viernes, 21 de diciembre de 2012

330. 21 de diciembre – Visitación y Cantar de los Cantares


Meditación sobre el Cantar de los Cantares (2,8-14)
en espera del Nacimiento


1. El día 21 de diciembre tiene en la liturgia un toque especial. Es el día… - podríamos decir – El día del cervatillo. En atención de la Visitación de María a su prima Isabel, cuando la Virgen grávida del Verbo, va por la serranía donde su pariente, que está de seis meses, se lee un pasaje del Cantar de los cantares. Por idéntica razón, en la fiesta de la Visitación (31 de mayo) resuena el mismo texto.
Por motivos pastorales (por si el pasaje suena chocante a ciertos oídos), hay un texto alternativo. Acaso los misalitos mensuales, han tomado este segundo texto, que, en el caso es del libro de Sofonías. Día un tanto singular por este poema amoroso, porque (según mis conocimientos) en la misa de los días feriales o festivos no se lee el Cantar de los cantares. (En el Oficio de lectura, sí, usando el leccionario bienal, en Navidad, los años pares).

2. El poema es éste:

¡Un rumor…! ¡Mi amado!
Vedlo, aquí llega,
saltando por los montes,
brincando por las colinas.
Es mi amado un gamo,
parece un cervatillo.
Vedlo parado tras la cerca,
mirando por la ventana,
atisbando por al celosía.
Habbla mi amado y me dice:
“Levántate, amada mía,
hermosa mía y vente”.
Mira, el invierno ya ha pasado,
las lluvias cesaron, se han ido.
Brotan las flores en el campo,
llega la estación de la poda,
el arrullo de la tórtola
se oye en nuestra tierra.
En la higuera despuntan las yemas,
las viñas en flor exhalan su perfume.
“Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente”.
Paloma mía,
en las oquedades de la roca,
en el escondrijo escarpado,
déjame ver tu figura,
déjame escuchar tu voz:
es muy dulce tu voz
y fascinante tu figura” (Ct 2,8-14).

3. ¿Qué sugiere a nuestro espíritu esta canción amorosa? Sugiere tanto… El lenguaje del amor, que es el más deseado del hombre no se interpreta con diccionarios técnicos.
El amor siempre ha sido y será un trance de sentimiento y fusión, y muy arriba de impulsos primarios, acaso groseros, es vida a vida, en trasvase y unión, en entrega y deleite, en donación y acogida, poniendo en juego tiempo y eternidad.
El trance del amor es inmortal. No hace falta que yo emigre de mí mismo y haya de referirme a ejemplos de otros para probar que eso es el amor. Cada ser humano, si baja al fondo, podrá decir con palabras románticas o filosóficas: El amor soy yo; el amor es mi vida; hay un Amor-Misterio que me excede y que se ha volcado en mí. Definitivamente, irremediablemente, felizmente (acaso también dolorosamente) soy un enamorado.
Sí, soy un enamorado, y no quiero ser enajenado de este amor. Ahora es cuando puedo entrar en el Cantar de los Cantares, en el Cantar Divino, que es el eco universal del amor humano y del amor divino.

3. Un rabino podrá hablar del amor de Dios por su pueblo, que él es su esposa amada. Tiene razón, porque eso es el Cantar de los cantares, Shir Hash-shirim. Tiene razón, y esa postura es justa. Y lo mismo un cristiano podrá hablar de los amores de Cristo esposo con su Iglesia esposa; porque Cristo es el esposo de la Iglesia.
Y un marido, amante incondicional de su esposa, y una esposa, loca por su marido, podrán decir: "No nos lo quiten, somos nosotros; no hace falta que nadie nos lo diga; no vayan a otra parte". Y yo les responderé: Tenéis razón. La primera vez que se cantó este Cantar – que, a lo mejor, de tan puro y descarado nunca se cantó – era por eso: porque dos enamorados se habían encontrado en este planeta azul. Pues… ¡ojalá que ese enamorado vaya con nosotros hasta la sepultura!

4. Y Bernardo de Claraval, enamorado, san Bernardo el doctor melifluo, podrá decir lo que dijo, como ayer (y todos los años el 20 de diciembre) decía, contemplando la escena de la Encarnación, con un lenguaje patético de dulce amor a María:
“... Abre, Virgen santa, tu corazón a la fe, tus labios al consentimiento, tu seno al Creador. Mira que el deseado de todas las naciones está junto a tu puerta y llama. Si te demoras, pasará de largo y entonces, con dolor, volverás a buscar al que ama tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por el amor, abre por el consentimiento.
Aquí está -dice la Virgen- la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Y tiene razón san Bernardo, como una arraigada corriente medieval, al interpretar el Cantar de los cantares de los amores de Cristo a María, dado que el amor es una experiencia universal que nadie la puede acaparar en exclusiva para mí mismo.

6. Por lo tanto, tengo razón yo, amante de vocación, si en puertas de Navidad viene el cervatillo por las colinas y llama a mi ventana. Aquí comienza, pues, mi meditación, al punto en que yo debo recogerme en mi alcoba, cerrar puerta y cortina, y escuchar la endecha que viene clavada al corazón.
Levántate…, y acaso me esté diciendo que haga una confesión muy pura para Navidad, una celebración de este Sacramento del Perdón que me deje todo bañado de pureza, perfumado con la suavidad de Dios, para que Jesús sea nacimiento en mis entrañas…
Claro que yo no lo voy a contar a otro qué me está diciendo a mí el amor de mí, y cuál es esa fuente cristalina que quiere desatarse en mí.
Me anuncia que ha llegado la primavera, que brotan las flores y se expanden los olores. Huele a Navidad. Sí, huele a Navidad como una virgen purísima.
El alma huele a Dios.
Aquí comienza la meditación - llámese contemplación -, hermano, hermana

Guadalajara, 21 diciembre 2012.

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