jueves, 21 de junio de 2012

255. Esencias de santa Clara – 12 (fin) Historia y emblema


Cartas de un hermano menor
a una hermana clarisa capuchina
en torno a santa Clara y su Forma de vida (2007),
reeditadas hoy (2012) con motivo de los 800 años
del comienzo de la vida evangélica de Clara (Assisi, 1212)

NOTA. A SUGERENCIA DE UN EXPERTO, PRÓXIMAMENTE ESTAS 12 ENTREGAS DE "ESENCIAS DE SANTA CLARA" SERÁN ELIMINADAS DE ESTE LUGAR Y SERÁN SUBIDAS A OTRO SITIO EN UN ARCHIVO "WORD".

Carta 12
Clara: Historia y emblema


Mi querida Lidia:
Hoy es santa Clara.
Y escribo desde Puebla, mi nueva fraternidad. También aquí, cerca de la catedral de esta noble ciudad (Puebla de los Angeles, cuyo plano trazaron los ángeles...) hay un convento de Clarisas-Capuchinas, donde guardan un Divino Niño, el “Niño Cieguecito”.
Hoy es santa Clara y de par de mañana el corazón vuela, lleno de nostalgia, de anhelo, de una bandada de pensamientos que cruzan por el cielo de mi corazón. Clara, inseparable de Francisco, remueve lo más puro que uno lleva dentro, una vez que esta vocación que uno llama carisma franciscano.
Yo he tratado de poner a tono mi alma, para que este día fuera un día de gracia, de luz y de paz. O, si quieres, fuera un día de belleza. Al final de esta carta te obsequiará con un poema de oración. Lo compuse el día de la Porciúncula, pensado en el día de hoy, en espera de que alguien pudiera levarlo con una música. Poesía y música se alzan y ondean en la liturgia como dos alas de la misma alondra.
Clara tiene una imagen en el corazón de quienes caminamos por la senda franciscana. Y siempre será una imagen traspasada de belleza, porque Clara  es bella. Tengo aquí delante la estampa-recordatorio de aquel día, 25 de septiembre de 2004, cuando el ministro general de los Menores, el Hno. José Rodríguez Carballo, rodeado de los capuchinos  y de numerosa familia franciscana (puede verse en Internet) bendijo la talla de Santa Clara, esculpida para el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, mundialmente conocido por su arquitecto, el genial Antoni Gaudí, de quien se ha introducido la causa de beatificación. Mírala: la imagen transpira blancura y pureza; es esta
La imagen, espigada y esbelta, de cerca de cuatro metros es obra de una mujer: Montserrat García. Es de travertino romano, y fue colocada en el primer pináculo, cerca de la fachada del Nacimiento, a 30 metros del suelo.
Quedó, pues, santa Clara en la Sagrada Familia (más de dos millones y medio de visitantes el año pasado), como memoria de los 750 años de su tránsito y de la aprobación de su Forma de Vida.
¿Quién es santa Clara?, me vuelvo a preguntar en esta mañana serena, teniendo en mis manos el libro, que semeja un latido del corazón, de los Escritos de santa Clara.
Te lo preguntas tú, amada Lidia.
Me lo estoy preguntando yo.


Y mi respuesta

Con los ojos cerrados, tratando de leer en el corazón, donde se juntan Dios y los historiadores, y donde yo leo diariamente, respondo:
Clara es historia.
Clara es emblema.

Pero... la historia de Clara ¿la conocemos? ¿No funcionamos, más bien, con tópicos espiritualizados?    
Manselli (+) y Bártoli, ambos seglares, llegan a conclusiones muy avanzadas con respecto a esa pobreza social, de marginación, de “desclasamiento”, de donde han arrancado Francisco y lo mismo Clara.
Recordemos lo que dice Marco Bartoli, después que Francisco (no un Obispo, no un sacerdote) “tonsuró” a la joven Clara aquella noche de Ramos: “San Pablo de las Abadesas era un gran monasterio con rentas y posesiones en toda la región; la vida regulaba allí en función de una comunidad de monjas, todas de cuna noble, que se dedicaban a la oración; bajo ellas estaban, bien distintos bien distintos por hábito, servicio y decoro social, los siervos y las siervas que atendían al sustento material de la comunidad y estaban ligados al monasterio con diversos vínculos como siervos, conversos, colonos, etc.
Cuando Clara se presentó a las puertas del monasterio, pidió ser acogida, no como monja, tal como su condición social se lo habría permitido, sino como sierva, como su nueva condición social se lo requería. No tenía ya una dote que consignare n el monasterio, como se acostumbraba: su dote la había enajenado y se presentaba pobre para vivir como sirvienta” (Marco Bartoli, Clara de Asís. Col. Hermano Francisco, Aránzazu 1989, pp. 89-90. La edición original de 1989, Chiara d’Assisi, está publicada por el Instituto Histórico de la Orden).
Cuando tiempo después, con un grupito de hermanas, Clara inicia en San Damián el mismo proyecto de Francisco: una fraternidad sobre la base de una pobreza revelada, que es manantial de vida nueva.
Esa “novitas” ¿dónde estaba?
La vida, con el uso, se desgasta, de va deteriorando poco a poco.. Tenemos teología para recuperar las esencias. Pero la teología sola no basta. La teología - es decir el pensamiento humano sobre las cosas divinas - sacraliza todo... Por ejemplo, lo que son meras formas coyunturales de ejercer la autoridad (así, la precedencia, los títulos...) queda sacralizado, pues a todo se le puede dar un sentido espiritual y místico...
Clara será toda la vida pobre, toda la vida sierva, será la última de sus hermanas... Habrá de admitir, por las leyes en uso, palabras que evocan formas que no son las más congruentes para su simplicidad, como, por ejemplo, las palabras “monasterio” y “abadesa”. Y Clara, la hermana ministra, que ese sería el título, será llamada Abadesa...
Si hablamos de pobreza..., las cosas quedan límpidas desde el principio. Una mujer con dote ¡no pueden entrar en la fraternidad! Para entregarse a Jesús, hay que partir de cero. Tiene que haber vendido todo y haberlo dado a los pobres, siempre, absolutamente siempre (si tiene algún bien). Sólo después de que “distribuya sus bienes a los pobres” (RCl II,11), la aspirante podrá traspasar las puertas de la fraternidad.
Esto es historia, y si no comprendemos con crudo realismo esta historia no podemos avanzar para entender el ideal que ha fascinado a esta mujer.
Y en aquellos comienzos, ¿qué podía ver aquella mujer? Su futuro era únicamente Dios. Humanamente todo era tan incierto. Nunca debemos olvidar que los datos de la vida de Clara los hemos recuperado nosotros únicamente cuando la joven que comienza no es aquella joven arriesgada cuyo empeño no sabemos dónde va a terminar, sino la gloriosa santa Clara, fundadora de las Clarisas.
     
* * *
En la fiesta de santa Clara ha caído en mis manos un artículo de una mujer, que he leído con fruición como regalo espiritual de este día: Catherine M. Mooney, ¿Imitación de Cristo o imitación de María? Clara de Asís y sus intérpretes (en inglés) (Philadelphia, Universidad de Pennsylvania, 1999).
“Sus intérpretes” se refiere a los primeros biógrafos, cómo sutilmente “reinterpretan” los datos para acomodarlos a la imagen que interesa dar, según la evolución de la Orden.
Y, aparte del tema central, un punto ha pulsado mi atención por pensamientos desarrollados en cartas anteriores.

Mi querida Lidia, en páginas abundantes hemos hablado de cómo la unión espiritual que Clara ha pensado con respecto a los hermanos, muy concretamente a Francisco, debía ser estrechísima. Así lo ha visto ella; no así las autoridades de muchos decenios... La reserva frente a las clarisas ha sido un dato que ha acompañado la historia...
Ya esta aguda historiadora muestra con suficiente evidencia qué distinto cariz toma la Vita II de Celano (1244) comparada, en este punto, con la Vita I (1228). ¡Qué cautelas, para que los hermanos no se lleven a engaño! Son detalles que el no experto, el no historiador, no los aprecia, pero que son reales, están ahí y algo están diciendo. De hecho es cautelosa incomunicación ha sido un dato de nuestra historia.
¿Y por qué? Porque la mujer - según los libros santos - es, por de pronto, un peligro... Y ya lo sabe el refrán castellano: “Entre santa y santo, pared de cal y canto...”
Reserva para comenzar, que es lo más seguro... ¿Y porqué no, para comenzar, delicada acogida, sabiendo que la mujer tiene dentro un tesoro espiritual - muy delicado, muy frágil, sí por cierto - que puede ser para mí manantial de vida...?
Temas que exigen una exposición muy pura y elevada...
Pero volvamos a la base de los pensamientos de esta carta que rondan mi corazón en la fiesta de santa Clara. ¡Saber exactamente su historia! Saber su historia, encuadrada en la mentalidad del tiempo en que vivió. Y saber exactamente cómo nos la han contado, trayendo el agua al molino que servía la molienda a los lectores... Esta lealtad científica es muy necesaria, para deshacer a Clara de tópicos, que por muy repetidos que sean, no nos dan la “vera effigies”.
Yo comprendo muy bien que el candor y la pureza de las clarisas haya enamorado a Princesas para dotar espléndidamente a monasterios que se construían. Pero esos “Reales Monasterios” - pues el título pasa a los conventos de las Hermanas Pobres - no son precisamente la “vera effigies” que anhela el que se siente iluminado por el ideal de aquella mujer evangélica.


Emblema

Queremos recuperar la historia como arranque del ideal. La historia no es un afán erudito, sino un deseo de verdad. Por eso, la historia es la base del ideal.
El ideal surge de una nostalgia.
Yo puedo decirte, mi querida Lidia, con humilde lealtad, que esta nostalgia la llevo dentro desde el Noviciado y nunca se ha extinguido.
Me verías ahora en una celda bien guarnecida de libros: por ejemplo, buenas ediciones de las Fuentes Franciscanas... y ediciones críticas de la Biblia, y comentarios exegéticos... (que si no los tengo en mi cuarto, no los encuentro en otro lugar de casa..., pues no hay propiamente “biblioteca”, como en otro tiempo las había en las “casas de estudio”), pero créeme - y contigo sé que no tengo que porfiar - que quiero ser pobre..., siquiera la pobreza sea en este caso la plena disponibilidad de estos libros para todo hermano que los necesite...
¿Cuál es, pues, el emblema de Clara para nosotros, para ti, para mí...?
Yo siempre he pensado que tengo una palabra válida que comunicar a mis hermanas clarisas, clarisas capuchinas, en el caso...


Fiesta de Santa Clara 2007

De esencias del Evangelio

Si hoy en la Iglesia, desde hace varios decenios, estamos viviendo una Edad de Oro en los Estudios clarianos, queda todavía una palabra por decir. ¿Cuál? Acaso la mía...
La Iglesia nos ha lanzado a la “fidelidad creativa”. Ser fiel no significa repetir lo que ya se hizo, sino hacer algo nuevo desde la inspiración de donde se hizo lo que se hizo. Y este es el desafío de la vida clariana hoy en la Iglesia.
Las esencias evangélicas de santa Clara están en el primer capítulo de su Forma vitae (Clara no habla de Regla, sino de una Forma o Manera de vida..., que queda abierta); en el capítulo primero - repetimos - y en el capítulo sexto, en el que cita a Francisco. Tres referencias, un “sagrado trío” resumen el meollo de la vida de Clara: ser pobre, ser hermana, ser de Francisco. ¿Tendremos valor?
Este himno - o esta cantinela juglaresca, o esta rima - quiere lanzarnos a ello. Con la gracia de Dios, lancémonos. Clara, “mujer nueva” (ministros generales en un centenario); Clara “nueva vida”, Clara “lluvia y río”.
Quiéralo el Señor en su misericordia.

1. De esencias del Evangelio
fue tu vida, lluvia y río,
Clara de Asís en la Iglesia
nuestra guía y desafío.

2. Oh Clara, nueva palabra,
voz de Dios sin vocerío,
enséñanos la labor
de nuestro libre albedrío.

3. Porque el amor es sorpresa,
nueva forma, nuevo brío,
y el esposo está a la espera
de oír lo que nunca ha oído.

4. Cumpliste tú tu belleza
con aquel primer plantío,
y el jardín de San Damián
quiere nuevo sembradío.

5. Es Hoy en el mundo amado,
es Hoy con bello rocío;
Jesús, muriendo de amor,
de amor busca señorío.

6. Una pobreza muy pura
una hermandad sin hastío,
y beber de san Francisco,
tal fue tu sagrado trío.

7. Clara, evangélica y bella,
refresco de nuestro estío,
eres amor, cuerpo y alma,
colmado el vaso vacío.

8. Eres hoy nuestro futuro,
el estreno que yo ansío
y esa humilde profecía
que señala nuestro envío.

9. Dulce madre, mi familia,
en la cual feliz sonrío,
que tu velo virginal
sea siempre mi atavío.

10. A Jesús, el más hermoso,
amor hasta el desvarío:
¡oh amor de todo amor,
de amadores el Navío! Amén.

Puebla, fiesta de Santa Clara 2012

De corazón y unidos en el amor de Jesús, un abrazo

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