lunes, 31 de diciembre de 2012

337. Año Nuevo, Año Bueno: Oración confiada, canción de amor.


Saludo al Año de Gracia de 2013

Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!

1. Amor será mi canción,
dicha en prosa o poesía,
con estos labios sedientos
de tu divina ambrosía.

2. En el Año de la Fe
el Evangelio es mi guía,
guardado en el corazón
como la Virgen María.

3. Tu Palabra al mundo dada,
desde los cielos traída,
amor por siempre encarnado,
será la Palabra mía.

Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!

4. Bendición es tu Presencia,
tu entrañable compañía;
si en mi nombre dos se juntan,
yo soy en medio armonía.

5. Comunión es nuestra Iglesia
en tiempos de carestía,
lazo entre hermanos atado,
salvados de apostasía.

6.  Y tú, Jesús, siempre amado,
primavera inextinguida,
viviente en todo viviente,
tú serás teofanía.

Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!

7. Yo te ofrezco mi deseo,
pues darte más no podría,
pero la gracia me dice
que el deseo es tu primicia.

8. Mi pobreza ante tus ojos
es tu riqueza infinita,
mi abandono es tu llenumbre
vertida en manos vacías.

9. Te ofrezco el tiempo, que es tuyo,
mi Dios, sin cronología;
sea reloj  de este año
el tic-tac de tus visitas.

Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!

10.  Contigo, Jesús, avanzo,
a tu sombra apetecida;
¿adónde el camino irá?:
adonde el Maestro diga.

11. Mil años en tu presencia
son el ayer que fluía,
pero un servicio de amor
es tiempo de eterna valía.

12. Para este año te pido
ternura y sabiduría;
dos moneditas te doy,
que es todo lo que tenía.  Amén.

Guadalajara, Jalisco, 31 dic. 2012
Y ya en el amanecer del 2013:



13. Tú eres mi ayer y mi hoy,
mi ahora y la parusía,
tú eres la pura unidad
en la santa Eucaristía.


14. Lo que ayer tu historia fue

hoy es divina energía,
tú eres, Jesús, amor mío,
tú eres mi historia cumplida.

15. Ya no apetezco más tiempo
en esta mi travesía;
seas tú mi toda paz,
la que mi alma quería. Amén.

La generación de Cristo, en efecto, es el origen del pueblo cristiano, ya que el nacimiento de la cabeza incluye en sí el nacimiento de todo el cuerpo.

Aunque cada uno de los que llama el Señor a formar parte de su pueblo sea llamado en un tiempo determinado y aunque todos los hijos de la Iglesia hayan sido llamados cada uno en días distintos, con todo, la totalidad de los fieles, nacida en la fuente bautismal, ha nacido con Cristo en su nacimiento, del mismo modo que ha sido crucificada con Cristo en su pasión, ha sido resucitada en su resurrección y ha sido colocada a la derecha del Padre en su ascensión.

El creyente que en cualquier parte del mundo es regenerado en Cristo se libra de la culpa original y, al renacer, se transforma en un hombre nuevo; en adelante ya no cuenta la generación carnal de sus padres, sino la generación por la que ha renacido del Salvador, que quiso hacerse Hijo del hombre para que nosotros pudiéramos llegar a ser hijos de Dios,

(San León Magno, Sermón 6 en la Natividad del Señor . Lectura del 31 de diciembre).


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