miércoles, 12 de diciembre de 2012

325. Juan Bautista, el profeta anhelante de Jesús


Homilía para el tercer domingo de Adviento, ciclo C
Lc 3,10-18


Texto del Evangelio:
La gente le preguntaba:
¿Entonces, qué tenemos que hacer?
Él contestaba:
“El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo”.
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
“¿Maestro, qué tenemos que hacer nosotros?”
Él les contestó:
“No exijáis más de lo establecido”.
Unos soldados igualmente le preguntaron:
“¿Y nosotros, qué tenemos que hacer?”
Él les contestó:
No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga.
Como el pueblo estaba expectante. Y todos peguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias, Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parca, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo el Evangelio.


Hermanos:

1. Este tercer domingo tiene una nota dominante: la alegría; y se abre con una célebre consigna de Pablo, que es una exhortación dada a la comunidad de los filipenses: Alegraos siempre en el Señor; os lo repito; Alegraos. Frase que sirve de Introito del día y que es el inicio de la segunda lectura de esta fiesta; Alegraos siempre en el Señor; Gaudete in Domino semper; por eso, domingo Gaudete.
Nos alegramos por la cercanía del Señor. Dios no es un Dios distante y ajeno, Dios es el Dios de la cercanía, el Dios de la presencia, el Dios de la inmanencia. Dios es el Dios de la Historia, el Dios del acompañamiento, antes que el Dios Juez.
Alegraos, porque podemos contar siempre con Dios. Dios es lo más inmediato del ser humano; el que está por fuera y por dentro. Dios es la referencia, Dios es la sustentación del ser humano en la bonanza y en la desgracia, Dios en el origen, centro y medio. Dios que debe ser la referencia última de las leyes humanas.
Ese y no otro es el Dios viviente de la vida.

2. Los profetas habían sido los defensores de Dios, y ese era su oficio específico y esencial: defender a Dios frente a los atropellos humanos. Los profetas son recordatorio perenne de la alianza de Dios. Por ello alzan la voz furiosamente contra toda injusticia humana. Amós, el primer cronológicamente de los profetas escritores, claman con un enojo furibundo, escuchando a Dios:
“… no revocaré mi sentencia:
por haber vendido al nocente por dinero
y al necesitado por un par de sandalias,
pisoteando en el polvo de la tierra la cabeza de los pobres,
tuercen el proceso de los débiles;
porque padre e hijo se llegan juntos a una misma muchacha,
profanando así mi santo nombre” (Am 2,6-7).

La injuria que se hace el pobre indefenso es profanar el santo Nombre de Dios, el que padre e hijo se aprovechen en la doncella sirviente de casa, una muchacha indefensa, esa aberración es, por encima de todo, es un desprecio de la dignidad de Dios, de la gloria que Dios ha puesto en sus criaturas, y de modo más resplandeciente en las más débiles.

3. Juan Bautista pertenece a esta raza castiza de profetas. Ya sabéis: el acusarle al tetrarca Herodes su adulterio le costó la cabeza: No te es lícito vivir con la mujer de tu hermano.
Hoy acaece Juan ante nosotros defendiendo el orden de Dios: ¿Entonces, qué tenemos que hacer?  “El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo”.
Juan Bautista no tiene un programa social que ofrecer, un programa para tiempos nuevos.  Juan hace resonar en estos ideales la voz de Moisés que había legislado para un pueblo de hermanos bajo el signo de la alianza de Dios. Entre hermanos no puede haber pobres por injusticias sociales; entre hermanos no puede haber prepotencia, extorsión, corrupción, falsas denuncias.
Juan, por encima de todo, es un defensor de la soberanía de Dios, como lo han sido todos los profetas tonantes del Antiguo Testamento. Dios en el mundo, Dios en la historia. Todos los profetas, al ser profetas de Dios, han sido profetas del prójimo.

4. Ahora bien, ahí no termina el mensaje de Juan. Juan, en los bordes del Antiguo Testamento;  es el Anunciador de la última Palabra de Dios, que se nos da en Jesucristo: viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias, Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
Este es el Evangelio de Juan: anunciar a Jesús en medio del mundo, lo que nos debe traer una explosión de gozo irreversible. Juan nos trae el gozo que siglos atrás había anunciado Sofonías por la vuelta de los cautivos, y que hoy lo anuncia la Iglesia por la llegada del Hijo de Dios:
Alégrate, hija de Sión, grita de gozo, Israel;
regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén (Sof 3,14).
oráculos que vuelven a resonar cuando la entrada de Jesús en Jerusalén.

5. La llegada de Cristo es la llegada de Dios. Dios se ha hecho presente en la historia con el acontecimiento irreversible de su Hijo. La Encarnación, la consideremos en la vida pública de Jesús, en el misterio de su muerte y resurrección, o inicialmente en Belén, es la suprema oferta que Dios nos regala.
Demos gracias a los profetas que nos anunciaron estos caminos de Dios, y de nuestra parte tomemos conciencia clara de estos acontecimientos divinos.
Nuestra propia alegría, al eco de estos mensajes bíblicos, que es un testimonio de fe, sea testimonio de todo cuanto estamos celebrando. Dios está aquí, en la historia universal, como aliado del hombre, como revelador de nuestro destino y como plenitud de todas nuestras aspiraciones y proyectos.
Dios, Dios…, palabra infinita de poder y de ternura que debe llenar todos los rincones.

6. Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo el Evangelio.
Este profeta que cierra el Antiguo Testamento nos está empujando para que pasemos a Cristo, y definitivamente a él le entreguemos de plano nuestra vida.
Esa “expectación piadosa y alegre”, que es la nota externa específica del Adviento, pone todo nuestro ser en trance de esperanza. El que mucho espera es que mucho ama; el que mucho espera es que ha volcado su ser entero en aras de un ideal.
Cristo Jesús, que vivió su Adviento del Padre y que en él puso su esperanza y el dinamismo de todo su ser, nos invita hoy a vivir su Adviento. Para todos los siglos él es el adviento del Padre. Él es la nueva fraternidad, la nueva humanidad.
Ojalá que quienes me vean puedan decir de mí que yo soy el Adviento de Jesús: el Adviento de su alegría y servicio, el Adviento de su presencia consoladora en medio de los hombres.
¡Señor Jesús, concédeme a mí, pecador, ser acogida de su tu amor y fue de tu presencia en medio de mis hermanos! ¡Señor Jesús, tú eres el Adviento que yo anhelo y proclamo! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 12 diciembre 2012.

El lector de esta homilía puede pasar a mercaba.org, donde encontrara nuestros himnos de Adviento. 

1 comentarios:

jjlopezc@ono.com dijo...

LE HE ESCRITO A UD. VARIOS MENSAJES POR E-MAIL, SIN RESPUESTA. LOS HE ENVIADO A SU CORREO rufinomg@yahoo.com.mix.
¿DEBO ENTENDER QUE NO LOS HA RECIBIDO UD.????

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