lunes, 31 de diciembre de 2012 0 comentarios

337. Año Nuevo, Año Bueno: Oración confiada, canción de amor.


Saludo al Año de Gracia de 2013

Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!

1. Amor será mi canción,
dicha en prosa o poesía,
con estos labios sedientos
de tu divina ambrosía.

2. En el Año de la Fe
el Evangelio es mi guía,
guardado en el corazón
como la Virgen María.

3. Tu Palabra al mundo dada,
desde los cielos traída,
amor por siempre encarnado,
será la Palabra mía.

Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!

4. Bendición es tu Presencia,
tu entrañable compañía;
si en mi nombre dos se juntan,
yo soy en medio armonía.

5. Comunión es nuestra Iglesia
en tiempos de carestía,
lazo entre hermanos atado,
salvados de apostasía.

6.  Y tú, Jesús, siempre amado,
primavera inextinguida,
viviente en todo viviente,
tú serás teofanía.

Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!

7. Yo te ofrezco mi deseo,
pues darte más no podría,
pero la gracia me dice
que el deseo es tu primicia.

8. Mi pobreza ante tus ojos
es tu riqueza infinita,
mi abandono es tu llenumbre
vertida en manos vacías.

9. Te ofrezco el tiempo, que es tuyo,
mi Dios, sin cronología;
sea reloj  de este año
el tic-tac de tus visitas.

Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!

10.  Contigo, Jesús, avanzo,
a tu sombra apetecida;
¿adónde el camino irá?:
adonde el Maestro diga.

11. Mil años en tu presencia
son el ayer que fluía,
pero un servicio de amor
es tiempo de eterna valía.

12. Para este año te pido
ternura y sabiduría;
dos moneditas te doy,
que es todo lo que tenía.  Amén.

Guadalajara, Jalisco, 31 dic. 2012
Y ya en el amanecer del 2013:



13. Tú eres mi ayer y mi hoy,
mi ahora y la parusía,
tú eres la pura unidad
en la santa Eucaristía.


14. Lo que ayer tu historia fue

hoy es divina energía,
tú eres, Jesús, amor mío,
tú eres mi historia cumplida.

15. Ya no apetezco más tiempo
en esta mi travesía;
seas tú mi toda paz,
la que mi alma quería. Amén.

La generación de Cristo, en efecto, es el origen del pueblo cristiano, ya que el nacimiento de la cabeza incluye en sí el nacimiento de todo el cuerpo.

Aunque cada uno de los que llama el Señor a formar parte de su pueblo sea llamado en un tiempo determinado y aunque todos los hijos de la Iglesia hayan sido llamados cada uno en días distintos, con todo, la totalidad de los fieles, nacida en la fuente bautismal, ha nacido con Cristo en su nacimiento, del mismo modo que ha sido crucificada con Cristo en su pasión, ha sido resucitada en su resurrección y ha sido colocada a la derecha del Padre en su ascensión.

El creyente que en cualquier parte del mundo es regenerado en Cristo se libra de la culpa original y, al renacer, se transforma en un hombre nuevo; en adelante ya no cuenta la generación carnal de sus padres, sino la generación por la que ha renacido del Salvador, que quiso hacerse Hijo del hombre para que nosotros pudiéramos llegar a ser hijos de Dios,

(San León Magno, Sermón 6 en la Natividad del Señor . Lectura del 31 de diciembre).


domingo, 30 de diciembre de 2012 0 comentarios

336. Fin de año: Oración confiada


Oración confiada al Padre
para concluir el Año

A tu corazón me llego,
mi Creador y mi Padre,
con la confianza y la paz
que me da solo el mirarte.
¿Es hora, mi Dios amado,
de presentar mi balance?
Lo que me sale del alma
es gracias y gracias darte,
y no me excuso con ello
y no creo que me engañe.
Adondequiera que mire
a ti te veo delante,
y no tengo otro deseo
que lanzarme y abrazarte.
Y tan feliz yo me siento
por estar aquí y mirarte,
que las fuerzas se me escapan
para empezar otro examen.
Soy pecador, ya lo sé,
y no tengo que excusarme,
pero tú mismo me excusas,
porque tu amor es más grande.
Soy regalo de tu gracia,
lleno de necesidades,
y tú fuiste providencia,
que adentro y fuera me sabes.
Yo me olvido y me abandono:
toma mis intimidades,
todo es tuyo y nada mío…,
y déjame que te alabe.
Amor te pido, Dios mío,
que solo el amor me sacie,
amor para caminar
cada día, como mandes.
Y una lágrima quisiera
antes que el año se acabe,
para que veas ternura
y me olvide de mis males. Amén.

Guadalajara, Jalisco, noche 30/31 diciembre 2012
sábado, 29 de diciembre de 2012 0 comentarios

335. Sagrada Familia: Jesús el hijo libre y obediente a su Padre


 Domingo de la Sagrada Familia,
dentro de la octava de Navidad, ciclo C
Lc 2,41-52


Texto evangélico

Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
- “Hijo,  ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados”.
Él les contestó:
- “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres


En Navidad, fiesta de la Sagrada Familia, que tiene un encanto sencillamente divino.
El mensaje de la familia hoy está de una manera muy viva en el corazón de la Iglesia. La Nueva Evangelización tiene una preferencia particular por la familia. Quienes hemos crecido en una familia sencilla y piadosa, profundamente creyente debemos agradecérselo al Señor toda la vida. Unos padres que nos han sabido educar es el mayor regalo humano que el Señor nos ha hecho.
Fiesta de la Sagrada Familia, que nos trae múltiples pensamientos, tomados unos de la propia experiencia inmediata, otros de todo ese cúmulo de datos que la vida nos va ofreciendo y de la reflexión que ello nos brinda en los cambios acelerados que vemos en torno.
El Evangelio de hoy nos presenta una escena desconcertante.
En esta ocasión no redactamos nuestra homilía, sino transcribimos las páginas que el Papa como “Epílogo” de La infancia de Jesús nos ofrece en su libro, presentado en el pasado mes de noviembre.


Jesús en el templo a los doce años
(Extracto del libro de
Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, La infancia de Jesús 2012, pp. 126-130)


Volvamos a los padres de Jesús. La Tora prescribía que todo israelita debía presentarse en el templo para las tres grandes fiestas: Pascua, la fiesta de las Semanas y la fiesta de las Tiendas (cf. Ex 23,17; 34,23s; Dt 16,16s). La cues­tión sobre si las mujeres estaban obligadas a esta peregri­nación estaba en discusión entre las escuelas de Shamai y de Hillel. Para los niños, la obligación entraba en vigor a partir de los trece años cumplidos. Pero también se apli­caba al mismo tiempo la prescripción de que debían ir acostumbrándose paso a paso a los mandamientos. Para esto podría servir la peregrinación a los doce años. Por tanto, el que María y Jesús hayan participado en la peregrinación demuestra una vez más la religiosidad de la fa­milia de Jesús.
Pongamos atención en este contexto al sentido más hondo de la peregrinación: al ir tres veces al año al templo,  Israel sigue siendo, por así decirlo, un pueblo de Dios en marcha, un pueblo que está siempre en camino hacia Dios, y recibe su identidad y su unidad siempre nuevamente del encuentro con Dios en el único templo. La Sagrada Familia se inserta en esta gran comunidad en el camino hacia el templo y hacia Dios.

En el viaje de regreso sucede algo inesperado. Jesús no va con los demás, sino que se queda en Jerusalén. Sus padres se dan cuenta sólo al final del primer día del retorno de la peregrinación. Para ellos era claramente del todo normal suponer que él estuviera en alguna parte de la gran comitiva. Lucas llama a la comitiva synodía —«comunidad en camino»—, el término técnico para la caravana. Según nuestra imagen quizá demasiado cicatera de la Sagrada Familia, esto puede resultar sorprendente. Pero nos muestra de manera muy hermosa que en la Sagrada Familia la libertad y la obediencia estaban muy bien armonizadas una con otra. Se dejaba decidir libremente al niño de doce años el que fuera con los de su edad y sus amigos y estuviera en su compañía durante el camino. Por la noche, sin embargo, le esperaban sus padres.
El que no apareciera, nada tiene que ver con la libertad de los jóvenes, sino con otro orden de cosas, como se pondrá de manifiesto plenamente después: apunta; particular misión del Hijo. Para los padres comenzaron días de gran ansiedad y preocupación. El evangelista dice que sólo después de tres días encontraron a Jesús e templo, donde estaba sentado en medio de los doctores mientras los escuchaba y les hacía preguntas (cf. Lc 2,46).
Los tres días se pueden explicar de manera muy concreta: María y José habían marchado hacia el norte durante una jornada, habían necesitado otra jornada para volver atrás y, por fin, al tercer día encontraron a Jesús. Aunque los tres días son ciertamente una indicación temporal muy realista, es preciso sin embargo dar la razón a René Laurentin cuando nota aquí una callada referencia a los tres días entre la cruz y la Resurrección. Son jornadas de sufrimiento por la ausencia de Jesús, días sombríos cuya gravedad se percibe en las palabras de la madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados» (Lc 2,48). Así, desde la primera Pascua de Jesús se extiende un arco hasta su última Pascua, la de la cruz.
La misión divina de Jesús rompe toda medida humana y se convierte para el hombre una y otra vez en un misterio oscuro. En aquellos momentos se hace sentir en María algo del dolor de la espada que Simeón le había anunciado (cf. Lc 2,35). Cuanto más se acerca una per­sona a Jesús, más queda involucrada en el misterio de su Pasión.

La respuesta de Jesús a la pregunta de la madre es impresionante:  «Pero ¿cómo? ¿Me habéis buscado? ¿No sabíais dónde tiene que estar un hijo? ¿Que tiene que estar en la casa de su padre, en las cosas del Padre?» (cf. Lc 2,49). Jesús dice a sus padres: «Estoy precisamente donde está mi puesto, con el Padre, en su casa.»
En esta respuesta hay sobre todo dos aspectos importantes.  María había dicho: «Tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Jesús la corrige: yo estoy en el Padre. Mi padre no es José, sino otro: Dios mismo. A él pertenezco y con él estoy. ¿Acaso puede expresarse más claramente la filiación divina de Jesús?
Con esto se relaciona directamente el segundo aspecto  Jesús habla de un «deber» al que se atiene. El hijo el niño debe estar con el padre. La palabra griega dei usa da aquí por Lucas retorna siempre en los Evangelios allí donde se presenta lo que establece la voluntad de Dios, a la cual está sometido Jesús. El «debe» sufrir mucho, se rechazado, sufrir la ejecución y resucitar, como dice a su discípulos después de la profesión de Pedro (cf. Mc 8,31) Este «debe» vale también en este momento inicial. Él debe estar con el Padre, y así resulta claro que lo que puede parecer desobediencia, o una libertad desconsiderada respecto a los padres, es en realidad precisamente una expresión de su obediencia filial. El no está en el templo por rebelión a sus padres, sino justamente como quien obedece, con la misma obediencia que lo llevará a la cruz y a la resurrección.

San Lucas describe la reacción de María y José a las palabras de Jesús con dos afirmaciones: «Ellos no comprendieron lo que quería decir», y «su madre conservaba todo esto en su corazón» (Lc 2,50-51). La palabra de Jesús es demasiado grande por el momento. Incluso la fe de María es una fe «en camino», una fe que se encuentra a menudo en la oscuridad, y debe madurar atravesando la oscuridad. María no comprende las palabras de Jesús, pero las conserva en su corazón y allí las hace madurar poco a poco.
Las palabras de Jesús son siempre más grandes que nuestra razón. Superan continuamente nuestra inteli­gencia. Es comprensible la tentación de reducirlas, ma­nipularlas para ajustarlas a nuestra medida. Un aspecto de la exégesis es precisamente la humildad de respetar esta grandeza, que a menudo nos supera con sus exigen­cias, y de no reducir las palabras de Jesús preguntándo­nos sobre lo que «es capaz de hacer». Él piensa que puede hacer grandes cosas. Creer es someterse a esta grandeza y crecer paso a paso hacia ella.
De este modo, Lucas presenta premeditadamente a María como la que cree de manera ejemplar: «Dichosa tú, que has creído», le había dicho Isabel (Le 1,45). Con la observación, dos veces repetida en el relato de la infan­cia, de que María conservaba las palabras en su corazón (cf. Lc 2,19.51), Lucas remite —como se ha dicho— a la fuente a la que recurre para su narración. Al mismo tiem­po, María no se presenta sólo como la gran creyente, sino como la imagen de la Iglesia, que acoge la Palabra en su corazón y la transmite.

Guadalajara, Jalisco, sábado 29 diciembre 2012.

En nuestro Himno de Adviento-Navidad (mercaba.org / Rufino María Grández / El pan de unos versos / Adviento-Navidad) puedes encontrar dos himnos para la fiesta de la Sagrada Familia:
- Una familia, una casa
- Regalo de Navidad
viernes, 28 de diciembre de 2012 0 comentarios

334. Año Nuevo: El encuentro espiritual con la Madre de Jesús


Meditación teológica
en la octava de Navidad (1 de enero),
solemnidad de santa María, Madre de Dios



Comencé a escribir este texto como homilía, pero, al curso de los pensamientos, derivó en una “meditación teológica”. Como meditación teológica la entrego.

Mis homilías anteriores sobre el Año Nuevo en este Blog:
Núm. 2.El Señor te bendiga y te guarde
Núm. 166. 1 de enero: El Niño, la Madre, la Paz.

Hermanos:

1. Cuando llega el día 1 de enero – día cubierto en todo el mundo por el ¡Feliz y próspero Año Nuevo! – mirando a la liturgia, espontáneamente me sale predicar de los tres motivos que centran la atención:
- La bendición inaugural del Año Nuevo: El Señor te bendiga y te guarde.
- La Virgen María Madre del Señor, puesto que esta octava de Navidad tiene en la Misa este título específico: Solemnidad de santa María, Madre de Dios.
- La Paz, día así establecido por el Papa Pablo VI el año 1968.
Son tres motivos que rondan mi mente. Recuerdo la homilía del año pasado; “El Niño, la Madre, la paz”.
Quisiera fijarme este año en uno de los tres: la Madre, sin que esta preferencia signifique que lo demás cae en olvido.
Al posar mi atención en la Madre, empalmo con la reflexión del IV domingo de Adviento. Todos los años el IV domingo, como se sabe, es un domingo dedicado en el Evangelio a María.

2. En la octava de Navidad, en esta solemnidad de santa María Madre de Dios, preguntemos a nuestra fe: ¿Quién es María?  ¿Qué ha puesto Dios en sus manos?
Saben ustedes que hace mes y medio apareció en la prensa la noticia de que el Papa daba remate a su trilogía de Jesús con un libro, más breve que los dos anteriores, titulado “La infancia de Jesús” (publicado por ediciones Planeta). Nos advierte en las primeras líneas del Proemio: “No se trata de un tercer volumen, sino algo así como de una antesala a los dos volúmenes precedentes sobre la figura y el mensaje de Jesús de Nazaret. He tratado aquí de interpretar ahora, en diálogo con los exegetas del pasado y del presente, lo que Mateo y Lucas narran al comienzo de sus Evangelios sobre la infancia de Jesús” (Proemio, p. 7).
El capítulo I de esta obra tiene como título una pregunta, que quiere clavarse en la esencia de Jesús “¿De dónde eres tú?” (Jn 19,9). Es la pregunta que Pilato hace a Jesús, intuyendo que él, juez romano de la causa de Jesús, se está enredando en un misterio.  “¿De dónde eres tú?” es una pregunta equivalente a ¿Quién eres tú eres? En la raíz más honda de ti misma.
Es una pregunta que me la ´puedo hacer yo a mí mismo: “¿Quién soy  yo? ¿De dónde soy…?” Una pregunta que hoy se la queremos dirigir, reverente a la Virgen María, Madre del Señor: ¿Quién eres tú, María?

3. Los Evangelios de Mateo y Marcos responden son sendas genealogía. Jesús es de David, responde Mateo. Jesús es de Adán, contesta Lucas. Ambos por igual colocan a Jesús – al Jesús histórico, indisoluble del Jesús del misterio – en el curso de una actuación de Dios en la historia: Jesús es el hijo de Israel, hijo de las Escrituras, hijo de David, hijo de Adán, Hijo de Dios.
Jesús no es un producto fortuito de la biología humana: nadie lo es (aunque así lo parezca a veces), mucho menos Jesús, el Cristo. Las genealogías de Jesús nos llevan hasta la puerta de su misterio; ahí nos quedamos. Pero las genealogías ya son una primera respuesta al misterio de Jesús. Podemos decir certeramente que Jesús es de Dios, todo de Dios; y Jesús es para Dios, para la voluntad de Dios en el mundo.

4. Y ¿quién es María, que sin ella no hay Encarnación, no existe la Encarnación? Sin María no existe Jesús.
Para responder a esta pregunta esencial, no podemos ir a su genealogía, ni por línea paterna, ni por línea materna. De las mujeres en directo no se hacen genealogías, sino de los hombres a los que se unen.
María es hija de la Escritura, y diremos sin rebozo: María es hija de su Hijo, Figlia del tuo Figlio, así la invocó Dante en la plegaria de la Divina Comedia. No nos conduce al centro del misterio decir que María, esposa de José, es, por su matrimonio, hija del padre de José…; eso no es correcto.
Hija de Sión, con un hondo contenido místico, hija de Israel. Unida a José, la Escritura dice de ella: “una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la Virgen era María” (Lc 1,27).

5. El ¿Quién eres tú, María?, la esencia de María, desde el arranque del Nuevo Testamento la ha vertido la Escritura con en dos palabras: es la Virgen, es la Madre. Esta es la definición ontológica-salvífica de María. ¿Qué quiere esto decir?
Quiere esto decir que María es Madre por ser Jesús su Hijo, y que es Virgen por ser su Hijo de Dios. A mi modo de entender la fe (soy un humilde creyente que adora e investiga) estas verdades son entre sí intrínsecamente esenciales,  intrínsecamente conexas. Son verdades cristológicas que, al “marianizarse”, son simultáneamente marianas; pero el sujeto que las sustenta, que las posibilita, que las corporeiza es Cristo. Y en Cristo resplandece el misterio de la gloria y del amor de Dios. Y de tal manera esto es así, íntimamente así, que si no lo fuera, no fuera la Encarnación; que Jesús no puede ser Verbo Encarnado, sino en las entrañas de una “Virgen” morada del Espíritu: sin virginidad de María no hay Encarnación;
- y que Jesús no puede ser hijo de los hombres si su madre no es, en ello y por ello, Madre de Dios.
María es Virgen “a radice”. Para san Mateo lo  es desde la profecía: “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por medio del profeta: Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa ‘Dios-con-nosotros’” (Mt 1,22)
Ni la virginidad ni la maternidad son dones celestiales que sobrevienen a una historia más, historia humana recogida entre los hombres. Son más que dones adventicios; son la forma constitutiva de la Encarnación del Hijo de Dios, Hijo de María. Y el privilegio de ser inmaculada entre los hijos de Adán es la redundancia, internamente necesaria, el preámbulo del ser de la virginidad maternal de María, unida al Espíritu Santo.

6. Quisiéramos asimilar la vida de María a la vida de los demás y sobre este soporte ir tejiendo sus cualidades y prerrogativas, como añadidos que Dios le conceda, y que, por lo tanto, pudo no habérselos concedido. No creo que ea el enfoque exacto.
¿Cómo poder recuperar, pues, la figura histórica de María? ¿Será posible saber, por vía histórica, la Historia – valga la redundancia – de María Niña, de María Joven, asumiendo la decisión más grave de la Historia humana, de María tierna Madre de un niñito recién nacido, de María solícita Madre de un muchachito precoz de Nazaret…?
Por de pronto, hemos de asegurar que lo que María sabe de su Hijo es por la fe y solo por la fe, su fe de creatura de oblación a Dios.

7. Volvamos de nuevo al misterio de la virginidad y maternidad, que, por las consideraciones antes hechas, puede decirse igual “virginidad maternal” o “maternidad virginal”.
Hablamos en teología, no en historia. “Historicizar” la virginidad de María es imposible (si este lenguaje es comprensible…).
¡Qué luminosa me ha resultado aquella página que el Cardenal Ratzinger escribía, haciendo el repaso de los cincuenta primeros años de su vida (1927-1977), en torno a un episodio acaecido en 1949 (Ratzinger, estudiante de 22 años) a cuenta de una consulta sobre la definición de la Asunción de María! “Cuando se estaba muy próximo a la definición dogmática de la asunción en cuerpo y alma de María al cielo, se solicitaron las opiniones de todas las facultades de teología del mundo. La respuesta de nuestros profesores fue decididamente negativa. En este juicio se hacía sentir la unilateralidad de un pensamiento que tenía un pensamiento no solo y no tanto histórico, cuanto historicista. La tradición venía de hecho identificada con aquello que era documentable en los textos. El patrólogo Altaner, profesor en Wüzburg (pero a su vez procedente de Breslau) había demostrado con criterios científicamente irrebatibles que la doctrina del asunción en cuerpo y alma de María al cielo era desconocida antes del siglo quinto: por tanto, no podía formar parte de la “tradición apostólica” y esta fue la conclusión compartida por los profesores de Munich. El argumento es indiscutible, si se entiende la tradición en sentido estricto como la transmisión de contenidos y textos ya fijados. Era la posición que sostenían nuestros docentes.
Pero si se entiende la tradición como el proceso vital, con el que el Espíritu Santo nos introduce en la verdad toda entera y nos enseña a comprender aquello que al principio no alcanzamos a percibir (cf. Jn 16,12s), entonces el recordar posterior (cf. Jn 16,4) puede descubrir aquello que al  principio no era visible y, sin embargo, ya estaba dado en la palabra original” (J. Ratzinger, Mi vida. Recuerdos 1927-1977. Ediciones Encuentro 2005, 85).
Este es el auténtico modo de discurrir en honda teología.

8. Si ahora meditamos en la virginidad y en la divina maternidad, contemplamos la virginidad como postulado y gracia de la Encarnación. No cabe una indagación historicista para llegar a encontrarla. Está ahí como don de Dios, y sea Dios quien la deposite en nuestro corazón. Quede a un lado nuestra curiosidad; nos quedamos sin palabras.
Pero hemos encontrado a María en el misterio de la Encarnación. María es gracia, pura gracia de Dios para el corazón. Una gracia que posibilita una relación de amor y de contemplación.
Madre del Señor, te suplico que me adentres – nos adentres como Iglesia – pacificadoramente en el misterio de tu virginal maternidad.

Guadalajara, Jalisco, 28 diciembre 2012.

jueves, 27 de diciembre de 2012 1 comentarios

333. Querido Néstor: Carta a un amigo en el día de san Juan Apóstol y Evangelista


Al hermano Néstor Wer, 
joven capuchino mexicano de corazón universal

Guadalajara, Jalisco, 27 de diciembre de 2012

Querido Néstor: Paz y Bien.
Hoy es san Juan Evangelista, santo de mi especial querencia porque años ha me ha tocado explicarle en las clases de Sagrada Escritura, una y otra vez; santo que a nosotros dos nos concita con particular complicidad como voy a evocar, porque hoy es el segundo aniversario…
Segundo aniversario ¿de qué? No tenemos que preguntárnoslo para recordarlo, pues bien sabemos que es el II aniversario de “Las hermosas palabras del Señor”. Me place enviar esta carta al hermano y al amigo, y con ella entonar un Canto a la Vida, un Canto al Amor, que sabes perfectamente que es un Canto a Jesús. Viene a los labios aquella efusión lírica de Fray Tomás de Celano, cuando, junto al cuerpo yacente de san Francisco en su narración, podía resumir la vida de nuestro Seráfico Padre Francisco de Asís bajo el signo del nombre de JESÚS.
“Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en los oídos, Jesús en los ojos, Jesús en las manos, Jesús presente siempre en todos sus miembros. ¡Oh, cuántas veces, estando a la mesa, olvidaba la comida corporal al oír el nombre de Jesús, al mencionarlo o al pensar en él! Y como se lee de un santo: «Viendo, no veía; oyendo, no oía» (San Bernardo). Es más: si, estando de viaje, cantaba a Jesús o meditaba en Él, muchas veces olvidaba que estaba de camino y se ponía a invitar a todas las criaturas a loar a Jesús” (1 Celano 115).
La “devotio” de aquellos siglos se explayó en la santa humanidad del Señor con el nombre de Jesús. El encuentro cálido con su cuerpo y con su historia – como el Discípulo amado – es el secreto de nuestros días. Me alegró ayer mi querido Benedicto XVI, cuando, a la vera de san Esteban, hablaba de la clave de la nueva evangelización centrándola en un amor más intenso, más profundo, a Jesús. Es la misma canción repetida, pero a lo mejor sea como el “Noche de paz”, que nunca se gasta. Por eso, he gustado con un sabor nuevo la recomendación que, antes de rezar el ángelus, nos hacía ayer, miércoles, el Santo Padre, que la comparto contigo:
“San Esteban es un modelo para todos los que quieren servir a la nueva evangelización. Él demuestra que la novedad del anuncio no consiste ante todo en el uso de métodos o técnicas originales, que por cierto tienen su utilidad, sino en el estar llenos del Espíritu Santo y dejarse guiar por Él. La novedad del anuncio está en la profundidad de la inmersión en el misterio de Cristo, en la asimilación de su palabra y de su presencia en la Eucaristia, de tal modo que Él mismo, Jesús vivo, pueda hablar y actuar a través de su enviado. En esencia, el evangelizador se vuelve capaz de llevar a Cristo a los demás con eficacia cuando vive de Cristo, cuando la novedad del Evangelio se manifiesta en su propia vida”.
En suma, este es nuestro eslogan: Lo nuevo es lo profundo.
Lo que está en el más fondo del mar está por descubrirse y aquel día será nuevo; lo que está en la entraña de la tierra está por descubrirse; lo que está en el centro del sol… no se descubrirá… Así es Jesús, el Cristo, el Señor.
* * *
Pero vengamos al recuerdo, querido Néstor, que recordar es una forma de hacer presente, y la vida siempre es presencia.
Fue aquel día de San Juan Apóstol y Evangelista del 2010 en mi celda capuchina del noviciado de Puebla. Tú, un jovenzano de 22 años, profeso desde el 2008, que andabas de convivencia y vacaciones con tus compañeros; yo, con mis 74, “padre grave” (así decían los antiguos) destinado a dar buen ejemplo a los novicios. Con candor e inteligencia me dijiste:
- Y a ti, Rufino, ¿no se te ha ocurrido hacer un “blog” en Internet?
- ¿Un blog? Pues… la verdad que mi hermano me lo dijo hace varios años…, pero ahí quedó.
Roque, mi admirado hermano misionero en Ecuador (que es un manitas para asuntos de informática), me explicó un día qué es un blog. Y tú me distes el empujón:
- Pues, venga, lo hacemos y yo lo puedo armar.
- Aceptado, lo hacemos.
Y aquel día lo armaste y lo hicimos. Y el título era “Las hermosas palabras del Señor”.
Las hermosas palabras del Señor…, dulce nombre que hoy me sigue resonando…
Y, apoyado en el empujoncito que me diste, me lancé al ciberespacio. Se abrió el registro con un visitante el día 31 de diciembre de 2010, y el día 1 de enero de 2011 ya eran 6, y en Reyes, para mi consuelo, fueron 51. El portal de Mercabá me había acogido en primera página y esto fue el lanzador de los buenos resultados. (Gracias, don Pedro Azuar).
A la fecha, veo que este vocero de Jesús se ha paseado, de alguna manera, por 89 países…, el último, los Emiratos Árabes con un visitante.
Así, pues, por tu gran apoyo de hermano – tu franqueza, tu espontaneidad y hermandad todo el mundo la reconoce – me has hecho Misionero Internauta, y es algo que yo te debo agradecer a ti, Joven del futuro, buen hermano, óptimo amigo. Te lo debo agradecer, porque para una persona (para un enamorado de Jesucristo, añado) esto es un pulmón de vida.
* * *
Entrando en sensatez (pues te paso más de medio siglo), Joven inquieto, ya misionero un año en la selva ecuatoriana (que más hubieras querido…), diseñador de la Web de capuchinos, artífice del precioso calendario…, yo te pregunto: ¿Qué significan los números en este mundo global y virtual, que existe en los aires y no existe…, que es muy real por los ecos que suscita… y que, por otra parte, tantos centenares de páginas, parecen leve espuma sobre las olas del mar, que de un momento a otro puede desaparecer?
Te lo pregunto al tiempo que estoy escuchando tu respuesta, que resuena en el corazón, que para eso somos amigos.
Te escucho que esas gloriosas estadísticas son mucho…, y son nada…
Bueno, me quedo con que son algo, y retengo la ilusión de ver ese mapamundi de banderitas del Misionero de “Las hermosas palabras del Señor”.
Y vuelvo al principio de ayer: La novedad es la profundidad, lo nuevo es lo profundo.
Sí, querido Néstor, sí, dejo a un lado números y me arraigo en el principio de que la novedad es la profundidad. Creo que compartirás conmigo estos principios que he predicado a los demás y quiero predicármelos a mí:
- El que quiera ser apóstol debe estar dispuesto al total anonimato; sin este punto de arranque no hay nada que hacer.
- La primera forma de Evangelización ha sido, es y será el simple contacto, la palabra, el rostro a rostro, el “cor ad cor loquitur”; es la forma evangélica por antonomasia.
- Y, por encima de todo, lo que Dios quiera, como Dios quiera, hasta que Dios quiera…, nuestra vida en sus manos, una consagración de amor total. Él de unos quiere la palabra, de otros el silencio; de unos la fama, de otros el olvido; de todos la cruz, que es la fuerza divina del Evangelio.
A mí me gustaría ser elegido para la palabra (aquello de Pablo a Timoteo: opportune et importune, a tiempo y a destiempo) pero también veo que las muchas palabras pueden ahogarse unas a otras... 
* * *
Con esto por delante y por detrás podemos entender el mensaje a los Internautas y a los Blogueros que ha preparado el Papa para la 47 jornada mundial de las comunicaciones sociales (mayo 2013, en la Ascensión del Señor) y que se dará a conocer en la fiesta de nuestro patrón san Francisco de Sales (24 de enero). El título es este:
“Redes Sociales: portales de verdad y de fe;
nuevos espacios para la evangelización".
Querido Néstor, voy a terminar esta epístola…, porque ya, dentro de cinco minutos la tengo que mandar al cartero de la Órbita Espacial. Que el ángel de la guarda la lleve a aquel que lo necesita.
Es san Juan Evangelista, nuestro santo y seña de Las hermosas palabras. He celebrado la Eucaristía, abriendo la celebración con el bello texto del Introito: Este es el apóstol Juan, que durante la Cena reclinó su cabeza en el pecho del Señor. Este es el apóstol que conoció los secretos divinos y difundió la palabra de vida por toda la tierra.
Ahí está lo que buscamos.
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Pero hay otro punto que te quiero compartir y no me lo quiero guardar dentro. Como ves, a lo largo de estas 333 entregas he ido escanciando mi corazón. Al ir a cerrar mi época de Puebla (donde he estado cinco años, 2007-2012 y de donde guardo bellísimas vivencias), para que este arsenal no se diluyera en el aire, el día de san Antonio de Padua (13 junio 2012)  hice una recopilación de archivos en forma de libro continuo: 1009 páginas, que fueron impresas como libro en dos volúmenes, hasta el archivo o entrega 241. Antepuse una Introducción testimonial, para decir qué es lo que significaba este material como historia de mi ser. Y escribía así:
“… Ignoro quién lo haya de leer, cuál haya de ser su paradero. Pero si post mortem tuviera un lector, una lectora, solo quiero decirle una cosa: Aquí estoy yo. Estas páginas, que no son solo homilías, sino que incluyen textos variados, dan el perfil de mi vida, de mis íntimas aspiraciones.
A la fecha - decía - voy en el número 241. Podría cerrarse en esta obra; es bastante – y de sobra – para dar testimonio de lo que en mi vida (que ya tengo 75 años) ha pasado por mi corazón”.
Ratifico los mismos pensamientos a la vuelta de estos meses, cuando la Biblioteca se ha enriquecido con cerca de 100 nuevas piezas. Un hombre se retrata cuando cuenta su historia, pero no menos cuando escribe una ingenua poesía… Los escritos, aun cuando tú en ellos no hables de ti, ellos sí hablan de su autor y te delatan. Felizmente es así.
Y entonces cuando un hombre abre y esponja su corazón y da a conocer lo que piensa, está hambreando la amistad de los demás. No una amistad pagadera con fama y alabanzas, sino una amistad que quiere penetrar en el río sutil de la vida, que a todos nos hace hermanos.
Gracias, buen hermano; gracias, leal y apreciado amigo, porque me has dado una nueva oportunidad para dilatarme y avanzar por las venas de la silenciosa amistad humana.
* * *
Néstor, hasta ahora. Cierro mi carta, no mis pensamientos. El corazón sigue abierto.
Recibe un abrazo y reza por mí; yo rezaré por ti.
Rufino M.
19 diciembre 2012
(México D.F., Convento capuchino, donde vive Néstor)


 
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