martes, 1 de enero de 2013

338. La hermosa Bendición de Año Nuevo, y la Bendición de san Francisco.



El Señor te bendiga y te guarde, 

el Señor, el Señor


Hermanos: ¡Paz y Bien!

1. Este es el saludo hermoso, que tiene derecho a utilizarlo cualquier hijo de Dios, y que los hermanos de san Francisco – o. si quieren, la familia franciscana, lo decimos como signo de identidad.
¿Qué significa exactamente?  Significa todo, porque en la “Paz” se contiene todo bien y en el “Bien” está también la paz. En la Biblia, la Paz, y ya desde el Antiguo Testamento, incluye todo el cúmulo de los dones divinos.
Es un saludo de sabor bíblico. Y viene a ser equivalente de aquel saludo de san Pablo: “Gracia y paz”. Gracias y paz que no son bienes que nosotros producimos, consumimos y administramos, sino que vienen directamente de arriba: “Gracia y paz a vosotros, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”, así escribió a la Comunidad de Corinto (2 Co 1,2).

2. El saludo de Paz y bien no lo inventó san Francisco; de hecho, que sepamos, no lo uso. Él cuando predicaba al pueblo comenzaba siempre deseando la paz. “El Señor me reveló que dijésemos el saludo: El Señor te dé la paz” (Testamento, 23). Comentan sus biógrafos: “Por eso, en toda predicación suya iniciaba sus palabras con el saludo que anuncia de la paz” (Tres Compañeros, 26). Y añaden un dato curioso: “Y es de admirar -y no se puede admitir sin reconocer en ello un milagro- que antes de su conversión había tenido un precursor, que para anunciar la paz solía ir con frecuencia por Asís saludando de esta forma: «Paz y bien, paz y bien»” (Ibídem). No se sabe quién fue aquel misterioso peregrino o predicador.
De él hemos recogido nosotros este saludo franciscano, que como tal – repito – Francisco no lo ha usado en sus cartas.

3. Todos los años, el día 1 de enero, octava de Navidad y solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y desde 1968, por deseo de Pablo VI, día Internacional para pedir por la paz, todos los años en la misa, como primera lectura leemos el mismo texto bíblico, que es la Bendición que Moisés, por mandato del Señor, prescribió a los hijos de Aarón para bendecir al pueblo. Es la bendición más solemne que tiene el Antiguo Testamento. Y como en cierta ocasión san Francisco la escribió en un pequeño pergamino para dársela al Hermano león, que era su confesor, a veces la llamamos nosotros la Bendición de San Francisco.
“El Señor habló a Moisés: Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
El SEÑOR te bendiga y te proteja;
el SEÑOR ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor;
el SEÑOR te muestre su rostro y te conceda la paz.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré” (Núm 6,22-27).

4. Qusisiera analizar con detalle esta Bendición, que es, por excelencia la Bendición de los sacerdotes (en hebreo Birkat Cohaním). De un autor judío leo con agrado esta explicación:

"La Torá ordena que los cohaním (sacerdotes) bendigan al pueblo de Israel según la fórmula de esta bendición que no deriva necesariamente de la posición, del poder o de los méritos del cohén, o que éste sea la fuente misma de la bendición. La Torá expresa claramente, inmediatamente después de dar la fórmula de la bendición sacerdotal: "Y pondrán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré" (Números 6:27), que sólo Yahweh es la fuente de las bendiciones ya que los cohaním son únicamente los instrumentos a través de los cuales la bendición llega al pueblo. Los cohaním pronuncian las palabras de la bendición ya que sólo Yahweh la otorga”.

Esta explicación es muy oportuna. Y hablando con lenguaje cristiano, diría que la Bendición de Dios tiene valor sacramental. Para entender, pues, lo que quiere expresar el texto sagrado, quizás sea bueno partir del final: Y yo los bendeciré.
La Bendición de Dios es del todo eficaz, como eficaces son los sacramentos.

5. Para entender con precisión el texto es muy importante respetar literalmente las palabras. La Bendición tiene tres miembros dobles, y en cada uno de estos tres miembros hay una palabra esencial: el SEÑOR, en hebreo el Nombre inefable de YAHWEH. No se lo puede suprimir (en la Vulgata solo existe una vez); tiene que estar las tres veces, como ha traducido la Nova Vulgata:
24 "Benedicat tibi Dominus et custodiat te!
25 Illuminet Dominus faciem suam super te et misereatur tui!
26 Convertat Dominus vultum suum ad te et det tibi pacem!".
Y en nuestras traducciones litúrgicas tiene que estar las tres veces; aquí el Nombre del Señor es esencial para la bendición.
Se invoca la primera vez el Nombre y desciende sobre la Asamble santa.
Se invoca la segunda vez y desciende.
Se invoca la tercera vez y desciende.
Esto espontáneamente nos recuerda la triple invocación de Dios en el Bautismo, la triple infusión del agua, o la triple inmersión.

6. En esta Bendición hay un detalle que nos sorprende muy gratamente: que la bendición se derrama sobre toda la asamblea santa (primero en el Templo, posteriormente en las sinagogas, donde también se imparte), y, sin embargo, está redactada no en plural, sino en singular. Todo el pueblo es un sujeto, o, más bien, yo.., yo personalmente soy bendecido por el Señor mi Dios.

7. Y ahora deseo explicar la Bendición de san Francisco (él la tomó de la Vulgata, versión obligada del tiempo).
Nuestras fuentes franciscanas nos relatan cómo nació esta bendición, Fray Tomás de Celano y luego san Buenaventura.
Cuenta Fray Tomás de Celano en su Vita II de san Francisco: “Sucedió al tiempo que vivía el Santo en el monte Alverna. Él permanecía retirado en la celda. Uno de los compañeros (12) deseaba con mucho afán tener por escrito, para que le confortase, alguna de las palabras del Señor, acompañada de una breve anotación manuscrita de San Francisco. Creía, en efecto, que con eso desaparecería, o se aliviaría por lo menos, una tentación molesta -no de la carne, sino del espíritu- que lo atormentaba. Aunque se consumía con este deseo, le daba pavor descubrirlo al Padre santísimo; pero a quien no se lo manifestó el hombre, se lo reveló el Espíritu.
Y así, un día llama el bienaventurado Francisco al hermano y le dice: «Tráeme papel y tinta, porque quiero escribir unas palabras del Señor y sus alabanzas que he meditado en mi corazón». En cuanto los tuvo a mano, escribió de su puño y letra las alabanzas de Dios y las palabras que quiso, y, por último, la bendición para el hermano, a quien dijo: «Toma para ti este pliego y consérvalo cuidadosamente hasta el día de tu muerte». Al instante desaparece del todo la tentación; se guarda el pliego, que después ha hecho prodigios” (2Cel 49).

8. Lo que escribió san Francisco fueron las Alabanzas del Dios Altísimo. Lo escribió de su puño y letra en un pequeño pergamino que hoy se conserva (de 11 x 14 cm). Y en la misma página con tinta roja lo autentificó el destinatario, el Hermano León – “ovejuela de Dios”, le llamón san Francisco (no “león”) – sacerdote de la fraternidad, con el que se confesaba san Francisco: “El bienaventurado Francisco, dos años antes de su muerte, hizo una cuaresma en el monte Alverna, en honor de la bienaventurada Virgen, Madre de Dios, y del bienaventurado Miguel Arcángel, desde la fiesta de la Asunción de Santa María Virgen hasta la fiesta de San Miguel de septiembre. Y se posó sobre él la mano del Señor. Después de la visión y de la alocución del Serafín y de la impresión de las llegas de Cristo en su cuerpo, compuso estas Alabanzas, escritas en el otro lado del papel, y las escribió de su propia mano, dando gracias a Dios por el beneficio que le había concedido”.
Estas son las divinas alabanzas, puro éxtasis de un hombre que como serafín llagado, crucificado, alaba al Padre y a Cristo:

“Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.
Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra.
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector, tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.
Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador”.

9. Al dorso de esta página el hermano añadió simplemente la Bendición litúrgica (como estaba en la Vulgata), pero añadió una línea después de las tres bendiciones:

Dominus benedicat, frater Leo, te
Que quiere decir no “El Señor te bendiga, Hermano León”, ni tampoco; “El Señor te bendiga a ti, Hermano León”, sino
El Señor te bendiga, Hermano León, A TI.
Y debajo de la Bendición, el mismo fray León añadió, también con tinta roja, estas palabras: «El bienaventurado Francisco escribió de su propia mano esta bendición a mí, fray León».

10. Pero hay otro detalle: Francisco dibujó una Tau y junto a la Tau una cabeza, ¿acaso la cabeza de Fray León? Y de nuevo el hermano León, escribió para perpetua memoria esta nota: «De manera semejante hizo de su propia mano este signo Tau, y la cabeza».

11. Y con estos tenemos las claves para interpretar la Bendición.  ¡Qué hermosa es la Bendición de san Francisco recibida desde el Monte de las llagas, desde el Monte Alverna (La Verna)!
No nos importe hacer una exégesis erudita, técnica, de la Bendición aaronítica. Es bendición cristiana y bien la podemos interpretar desde la gracia que Dios nos otorga en su Hijo amado. Y como toda bendición, si procede de Dios, tiene una anchura infinita.
Culminando nuestra reflexión y concluyendo:

1) La Bendición de san Francisco – Bendición de Año Nuevo y Bendición de cualquier día – es una Bendición que procede de las llagas de Jesús Crucificado.
2) Y de las llagas de san Francisco, Bendición del Monte Alverna.
3) En esa Bendición están todas las Alabanzas de Dios. Esa Bendición está en el dorso de las Alabanzas de Dios. Cuando la recibo, yo recibido la Sabiduría de Dios, la Belleza de Dios…, el Bien, todo Bien, sumo Bien.
4) El Hermano León dobló en cuatro partes el pergamino y la llegó sobre su pecho; luego la dejó para la posteridad.
5) Y, al recibir la Bendición, desaparecieron las angustias del corazón.

En alabanza de Cristo y de su siervo Francisco. Amén.

Guadalajara, Jalisco, Año Nuevo (Año Bueno) 2013.

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