martes, 4 de diciembre de 2012

321. Juan Bautista, el profeta de Jesús – Adviento 2012/2



Homilía para el segundo domingo de Adviento, ciclo C
Lc 3,1-6


Texto del Evangelio:
En el año décimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene; bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
“Una voz grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán rebajados,
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino llano.
Y toda carne verá la salvación de Dios”.

Hermanos:

1. Los domingos segundo y tercero de Adviento todos los años en el Evangelio están centrados en la figura de Juan el Bautista, a quien queremos llamar por antonomasia “el profeta de Jesús”. El Adviento es riquísimo, exuberante, en textos variados, para abrir de par en par las puertas de la esperanza; textos que dan muchas meditaciones a todos cuantos buscan al Señor. Nos centramos en el pasaje de Juan el Bautista, la presentación que de él hace el evangelista san Lucas, que concluirá el domingo que viene, tercero de Adviento.
¿Quién es Juan el Bautista? El profeta de Jesús, la definición más honrosa que podemos asignarle. Todo lo que es Juan, desde su nacimiento hasta su martirio, lo es desde Jesús y para Jesús. Juan es el Precursor de Jesús, el Profeta de Jesús.
El mismo Señor lo ensalzó sobre todos cuando dijo: En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él (Mt 11,11).

2. La primera nota que interesa remarcar al evangelista Lucas es colocarlo bajo los dos ojos de la historia, que son la geografía y el tiempo. La geografía es el río Jordán, un pequeño río que alimenta el lago de Generaset, donde Jesús tantas veces predicó, y que muere en el mar Muerto, donde las aguas se evaporan. Junto al río Jordán la comarca del Jordán. Esa es la geografía del Bautista.
¿Y el tiempo? Al evangelista le importa mucho encuadrar el fenómeno de Juan, que va a ser el comienzo del ministerio público de Jesús, en la cronología de la historia universal: estamos en el año 15 del imperio de Tiberio Julio César. Este emperador entró a reinar en el año 767 de la fundación de Roma, que es el año 14 de lo que hoy llamamos la era cristiana; murió en el año 37 de la era cristiana, a los 77 años. Es, pues, el emperador que corresponde a los años de la vida pública de Jesús. En el año 15 de este emperador se abre la historia pública de Juan y de Jesús.
El historiador san Lucas ha tenido la clara intención de sincronizar la vida de Jesús con la historia del mundo y él es el que nos ha indicado qué año del imperio romano se hizo el censo en el cual nació Jesús, y en qué época del imperio entra en escena Jesús, precedido por Juan. La misión de Jesús, misión de la Encarnación, se realiza en la historia concreta de los humanos.
El dato cronológico para enclavar la vida de Jesús es simultáneamente un dato de significación salvífica. Jesús viene para la historia universal.

3. Fue entonces cuando vino la Palabra de Dios sobre Juan. Esta expresión de la Biblia es intencionada; es una vieja expresión que se usaba para introducir los oráculos de los profetas. Como si la Palabra de Dios, con su propia entidad fuera un mensajero que viene desde el cielo y entra en la tierra. Y así es.
Si a un cristiano preguntamos ¿Qué es la Palabra de Dios?, seguramente nos responderá: la Biblia. La respuesta es correcta, pero es incompleta. Cuando el Papa Benedicto XVI escribió hace dos años (30 septiembre 2010) la exhortación Verbum Domini, recogiendo los frutos del Sínodo que se celebró en la Iglesia sobre la Palabra de Dios, nos explicó detalladamente qué es la palabra de Dios y cuáles son sus manifestaciones.
Al principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba en Dios y la Palabra era Dios. Esa existencia de Jesucristo en el seno de Dios es la Palabra primordial de Dios; de aquí hay que arrancar para hablar de la Palabra de Dios.
La Palabra que existía en Dios tuvo dos soberanas manifestaciones, que son la Creación y la Historia. La Creación es Palabra de Dios; la Historia es Palabra de Dios. Palabra que vino a los Profetas; palabras que vino a los Sabios de Israel; Palabra que se iba haciendo Escritura santa; Palabra que se encarnó en las entrañas de santa María Virgen (Y el Verbo se hizo carne), porque Jesús es la Palabra; Palabra que ahora llega a Juan, Predicador y Bautizador.

4. El evangelista san Lucas, para entender la misión de Juan cita un oráculo del libro de Isaías. Y en este oráculo solemnísimo y consolador se nos dice: Y toda carne verá la salvación de Dios. Aquel profeta antiguo que los estudiosos de la Biblia llaman el Segundo Isaías, aquel profeta del fin de la cautividad de los judíos en Babilonia tuvo una misión que nunca se había expresado tan claramente: anunciar la salvación no solo al pueblo elegido de Israel, sino a todo el mundo. Este profeta es el profeta del universalismo: Y toda carne verá la salvación de Dios.
Juan recoge el testigo para presentarse a Israel. Su misión es esta: presentar a Jesús como el fin de la historia de Israel, como el Salvador del mundo entero. Su oficio concreto se reduce a esto: Preparar el camino del Señor. Dios está llegando, definitivamente Dios está entrando en la tierra.
Juan es destinado para preparar los corazones para que reciban al Mesías. Para eso predica y para eso bautiza.

5. El antiguo profeta había visto como si Dios hiciera una gran calzada para entrar, una gran avenida abajando montes y alzando hondonadas para el regreso de los cautivos. La antigua imagen la entendemos en un sentido moral de conversión. Por eso, en la liturgia, uno de estos días rezábamos así: “Abaja los montes y las colinas de nuestro orgullo y levanta los valles de nuestros desánimos y de nuestras cobardías” (Laudes, martes I sem. Adviento).
Aquel antiguo profeta de la vuelta de la cautividad llevó una mensaje increíble de consolación, de seguridad, de perdón. Ninguno antes que él había hablado con tanta ternura del amor universal de Dios. La creación entera era preámbulo de esa historia maravillosa y nueva que Dios quería hacer, y no solo con Israel, sino con todos los hombres: Y toda carne verá la salvación de Dios. Hoy nos emocionamos cuando leemos o escuchamos estas palabras.

6. ¿Cuál, será, por tanto, la maravilla que Dios trae a la tierra con la venida de su Hijo? Lo hemos oído de otro profeta, Baruc:
Jerusalén, despójate del vestido
de luto y aflicción que llevas
y vístete las galas perpetuas
de la gloria que Dios te concede…,
porque Dios mostrará tu esplendor
a cuantos habitan bajo el cielo (Ba 5,1. 3).
Hermanos, este es el panorama que Dios abre ante nuestros ojos. Está dicho con el lenguaje poético de los profetas, que bien fácil es de entenderlo. Si Dios vino en la Encarnación de su Hijo, definitivamente se ha hecho nuestro Dios. Queremos que su presencia nos transforme.
¡Ven, Señor Jesús! Amén.

Guadalajara, martes 4 diciembre 2012.

1 comentarios:

olguita dijo...

63 AÑOS DESPUES DE QUE USTED NACIERA YO TAMBIÉN FUÍ BENDECIDA, COMPARTÍ CON SU MADRE LA ALEGRIA DE TENER EN MIS BRAZOS UNA LINDA CREATURA DE DIOS Y ESO ME UNE MÁS A LA CELEBRACIÓN DE SU CUMPLEAÑOS , QUIERA DIOS QUE TAMBIÉN PUEDA COMPARTIR CON ELLA LA DICHA DE UN HIJO CAPUCHINO , QUE SU PALABRA SIGA ALEGRANDO LOS CORAZONES DE TODOS LOS LECTORES DE LAS HERMOSAS PALABRAS, FELICIDADES

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