martes, 2 de octubre de 2012

294. Francisco en Jesús transido – San Francisco 2012


Francisco en Jesús transido

Todo esto lo observó a perfección el beatísimo padre Francisco, quien tuvo imagen y forma de serafín, y, perseverando en la cruz, mereció volar a la altura de los espíritus más sublimes. Siempre permaneció en la cruz, no esquivando trabajo ni dolor alguno con tal de que se realizara en sí la voluntad del Señor.
Bien lo saben cuantos hermanos convivieron con él: qué a diario, qué de continuo traía en sus labios la conversación sobre Jesús; qué dulce y suave era su diálogo; qué coloquio más tierno y amoroso mantenía. De la abundancia del corazón hablaba su boca, y la fuente de amor iluminado que llenaba todas sus entrañas, bullendo saltaba fuera. ¡Qué intimidades las suyas con Jesús!
Ø  Jesús en el corazón,
Ø  Jesús en los labios,
Ø  Jesús en los oídos,
Ø  Jesús en los ojos,
Ø  Jesús en las manos,
Ø  Jesús presente siempre en todos sus miembros.

¡Oh, cuántas veces, estando a la mesa, olvidaba la comida corporal al oír el nombre de Jesús, al mencionarlo o al pensar en él! Y como se lee de un santo: «Viendo, no veía; oyendo, no oía» (San Bernardo).  Es más: si, estando de viaje, cantaba a Jesús o meditaba en Él, muchas veces olvidaba que estaba de camino y se ponía a invitar a todas las criaturas a loar a Jesús. Porque con ardoroso amor llevaba y conservaba siempre en su corazón a Jesucristo, y éste crucificado, fue señalado gloriosísimamente sobre todos con el sello de Cristo; con mirada extática le contemplaba sentado, en gloria indecible e incomprensible, a la derecha del Padre, con el cual, Él, coaltísimo Hijo del Altísimo, en la unidad del Espíritu Santo, vive y reina, vence e impera, Dios eternamente glorioso por todos los siglos de los siglos. Amén” (Tomás de Celano, Vida de san Francisco, Vita I, 115).


Jesús en el corazón,
que es la vida de Francisco,
Y si el buen Jesús no fuera
el puro y vital latido,
aquel hermano llagado
nunca fuera el Pobrecillo.

Jesús en los dulces labios
suavemente remecido,
que el Evangelio es Jesús
en cinco letras metido,
cinco letras, cinco rayos
que de la cruz han venido.

Y Jesús, Verbo encarnado,
llenándole los oídos:
porque Francisco escuchaba
el anuncio acontecido,
y al punto aquello que oía
era en su vida sin ruido.

Jesús en los ojos vivos,
ojos de amor encendidos,
los ojos que en los leprosos
veían al Crucifijo,
aquel que en la Eucaristía
era santo sacrificio.

Jesús en manos abiertas,
dispuestas para el servicio:
manos que flores cogían
para el altar del Santísimo,
y que a un lobo acariciaron
y hermano el lobo se hizo.

A Jesús en cada miembro
él lo llevaba esculpido,
por eso las cinco llagas
de cuerpo adentro han salido
y de belleza divina
y luz le han embellecido.

¡Gloria a Jesús, siempre amado,
Nuestro Señor Jesucristo!
¡Gloria a ti, mi Redentor,
que me has abierto el camino,
al que por gracia he de ver
por los siglos de los siglos! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 2 octubre 2012

1 comentarios:

Rosa dijo...

Muchas felicidades en este día tan especial dedicado a san Francisco y muchas gracias por todas sus aportaciones. Muy hermoso.

Un afectuoso saludo desde España.

PAZ Y BIEN.

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