miércoles, 29 de agosto de 2012

283. Dentro de mí: un adúltero, un ladrón, un asesino


Homilía en el martirio de san Juan Bautista
Mc 6,17-29


Texto evangélico

Herodes había mandado prender a Juan el Bautista y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que lo le era lícito tener a la mujer de su hermano.
Herodías aborrecí  Juan y quería matarlo, pero podía; porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras, que te lo daré". Y le juró: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".
Ella salió a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?".  La madre le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó  al rey y le pidió: "Quiero que ahora mismo me des en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista". El rey se puso muy triste, pero por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja, se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

Hermanos:

1. La Iglesia celebra san Juan Bautista dos fiestas: el martirio y el nacimiento. La principal es la solemnidad del nacimiento, que es el nacimiento del Precursor del Mesías. Es una solemnidad que está nimbada por la luz que irradia el Nacimiento de Jesús en Belén.
La otra fiesta es el martirio, es decir la degollación o el martirio de San Juan Bautista; es una memoria.
Las dos celebraciones apuntan a Cristo, el Señor, a quien celebramos siempre en la liturgia, Cristo corona de todos los santos. Y, como siempre celebramos a Cristo, toda homilía, tome un aspecto u otro, ha de acabar manifestando el misterio de Cristo, en quien reside corporalmente la plenitud de la divinidad, en quien están todos los misterios de Dios.

2. En esta ocasión nos vamos a centrar en la figura de Herodes, y también en al figura de Herodías, dos personajes que, bien a pesar suyo, nos van a mostrar cuál es el misterio oscuro del hombre.
¿Quién es Herodes? Un adúltero, un ladrón, un asesino. Dicho brutalmente, esto Herodes. Y ¿quién es Herodías? Una víbora mortífera, la causante de todo.
En este momento, hermanos, yo quisiera ser un filósofo pensante, que se queda muy pensativo, oteando desde el tetrarca Herodes el mundo, desde lo que hizo Herodes el corazón humano, la “humana conditio”; y, sobre todo, porque esto es lo definitivo, para sondear mi propio corazón.
Sería horrendo decir que yo soy un adúltero, un ladrón y un asesino. Sería horrendo, porque no es eso la verdad, y juro que no soy un adúltero, un ladrón y un asesino.
Pero no es horrendo – ni mucho menos – bajar hasta el fondo del corazón, d el mío, y decir: Yo llevo dentro de mí a un adúltero, a un ladrón, a un asesino.
Si lo llevo… ¿dónde está? Es que ese soy yo.
Ahora que instantáneamente tengo que añadir: yo soy un adúltero, un ladrón y un asesino. Yo soy un Profeta, un justo y santo, porque llevo dentro de mí a Juan Bautista.

2. Si abrimos los ojos a la realidad de la vida, es horriblemente cierto eso: que el mundo está lleno de adúlteros, de ladrones y corruptos, de asesinos. Son mis parientes, mis hermanos de mi misma sangre. “¡Desgraciado de mí! – dice san Pablo – ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rm 7,24).
Volvamos a la pregunta inicial: ¿Quién es Herodes? Diríamos que, en el fondo, es una buena persona. La psicología de Herodes la traza el evangelista Marcos con esta descripción: Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
Se puede ser una buena persona, y al mismo tiempo un asesino por debilidad…, por complacer a las circunstancias en uno se ve enredado. Así ocurre en la vida. Una persona que aborta, hemos de pensar que probablemente es una buena persona, pero también tendremos que decir que está cometiendo un crimen…; el Concilio se atreve a llamarlo “crimen nefando” (abortus necnon infanticidium nefanda sunt crimina: el aborto y el infanticidio son crímenes nefandos, Gaudium et spes 51).
Esto es lo que le ha ocurrido al tetrarca Herodes. Fue un adúltero: a la vista está; fue un ladrón (¡robó a una mujer!); fue un asesino, un criminal: mató a quien sabía que era “justo y santo”). Y era una buena persona… Lo hizo a disgusto, en contra de su voluntad, pero lo hizo. Ese es el pecado.

3. Con todo ello estamos analizando el fondo oscuro del corazón humano, frente al cual hay que tener una infinita compasión. Porque hombre soy, y “humani nihil a me alienum puto), según la sabia sentencia que en el siglo II antes de Cristo escribió Terencio "Homo sum, humani nihil a me alienum puto". Hombre soy, y nada que sea del hombre lo considero ajeno a mí mismo.
La maldad que uno ha cometido la puedo cometer yo.

4. Pero ocurre que el principio es verdadero también con la aplicación a la inversa: Yo llevo dentro de mí a un santo; yo llevo a un profeta, yo llevo a san Juan Bautista. Y si lo llevo es porque, en realidad, ese soy yo mismo.
En una palabra, soy Adán por dentro, antes y después del pecado.

5. Pero vayamos a “la mala”, porque la mala y la perversa de este drama, de esta escena truculenta, es la mujer, Herodías, y eso también para nosotros es una sorprendente revelación.
La figura pavorosa de la escena aquí resulta ser ¡la mujer…! La mujer… para quien cada ser humano tiene un altar en el corazón (¡oh, el recuerdo de la madre…!), la mujer, que para quien todo aquel que haya sentido el amor, es como el arquetipo idealizado de la belleza… La mujer, cuando es lo que Dios le ha destinado a ser, es lo más deseable; pero cuando se pone a ser mala es la serpiente fatídica.
A lo mejor también la bailarina era, en el fondo, hasta era una buena persona; pero ¿qué hizo? Al imperio omnipotente de su madre dijo:
"Quiero que ahora mismo me des en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
Una frase que hay que descomponerla y deletrearla en cada uno de sus miembros. Eso es la mujer; ¡no!: la mala mujer, que también es “la mujer”.
Humana conditio… Ese es el misterio que levamos dentro, el misterio de Adán y Eva, el misterio de la serpiente insidiosa y venenosa…
El misterio de Herodías, el misterio de la hija de Herodías – que no tiene nombre, y el Evangelio de san Lucas nos ha ahorrado esta truculenta escena – el misterio de Herodes lo llevamos dentro…
Pero repito, porque esto es Evangelio de salvación, el misterio del “justo y santo”, el misterio del profeta, el misterio de Juan Bautista… lo llevamos dentro, en la verdad más pura de mi ser.

6. Y sobre todo…, sobre todo…, el misterio de Jesús, cordero inmaculado ante al presencia del Padre, lo llevamos dentro.
Él es el Evangelio, él es nuestra santidad – la mía –, él es nuestra esperanza. Amén.

Guadalajara, 29 agosto 2012

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