miércoles, 28 de noviembre de 2012

318. Levantaos, alzad la cabeza – Adviento 2012/1



Homilía para el primer domingo de Adviento, ciclo C
Lc 21,25-28. 34-36


Texto del Evangelio:
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día: porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.

Hermanos:
1. Hoy comienza el tiempo llamado del Adviento, que es un tiempo muy singular. Y todos los años se abre con un Evangelio grandioso de la llegada del Señor.
Adviento es una palabra que significa “llegada”,  “venida”, y es ni más ni menos que la traducción de la palabra griega “parusía”. ¿De qué llegada se trata? De una llegada esperada y anunciada, una llegada solemne, majestuosa, una llegada que se convierte en recibimiento: la llegada del Emperador a la ciudad, acaso la llegada del general con el ejército conquistador. Y en  términos de nuestra cultura de hoy: la llegada de los primeros astronautas de la Luna y el recibimiento apoteósico que se les hace por las avenidas de Nueva York; la llegada del equipo ganador del Mundial de fútbol, y la acogida delirante que se les hace por las calles de la capital…

2. Jesús habla, pues, de un Adviento, de una Parusía, presentándola en un escenario cósmico. El universo entero entra en una danza apocalíptica: las potencias del cielo serán sacudidas.
De pronto este espectáculo infunde pavor; es el fin del mundo. Sí, el fin del mundo viejo para dar paso a un mundo nuevo.
La frase más importante de este pavoroso espectáculo, es esa cuando el Señor dice: Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Ese día grandioso, que no podemos imaginar, pero que de algún modo habrá que expresar, y para eso Jesús se sirve de imágenes conocidas, será el día de nuestra liberación. Amanece Dios como nuestro destino y nuestro futuro definitivo; día de salvación. ¡Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación!

3. Esta frase aparece como el remate que quiere acentuar Jesús. Su venida será nuestra liberación.
Recuerden, hermanos, que hace dos domingos presenciábamos espiritualmente la misma escena, leída en el Evangelio de san Marcos. Decíamos entonces que Jesús, ante todo, quiere garantizarnos el triunfo de Dios en él como resultado de su vida. Así lo profesó Jesús en su Pasión en el juicio ante el tribunal judío, cuando el Sumo Sacerdote le conminó solemnemente a que dijera si él era el Hijo de bendito. Recuerden la frase escalofriante que Jesús pronunció: “¿Eres tú el Mesías, el Hijo del bendito? Jesús contestó: Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo(Mc 14,61-62).
Jesús, pues, cree en su propio triunfo, que es el triunfo de Dios. Y al mismo tiempo nos asocia a nosotros a ese triunfo. Y este es el sentido de esas palabras, la gran promesa de Jesús Mesías e Hijo de Dios: Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

4. Cuando ha de ocurrir esto, lo ignoramos en absoluto. Estos días circula por aquí la profecía de los Mayas. Según el calendario de los Mayas el fin del mundo va a acontecer este año de 2012 en el solsticio de invierno. El solsticio sucederá el 21 de diciembre de 2012 a las 11:12 UTC (tiempo universal coordinado). Pero no todos los entendidos en la literatura maya interpretan así el fin de esta era de la humanidad. En suma, hermanos, que a lo largo de la historia se han repetido muchas profecías del fin del mundo, y ninguna se ha cumplido, y tampoco el Calendario Maya nos va a alterar el sueño el día del solsticio de invierno.

5. De las palabras de Jesús sí que queremos recoger un mensaje muy pertinente para apaciguar los sentimientos de nuestro corazón. La escena que Jesús presenta es ciertamente de pavor; pero Jesús nos dice que la serenidad debe dominar al pavor: levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Es lo que nos va a pasar en la muerte, antes de que llegue ese día victorioso final, que lo dejamos en manos de Dios. Un día yo voy a morir, y la muerte infunde pavor, o puede infundir pavor. Jesús se estremeció de pavor en el Huerto de los Olivos.
Para esos momentos el Señor nos pide un arranque último de fe para abandonarnos amorosamente en los brazos de Dios, nuestro Padre.
Hace cinco años, el 30 de noviembre de 2007, el Papa escribía su carta encíclica sobre la Esperanza del Cristiano, titulada con una expresión de san Pablo “Spe salvi”, Salvados ya en la esperanza, y nos explicaba qué puede ser ese Juicio de Dios tras la muerte, y, en consecuencia, el Purgatorio.

“El encuentro con Él es el acto decisivo del Juicio. Ante su mirada, toda falsedad se deshace. Es el encuentro con Él lo que, quemándonos, nos transforma y nos libera para llegar a ser verdaderamente nosotros mismos. En ese momento, todo lo que se ha construido durante la vida puede manifestarse como paja seca, vacua fanfarronería, y derrumbarse. Pero en el dolor de este encuentro, en el cual lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta con toda claridad, está la salvación. Su mirada, el toque de su corazón, nos cura a través de una transformación, ciertamente dolorosa, « como a través del fuego ». Pero es un dolor bienaventurado, en el cual el poder santo de su amor nos penetra como una llama, permitiéndonos ser por fin totalmente nosotros mismos y, con ello, totalmente de Dios. Así se entiende también con toda claridad la compenetración entre justicia y gracia: nuestro modo de vivir no es irrelevante, pero nuestra inmundicia no nos ensucia eternamente, al menos si permanecemos orientados hacia Cristo, hacia la verdad y el amor. A fin de cuentas, esta suciedad ha sido ya quemada en la Pasión de Cristo. En el momento del Juicio experimentamos y acogemos este predominio de su amor sobre todo el mal en el mundo y en nosotros. El dolor del amor se convierte en nuestra salvación y nuestra alegría.
Está claro que no podemos calcular con las medidas cronométricas de este mundo la « duración » de este arder que transforma. El « momento » transformador de este encuentro está fuera del alcance del cronometraje terrenal. Es tiempo del corazón, tiempo del « paso » a la comunión con Dios en el Cuerpo de Cristo” (n. 47).

6. Tiempo de Adviento, tiempo de esperanza. El Adviento es como la primavera de la Iglesia. En este Adviento, que luego se convierte en Navidad, recordamos la primera venida de Jesús – Belén – suave venida de gracia. Con esa llegada de Jesús fuimos asociados a la familia de la Encarnación por medio de la Virgen María, y esta fe que profesamos nos da la esperanza para llegada definitiva.
Caiga de nuevo la palabra de Jesús, el Señor, en nuestros corazones: ¡Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación!

Guadalajara, 28 noviembre 2012.

Invito al lector a acudir, si desea, a la colección de himnos para la liturgia de Adviento que colocamos en el portal de Mercabá: HIMNOS DE ADVIENTO

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