias y deseos de más padecer que todo me parecía que era poco cuanto podía padecer por su divina Majestad” (Autobiografía, 103, 3bis).

Hemos destacado: Los efectos que me quedaron. Es un frase que le gusta repetir a sor Úrsula, y a Ángela Astorch, y a Verónica Giuliani. Esa es la prueba de la mística experimental. Lo que dice el Evangelio: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?” (Mt 7,16).
La mística es un camino seguro, si uno se pone bajo la acción sincera del Espíritu Santo.

Lidia, lo que hoy necesitan las capuchinas es mística, sencilla mística.
Y te diré una cosa: Cuando yo hice los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, 30 días en Manresa, donde nacieron, (septiembre de 1996), el padre que nos los daba, ya un tanto mayor y de larga experiencia, nos decía: Lo que necesita hoy la Iglesia no es tanto generosidad, porque la hay, sino lucidez. Me sorprendió, pero pienso que es verdad: ¡Lucidez! La lucidez es la sabiduría y la audacia que vienen de Dios.


Querida Úrsula
Querida Úrsula, hermana mía, ahora me llego a ti en directo, porque quiero hablar contigo, yo, pecador (lo digo muy sinceramente), pero con un deseo humilde, sincero, y hasta apasionado, de amar a Jesús, a quien he consagrado mi vida.
Tú te has servido, en parte, una teología que era la de tu tiempo. El Dios del amor es lo que es, ancho como la eternidad, hondo como la cruz. Pero nuestros pensamientos lo retratan según las irisaciones de las luces que empleamos.
Con motivo de la peste en Roma y en Murcia, año 1656, escribías:  “Fueme mostrado por los pecados que estaba más enojado y con el que más le estaban ofendiendo. En medio del castigo, fue mostrado cómo caían las almas de los que morían al infierno, tan espesas como los átomos del sol. Si alguna se salvaba era muy rara, que apenas le podían comprender. El pecado con que era más ofendido era el nefando”. (Autobiografía, 118).
¿Hoy escribirías esto mismo...? Me acerco estremecido a las palabras de Jesús. “Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son  muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran” (Mt 7,13-14). Pero los exegetas tienen unas explicaciones que la Iglesia en modo alguna rechaza. No se puede demostrar por el Evangelio, leído con la inteligencia que el Señor nos ha dado, que el infierno va estar poblado... No se puede demostrar por el Evangelio que el infierno va a estar vacío... Lo que Jesús nos advierte es esto:
- ¡Cuidado con la salvación que el Padre misericordiosamente os envía...! Si la despreciáis, vosotros mismos os jugáis vuestro destino eterno... Pero ¿es que la despreciamos, cuando los humanos - ¡pobrecitos! - nos morimos por nuestra felicidad...? ¿Es que el pecado nefando, una búsqueda en falso de nuestra felicidad, no va a tener en el corazón de Dios la infinita comprensión de su infinita misericordia? ¿Es que es mayor mi maldad que su infinito amor, que ahora mismo, por solo escribirlo me conmueve y estremece...?
¿Por qué, mi querida hermana Úrsula ves tanto infierno...? Hala..., no escribas esas cosas. Te lo dice humildemente un hermano en la fe.
Y también sobre el Purgatorio y sobre los Demonios ¿no tendríamos que revisar tu lenguaje...?
Acaso tus escritos yazcan en el olvido por esos cuadros visionarios que nos perturban...
Estos días acaba de removerse el asunto del Limbo, para lo que hay establecida una Comisión Pontificia... Lo que está claro es que la “hipótesis del Limbo” va a ser reformada muy a fondo, pese al lenguaje repetido de siglos...

* * *

MÍSTICA CAPUCHINA

Vuelvo a ti, Lidia.
A estas alturas podemos hablar con un lenguaje transparente y leal, comunicarnos al nivel de nuestros deseos.
Mística entiendo que es la experiencia total que la Iglesia tiene del misterio de su Señor y Esposo.
Mística entiendo que es, ante todo, el acontecimiento comunitario del Espíritu en la Iglesia, en el cual tú, Lidia, yo, Rufino, participamos. Mística es una vivencia comunitaria del Pueblo Santo de Dios. Mística es la vivencia de la Vigilia Pascual.
El ápice de la mística es la Eucaristía, y de ahí se difunde por todo el Cuerpo de la Iglesia, por los sacramentos y la Oración. Este arraigo en la Iglesia es lo que nos hace y nos constituye esencialmente místicos.
Abramos nuestro corazón, amadísima Lidia, a esta invasión de amor que fluye de Dios.

La otra Mística, que la anteponemos a ésta, es derivaciones del Mysterion. La primera es la primera, ¿no lo crees así?
Debemos, pues, dejarnos inundar de esa Mística gratuita, que Dios nos otorga, en la celebración cotidiana de los Misterios. Estamos en estado permanente de mística. Si lo viéramos esto con pureza de corazón, nos dejaríamos arrastrar por esos ríos espirituales que brotan del seno de Dios y se expanden por nuestra Comunidad cristiana celebrante.
De la segunda Mística, de la que en los libros llamamos Mística, hoy deberíamos recalcar ciertos puntos.
Yo busco entre las Capuchinas - y la anhelo lo primero para mí - una Mística del todo humana; recalco: del todo humana. Donde está el Hombre está Dios, pues ése es, desde la Encarnación, el lugar de Dios. Lo cual quiere decir que nuestra Mística debe ser del todo fraterna.
Si siendo así, el Señor concede a algunas hermanas, el don de la Oración, ¡bendito sea!; no nos quedaremos con envidia. Pero seguiremos cultivando la Mística suave de la convivencia, que es oblación de suave olor para nuestros Dios, la prueba del triunfo de la caridad.
Si la vivencia de lo cotidiano no nos humaniza, no hemos entendido la vida religiosa, que es Casa de Misericordia, aprendizaje de Evangelio, Escuela del amor divino. Ahí está la Mística que apetecemos.            Nada hiere a la Mística como la calumnia; y la ignorancia del hermano, de la hermana la desvirtúa.
Acaso con estas ráfagas tenemos que repensar el monumento de la Mística cristiana, que para Pablo es lo cotidiano de vivir en Cristo Jesús.

Recibe, con todo cariño, mi abrazo pascual:
Cristo ha resucitado. Christós anesti. ¡Alethôs anesti! ¡Verdaderamente ha resucitado.

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