sábado, 27 de octubre de 2012

302. Mi gozo por la Nueva Evangelización


Nueva Evangelización, Permanente Evangelización,
Yo Nuevo Evangelizador


En el día de hoy (sábado, 27 de octubre de 2012) terminan los trabajos del Sínodo de la Nueva Evangelización para la transmisión de la Fe, mejor, dicho, ya han terminado: llevamos siete horas de diferencia entre México y Europa, y cuando aquí es media mañana allá va avanzando la tarde.
Ya se han publicado las 58 Proposiciones que se presentan al Santo Padre, junto con el resto del material trabajado, como el fruto más granado de este Sínodo. El Papa, con los asesores personales que él disponga, elaborará todo este inmenso material y nos dará en su hora un bello documento sobre la Nueva Evangelización hoy en la Iglesia.
Entretanto, nosotros hemos ido llenando nuestro corazón de alegría y entusiasmo, al escuchar los latidos que han llegado de todas las latitudes del mundo para ver cómo hemos de llevar el Evangelio de Jesús a todas las gentes.
El contacto espiritual con esos hermanos en la fe (por encima de Obispos y Fieles somos hermanos: “todos vosotros sois hermanos”, nos dijo el Señor) produce en el corazón una sensación refrescante, y nos llena de hermosura, de gozo y de esperanza.
A propósito de la hermosura, una de las 58 propuestas está dedicada a ello, la número 20, que dice: La Nueva Evangelización y el Camino de la Belleza. Y en este número se cita una frase esplendente y genial de San Agustín: No es posible amar lo que no es hermoso.

(El contexto es el siguiente: Libro IV, Cap. 13, Número 20. Yo no sabía nada entonces de estas cosas; y así amaba las hermosuras inferiores, y caminaba hacia el abismo, y decía a mis amigos: "¿Amamos por ventura algo fuera de lo hermoso? ¿Y qué es lo hermoso? ¿Qué es la belleza? ¿Qué es lo que nos atrae y aficiona a las cosas que amamos? Porque ciertamente que si no hubiera en ellas alguna gracia y hermosura, de ningún modo nos atraerían hacia sí.")

Hay muchas cosas que hemos escuchado (aun desde lejos) en lo que los Padres Sinodales han hablado sobre la Nueva Evangelización, y lo mismo todos los invitados, católicos y no católicos. Por todo ello, yo y cada uno interesado por estas cosas, que son alma y vida, puedo formularme mis opciones; tales como estas:

1)      La Nueva Evangelización comienza en mí, en mi corazón, en mi constante mirar al Señor (“conversión” a él).
2)     Y yo tengo unas posibilidades concretas, para hoy mismo (esto que estoy escribiendo) y para todos los días de mi vida.
3)     Pues…, ¡a la tarea como Nuevo Evangelizador de Jesús!

* * *
Ayer (viernes 26 octubre), un Obispo Ortodoxo (no católico) de Serbia tuvo una intervención bellísima, con la que me siento plenamente identificado, y aquí la traslado. Del Oriente Cristiano nos suelen llegar palabras muy bellas por el tipo de teología que a lo largo de los siglos han desarrollado.
Decía así el obispo Ireneo  IRINEJ [Bulović], Obispo de Bačka (SERBIA Y MONTENEGRO)

1. Para cada generación de cristianos, la evangelización del mundo es siempre una nueva evangelización. O mejor dicho, no es esencialmente nueva pero es realizada de nuevo cada vez, de una manera nueva, en otras condiciones de diálogo en cada nueva época, con una mayor o menor renovada inculturación. Por otra parte, Dios-Hombre Jesucristo es Uno y el mismo, ayer, hoy y para siempre.

2. El proceso teándrico (nota: divino-humano) de evangelización es individual y unitario, pero bastante variado y polifacético en sus formas y métodos. Nos dirigimos al hombre despersonalizado y secularizado de Europa Occidental y de América de un modo bastante distinto a cómo nos dirigimos al hombre igualmente despersonalizado y espiritualmente devastado, aunque de forma distinta, de Europa del Este y de los antiguos países soviéticos, y anunciamos la Buena Nueva de Cristo tanto al uno como al otro de manera diferente a como lo hacían nuestros predecesores hace sólo unas décadas en una sociedad que era mayoritariamente, o al menos formalmente, cristiana.
Sin embargo, los modelos y caminos tradicionales básicos de evangelización siguen siendo necesarios y útiles, de hecho irremplazables. Desde luego, el éxito en la evangelización no es posible hoy día sin la utilización de todas las posibilidades tecnológicas modernas (radio, televisión, internet, etc.), pero no debe olvidarse que nada puede reemplazar la palabra viva y el testimonio directo de nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.
3. El objetivo de la evangelización no debe ser el simple aumento del número de cristianos y, especialmente, no la creación de cristianos nuevos y separados de los ya existentes, o incluso semi-cristianos (si bien esto es mejor que nada); más bien, el objetivo debe ser el crecimiento verdadero del Cuerpo de Cristo en altura y en anchura, como también el crecimiento y maduración espiritual de los cristianos como personalidades auténticamente virtuosas y libres, es decir, en un estado dinámico de
santidad,
deificación,
cristificación, que en práctica significa eclesialización (ekklesiasmós).
La evangelización es moverse en dos direcciones paralelas: ad intra y ad extra. La primera, interna, dirigida a los cristianos, es la condición previa y el requisito previo para tener éxito en la segunda, externa, orientada hacia los futuros cristianos potenciales.

4. Para poder evangelizar a nuestros vecinos, primero debemos evangelizarnos nosotros, en sinergía con el Espíritu Santo, el Paráclito que nos purifica y nos salva. La potestad en la Iglesia emana del sacrificio y el servicio, y no se funda sobre el poder y la sumisión. El tiempo del triunfalismo es para la Iglesia una cosa del pasado, y esto es bueno: la evangelización contemporánea es exclusivamente kenótica (Nota: del Himno de Filipenses de san Pablo, de despojo, de abajamiento), humilde, diaconal, relativa a la crucifixión-resurrección.
No sólo las personas necesitan una nueva evangelización: también la necesitan los servicios eclesiásticos, es decir, las mismas instituciones eclesiásticas. El innatural antagonismo espiritual entre carisma e institución debe ser superado: la institución eclesiástica es, por definición, carismática. En este contexto, la nueva evangelización es también bienvenida para la vida monástica cristiana.

5. Dónde y cuándo sea posible, creo que deberíamos llevar adelante la evangelización ad extra con un esfuerzo común, apoyándonos mutuamente los unos a los otros. La mayoría de las veces esto se realiza fácilmente. No hay peligro que durante nuestro testimonio común sobre las verdades fundamentales de la fe y la vida ante nuestros contemporáneos se creen discusiones sobre cuestiones dogmáticas.
Especialmente válido es nuestro testimonio común sobre los actuales problemas vitales de la humanidad, incluyendo los problemas bioéticos y ecológicos, como también las comparecencias comunes ante los órganos de gobierno, los medios de comunicación y las distintas entidades seculares. Nosotros en Serbia poseemos una experiencia relativamente larga y fecunda en este tipo de actividades evangélicas ecuménicas o comunes por parte de los cristianos.
Una relación de este tipo requiere apertura sincera, confianza mutua y, sobre todo, amor. Creo que la irradiación espiritual del Concilio Vaticano II entre vosotros, y el auténtico espíritu y la Tradición viva de la Iglesia Ortodoxa entre nosotros tiene un efecto más sólido que el espíritu del provincialismo sectario. “Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo” (1 Jn 4, 4).

Guadalajara, Jalisco, sábado 27 octubre 2012.

Invito a los lectores de entrega a consultar estos números anteriores:
300. Consagración para la Nueva Evangelización.
298. Cantemos el Año de la Fe.

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