domingo, 15 de julio de 2012

262. Buenaventura, Doctor Seráfico del Amor


      Hoy es San Buenaventura, fiesta cubierta este año por el domingo.
Decía así el Papa Benedicto (17 marzo 2010), sabio enamorado de san Buenaventura:

“(El destino último del hombre)
En consecuencia, santo Tomás y san Buenaventura definen de modo distinto el destino último del hombre, su felicidad plena:
Ø  para santo Tomás el fin supremo, a que se dirige nuestro deseo, es ver a Dios. En este sencillo acto de ver a Dios encuentran solución todos los problemas: somos felices, no necesitamos nada más.
Ø  Para san Buenaventura el destino último del hombre es en cambio: amar a Dios, el encuentro y la unión de su amor y del nuestro. Ésta es para él la definición más adecuada de nuestra felicidad.

En esta línea, podríamos decir también que la categoría más alta para santo Tomás es lo verdadero, mientras que para san Buenaventura es el bien. Sería erróneo ver en estas dos respuestas una contradicción. Para ambos lo verdadero es también el bien, y el bien es también lo verdadero; ver a Dios es amar y amar es ver. Se trata por tanto de acentos distintos de una visión fundamentalmente común. Ambos acentos han formado tradiciones diversas y espiritualidades diversas y así han mostrado la fecundidad de la fe, una en la diversidad de sus expresiones.

(San Buenaventura y el carisma franciscano)
Volvamos a san Buenaventura. Es evidente que el acento específico de su teología, del que he dado solo un ejemplo, se explica a partir del carisma franciscano: el Pobrecillo de Asís, más allá de los debates intelectuales de su tiempo, había mostrado con toda su vida la primacía del amor: era un icono viviente y enamorado de Cristo y así hizo presente, en su tiempo, la figura del Señor – convenció a sus contemporáneos no con las palabras, sino con su vida.
En todas las obras de san Buenaventura, también en sus obras científicas, de escuela, se ve y se encuentra esta inspiración franciscana; es decir, se nota que piensa partiendo del encuentro con el Pobrecillo de Asís. “

A la luz de estas palabras, que tocan mente y corazón, van estas aspiraciones de mis versos

El rayo de la luz se vuelve amor,
subiendo hasta final de seis peldaños:
la ruta del vidente iluminado
al cabo se hace anhelo, se hace tránsito.

Jesús crucificado en noche oscura
tú eres el umbral atravesado,
que calle la razón inquisitiva
y avance el corazón tan solo amando.

Amor, felicidad que se regala,
de Dios viviente el puro y mero pálpito;
amor, palabra terminal que sacia
y eterna paz que aguarda en su regazo.

Amor, sabiduría de mi búsqueda,
silcncio de mis voces y quebrantos,
gemido de la espera hasta que venga,
mi pan de cada día, pan y vaso.

Cuál gime y cuál ansía el pobrecillo
perderse en ti, de todo ya olvidado,
y en ti reencontrar el don perdido,
amor de mis quereres y mis labios.

¡El santo sacrificio a Dios se eleve,
del fuego del amor arrebatado.
la gloria y paz a ti, Amor Fontal,
mi dulce amor, mi Dios enamorado! Amén.

Guadalajara-Zapopan, 15 julio 2012.

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