miércoles, 1 de agosto de 2012

269. 2 de agosto: La Porciúncula - La Madre de los menores


Un retiro espiritual para la familia franciscana


La Madre de los hermanos menores
La Madre de las hermanas pobres



PREÁMBULO

Envío: El encanto del franciscanismo

Un encanto del franciscanismo tiene un nombre concreto, nombre femenino, bello más que una flor, y es la Virgen Santa María de la Porciúncula. Lo femenino – suave y fragante – pertenece discretamente, veladamente…, a lo más puro de nuestros orígenes: la Virgen de la Porciúncula y Clara de Asís. Nunca lo olvidemos. María es la Madre; Clara, la hermana. Sin una y otra nunca hubiéramos sido lo que fuimos y lo que somos.
Por eso, es grato evocar recuerdo en el día de Ntra. Sra. de los Ángeles de la Porciúncula, cálida cuna de la Orden.
Yendo a nuestras primeras raíces, quizás nuestra Patrona debiera ser Santa María de los Ángeles de la Porciúncula. A ella podemos venerar, por todo lo acontecido en Francisco, como la Madre de los menores. Santa María de los Ángeles parece celebrar a María en el misterio de su gloriosa Asunción. Allí, en la Porciúncula, es donde han nacido las oraciones de san Francisco a la Virgen
Las circunstancias históricas han derivado para que la Patrona de la Orden fuera la Inmaculada.

Excursus histórico: La Inmaculada como Patrona de la Orden
(Nota ilustrativa que el lector la puede saltar)
      Puede ser instructivo y útil detenernos en este aspecto, y conocer con cierto detalle por qué la Inmaculada es Patrona de la Orden. He aquí unas notas consignadas en las instrucciones dadas a los novicios (Tres Ojitos, 2007).
      La Virgen con el título de Inmaculada aparece dos veces en nuestras Constituciones Capuchinas: una en la fórmula de la profesión (20,4); y otra, al aconsejar el ayuno en la víspera de su fiesta (103,3).
      La Virgen, bajo el título de su Inmaculada Concepción, fue proclamada Patrona de la Orden por decreto del 15 de octubre de 1712, siendo ministro general el P.Miguel Ángel de Ragusa[1]. Se exhorta a la Orden a que todos y cada uno de los religiosos se preparen espiritualmente para la celebración de la fiesta durante nueve días. Este patronazgo se vuelve a aprobar y confirmar el 10 de marzo de 1714. Se aplican los privilegios inherentes a los patronazgos principales, a saber: oficio y misa con rito doble de primera clase y con octava, lo cual tiene vigencia en toda la Orden.
      La Orden considera a María Inmaculada como su única y singular patrona. El ministro general Francisco de Solchaga escribe desde Madrid, el 31 de diciembre de 1818, al provincial de Valencia: “Habiendo escrito al r.mo P. Vicario General, Fr. Mariano de Alatri, para que en nuestro nombre solicitase del Romano Pontífice privilegio para que en toda nuestra Orden, de que es su única y singular Patrona María santísima bajo el título de su purísima Concepción, en el día en que celebramos este misterio, en toda su octava y en todas las misas votivas que se celebran entre año se añadiesen estas palabras en el prefacio: Et te in conceptione inmaculata, etc., nos contesta ...que concedió Su Santidad la gracia en los mismos términos que deseábamos”[2].
      “La devoción a la santísima Virgen Inmaculada, que nuestro humilde instituto desde el principio de glorió de tenerla como especial protectora, fue siempre un distintivo de los religiosos capuchinos”[3].
      Gregorio XVI concedió a la Orden el añadir en las Letanías lauretana la invocación Regina sine labe (originali) concepta (8 diciembre 1843)[4].
      En 1849 (18 de marzo) el ministro general Venancio de Turín pide a los provinciales que en todas las comunidades se rece en común al menos una tercera parte del rosario (sanctissimi rosarii) por los últimos trabajos que se están haciendo en orden a la definición dogmática de la Inmaculada Concepción.
      El iniciador de esta Coronilla fue el P. Buenaventura de Ferrara (1806-1884)[5].

Inmaculada y Regina Ordinis minorum
      El título de “Inmaculada” no aparece en las Constituciones de 1536, no obstante estar tan enlazado en la Iglesia con la tradición franciscana.
      En diversos países, y muy especialmente en España, cunde un gran fervor inmaculista en asociaciones que se comprometen con voto a defender el privilegio de la Concepción Inmaculada de María, y que tiene un amplio reflejo en el arte religioso: pintura (las “Inmaculadas” de Murillo) e imaginería, lo mismo que en la literatura.
      Tradicionalmente los capuchinos en España hemos cantado los sábados los Gozos de la Inmaculada (Con gozo y grande alegría / cantamos, Virgen sagrada, / que siempre fue inmaculada / vuestra Concepción, María, etc.).
      Coplillas devotas de la Inmacula, a modo de obsequios y fervorines, adornan las oficinas, lo mismo que la imagen de María preside la cocina y otros lugares de trabajo. El nombre de “María”, no raramente, en algunas provincias, se añade al nombre que se toma en el noviciado.
      En el Manual Seráfico de las distintas regiones o provincias se pueden apreciar estos usos, y como fuente de mayor categoría se puede acudir al Caeremoniale Romano-Seraphicum, para ver fiestas, devociones y consagraciones.
      Tal Ceremonial, que con detalle se estudiaba y aprendía en el noviciado, ha dejado de tener vigencia, y no será fácil encontrar ejemplares en nuestras comunidades[6].
      Con la Inmaculada la Orden celebra otra fiesta. La Inmaculada, siendo fiesta mayor, está adornada de una octava, y en el día se la octava, concretamente el 15 de diciembre, se celebra a la Regina Ordinis minorum, y en este día se hace, según el Ceremonial, la consagración al Inmaculado Corazón de María[7].

I
LA PORCIÚNCULA

El nacimiento de la vocación franciscana

El camino de conversión de Francisco duró tres años. En este tiempo reparó tres iglesias:
- la primera la iglesia de san Damián,
- la segunda otra ermita, que se supone fuera la de San Pedro;
- la tercera, la capilla de la Porciúncula.
La iluminación del proyecto de vida, al final de este itinerario, acontece en santa María de la Porciúncula. Tres son los elementos que podemos contemplar en aquel momento fundacional de la Vida franciscana:
1) El Evangelio.
2) La Eucaristía.
3) La Iglesia jerárquica, representada en aquel humilde sacerdote, cuyo nombre ignoramos, que aquel día explicó a Francisco el contenido del Evangelio de la misión.
A esta trilogía, que configura teológicamente nuestro carisma, se ha de añadir un cuarto elemento envolvente. La vida franciscana nace en el regazo de María. María cumple una función materna en el nacimiento de la Orden. Francisco, de hecho, según un testimonio, encomendaba a la Madre de Dios le iluminara sobre lo que debía hacer.
El Evangelio, la Eucaristía, la Jerarquía van a ser tres elementos permanentes configurativo de nuestra Fraternidad, de nuestra vida y misión. Y todo ello, en el regazo de María.
La Porciúncula pasar a ser, de alguna manera un “lugar teológico” de la Orden.

Residencia transitoria y residencia definitiva

A su vuelta de Roma, el pequeño grupo de hermanos, pasando por el valle de Espoleto, se estableció en Asís, en el lugar llamado Rivotorto (riachuelo torcido), según refiere 1 Celano:
“Recogíase el bienaventurado Francisco con los suyos en un lugar, próximo a la ciudad de Asís, que se llamaba Rivo Torto. Había allí una choza abandonada; en ella vivían los más valerosos despreciadores de las grandes y lujosas viviendas y a su resguardo se defendían de los aguaceros. Pues, como decía el Santo, "más presto se sube al cielo desde una choza que desde un palacio". Todos los hijos y hermanos vivían en aquel lugar con su Padre, padeciendo mucho y careciendo de todo; privados muchísimas veces del alivio de un bocado de pan, contentos con los nabos que mendigaban trabajosamente de una parte a otra por la llanura de Asís. Aquel lugar era tan exageradamente reducido, que malamente podían sentarse ni descansar. Con todo, no se oía, por este motivo, murmuración o queja alguna; antes bien, con ánimo sereno y espíritu gozoso, conservaban la paciencia” (1 Cel 42).

La historia de Rivotorto terminó así:
“ Cuando moraban en aquel lugar, un día un hombre con su borrico llegó a la choza que habitaban el varón de Dios y sus compañeros; par a impedir que le echaran, invitaba al borrico a entrar, diciendo: "Adelante, que así mejoraremos este lugar". Al oírlo Francisco, y percatándose de la intención, lo llevó muy a mal; se pensaba aquel hombre que los hermanos querían afincarse allí y añadir nuevas chozas a la existente. Y, sin más, San Francisco salió de aquel lugar, abandonó aquel chamizo a causa de las palabras del aldeano, y se trasladó a otro sitio, no lejos de allí, que se llama Porciúncula, donde, como queda dicho, había reparado, tiempo atrás, la iglesia de Santa María. No quería tener propiedad par a poder poseer todo con plenitud en el Señor” (1 Cel 44).

Significado espiritual de la Porciúncula como casa-cuna de la Orden y casa matriz
     
San Buenaventura lo ha resumido de esta manera:
“Cuando hubo concluido esta reconstrucción, llegó a un lugar llamado Porciúncula, donde había una antigua iglesia construida en honor de la beatísima Virgen María, que entonces se hallaba abandonada, sin que nadie se hiciera cargo de la misma. Al verla el varón de Dios en semejante situación, movido por la ferviente devoción que sentía hacia la Señora del mundo, comenzó a morar de continuo en aquel lugar con intención de emprender su reparación. Al darse cuenta de que precisamente, de acuerdo con el nombre de la iglesia, que se llamaba Santa María de los Ángeles, eran frecuentes allí las visitas angélicas, fijó su morada en este lugar tanto por su devoción a los ángeles como, sobre todo, por su especial amor a la madre de Cristo.
Amó el varón santo dicho lugar con preferencia a todos los demás del mundo, pues
1.       aquí comenzó humildemente [nota: purificación],
2.      aquí progresó en la virtud [iluminación],
3.      aquí terminó felizmente el curso de su vida [perfección];
en fin, este lugar lo encomendó encarecidamente a sus hermanos a la hora de su muerte, como una mansión muy querida de la Virgen” (LM 2,8).

En el mismo número San Buenaventura hace una consideración teológica con estas palabras:
“Este es el lugar en que San Francisco  ‑ siguiendo la inspiración divina ‑   dio comienzo a la Orden de Hermanos Menores. Por designio de la divina Providencia, que guiaba en todo al siervo de Cristo antes de fundar la Orden y entregarse a la predicación del Evangelio, reconstruyó materialmente tres iglesias, procediendo de este modo no sólo para ascender, en orden progresivo, de las cosas sensibles a las inteligibles, y de las menores a las mayores, sino también para manifestar misteriosamente al exterior, mediante obras perceptibles, lo que había de realizar en el futuro. Pues al modo de las tres iglesias restauradas bajo la guía del santo varón, así sería renovada la Iglesia de triple manera, según la forma, regla y doctrina de Cristo dadas por el mismo Santo, y triunfarían las tres milicias de los llamados a la salvación tal como hoy día vemos que se ha cumplido” (LM 2,8).

La Porciúncula en el desarrollo de la Fraternidad
     
La Porciúncula pertenece a nuestra identidad franciscana de esta manera:

  1. Fue el lugar de la meta de la conversión de Francisco, al dársele allí la revelación del proyecto de vida evangélica.
  2. Fue el lugar donde Clara, guiada por Francisco inició igualmente su camino evangélico la noche del Domingo de Ramos.
  3. Fue la residencia habitual de Francisco, si no estaba visitando a sus hermanos.
  4. Fue el lugar donde se hacían los capítulos de la Fraternidad.
  5. Por lo mismo, el lugar donde se fue gestando la Regla de los Hermanos Menores, a los pies de María.
  6. Fue el lugar de donde partió la misión de la Orden y adonde volvían los hermanos.
  7. Fue el lugar donde obtuvo, siempre junto al regazo de la Madre, el Perdón de Asís.
  8. Bien podemos suponer que fue aquí donde María fue declarada por Francisco Abogada de la Fraternidad.
  9. Fue el lugar donde Francisco adquirió un temperamento “materno” con sus hermanos, nota que se refleja en su lenguaje.
  10. Fue el lugar donde quiso morir Francisco. (¿Por qué no fue enterrado allí?).

      En este sentido véase Espejo de perfección 84.

El lugar más amado por Francisco y el único lugar recomendado

Todos los biógrafos están de acuerdo en estas dos afirmaciones:
Primera. El lugar más amado por Francisco en la tierra.
Segunda. El lugar vivamente recomendado a sus hermanos, como algo que pertenecía al patrimonio espiritual de todos.


Evolución espuria de una tradición espiritual

Si leemos el testimonio de la Leyenda de Perusa y el Testimonia del Espejo de Perfección, vemos cómo ha evolucionado una tradición según cierta tendencia del conventualismo.
Esta tendencia queda sacralizada al afirmar - ¿con qué derecho? - que es el lugar más amado por la Virgen.
     
Léase: Leyenda de Perusa 56: “La Porciúncula, espejo de la Orden”.
Espejo de Perfección 55: “Cómo consiguió humildemente la iglesia de Santa María de los Ángeles del abad de San Benito de Asís y quiso que los hermanos habitaran y convivieran siempre allí en humildad”.
En esta evolución de la tradición hallamos este testimonio: “Nosotros que hemos vivido con el bienaventurado Francisco, damos testimonio dé que decía expresamente acerca de esta iglesia que, por las muchas gracias que el Señor le mostró allí y por lo que le fue revelado en aquel lugar, la bienaventurada Virgen ama esta iglesia con predilección sobre todas las iglesias que ella ama en el mundo. Por esta razón, durante toda su vida tuvo a este lugar gran devoción y reverencia. Y para que los hermanos tuvieran este recuerdo en su corazón, próximo ya a la muerte, quiso que en su testamento se escribiera que ellos hicieran lo mismo” (LP 56; véase igualmente en EP 55).
La verdad es que en el Testamento no se halla esta recomendación.

Nos resulta difícil poner en labios de Francisco la siguiente recomendación que hallamos en los dos testimonios anteriores:
“Es mi deseo que esté siempre bajo la autoridad directa del ministro general, para que así tenga un cuidado y solicitud mayor de atender el lugar, sobre todo constituyendo en el mismo una familia buena y santa. Los clérigos sean escogidos entre los hermanos más santos y honestos y entre los que, de toda la Orden, sepan decir mejor el oficio, a fin de que no sólo los demás hombres, sino también los hermanos, los oigan con agrado y mucha devoción. Sean elegidos para servirles algunos de entre los hermanos y laicos santos, hombres discretos y honestos” (LP 56).


Un aspecto de la Fiesta de la Porciúncula. La Indulgencia de la Porciúncula o Perdón de Asís (tradicionalmente, año 1216)
Para referirnos a la Indulgencia de la Porciúncula, que en siglos pasados ha tenido tanta importancia porque no se concedían perdones con tal amplitud, nos baste con referirnos a una explicación y exhortación familiar del actual Papa Benedicto XVI. Un documento importante al respecto es la Carta apostólica escrita por Pablo VI (Sacrosancta Portiunculae ecclesiae, 14 julio 1966) con motivo del 750 aniversario de la Indulgencia. Benedicto XVI hablaba familiarmente a los fieles con estas palabras:

“Hoy contemplamos en san Francisco de Asís el ardiente amor por la salvación de las almas, que todo sacerdote debe alimentar constantemente:  en efecto, hoy se celebra el llamado "Perdón de Asís", que obtuvo del Papa Honorio III en el año 1216, después de haber tenido una visión mientras se hallaba en oración en la pequeña iglesia de la Porciúncula. Apareciéndosele Jesús en su gloria, con la Virgen María a su derecha y muchos ángeles a su alrededor, le dijo que expresara un deseo, y Francisco imploró un "perdón amplio y generoso" para todos aquellos que, "arrepentidos y confesados", visitaran aquella iglesia. Recibida la aprobación pontificia, el santo no esperó ningún documento escrito, sino que corrió a Asís y, al llegar a la Porciúncula, anunció la gran noticia: ”Hermanos míos, ¡quiero enviaros a todos al paraíso!". A partir de entonces, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2, se puede lucrar, con las condiciones habituales, la indulgencia plenaria también por los difuntos, visitando una iglesia parroquial o franciscana”.
(Benedicto XVI, Castelgandolfo, Domingo, 2 agosto 2009).



II
SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES DE LA PORCIÚNCULA,
LA MADRE DE LOS MENORES

El testimonio principal de la devoción de Francisco a María es éste de Celano:

Su devoción a nuestra Señora, a quien encomendó especialmente la Orden
Rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana. Pero lo que más alegra es que la constituyó abogada de la Orden y puso bajo sus alas, para que los nutriese y protegiese hasta el fin, los hijos que estaba a punto de abandonar. ¡Ea, Abogada de los pobres!, cumple con nosotros tu misión de tutora hasta el día señalado por el Padre” (2 Cel 198).

A los pies de Santa María de los Ángeles ha nacido esta oración de Francisco a la Virgen que se recitan muchas veces durante el día:

 Antífona: Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti, / hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros, junto con el arcángel San Miguel y todas las virtudes del cielo y con todos los santos, ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro. ‑ Gloria al Padre. Como era.

(Sobre la interpretación de esta antífona puede verse el siguiente estudio de dos capuchinos: Pyfferoen, Ilario [Hilario] - Van Asseldonk, Optato, O.F.M.Cap., María Santísima y el Espíritu Santo en San Francisco de Asís, en Selecciones de Franciscanismo, vol. XVI, n. 47 (1987) 187-215, que puede encontrarse sin notas en Internet: franciscanos.org).

Dice la rúbrica. Téngase en cuenta que esta antífona se recita en todas las horas y se dice como antífona, capitula, himno, versículo y oración, tanto en maitines como en las demás horas. Ninguna otra cosa decía en ellas, sino esta antífona con sus salmos.

CONCLUSIÓN

La Virgen María es un dulce secreto de la vida cristiana. Esta persuasión la ha vivido Francisco. Y, sin duda, que también para él es un dulce secreto de su existencia.
María de la Porciúncula es la Madre y Abogada de nuestra Orden. Es la que ha de estar presente en los momentos difíciles de nuestra vocación evangélica.
¡Oh María, Madre del Señor,
ruega por nosotros!

HIMNO PARA LA FIESTA DE LA PORCIÚNCULA

Humilde Virgen de las vegas
        
Noticia Este himno, escrito en Burlada en julio de 1979, siendo ministro provincial, se publicó en la hojita Concordia, en el primer número, cuya presentación está fechada el 30 de julio de 1979. Fidel Aizpurúa le puso una música popular de romería, que fue todo un acierto.
Letra y música. Himnos para el Señor, 1983.
Se encuentra igualmente en la obra de fr. Rufino María Grández (letra) - Fidel Aizpurúa (música), Himnario de la Virgen María. Curia provincial de Capuchinos, Burlada 1989, 104-107.      

              Humilde Virgen de las vegas,
María, Reina de los ángeles,
son tus caminos en la tierra
huellas de amor, pasos de madre.

Estás allí donde tus hijos,
donde una mano suplicante
prende el aceite de la lámpara,
¡oh siempre fiel!, para mirarte.

A tu capilla de los campos
llega el labriego jadeante;
pide perdón el Pobrecillo
y alcanza rosas celestiales.

Aquí se arriman los hermanos
con preces, penas y cantares,
a ti, porción de los menores,
que en los pequeños te complaces.

Hijos de paz junto a tus plantas
de Asís al ancho mundo salen,
y con cristiana cortesía
cantan la paz como juglares.

Por ti, María, toda pura,
aroma y gracia en nuestra carne,
vuelva a Jesús nuestra alabanza
con la liturgia de los ángeles. Amén.

[1] Véase: Melchior a Pobladura, en Litterae circulares superiorum generalium Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum. vol. II (1806-1883), en la carta que escribió Joannes Antonius a Florencia, pp. 175-177. El decreto se encuentra en el Bullarium Ordinis VII, 45 y en ANALECTA OFMCap 20 (1904) 152.
[2] Véase: Melchior a Pobladura, en Litterae circulares superiorum generalium Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum. vol. II (1806-1883), 45.
[3] Alfonso de Rumilly, procurador y comisario general de la Orden, Carta a toda la Orden sobre el promover el culto mariano por el pío ejercicio de la Coronilla de la Inmaculada Concepción, Roma, 31 de marzo de 1958, en Melchior a Pobladura, en Litterae circulares superiorum generalium Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum. vol. II (1806-1883), 236-238, ver p. 237.
[4] Véase Venantius a Torino, minister gen. OFMCap., Carta a la orden pidiendo oraciones en vistas de la futura definición dogmática de la Inmaculada Concepción (Roma, 18 marzo 1849), en: M. a Pobladura, Litterae circulares... vol. II, 181.
[5] Ver ANALECTA OFMCap 1 (1884-85) 275-276; 20 (1904) 269-277. Melchior a Pobladura, Historia generalis III, 207.
[6] Aquí, en Tres Ojitos, comunidad joven no se encuentra.
[7] Es el uso que recoge, por ejemplo, The Manual of the Province of St. Jospeh of the Capuchin Friars Minor U.S.A. 1951. Detroit, Michigan, nn. 63-65

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