miércoles, 26 de septiembre de 2012

291. Los consejos del Maestro: el vaso de agua, la mano, el pie, el ojo


Homilía en el domingo 26 del tiempo ordinario, ciclo B
Mc 9,38-48
Texto:
Juan le dijo: “Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros”. Jesús respondió:
“No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no quedará sin recompensa.
Y el que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echen al mar.
Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la gehenna.
Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Hermanos:

1. La Iglesia guarda el Evangelio de Jesús como tesoro precioso en el que está su vida. Lo guarda pero no en un cofre o en un armario sagrado, ni tampoco en un libro precioso, adornado con esmaltes y piedras preciosas y llevado procesionalmente hasta el altar al iniciar la celebración de la Eucaristía.
La Iglesia guarda el Evangelio anunciándolo y predicándolo; lo guarda, sobre todo, viviéndolo en la vida de los cristianos. Las cosas de Dios solo se entienden cuando se viven, y esto es la tradición pura de la Iglesia, como nos lo ha explicado el Concilio. La Tradición no es un depósito precioso guardado en una caja fuerte; la sagrada Tradición es toda la vida de Jesús, con su infinita riqueza, que nunca se acabará, vivida por los cristianos.
Esta introducción sirve como entrada para explicar este conjunto de sentencias de Jesús, el Maestro, que san Marcos nos ha conservado, y, con sus propios matices, los otros evangelistas.
¡Cómo ha meditado la Iglesia las palabras de Jesús para sacar de ellas vida en las circunstancias en que estaba viviendo! Así lo vamos a hacer ahora nosotros.

2. He ahí primero un episodio sorprendente con un protagonista, de parte del grupo de los Doce, que nosotros no lo esperábamos: Juan.
Jesús lanzaba demonios. Esto ha llamado muchísimo la atención, y he aquí que una buena persona, que no es adepto al grupo, también se ha puesto a echar demonios invocando el nombre de Jesús Nazareno. A Juan, que habla no en nombre propio, sino en nombre de sus compañeros, no le parece bien: se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros. Como diciendo: De acuerdo que lance demonios, pero que se atenga a las consecuencias, que venga con nosotros. No se puede usurpar tu nombre y por su cuenta hacer estos prodigios.
¿Es celo de Dios?, se pregunta uno. ¿Es envidia?, ese pecado subterráneo, que es un pecado muy feo y sucio que anda por ahí por la alcantarilla, y que no lo queremos reconocer, porque si bien lo pensamos nos envilece. ¿Es soberbia y deseo de dominación? Tantas miserias pueden corroer nuestro confuso corazón…
En realidad, no lo sabemos. Nos sentimos inclinados a dispensar con indulgencia la opinión de Juan, que, repito, es la opinión compartida por sus compañeros.

2. Lo que sí sabemos es que la opinión de Jesús es distinta: No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
Esta sentencia de Jesús nos produce un gran consuelo, como para dirigirle una oración de Jesús:
Jesús, llena el mundo de milagros y maravillas, donde sea, por quien sea y como sea, y danos un corazón generoso para ver y aceptar con júbilo todo lo que vas haciendo en este mundo que nos ha tocado vivir. El mundo está lleno de gente buena, pero el mal hace más ruido que el bien.
Señor, que haya milagros por todas partes y que nuestros ojos sean limpios para verlos y admirarlos.

3. Hermanos, esto al principio del Evangelio. Pero luego el texto sagrado ha juntado diversas sentencias del Maestro, dichas entonces o en otras ocasiones:
- Una, la del vaso de agua.
- Otra, la de los pequeñuelos y la rueda de molino.
- Y la tercera, la del escándalo de la mano, el pie, o el ojo.
Vamos a reflexionar sobre estas sentencias, sentencias proféticas, sentencias de sabiduría.

4. ¡Qué sentencia más hermosa y agradable la del vaso de agua! Dar un vaso de agua… La familia tiene su tinaja de agua para beber… Dar un vaso de agua – que no es dar dinero –, que no es desprenderte de tus bienes…, que es una cosa tan pequeña y tan humana. Dar un vaso de agua… Y Jesús dice: el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no quedará sin recompensa.
Ya veis: un vaso de agua dado a quien sea por amor al Señor no se olvidará en toda la eternidad, tendrá una recompensa eterna.
Tantas aplicaciones podemos sacar de aquí…, aunque no sean exactamente la exégesis de este texto sagrado.
Por ejemplo, cuando se acerca un pobre a nosotros, nunca dejemos de dar, no digo dinero (que muchas veces no habrá que darlo), pero sí una mirada, una sonrisa, una palabra. Nunca demos dinero a un necesitado sin darle al mismo tiempo, un saludo, una mirada, una sencilla palabra…, en suma, un pedacito de nuestro corazón. La mirada es importante: mirar a la cara a las personas, mirarle a los ojos, es decir, mirarle a su sufrimiento, mirarle a su corazón.

5. La segunda sentencia de Jesús es la de los pequeños. El que escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría que le pongan de collar una piedra de molino y que lo tiren al mar…
¡Cómo se atrevía Jesús a decir estas cosas…! Pues las decía; tal era su estilo. Pero observemos algunos detalles esenciales.
Jesús habla de la comunidad cristiana, de los que creen.
Jesús habla de los pequeños, de uno de estos pequeñuelos que creen. Los pequeñuelos de Dios no son solo los niños, sino también los humildes, los sencillos, los ignorantes, en una palabra, los indefensos, los que necesitan una protección especial porque por sí solos no se valen. Nosotros, los grandes, los sabios o entendidos (o así nos lo creemos), los poderosos… podemos hacer un destrozo en la comunidad si aplastamos a los pequeñuelos.
En esa hipótesis, el collar de la rueda de molino y la sepultura en el mar.

6. La tercera sentencia de Jesús habla de la mano, el pie y el ojo… Jesús hablaba así, de un modo tan plástico, tan concreto…
Cortar la mano al ladrón es una barbaridad que se ha practicado y se practica como castigo en ciertas formas fanáticas de religión…
Jesús no habla de cortar la mano a nadie, ni el pie, ni de sacar el ojo a nadie. Jesús está hablando de uno mismo: si tu mano te escandaliza, córtatela…
Es claro, hermanos, que Jesús en ningún caso, absolutamente en ninguno, nos pide una mutilación para alejarnos de un pecado, aunque haya habido hombres santos que, para guardar la castidad, se hayan mutilado los genitales. Eso nunca jamás lo ha pedido Jesús ni nos lo va a pedir.
Eso no dice Jesús. El Señor nos dice que en la vida puede haber situaciones en que nos debemos jugar el todo: hay que cortar por lo sano y de modo total.
Lo hemos visto en los médicos. “Mire, la gangrena empezó por los dedos, pasó al pie, y está empezando ya en la pierna… y de aquí va a invadir todo el cuerpo. Usted decida”. Y el enfermo o la enferma decide: Cortar la pierna.
En el terreno espiritual de esto se trata. En la vida pueden llegar situaciones en que la única solución sea esta: Hay que cortar. “… más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

7. Hermanos, esto nos ha dicho el Señor.
Señor Jesús, tú que nos has dado la luz, danos el valor y la paz para seguirte. Amén.

Guadalajara, 26 septiembre 2012. 

Sobre el Evangelio de hoy puede verse: Los tres vasos de Jesús

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho la homilia de este día. Destaco la oración que encierra: Jesús, llena el mundo de milagros y maravillas, donde sea, por quien sea y como sea, y danos un corazón generoso para ver y aceptar con júbilo todo lo que vas haciendo en este mundo que nos ha tocado vivir.

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