miércoles, 3 de octubre de 2012

295. El matrimonio que Jesús instituye



Homilía en el domingo 27 del tiempo ordinario, ciclo B
Mc 10,2-16



Texto:
Acercándose unos fariseos, le preguntaron para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?” Él les replicó: “¿Qué os ha mandado Moisés?” Contestaron: “Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla”. Jesús le dijo: “Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: “Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”.
Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verbo, Jesús se enfadó y les dijo: “Dejad que los niños se acerque a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os dio que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.




Hermanos:

1. El Evangelio proclamado junta dos escenas de la vida de Jesús, que el evangelista ha escrito de modo sucesivo; luego sigue con otros episodios que acaecen en la culminación de la vida de Jesús, camino de Jerusalén, de su Pascua y muerte. Vamos a centrar nuestra reflexión en la primera: el matrimonio, qué es el matrimonio tal como lo ha visto Jesús, enfocado desde la originalidad del proyecto de Dios.
A un pastor de almas le estremece entrar en la interpretación de este pasaje, pues la vida le ha dicho que detrás de las palabras de Jesús, que tantos cristianos se las han tomado con plena seriedad, hay dramas humanos que humanamente no tienen solución, y por otra parte Dios quiere que los problemas humanos los resolvamos humanamente.
2. Los fariseos van a formular una consulta a Jesús, pero el Evangelio nos advierte que la intención es taimada. Nuestra vida está llena de ignorancias, y es de sabios preguntar lealmente al que sabe más que tú y poder compartir la luz que él tiene. Aquí le preguntan a Jesús “para ponerlo a prueba”. Entramos poniendo un pie en falso. La pregunta es maliciosa, porque quieren obligarle a definirse en asuntos en los que ellos saben que hay opiniones encontradas.
Partimos de que el divorcio es legítimo; está contemplado en la ley de Dios. Las opiniones comienzan a dividirse cuando nos centramos en el examen de las causa que ha motivado el divorcio: ¿tendrá que ser gravísima, como la infidelidad?, ¿o basta que sea menor, considerada ésta más bien desde el poder, o prepotencia del varón?
Jesús renuncia a toda casuística y va derecho a las puras esencias del matrimonio. La casuística del matrimonio es extensísima, como lo pone en evidencia el Código de Derecho Canónico con los 111 cánones que consagra al sacramento del matrimonio (cc. 1055-1165). A un estudioso de la Escritura lo que más le impresiona es el conocimiento de la tradición de la Iglesia ortodoxa que acepta en algunas corrientes el divorcio, pero no como lo puede aceptar el derecho civil, sino como interpretación de las palabras de Jesús en una “economía de la misericordia”, salvando la indisolubilidad como punto de arranque y siempre referencia esencial (Véase, por ejemplo, en Internet: Luis Glinka, Indisolubilidad y divorcio en las Iglesias ortodoxas. Una contrbución al diálogo ecuménico).

Jesús, sirviéndose de la táctica que ellos han usado de pregunta y respuesta, devuelve la pregunta:
- “¿Qué os ha mandado Moisés?”
- Moisés permitió el divorcio.

3. Aquí el asunto adquiere otro cariz y otra seriedad. Porque, efectivamente, la cosa es verdad: En la Ley de Moisés se acepta el divorcio. Entonces Jesús tiene que pronunciarse frente a Moisés. Y Jesús responde:
- Sí, Moisés aceptó el divorcio…
Pero el Señor añade que no nos podemos quedar ahí. Hay que volver al principio y ver la intencionalidad de Dios en el primer momento de la creación.
Jesús declara que Dios los ha creado varón y mujer. Y cita unas palabras del libro de Génesis: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
Y saca la conclusión, lo que está dicho dentro de esa frase: De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

4. Esta es una visión grandiosa del matrimonio. Jesús está proclamando lo que podemos precisar en tres soberanas afirmaciones:
Primera.  Que Dios Creador es el que ha creado el matrimonio.
Segunda. Que el matrimonio es suyo, que el matrimonio es digno de Dios; que el matrimonio queda contagiado de la santidad de Dios.
Tercera. Y que, por lo mismo, solo Dios tiene la palabra.

Hermanos, realmente esto es sublime, y nos deja a nosotros llenos de admiración, y sin palabras.
El designio de Dios, al establecer el matrimonio como realidad clave la historia humana, es entregar al hombre su vida y su amor, para que la vida humana sea una continuación de la vida de Dios.
Fijémonos que entre los animales no hay “matrimonio”; se da un simple apareamiento por mera afinidad biológica. El impulso biológico, la llamada del macho a la hembra o de la hembra al macho, no es matrimonio.

5. Jesús no se queda así; sino que el matrimonio que Dios estableció al inicio de la creación, como coronamiento de sus obras y comienzo de la historia humana, el Señor lo recoge como el matrimonio vigente para su comunidad. Entre cristianos, el matrimonio que Jesús propone es este. Y si antes en tres proposiciones podíamos definir el matrimonio de Dios en el mundo, he aquí estas mismas tres proposiciones para hablar del matrimonio de Cristo entre los cristianos.
Primera. Jesucristo es el que ha creado el matrimonio cristiano; solo él.
Segunda. Jesucristo es el dueño del matrimonio cristiano; es suyo, es su obra; está traspasado de su santidad de Hijo de Dios; el matrimonio cristiano es digno de Cristo.
Tercera. Jesucristo, y solo él, tiene la última palabra sobre el matrimonio que él mismo ha fundado.

6. Hermanos, esta doctrina del matrimonio nos puede sorprender. Pero si entendemos el designio de Cristo, la comprenderemos. Es duro este lenguaje, ciertamente. Pero es lo mismo que la Eucaristía. Creer en el matrimonio es tan difícil como creer en la Eucaristía. ¿Quién puede creer de verdad en la Eucaristía, que allí está la carne vivificante del Hijo de Dios, que allí está su sangre gloriosa derramada en la Cruz? Nadie puede creerlo, si Dios no le lleva a la fe.
Lo mismo en el matrimonio. ¿Quién puede creer que el matrimonio es vida de Cristo derramada entre un hombre y una mujer que se compenetran y van a ser fieles para siempre?

San Pablo nos dejó estupefactos cuando resolvió el caso del matrimonio en el cual una parte es cristiana y la otra no: que la mujer cristiana no repudie al marido pagano, que el marido cristiano no repudie a la mujer pagana… “Ahora bien – sigue  - si el no creyente quiere divorciarse, que se divorcie” (1Co 7,15).
San Pablo hablaba de esta manera, porque, efectivamente, veía que el matrimonio cristiano lo había fundado Cristo para hacer una familia cristiana. El matrimonio viene de la fe; se estructura en la fe, y se mantiene en la fe.

7. Todo esto es sublime; de alguna manera es sobrehumano. Más exactamente, hermanos: el matrimonio cristiano es divinamente humano.
Y al mismo tiempo la Iglesia, con un corazón infinitamente misericordioso, tiene que ver a la luz de Dios, cómo se resuelven los casos que aparecen humanamente sin solución.
Sea la misericordia iluminada la que en todo momento nos conduzca.
En alabanza de Cristo, misericordia del Padre. Amén.

Guadalajara, Jal., 3 octubre 2012 

Como poema espiritual en torno a este Evangelio, véase: El matrimonio que Jesús quiso.

2 comentarios:

olguita dijo...

Que buena reflexión sobre el matrimonio cristiano y un grupo como el de hogares Nuevos , habla precisamente de un Cristo en medio de los dos , mirar en tu pareja un Cristo vivo es lo que puede ayudar en cualquier dificultad ¿Qué haría Cristo en mi lugar ante tal o cual problema de pareja? Eso es lo que nos tendríamos que preguntar para solucionar los conflictos en el matrimonio.

PEPE LASALA dijo...

Precioso blog, acabo de conocerlo y me ha encantado, así que con permiso, me he registrado como seguidor. Un fuerte abrazo desde el blog de la Tertulia Cofrade Cruz Arbórea.
http://tertuliacofradecruzarborea.blogspot.com/

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