sábado, 5 de enero de 2013

340. Reyes Magos: Cristo sale al encuentro del mundo

Homilía en la solemnidad de la

Epifanía del Señor- 2013
Mt 2,1-12



Texto evangélico

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, nos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos  a adorarle.  Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él. Convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni muchos menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Hermanos:

1. El relato de los magos es Evangelio como cualquier otra página del libro sagrado de los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. En este caso, Evangelio según san Mateo.  Es Evangelio, con el carácter específico de Evangelio de la Infancia de Jesús, con su género y estilo, que estudian e investigan los exegetas, especialistas versados en la Biblia: en la lingüística, en las tradiciones, en los géneros literarios.
Y lo primero que cualquier persona madura que escruta las Escrituras se pregunta: Y esto ¿será verdad?
La respuesta obvia, válida para todo el conjunto de la Biblia, es clara: Todo lo que contiene la Biblia es verdad, con la verdad de Dios, que es verdad para la salvación, verdad santificadora. Caso por caso habrá que investigar la verdad concreta que allí se encierra.

2. Recientemente nuestro Santo Padre el papa Benedicto XVI ha escrito un libro titulado “La Infancia de Jesús”. Con este libro cierra la trilogía sobre Jesús de Nazaret, una obra en la que él ha puesto toda su pasión de creyente, y en su ancianidad todo el vigor de un profesional intelectual. Escribe como teólogo, pero también como papa, aunque no ha querido que esta obra fuera un documento pontificio, un documento emitido como tal desde la Sede de Pedro.  A todos los teólogos - incluso a todos los lectores - advertía al principio de esta tarea: “Sin duda, no necesito decir expresamente que este libro no es en modo alguno un acto magisterial, sino únicamente expresión de mi búsqueda personal del “rostro del Señor” (cf. Sal 27,8). Por eso, cualquiera es libre de contradecirme. Pido solo a los lectores y lectoras esa benevolencia inicial, sin la cual no hay comprensión posible” (Jesús de Nazaret, Vol. I, p. 20).
En el  caso de los Magos el papa se muestra partidario de la historicidad básica de estos episodios, tanto de la estrella, como de los magos, como de la sangre de los inocentes, dando a conocer autores y argumentos en pro de una opinión y de otra, citando literalmente a san Juan Crisóstomo: “Que esta no fuera una estrella común, para mí incluso que no fuera siquiera una estrella, sino un poder invisible que había tomado esa apariencia, me parece consecuencia sobre todo de la trayectoria que había tomado. En efecto, no hay una sola estrella que se mueva en esa dirección” (La Infancia de Jesús, p. 103).
Pero esta cuestión técnica sería tema de una clase de exégesis, no precisamente de una homilía.

3. Por eso, vayamos directamente al significado del misterio que, bajo el signo de los Magos, la Iglesia celebra, nosotros celebramos, yo celebro. Al fin yo, en mi singularidad, en mi historia y en mis esperanzas, soy el destinatario del misterio salvador.
¿Qué es lo que celebra hoy la Iglesia? Que Cristo sale al encuentro de las naciones.
San Mateo tiene el gusto de citar la Escritura y ver cómo en la vida de Jesús se cumple lo anunciado por los profetas. Cada episodio de la infancia de Jesús va enmarcado en uno o en varios textos de la Escritura. Aquí cita al profeta Miqueas, según el cual, Belén, la insignificante Belén, ha sido elegida como la patria del Mesías. El Mesías es el Jefe y pastor de mi pueblo Israel. Y a este pastor de Israel han venido los magos de Oriente, porque él es también su pastor.
Con qué orgullo han podido leer todos los hebreos los grandes pasajes de la Escritura que de “Sión saldrá la Ley y de Jerusalén la palabra del Señor”, como dijo Isaías (Is 2). Hoy los magos van a Jerusalén, y los sabios los encaminaron a Belén, a Belén de Judá, porque de Judá vino David, y David nació en Belén.
El que nace en Belén no nace solo para los judíos, para las ovejas de la casa de Israel; nace pastor de todos los pueblos. El Señor dijo a la Samaritana que “la salvación viene de los judíos” (Jn 4.22).
El anciano Simeón lo dijo alzando al Niño en sus brazos y presentándolo ante el mundo, como en un trono:
“Luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo, Israel” (Lc 2,32)

4. La fiesta de los reyes magos se llama en la Liturgia la Fiesta de la Epifanía del Señor, es decir, la fiesta de la Manifestación del Señor.
Este día es fiesta luminosa; la luz se expande por toda la humanidad. En la liturgia suena el mensaje de los profetas:
“¡Levántate y resplandece,
porque llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
 Caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora…” (Is 60,1.3).

5. Como cristianos nosotros confesamos y proclamamos que la Encarnación del Hijo de Dios, es la luz del mundo, luz de todos los continentes, de todas las culturas, de todos los tiempos. No negamos, en modo alguno, la providencia de Dios en todas las religiones, como verdaderos caminos de salvación, de santificación.
Pero sin fanatismo, sin menosprecio, afirmamos que la luz verdadera, la última es la luz de Jesús, el verdadero Hijo por quien se vive.

6. Pero atrevámonos a dar un paso más: La luz del mundo es Jesús, y yo, por mi unión con Cristo, yo soy portador de esa luz. “Vosotros sois la luz del mundo” – nos decía Jesús (Mt 5,14).
Esa luz la tenemos porque se nos ha dado, y la disfrutamos en tanto en cuanto permanezcamos unidos con la luz verdadera que vino a este mundo.

7. Hermanos, la gracia de la Epifanía es esta:
- Recibir nosotros la luz de la estrella surgida en Belén.
- Y, al recibirla, ser portadores de esa luz en el mundo.
Discípulos y Misioneros.
Año de la Fe…
¡Oh Jesús, luz de las naciones, traspasa toda mi vida de tu luz divina, y haz que yo sea, por ti y desde ti, luz para mis hermanos! Amén.

Guadalajara, 5 enero 2013.

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