jueves, 19 de julio de 2012

263. Se compadeció y se puso a enseñarles


Homilía del domingo 16 del ciclo B,
Evangelio de san Marcos 6,30-34

Texto del Evangelio
Llamó Lectura del Santo Evangelio según San Marcos.
En aquel tiempo los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid conmigo a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en la barca a solas a un lugar desierto. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron;  entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y de compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor y se puso a enseñarles muchas cosas.

Hermanos:

1. Estamos leyendo este año del ciclo B al evangelista san Marcos (las lecturas se repiten cada tres años: A, B y C) y nos hallamos en el momento que precede a la multiplicación de los panes, la cual sigue a aquella larga predicación que Jesús hizo aquel día. Será el Evangelio del domingo siguiente.
Pero presten atención. San Marcos, que en todas sus líneas rezuma teología –la confesión de fe de la comunidad cristiana – es un Evangelio breve. Para narrar la multiplicación de los panes, pasamos al Evangelio de san Juan, y durante los cinco domingos siguientes (los domingos 17, 18, 19, 20 y 21), vamos a ir gustando, paladeando el largo capítulo del Pan de vida en san Juan: la multiplicación de los panes, con el discurso de revelación que sigue, y las reacciones encontradas que provoca. Y luego se torna san Marcos (ya será fin de agosto) y se sigue con él.

2. Pues bien, vengamos a esta escena biográfica, de tan entrañable humanismo. Coincide que, cuando se lee cada tres años, estamos en julio, mes de vacaciones. De alguna manera se podría hablar de las frustradas vacaciones de Jesús y sus discípulo. El proyecto del descanso se vino abajo porque había algo más importante: participar en la compasión de Dios.
Anota el evangelista, con cierto estilo pintoresco, que eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Si recordamos, ya anteriormente se había hecho una observación semejante, cuando recogieron a Jesús y lo llevaron a casa, porque se decía que se había vuelto loco.
Quisiéramos muchos rasgos biográficos de Jesús, pero en este aspecto los evangelistas son parcos. Pero aquí encontramos este detalle, que nos agrada mucho, porque de alguna manera uno se ve retratado. Hay circunstancias en que uno no tiene tiempo ni para comer…
Jesús, con ese rasgo de humanismo que pertenece a su retrato humano-divino, les invita a retirarse a un lugar desierto, a un paraje deshabitado y tranquilo, para descansar. ¿Nos imaginamos a Jesús descansando? El descanso sería una comida parca, un sueño restaurador, una conversación de cosas agradables, seguramente que intranscendentales. En suma, un descanso como el nuestro. El mejor descanso es el disfrute de la amistad, y ciertamente que Jesús ha cultivado la amistad con los suyos, como la ha cultivado con Lázaro, Marta y María, sus amigos de Betania.
Ese paraje tranquilo en las orillas del lago, ribera occidental u oriental, no podemos localizarlo.

3. Pero he aquí algo sorpresa: Mientras la barca cruza a remo el lago, la gente ha tomado la delantera a pie, y corriendo, y, al desembarcar, se encuentra Jesús prisionero. La gente, que le adora, lo quiere secuestrar; quiere que le hable, que le hable…
Y ahora viene el narrador con un dato divino: Jesús sintió compasión. La compasión es un atributo divino, y es digno de Dios el hacer partícipe a sus criaturas de algo que él lleva en su propia naturaleza. Recordad aquella frase: Sed compasivos, como vuestro Padre celestial es compasivo (Lc 6,36). Es lo más grande que podemos hacer en esta vida: asemejarnos a Dios, y Dios es imitable solo en la compasión. La compasión no es humillante para quien la recibe, y es dignificante para quien la da.
La compasión es la solidaridad gratuita con el que está padeciendo y es tanto más hermosa cuanto más generosa sea en quien la regala. La compasión no es la superioridad en tu desgracia, porque entonces sería arrogancia.
Qué bello es encontrarse por la vida con personas que han descubierto en la compasión, o piedad al prójimo, su vocación. En un hospital psiquiátrico puede haber salas especiales para pacientes que requieren atenciones extraordinarias: que no hablan, que no pueden asearse, que no pueden comer, en suma, que, aunque adultos, necesitan los cuidados de una madre. Y hay personas – mujeres y hombres – que dedican su vida a eso. Es claro que no ha sido el sueldo necesario lo que les ha hecho escoger ese servicio, porque lo habría buscado me otra parte. Ha sido, por el contrario, el misterio atractivo de una vocación de humanismo y de piedad. Están participando de la compasión de Dios, y sus nombres están escritos en el Libro de la Vida.

4. La compasión de Jesús está aquí motivada por algo: porque andaban como ovejas que no tienen pastor y se puso a enseñarles muchas cosas.
En el pueblo nómada de Israel la imagen del pastor, la imagen del pastor es del todo familiar. Por eso, hoy en la Eucaristía se reza – se canta, más bien – el bello salmo del pastor: El Señor es mi pastor, nada me falta.
El pastoreo de Jesús es darle a su pueblo la doctrina de Dios. Es el mejor de los alimentos que ha de dar un pastor a su rebaño.
Cuando Moisés, frente a la tierra prometida, tenía que despedirse de su pueblo, pedía a Dios este pastor para el pueblo: “Moisés dijo al Señor. Que el Señor, Dios de los espíritus de todo viviente, ponga un hombre al frente de esta comunidad, uno que salga y entre al frente de ellos y que los conduzca en sus entradas y salidas, para que no quede la comunidad del Señor como ovejas sin pastor” (Nm 27,15-17). Josué fue el pastor elegido por Dios, para introducir en la heredad del Señor a la “comunidad del Señor”. Y Dios le dirá. “Que el libro de esta Ley no se caiga de los labios, medítalo día y noche…” (Jos 1,8).
Es el primer pasto que necesita el pueblo de Dios. Es el alimento que un padre, una madre, han de dar a sus hijos: les han de enseñar el camino de Dios.

5. Sigue contando el Evangelio lo que sucedió al final de aquella jornada: Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle. Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer. Él les replicó: Dadles vosotros de comer (Mc 6,35-37). Y así es como se introduce la multiplicación de los panes, con una clara significación eucarística.
Que lo aprendan los apóstoles y lo aprendamos nosotros, continuadores de aquella primera comunidad de Jesús, que estaba naciendo.
Dadles vosotros de comer. ¿Qué nos deben dar nuestros pastores, si quieren ser los buenos pastores de Jesús, y no como los malos pastores de los que nos ha hablado Jeremías: ¡Ay de los pastores que dispersan y dejan que se pierdan las ovejas de mi rebaño! (Jr 23,1).
Los buenos pastores, que cuidan el rebaño de Jesús, que es el rebaño de Dios, nos deben dar dos alimentos: el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. El Evangelio de hoy nos lo está diciendo esplendorosamente.
Desde aquí quiero proclamarlo: ¡Dichosas las mujeres catequistas de Primera Comunión! Están repartiendo el Pan de la Palabra, el Pan de Dios. Están compartiendo el don de la compasión de Dios, del amor entrañable de Dios. Dichosos, sí, los catequistas y las catequistas, que gratuitamente, desde el corazón, gastan tiempo y estudio para dar el pan de Dios a los hijos de Dios.

6. Concluyamos, hermanos. Jesús tuvo compasión y se puso a enseñarles muchas cosas. Seamos nosotros discípulos de Jesús, que nos sigue hablando en e l silencio del corazón, y, de nuestra parte, seamos también continuadores de la obra de Dios para enseñarles a nuestros hermanos el camino de Dios. Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves 19 julio 2012.

Un poema espiritual para el Evangelio de hoy, véase en mercaba.org: El descanso de Jesús

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