lunes, 6 de agosto de 2012

273. Santa Clara alzando la Eucaristía: cuál es la historia, cuál es el símbolo


Envío
Para quienes con ocasión del VIII centenario del comienzo de la vida evangélica de la joven Clara de Asís (1208) están profundizando en la vida de esta admirada y querida santa;
Y muy particularmente para las hermanas que han profesado la Forma de vida de santa Clara.


Santa Clara con la custodia
Una imagen frecuente de santa es la que le representa con la Custodia en la mano: Clara alza la Custodia y la muestra. En pinturas se la puede ver asomada al muro del monasterio. Ante la Custodia huyen los enemigos, que son los Sarracenos.

Juan Pablo II, con fecha de 11 de agosto de 1993, envía un mensaje a las Clarisas con motivo del VIII centenario de la muerte. El título del mensaje es: “Una vida hecha Eucaristía”, y en él se dice sobre este punto:
“También gracias a un tipo de iconografía que tuvo mucho éxito a partir del siglo XVII, a Clara de Asís se la representa a menudo con el ostensorio en la mano. El gesto recuerda, aunque en una actitud más solemne, la realidad humilde de esta mujer que, ya muy enferma, se postraba, sostenida por dos hermanas, ante el tabernáculo de plata que contenía la Eucaristía (cf. LCl 21), colocado delante de la puerta del refectorio, donde estaba a punto de irrumpir la furia de las tropas del emperador. Clara vivía de ese pan, aunque, según las costumbres de su tiempo, sólo lo podía recibir siete veces al año” (n. 7)
Hay una historia real, que hay que rescatar de adornos fantásticos,
y esta historia es también símbolo de una vida.

Primer episodio (septiembre 1240)

Los testimonios de las hermanas
referentes a la invasión de los Sarracenos

(Nota. Los testimonios los recogemos de la conocida edición de Escritos de Santa Clara y documentos contemporáneos, publicados por Ignacio Omaechevarría, OFM, 4ª edición-reimpresión, BAC, Madrid 1999).
Son seis hermanas las que dan testimonio de este hecho. Se refiere a la invasión de las tropas de Federico II, donde había soldados reclutados entre los árabes, soldados “moros” o Sarracenos

Testigo II (Sor Bienvenida de Perusa)
Cómo, por las oraciones de santa Clara, fue librado de los sarracenos el monasterio
20.            Declaró también que en una ocasión, durante la guerra de Asís, algunos sarracenos habían escalado el muro y habían bajado a la parte interior del claustro de San Damián. Y la dicha santa madre Clara, entonces gravemente enferma, se levantó de la cama e hizo llamar a las monjas, infundiéndoles ánimo para que no tuviesen miedo. Y, hecha oración, el Señor libró del enemigo al monasterio y a las hermanas. Y los sarracenos que habían entrado se marcharon.

Testigo III (Sor Felipa, hija de messer Leonardo de Gislerio)
18. Dijo también que, en el tiempo de la guerra de Asís, las hermanas temían mucho la venida de los tártaros y sarracenos y otros enemigos de Dios y de la santa Iglesia. Y entonces la dicha bienaventurada madre comenzó a animarlas, diciendo: "Hermanas e hijitas mías, no tengáis miedo, pues, si Dios está con nosotras, los enemigos no podrán ofendernos. Confiad en nuestro Señor Jesucristo, que El nos librará. Y yo quiero seros fiadora de que no nos harán ningún mal; si vienen, ponedme delante de ellos".
Un día, atacando de improviso los enemigos para destruir la ciudad de Asís, unos sarracenos escalaron el moro del monasterio y bajaron al claustro, lo que produjo gran temor en las hermanas. Pero la santísima madre las animaba a todas y despreciaba las fuerzas de ellos, diciendo: "No temáis, que no podrán hacernos daño". Y, dicho esto, recurrió a la ayuda de su acostumbrada oración. Y la virtud de ésta fue tal, que los dichos enemigos sarracenos huyeron como si hubieran sido puestos en fuga, sin hacer mal alguno, sin tocar a nadie de la casa.
Preguntada cómo sabía las cosas dichas, respondió: porque había estado presente.
Preguntada sobre el mes y el día, dijo que no se acordaba.
     
Testigo IV (Sor Amada de messer Martino de Cocorano [o Corozano])
14. Dijo también la testigo que, temiendo las hermanas la venida de los sarracenos y tártaros y otros infieles, rogaron a la santa madre que hiciese mucha fuerza al Señor para que su monasterio quedase a salvo. Y la santa madre les respondió: "Hermanas e hijitas mías, no temáis, porque el Señor os defenderá. Y yo quiero ser vuestra fiadora, y, caso de que los enemigos vengan al monasterio, ponedme delante de ellos". Y así, por las oraciones de tan santa madre, el monasterio, las hermanas y las demás cosas no sufrieron el menor daño.

Testigo IX (Sor Francisca de messer Capitáneo de Col de Mezzo)
De este testimonio procede la representación de Santa Clara con el Santísimo Sacramento
2.   Preguntada sobre qué había visto ella, respondió que una vez entraron los sarracenos en el claustro del monasterio, y madonna Clara se hizo conducir hasta la puerta del refectorio y mandó que trajesen ante ella un cofrecito donde se guardaba el santísimo Sacramento del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Y, postrándose en tierra en oración, rogó con lágrimas diciendo, entre otras, estas palabras: "Señor, guarda Tú a estas siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar". Entonces la testigo oyó una voz de maravillosa suavidad, que decía: "¡Yo te defenderé siempre!" Entonces la dicha madonna rogó también por la ciudad, diciendo: "Señor, plázcate defender también a esta ciudad". Y aquella misma voz sonó y dijo: "La ciudad sufrirá muchos peligros, pero será protegida". Y entonces la dicha madonna se volvió a las hermanas y les dijo: "No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios". Y entonces los sarracenos se marcharon sin causar mal ni daño alguno.
Preguntada sobre cuándo había sucedido esto, respondió que no lo recordaba.
Preguntada asimismo sobre el mes, el día y la hora, contestó: el mes de septiembre, un viernes, según creía, como a la hora de tercia.
Preguntada que quién estaba presente, contestó: las hermanas que estaban en la oración.
Preguntada sobre qué otras hermanas habían oído aquella voz, dijo que la habían oído la testigo y otra hermana ya fallecida, pues ellas sostenían a la madonna.
Preguntada sobre cómo sabía que la otra hermana había oído la voz, respondió: porque lo dijo la hermana. Y santa Clara llamó a las dos aquella tarde, y les mandó que, mientras ella viviese, no se lo dijesen a persona alguna.
Preguntada sobre el nombre de aquella hermana que decía había fallecido, respondió que se llamaba sor Iluminada de Pisa.

Testigo X (Sor Inés, hija de messer Opórtulo de Bernardo de Asís)
9. También dijo que, por la virtud de la oración de santa Clara, se creía que el monasterio había sido defendido de los sarracenos y la ciudad de Asís librada del asedio de los enemigos. La misma testigo vio a la madre santa Clara orar por esto con lágrimas muy humildemente, con las manos juntas y los ojos elevados al cielo.

Testigo XII (Sor Beatriz de messer Favarone de Asís), hermana carnal
8. Preguntada sobre qué milagros había obrado el Señor por medio de ella, contestó que Dios había curado a algunas hermanas al trazar ella la señal de la cruz sobre las mismas. Y otros muchos milagros; pues Dios, por sus oraciones, defendió al monasterio de los sarracenos, y a la ciudad de Asís del asedio de los enemigos, según se cree públicamente.
Preguntada por cómo sabía esto, contestó: porque vio cuando ella hizo oración y cuando huyeron los sarracenos sin hacer ningún daño a ninguna ni al monasterio. Y luego de haber hecho oración, al día siguiente, el ejército que estaba a las puertas de la ciudad de Asís se retiró

A estos se añade la declaración de un testigo secular, el Testigo XVIII (Messer Ranieri de Bernardo de Asís... “su mujer era pariente de la dicha madonna Clara, por lo que el testigo frecuentaba su casa con confianza y veía sus antedichas buenas obras”, n. 2).
6.Y todos los ciudadanos creen firmemente que, por las oraciones y méritos de dicha madonna santa Clara, fue protegido el monasterio y librada la ciudad de los enemigos.

La manera de describir la Legenda este episodio (Legenda o Vida atribuida a Fray Tomás de Celano)

21. Me agrada narrar ahora los prodigios de su oración, con tanta fidelidad en cuanto a cómo fueron como con merecidísima veneración. Durante aquella tormenta que azotó a la Iglesia en diversas partes del mundo, bajo el emperador Federico, el valle de Espoleto tuvo que beber más frecuentemente del cáliz de la ira.
A modo de enjambres de abejas, estaban estacionados en el valle, por mandato imperial, escuadrones de caballería y arqueros sarracenos, con el propósito de destruir las fortalezas y expugnar las ciudades fortificadas. En esta situación, lanzóse una vez el furor enemigo contra Asís, ciudad predilecta del Señor, y avecinándose ya el ejército a las puertas, los sarracenos, gente pésima sedienta de sangre cristiana y capaz de los peores crímenes, cayeron sobre San Damián y entraron en él, hasta el claustro mismo de las vírgenes.
Se derriten de terror los corazones de las damas pobres balbucean presas de espanto y acuden a su madre entre lágrimas. Esta, impávido el corazón, manda, pese a estar enferma, que la conduzcan a la puerta y la coloquen frente a los enemigos, llevando ante sí la cápsula de plata, encerrada en una caja de marfil, donde se guarda con suma devoción el Cuerpo del Santo de los Santos.
22. Y prosternándose de bruces en oración ante el Señor, le dice a su Cristo entre lágrimas: "¿Te place, mi Señor, entregar inermes en manos de paganos a tus siervas, a las que he criado en tu amor? Guarda, Señor, te lo ruego, a estas tus siervas a las que no puedo defender en este trance" En seguida, desde este propiciatorio de la nueva gracia, una voz como de niño se dejó sentir en sus oídos: "Yo siempre os defenderé". "Mi Señor ­añadió Clara­, protege también, si te place, a esta ciudad que nos sustenta por tu amor". Y Cristo a ella: "Soportará molestias, mas será defendida por mi fuerza". En esto la virgen, levantando el rostro bañado en lágrimas, conforta a las que lloran diciéndoles: "Hijitas, yo salgo fiadora de que no sufriréis nada malo; basta que confiéis en Cristo". De inmediato, repentinamente, la audacia de aquellos perros, rechazada por fuerza misteriosa, se convierte en pánico, y, escapándose de prisa por los muros que habían escalado, fueron dispersados por el valor de la suplicante. A continuación Clara conmina a las que habían oído la referida voz, prohibiéndoles con seriedad: "Hijas carísimos, guardaos en absoluto, mientras yo viva, de revelar esto a nadie".

Para las implicaciones político-religiosas de este episodio, en el contexto de la Cruzada, puede verse las consideraciones que hace Marco Bertoli de santa Clara como Defensor civitatis en su obra Clara de Asís (Colección “Hermano Francisco”, 25).  Editorial Aránzazu, Oñate (Guipúzcoa) 1992, pp. 244-249.

  
Al año siguiente (1241)
las tropas de Vidal de Aversa (mandado por Federico II)

Son cuatro los testimonios de las hermanas

Testigo III (véase anteriormente)
19. También declaró que, cuando Vidal de Aversa, enviado por el emperador con un gran ejército, se presentó para asediar la ciudad de Asís, se temía mucho­según se lo habían dicho a madonna Clara­que fuese tomada la ciudad, que estaba en peligro, pues Vidal había declarado que no levantaría el sitio mientras no la tomase. Y, al oír esto la madonna, confiando en el poder de Dios, mandó llamar a todas las hermanas pidió ceniza y con ella cubrió su cabeza, que se había hecho rapar. Y, luego, ella misma puso ceniza también sobre la cabeza de todas las hermanas y les mandó que fuesen a hacer oración, para que el Señor librase a la ciudad. Y así ocurrió, pues al día siguiente, de noche, Vidal partió de allí con todo su ejército.

Testigo IX (véase anteriormente)
3.   Dijo también que, en otra ocasión, alguien dijo a la dicha madonna Clara que la ciudad de Asís iba a ser entregada; y que entonces la madonna llamó a sus hermanas y les dijo: "Muchos bienes hemos recibido de esta ciudad, y por ello debemos rogar a Dios que la guarde". Y les mandó que de madrugada fuesen a donde estaba ella. Las hermanas lo hicieron así y se presentaron junto a ella muy temprano. Y cuando estuvieron reunidas, la dicha madonna se hizo traer ceniza, se descubrió por completo la cabeza y mandó a todas hacer lo mismo. Después, tomando ceniza, ella se puso gran cantidad sobre su cabeza, recientemente rapada, y a continuación la puso también sobre la cabeza de todas las hermanas. Hecho esto, mandó que todas fuesen a la capilla a hacer oración. Y de tal modo lo cumplieron, que al día siguiente, de mañana, huyó aquel ejército, roto y a la desbandada. Y en aquel día de oración las hermanas hicieron penitencia, ayunando a pan y agua, y algunas no probaron bocado.
Preguntada sobre cuándo había sido esto, contestó que en tiempo de Vidal de Aversa.

Testigo XIII (Sor Cristiana de messer Bernardo de Suppo de Asís)
9.   Igualmente, sobre la oración hecha para defender y librar al monasterio de los sarracenos, y sobre la oración hecha para librar a la ciudad de Asís, asediada por los enemigos, dijo lo mismo que la citada sor Felipa. Y añadió que la testigo misma había sido quien, por mandato de la santa madre madonna Clara, había llamado a las hermanas para que permaneciesen en oración.

Testigo XIV (Sor Angeluccia de messer Angeleio de Espoleto)
3.   Y se cree firmemente que sus oraciones libraron una vez al monasterio de la violencia de los sarracenos, que habían entrado ya en el claustro del monasterio.
Y en otra ocasión libró a la ciudad de Asís del asedio de los enemigos.

El relato de este episodio en la Legenda
23. En otra ocasión, Vidal de Aversa, hombre codicioso de gloria e intrépido en las batallas, desplegó contra Asís el ejército imperial que capitaneaba. En consecuencia, taló los árboles del territorio, asoló todos los alrededores y se asentó para asediar la ciudad. Declaró con amenazadoras palabras que de ningún modo se retiraría hasta que no la hubiese tomado. De hecho, se había llegado a tal extremo, que se temía su inminente caída.
En oyendo esto Clara, la sierva de Cristo, suspira vehementemente y, convocando a las hermanas, les dice: "Hijas carísimos, recibimos a diario muchos bienes de esta ciudad; sería gran ingratitud si, en el momento en que lo necesita, no la socorremos en la medida de nuestras fuerzas". Manda que le traigan ceniza, ordena a las hermanas destocarse las cabezas. Y, en primer lugar, sobre su cabeza descubierta derrama mucha ceniza; después la esparce también sobre las cabezas de las otras. "Acudid ­ añade ­ a nuestro Señor y suplicadle con todas veras la liberación de la ciudad". ¿Para qué narrar más detalles? ¿Para qué recordar las lágrimas de las vírgenes, sus ansiosas plegarias? Dispuso el Dios misericordioso, que con la tentación da el poder resistirla con éxito, que a la mañana siguiente se desbandara todo el ejército; que su soberbio jefe, en contra de sus propósitos, abandonara el sitio; y que nunca más pudiera hostigar aquella comarca. Ya que, al poco tiempo, aquel caudillo guerrero fue muerto a espada.

Reflexiones conclusivas
- En el primer episodio se hace mención de la Eucaristía; en el segundo no. Para el propósito de la representación de Clara con el Santísimo Sacramento tenemos que ceñirnos al primero y dejar el segundo.
-Los dos episodios coinciden en un tema sumamente interesante: Clara y Asís, Clara Defensor civitatis. Es un tema frecuente en la hagiografía de Obispos medievales, el Obispo salvador de la ciudad.
-Es importante la “voz común” de que Clara ha sa4lvado a Asís, y la ha salvado, no con mediaciones políticas, ella procedente de la nobleza de la ciudad, sino con la oración y la penitencia. Clara ama a su patria. Históricamente Asís ha conservado esta memoria.
- El historiador de profesión debe apreciar desde qué perspectiva y desde qué valores se ha elaborado el relato de la Legenda. El testimonio del Proceso de sucesos relativamente recientes (13 y 12 años), asuntos de gran interés sin duda para el tribunal que interroga, es más limpio, si bien testimonio prestado desde la conciencia medieval de quiénes son los Sarracenos, enemigos de Dios y de la Iglesia.
- En la oración de Clara no advertimos ninguna motivación directamente política.
-Clara está enferma, la llevan a la puerta del refectorio. Traen la Eucaristía. ¿Es con la intención de orar ante la Eucaristía, o primordialmente de salvar la Eucaristía?

­­- Observemos, ante todo, que la Eucaristía está guardada o reservada en un pequeño cofre. No existe un ostensorio o custodia No hay ningún enfrentamiento de Clara con los Sarracenos, ningún desafío espiritual, ningún conjuro. Clara sencillamente ora, primero para salvar a su hermanas. Y luego para que sea salva la ciudad. Y en este contexto ocurre la experiencia espiritual relatada por Sor Francisca.


Profundización

La colección anterior de textos nos lanzan más allá del tema “Clara y el ostensorio”, o “Clara y la Eucaristía”.

Qué pasó: los detalles de la escena
El primer testimonio, escueto, de sor Bienvenida, nos resulta precioso por su sencillez, por su naturalidad, por su humilde realismo. Con la mente podemos evocar escenas semejantes, si recordamos tiempos de persecución religiosa, en México o en España. Clara, gravemente enferma, “se levantó de la cama e hizo llamar a las monjas, infundiéndoles ánimo para que no tuviesen miedo. Y, hecha oración, el Señor libró del enemigo al monasterio y a las hermanas. Y los sarracenos que habían entrado se marcharon”. No ha pasado nada - aparentemente nada  milagroso - y ha pasado todo.
Es la memoria que guarda esta distinguida hermana de la comunidad.
La desaparición de los Sarracenos (que en la Legenda serán, injuriosamente, “perros”, “gente pésima sedienta de sangre cristiana y capaz de los peores crímenes”) no se presenta como una escena de pánico sagrado: “De inmediato, repentinamente, la audacia de aquellos perros, rechazada por fuerza misteriosa, se convierte en pánico, y, escapándose de prisa por los muros que habían escalado, fueron dispersados por el valor de la suplicante”. No, no fue así; no es esto lo que ocurrió. Cuando se retiraron del monasterio, se fueron, sí, “como si hubieran sido puestos en fuga”, puntualiza sor Felipa, pero añade: “sin hacer mal alguno, sin tocar a nadie de la casa”.
Beatriz, hermana de Clara, nos informa: “Y luego de haber hecho oración, al día siguiente, el ejército que estaba a las puertas de la ciudad de Asís se retiró”.

Fiadora, “ponedme delante de ellos”
Pero he aquí que los detalles comienzan a adquirir relieve. Y, ante todo, vemos a Clara como fiadora “Y yo quiero seros fiadora de que no nos harán ningún mal; si vienen, ponedme delante de ellos”, recuerda sor Felipa. Clara, madre de la comunidad, es la fiadora por una doble misión:
- fiadora como “responsable” de la comunidad. Las hermanas pueden descargar preocupaciones, porque ella va a interceder por sus hermanas; no les puede pasar ningún mal.
- Es más: si vienen, ponedme delante de ellos. Clara se presta a ser “una por todas”; ella será la víctima, si alguien tiene que caer. Tengamos en cuenta que Clara, la madre, está enferma.

En el testimonio de sor Amada se repite lo mismo: “fiadora” y “ponedme delante de ellos”.  La palabra “fiadora” vuelve a oírse en otros testimonios. Cuatro testigos hablan de Clara  “fiadora”.
Comienza a perfilarse una vocación de maternidad de Clara con sus hermanas: madre intercesora, madre solidaria, dispuesta a morir, antes de que nadie perezca, en sustitución de todas. No es una vocación de ahora; es una vocación que estaba.


Otros detalles de la humilde oración de Clara
Las lágrimas de Clara, sus manos juntas, suplicantes, nos dan una imagen real de aquel acontecimiento: “La misma testigo vio a la madre santa Clara orar por esto con lágrimas muy humildemente, con las manos juntas y los ojos elevados al cielo” (Sor Inés). A esta imagen orante, hay que añadir otro dato: “postrada en tierra”.
A decir verdad, el suceso referido, no fue algo de repente, de un día heroico o milagroso. El peligro se había cernido. Así lo expresa sor Felipa, cuando habla, antes de “aquel día concreto”, del ambiente de San Damián en aquellos días, “en el tiempo de la guerra de Asís”.
Fue, pues, una situación que duró varios días y que tuvo un momento álgido, y de alguna manera milagroso.

El momento culminante de la oración

Los sarracenos, al saltar el muro, están dentro del “claustro”, actual patio de San Damián. El refectorio da al patio. Una puerta consistente está entre el refectorio y el patio. Del refectorio, internamente se puede pasar al oratorio.
Clara ha pedido el cofre, donde se guarda el Santísimo, en el oratorio de las hermanas. Dentro del cofre está “la cápsula” - la cajita, píxide - que contiene las formas sagradas. Esta cápsula, según la Legenda, es de plata. El cofre es - de nuevo, según la Legenda - “una caja de marfil” (entendemos: una caja con incrustaciones de marfil).
¿Qué pretende Clara? ¿Salvar la Eucaristía de una posible profanación? Así se ha hecho tantas veces en monasterios y casas religiosas en momentos de persecución: salvar la Eucaristía de la profanación de los agresores. ¿O quiere tenerle al Señor ahí delante, como más físicamente presente?
Ha puesto al Señor junto a la puerta: ¿en una alacena?, ¿en una mesita?, ¿en una banqueta? Lo tiene ahí delante, como se tiene al Señor en el altar. De entrar en el recinto interior los asaltantes, entrarán por la puerta del refectorio.
Clara se derrama en oración. Está de rodillas, postrada en tierra, le está hablando al Señor, en directo, pues Jesús está presente en la Eucaristía. Le está suplicando “con las manos juntas, - no aprieta a Jesús junto a su pecho - y está con los ojos surcados de lágrimas.  Llora y sus lágrimas están expresando la intensidad de su dolor, por el peligro de sus hijas. Sin duda que son también lágrimas de amor y de ternura a Jesús. A ambos lados le sostienen sor Francisca, que es la testigo que lo cuenta, y sor Iluminada de Pisa, que ya murió.
Clara entra en oración íntima con el Señor. Le dice, como pobre sierva e hija: “Señor, guarda tú a estas siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar”.  Lo dice en voz puesta, y sus palabras salen del corazón.
En su oración resuenan palabras del Salterio que han pasado al Te Deum: “Salvum fac populum tuum, Domine; et benedic hereditati tuae” (Salva a tu pueblo, Señor; y bendice a tu heredad). Suplica, pues: “Señor, guarda Tú a estas siervas tuyas”; pero añade: “... pues yo no las puedo guardar”
El “Yo no las puedo guardar” está pidiendo la intervención poderosa de Dios, el milagro, si es necesario.

La respuesta del Niño de la Eucaristía
La oración suplicante de Clara a Cristo-Eucaristía se ha hecho coloquio, pues del Sacramento sale “una voz de maravillosa suavidad” (siempre la testigo sor Francisca). La Legenda ha concretado más esta voz, no sabemos si en virtud de una nueva documentación, acaso oral. “ Una voz como de niño se dejó sentir en sus oídos” (n. 22). (Los comentaristas nos remiten al Niño junto a Clara durante la predicación de Fray Felipe; véase Legenda
Esta voz solo la escuchan las dos hermanas que sostienen a la Madre, Francisca e Iluminada. Esta voz dice: “¡Yo te defenderé siempre!”.
Estamos, sin duda, en una experiencia mística de comunión viva con su Jesús. Clara es consciente de ello. “Y santa Clara llamó a las dos aquella tarde, y les mandó que, mientras ella viviese, no se lo dijesen a persona alguna”. Lo ocurrido ha sido algo muy íntimo y espiritual.

La segunda petición
Clara entonces pide por la ciudad. La madre de las hijas de San Damián tiene iguales entrañas de ternura para su ciudad, la ciudad a la que la Legenda llama “ciudad predilecta del Señor” (n. 21).
La oración y la respuesta, según el citado testimonio, son éstas: “Señor, plázcate defender también a esta ciudad. Y aquella misma voz sonó y dijo: "La ciudad sufrirá muchos peligros, pero será protegida”.

La exhortación a las hermanas
Viene la exhortación a las hermanas, que es como la comunicación de un oráculo. “Y entonces la dicha madonna se volvió a las hermanas y les dijo: "No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios".

El monasterio y la ciudad
El episodio siguiente de Vidal de Aversa, ocurrido un año después (1241), en el que no se hace mención de la Eucaristía, ilustra de modo particular la vinculación espiritual de Clara con la ciudad, o, más exactamente, de la comunidad orante de San Damián con la ciudad que las alimenta. La misma testigo sor Francisca es la que relata, con mayor precisión y más número de detalles, lo ocurrido. Aquí no se habla del asalto al convento, sino únicamente de la amenaza  que se cierne sobre la ciudad.
Ante el peligro en que se encuentra Asís, asediada por Vidal de Aversa, madonna Clara piensa en una liturgia penitencial, orientada desde una perspectiva de gratitud: "Muchos bienes hemos recibido de esta ciudad, y por ello debemos rogar a Dios que la guarde".
El rito penitencial y la súplica se hará mañana, de par de mañana. El gesto es impresionante, y es necesario ponderarlo en todos los detalles, en todo lo que puede herir a la sensibilidad femenina. Es necesario releer estas líneas: “Y les mandó que de madrugada fuesen adonde estaba ella. Las hermanas lo hicieron así y se presentaron junto a ella muy temprano. Y cuando estuvieron reunidas, la dicha madonna se hizo traer ceniza, se descubrió por completo la cabeza y mandó a todas hacer lo mismo. Después, tomando ceniza, ella se puso gran cantidad sobre su cabeza, recientemente rapada, y a continuación la puso también sobre la cabeza de todas las hermanas. Hecho esto, mandó que todas fuesen a la capilla a hacer oración”.
Y se añade algo más acerca de aquel día de oración: “Y en aquel día de oración las hermanas hicieron penitencia, ayunando a pan y agua, y algunas no probaron bocado”.

Actualización
Si esta exposición cae en manos de una hermana contemplativa que profesa la Forma de vida de santa Clara, la actualización viva de estos textos nos invita a una doble reflexión:
Primera. ¿Qué debe ser una “madre” de cara a sus hijas y hermanas, que le han sido confiadas por el Señor?
Segunda. ¿Qué debe ser una comunidad de cara a su ciudad, en la que vive, y con la que comparte los afanes de la vida?

En alabanza de Cristo. Amén.
fr. Rufino María Grández, hermano menor capuchino.

(Nota escrita para un curso sobre santa Clara impartido a las Clarisas Capuchinas, mayo 2003).



Notas suprimidas por razones técnicas.

1 comentarios:

Unknown dijo...

Es para mí muy impresionante esta ncompilación de los hechos de Santa Clara en contacto con el Señor como Todopoderoso. Estoy desarrollando un Centro de promoción espiritual y social ede Santa Clara de Asís, en una zona marginada de la ciudad de Pachuca, Hgo. México. Todos estos hechos los tengo en cuenta para el proyecto conceptual. Si gustan información mi correo es tiger.620@hotmail.com Agustín Rafael Pérez González

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