jueves, 12 de julio de 2012

261. Jesús envía a los Doce sin pan, alforja y dinero


Homilía del domingo 15 del ciclo B,
Evangelio de san Marcos 6,7-14


Texto del Evangelio
Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero  ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y les decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos».
Ellos salieron a predicar la conversión; echaban muchos demonios, ungían con  aceite a muchos enfermos y los curaban.

Hermanos:

1. En los santos Evangelio hay dos envío de los apóstoles: uno en la vida pública de Jesús: es el envío a Israel. Otro, después de la resurrección: es el envío a las naciones.
Acabamos de escuchar el primer envío, según nos lo narra san Marcos. La misma escena la cuentan los otros dos Evangelios Sinópticos, Mateo y Lucas, cada uno con sus detalles peculiares.
Esta página del envío de los apóstoles fue para san Francisco como el acta fundacional de lo que había de ser su orden. Aquí nació el franciscanismo. El Evangelio, que está traspasado por el Espíritu de Dios, es palabra creadora, y una sola frase de Jesús, que cambia el corazón, puede crear en el mundo una obra maravillosa de amor.
El joven Francisco de Asís, hijo de un mercader acomodado, rey de la juventud bullanguera, ha sido tocado por Dios. Se ha acercado al leproso, ha despreciado trajes y riquezas, ha sido desheredado por su padre. Está en el tercer año de su cambio de vida o conversión de las vanidades del mundo, pero no sabe exactamente por dónde dirigir sus pasos. Y estando en tales circunstancias, oigamos lo que narra su primer biógrafo, en la obra que escribió a los dos años de la muerte.
“Cierto día se leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia (40), al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica» (Vida de san Francisco escrita por fray Tomás de Celano el año 1228, n. 22).
Definitivamente el joven Francisco, que tendría entonces 26 o 27 años – estamos en 1208 – había nacido a un mundo nuevo. A los pocos meses se le adhirieron unos compañeros, que querían seguir esa forma de vida, y cuando el grupo fueron ocho, Francisco los dividió de dos en dos enviándoles a los cuatro puntos cardinales.
Cuando fueron doce, acudieron a los pies del Papa, que era Inocencio III, para contarle lo sucedido y pedirle que les aprobase, de viva voz, sin ninguna bula, esa forma de vivir. Y así lo hizo el Papa.
Todo esto, hermanos, fue por la fuerza del Evangelio.

2. Volvamos, pues, al texto sagrado para interrogarnos qué dice el Evangelio, qué está diciendo a la Iglesia de hoy, qué me está diciendo a mí.
Lo primero de todo dice el Evangelio que el envío fue de dos en dos. Cuántas veces uno sueña en ser un héroe, pero un héroe en solitario, porque un segundo me estorba, puede hacer sombra a mi personalidad y a mis proyectos. Así ciertamente no se construye la Iglesia, porque al Iglesia es comunión. Ya hace muchos siglos, cerca de mil cuatrocientos años, el Papa san Gregorio Magno comentaba que, en efecto, la caridad no se puede ejercitar si no tengo a mi lado alguien con quien ejercitarla. Por eso envía a sus discípulos de dos en dos. Y el Evangelio, hermanos, tenemos que darlo como obra de amor. La Iglesia está comprometida en él, y la Iglesia somos los pobres humanos, que tenemos que soportarnos unos a otros hasta en las cosas más santas.
En el mundo moderno de la globalización y de la comunión también tenemos que transparentar que la Iglesia es comunión, pero no por razones técnicas de eficacia, sino por razones de amor. Nunca dejará de haber personas líderes, hombre y mujeres de cualidades destacadas que los demás no poseemos; pero aun esos mismos líderes prodigiosos tienen que estar abiertos a la comunión: de dos en dos, dice el Señor.

3. Jesús, al enviarlos, les da el poder de expulsar demonios, “autoridad sobre los espíritus inmundos”. Es el poder divino inherente a la palabra de Dios, un poder que no puede ser suplido ni por la oratoria, ni por el don de gentes, ni por una fuerza magnética de arrastre que posee un líder de esta tierra.
La palabra de los profetas era poderosa porque era palabra de Dios, en hombres tímidos, como Jeremías por ejemplo, poderosa para derribar muros de bronce, porque era el Dios de la alianza el que hablaba por medio de sus siervos.
El mensajero de Jesús va en nombre del Hijo de Dios, para dar su mismo mensajes, para hacer sus mismas obras.

4. Y dice el Evangelio que no lleven nada: un bastón de caminante, para apartar obstáculos del camino; unas simples sandalias, nada más. Pero ni alforja, ni la ración de pan para hoy, ni dinero en la faja para comprar provisiones.
Les está diciendo que Dios proveerá, que son sus embajadores, que estos asuntos terrenales no les pertenece a ellos y que Dios mismo los va a resolver. Una vida así va a ser un ininterrumpido milagro de la providencia divina.
Y ¿dónde pernoctar…? Y ¿Dónde hospedarse…? Ninguna preocupación, porque Dios ya lo tiene previsto y ha de suscitar alguna familia que los acoja. Aceptad ese hospedaje y no cambiéis de casa hasta que salgáis del pueblo. Este rasgo de Jesús es de un entrañable humanismo. Los misioneros enviados por Jesús  no son unos mendigos, unos vagabundos… Son unos hermanos que han de encontrar cariñosa acogida en alguna familia. El Señor mismo les da ese hospedaje, que han de estimar como un regalo de comunión y de amor.
Hermanos, esta consigna de Jesús es puramente verdad, porque nunca han faltado ni van a faltar personas de bien que acojan a los mensajeros de Dios.

En este pasaje del Evagelio, Evangelio de la misión, halló Francisco la "altísima pobreza" que el Señor el regalaba. Creo que es más exacto decir que, a la escucha de este pasaje,  vio y recibió el don de la filiación divina. El núcleo de la espiritualidad franciscana noe s el don de la pobreza y minoridad, no es el don de la fraternidad; es el don de saberse hijo del Padre, y vivirlo así sencillamente derramando amor y fraternidad en el mundo. El verdadero hijo de Dios se encuentra del todo pobre, del todo rico, del todo libro, del todo hermano.

Concluye este párrafo diciendo que, en efecto, los apóstoles fueron como Jesús les había dicho, que salieron a predicar la conversión; echaban muchos demonios, ungían con  aceite a muchos enfermos y los curaban

4. Lo que estamos explicando y anunciando se refiere ciertamente a algo muy concreto de la vida de Jesús, pero para nosotros hoy en la Iglesia marca
- tanto un estilo de misión
- como un estilo de vida de donde nace la misión.

La Iglesia que Jesús ha querido es una Iglesia de hermanos, que vive del amor de Dios, que tiene su fuerza no en los medios humanos sino en la pura providencia de Dios, que no ha de fallar, y que los mensajeros de esta Iglesia, al ir por el mundo, deben llevar la cercanía de Dios.
Estas palabras pueden parecer muy idealizadas, porque viene el pensador y dice que la Iglesia necesita medios y mediaciones humanas. De acuerdo, pero la Iglesia ni es ni puede ser un estado, ni podemos soñarla como una organización que campee en el mundo. La Iglesia es puramente la familia de los hijos de Dios, y el amor su fuerza verdadera.
La página del Evangelio queda como una referencia para todos los siglos.
El Señor nos ilumine. Amén.

México-Tlalpan, 11 julio 2012.

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