domingo, 13 de enero de 2013

344. Retiro espiritual en el Año de la Fe, mes de enero



El don de la Fe como vida y vida en abundancia


He aquí unos puntos para un retiro sobre la Fe, originariamente impartido a las Pías Discípulas del Divino Maestro – en Guadalajara, Jal. –, una de las Congregaciones fundadas por el beato Giacomo Alberione (1884-1971), padre de la amplísima Familia Paulina. Pensamos que el contenido puede ser materia de meditación para quien de verdad esté empeñado en el camino de la Fe.


I
Información básica sobre el Año de la Fe

Para un retiro en el Año de la Fe – sea cual sea el tiempo en que se haga – conviene tener como información y soporte la documentación, amplísima, que va emanando de las instancias de la Iglesia universal.
Sin duda que los obispos, en sus respectivas diócesis, van aportando su propia contribución, que debemos conocer.
El Año de la fe, al que ha sido convocada toda la Iglesia, queda enmarcado con tres referencias

Tres referencias convergentes
1.      Porta Fidei es la carta apostólica con la que se convocó, con un año de antelación el año de la Fe. Es el documento fundamental.
2.     50 años del inicio del Concilio Vaticano II (11 octubre 1963) es el motivo que ha suscitado el Año de la Fe. Igualmente se cumplen los 20 años de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica.
3.     Sínodo para la Nueva Evangelización: ha sido el Sínodo celebrado en octubre de 2012, justamente en el ámbito espiritual de la conmemoración de los 50 años del Concilio, que ha marcado una era nueva en la Iglesia.

Decía el Papa en la homilía inaugural del Año de la Fe (11 octubre), en medio del Sínodo de la Nueva Evangelización:
“El Año de la fe que hoy inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, «el que inició y completa nuestra fe» (12,2)”.

Sitio de la Santa Sede creado para el Año de la Fe: Annus Fidei


La santa sede ha abierto un sitio específico como manantial de información en el Año de la Fe.  Es el subsidio de trabajo más abundante que tenemos. Prestemos atención a estos elementos:

1.      Porta Fidei y Documentación aneja de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
2.     Homilía del Papa en la apertura del año de la Fe.
3.     Catequesis del Papa hasta el presente acerca del Año de la Fe. – Las catequesis que ha impartido el Papa en torno al Año de la Fe hasta el presente han sido estas.  Observemos que cualquier catequesis del Papa en el Año de la Fe podría ser, sin más, el tema de un Retiro.

1. El Año de la Fe: Introducción: (17 octubre 2012)
2. El Año de la fe. ¿Qué es la fe? (24 octubre 2012)
3. El Año de la fe. La fe de la Iglesia (31 octubre 2012)
4. El Año de la fe. El deseo de Dios (7 noviembre 2012)
5. El Año de la fe. Los caminos que conducen al conocimiento de Dios (14 noviembre 2012)
6. El Año de la fe. La razonabilidad de la fe en Dios (21 noviembre 2012)
7. El Año de la fe. ¿Cómo hablar de Dios? (28 noviembre 2012)
8. El Año de la fe. Dios revela su «designio de benevolencia» (5 diciembre 2012)
9. El Año de la fe. Las etapas de la Revelación (12 diciembre 2012)
10. La Virgen María: Icono de la fe obediente (19 diciembre 2012)
11.” Fue concebido por obra del Espíritu Santo” (2 enero 2013)
12. “Y se ha hecho hombre” (9 enero 2013)

La finalidad de estas catequesis la expresó el Santo Padre al inicio de las mismas: “En las catequesis de este Año de la Fe quisiera ofrecer una ayuda para hacer este viaje, para retomar y profundizar las verdades centrales de la fe sobre Dios, sobre el hombre, sobre la Iglesia, sobre toda la realidad social y cósmica, meditando y reflexionando sobre las afirmaciones del Credo. Y quisiera dejar en evidencia que estos contenidos o verdades de la fe (fides quae) se conectan directamente a nuestras vidas; exigen una conversión de vida, dando paso a una nueva manera de creer en Dios (fides qua). Conocer a Dios, encontrarle, explorar los rasgos de su rostro ponen en juego nuestra vida, porque Él entra en la dinámica profunda del ser humano.
Que el camino que realizaremos este año nos haga crecer a todos en la fe y en el amor a Cristo, para que podamos aprender a vivir, en las decisiones y acciones diarias, la vida buena y hermosa del Evangelio” (17 octubre 2012).

4.     Diversos bloques de catequesis del Papa sobre la Fe a lo largo de la vida de la Iglesia: 1/ Apóstoles  - 2/ Padres de la Iglesia – 3/ Teólogos del Medioevo – 4/ Mujeres de  Fe – 5/ Oración cristiana.


II
Verdades de fe sobre la misma Fe
Los cinco puntales de la fe
como encuentro y vida

He aquí cinco puntos nucleares, cinco referencias clave, para penetrar y avanzar en el regalo de la fe que el Señor nos concede.

1. Mi Fe es haberme encontrado con Jesucristo
2. Mi Fe es haberme encontrado conmigo mismo
3. La Fe/Confianza de Jesús fue su vida en comunión con el Padre y el Espíritu.
4. Mi Fe es haberme encontrado con la Iglesia
5. Mi Fe es haberme encontrado con el Mundo.


1. Mi Fe es haberme encontrado con Jesucristo

1. Ya no definiremos la fe como la aceptación de un cúmulo de verdades, sino como el encuentro con una persona.
En la homilía del inicio de su pontificado (Roma, Plaza de san Pedro 24 abril 2005), se expresó así Benedicto XVI:

“Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él”.
Este pensamiento pasa a su primera encíclica (Deus caritas est, 25 dic. 2005), en las primera líneas de la misma:
“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.
Y es pensamiento-guía en el Documento de Aparecida (2007).

2. Encontrarse con Jesús es lo mismo que enamorarse de él. Un “enamorado” es
- un iluminado (yo veo en la persona amada lo que “yo” veo, que otros no ven);
- un “entusiasmado”: el conocimiento impregna mi ser entero como dinámica vital;
- un apasionado: ahora hacemos de la vida pasión de amor.
Si penetramos en esta experiencia tan cercana a nosotros, la experiencia de un enamoramiento humano, tendremos una “parábola” para significar – como Jesús se servía de parábolas – para explicar qué produce el enamoramiento de Jesús, en definitiva qué produce la Fe.
- ¿Qué hay que hacer para enamorarse de Jesús?
- Sencillamente: Enterarse de que él está enamorado de mí…
- Pero ¿es que no nos enteramos de que él está enamorado de nosotros, mejor dicho, de mí?
- Pues… parece que no, si yo no estoy loco de amor por él.

3. El análisis de este encuentro nos lleva a matizar otros perfiles. Si el encuentro es total:
- es avasallador, invadiéndolo todo,
- es operativo: la contemplación y la acción se funden en la misma dinámica,
- es permanente: lo que una vez se ha encontrado, de por sí, no admite marcha atrás, porque, al encontrarlo, lo he encontrado todo.

(En el amor humano es genial el soneto de Francisco de Quevedo, 1580-1645, titulado "Amor constante más allá de la muerte", que termina describiendo las cenizas de la tumba: Polvo serán, mas polvo enamorado.
Y tomando vuelo de este versículo final del soneto de Quevedo, y hablando “a lo divino” – como aquellas canciones que componía fray Juan de la Cruz – podríamos batir alas:
Polvo enamorado, Dios mío,
que de polvo enamorado hiciste a Adán, mi padre,
y polvo ardiente, polvo de locura,
son mis anhelos y mis furias,
pues otro polvo no es
en el cosmos que creaste.
Polvo que fue carne
en el cuerpo divino de tu hijo
polvo que fue luz…)

4. El encuentro enamorado es una relación recíproca, de tal forma que si fallara uno de los términos el encuentro enamorado no existía:
- Yo le encuentro a Él,
- porque Él ha salido a mi encuentro y me ha encontrado.
Este fenómeno precedente es el más determinante. Si no existiera, no se daría el encuentro; o lo que llamamos encuentro no sería un encuentro del Todo y para todo y para siempre. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,10).

5. La fe en nosotros es la conjunción operada en este encuentro:
- Dios que despierta al alma,
- y el alma (el ser entero) que se despierta.
El caso de Saulo ha quedado en las sagradas Escrituras como ejemplo emblemático para la Iglesia. De ese encuentro nació toda la teología de Pablo y todo su amor.

 2. Mi Fe es haberme encontrado conmigo mismo

6. No puede pensar el hombre que es lo que él percibe, lo que él vive y proyecta.
El ser humano es “ser y potencia” (ser y potencia de ser); por eso, la misma potencia pertenece al ser. Y así, no es el hombre lo que él piensa de ser, sino lo que Dios piensa de mí y proyecta de mí.

7. En esta perspectiva la antropología humana queda asumida en una antropología divina, que se  nos revela y se nos entrega en Jesucristo.

Tienden, pues, a un encuentro y fusión:
- la fe, que, por principio, nos transciende,
- la experiencia que configura los ámbitos del propio ser.

El camino apunta hacia aquí: que la creencia revierta en la vivencia, sin que la Fe deje un momento de ser fe y oscuridad; y que, de esta manera, la realidad interna de la Fe pase a ser experiencia concreta de la misma Fe.
No somos nosotros dueños de nuestras vivencias. Si la fe es don, igualmente la experiencia de la fe es don; y no somos quien para dictar a Dios, nuestro Padre, lo que debe hacer con nosotros. Es estremecedor el caso de la beata Teresa de Calcuta. Si algún día llego a ser santa, seré la santa de la oscuridad.

8. Sea cual sea la experiencia de la fe que, como gracia, el Señor se digne darnos, sí es cierto que a todo creyente se le concede, por el mismo don de la fe, la gracia de reestructurar la vida de acuerdo a la fe que se le ha dado. Y esto es de primera importancia, porque se trata de reencontrarnos a nosotros mismos en la fe. Reencontrarse que es:
- Tener un cuadro de convicciones firmes, soporte de nuestro psiquismo.
- Tener una tabla de valores para discernir y escoger sabiamente.
- Tener un hábito de comunión con Dios, relación filial, que es nuestra oración constante: La oración es la respiración del amor.
- Tener el sentido de nuestra misión en la vida, como Misión que Dios me confía.
- Aceptar viviendo que Jesús es el iniciador y consumador de nuestra fe (Hb 12,2).


3. La Fe/Confianza de Jesús fue su vida en comunión con el Padre y el Espíritu.

9. Partiendo de la doble naturaleza de Cristo unificadas en una sola persona divina, la teología niega que Jesús tuviera fe. Seguramente que esta teología “ontológica”, siendo verdadera, no nos sirve mucho, porque por sí sola no nos proporciona las claves para entrar en el alma de Jesús, hecho en todo semejante, salvo el pecado.
¿Cómo vivió Jesús su relación con el Padre en el Espíritu Santo? Sabemos, por el Huerto y la Cruz,  que su destino él lo asumió cruzando y gustando la amargura de la muerte, que es un proceso de oscuridad, de dolor, de abandono total sin retorno, de confianza sin fisura en brazos de aquel que podía salvarle.
Diríamos que “anímicamente” el proceso es el correspondiente a lo que pide la Fe.
La fe es seguridad en lo que no se ve, pero seguridad “no viendo” y aceptando el no ver, si bien en ciertos momentos la exultación puede expandir el alma (Lc 10,21). Los “actos psicológicos” de la fe se dieron en Jesús; de otra manera no hubiera podido ayudar a los que necesitamos ser salvados. “Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación” (Hb 2,10).

10. Ciertamente que no podemos desentrañar “psicológicamente” la relación e abandono de Jesús con el Padre, pero sí que podemos ponderar que el sufrimiento interno de Jesús nos marca la ruta para el nuestros.


4. Mi Fe es haberme encontrado con la Iglesia

11. El que de verdad se ha encontrado con Cristo, se ha encontrado con la Iglesia.
San Juan nos enseñó que no se puede separar a Jesús, el Cristo, del Padre. “¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre” (1Jn 2,22-23).
Del mismo modo, no se puede separar a Cristo de la Iglesia, ni a la Iglesia de Cristo.

12. Encontrarse con la Iglesia no es precisamente encontrar una nueva Eclesiología, de las varias que pueden excogitarse, sino encontrarse pura y simplemente con la Iglesia viva y real, de una manera similar a como uno se encuentra con Cristo.
Sin duda que un pensar teológico sobre la Iglesia es un reto para los hombres de Iglesia pensante, para los “pensadores” que van labrando al teología. La Iglesia los necesita para mantener pura la fe.
Se nos aconseja que durante el Año de la Fe estudiemos la Fe, y en concreto:
- Que estudiemos el Catecismo de la Iglesia Católica.
- Que leamos los 16 Documentos del Concilio Vaticano II.
Óptimo consejo, que de ninguna manera ha de caer en el olvido.
Con todo, la gracia de encontrarse con la Iglesia, desde Jesucristo y por Jesucristo, es mucho más que adquirir una bella teología. Es sentirla traspasada en el alma. Y si uno queda cristificado, cuando el Señor le ha salido al paso, igualmente queda eclesializado, cuando la Iglesia le ha vuelto a nacer en el alma.

13. He aquí un testimonio estremecedor: Pablo VI ante la muerte. Escribe así ante la muerte ue se le avecina (Pensiero alla norte; cf. Vatican.va):
“… Por tanto ruego al Señor que me dé la gracia de hacer de mi muerte próxima don de amor para la Iglesia. Puedo decir que siempre la he amado; fue su amor quien me sacó de mi mezquino y selvático egoísmo y me encaminó a su servicio; y para ella, no para otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiese; y que yo tuviese la fuerza de decírselo, como una confidencia del corazón que sólo en el último momento de la vida se tiene el coraje de hacer. Quisiera finalmente abarcarla toda en su historia, en su designio divino, en su destino final, en su compleja, total y unitaria composición, en su consistencia humana e imperfecta, en sus desdichas y sufrimientos, en las debilidades y en las miserias de tantos hijos suyos, en sus aspectos menos simpáticos y en su esfuerzo perenne de fidelidad, de amor, de perfección y de caridad. Cuerpo místico de Cristo. Querría abrazarla, saludarla, amarla, en cada uno de los seres que la componen, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla. También porque no la dejo, no salgo de ella, sino que me uno y me confundo más y mejor con ella: la muerte es un progreso en la comunión de los Santos. …
Y, ¿qué diré a la Iglesia a la que debo todo y que fue mía? Las bendiciones de Dios vengan sobre ti; ten conciencia de tu naturaleza y de tu misión; ten sentido de las necesidades verdaderas y profundas de la humanidad; y camina pobre, es decir, libre, fuerte y amorosa hacia Cristo”.


5. Mi Fe es haberme encontrado con el Mundo.

14. El Nuevo Testamento tiene dos sentidos diametralmente opuestos para la misma palabra: mundo (kosmos).
Dice Juan: “No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo – la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero –, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa y su concupiscencia. Pero el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre” (1Jn 2,16-17).
Y el mismo Juan en el Evangelio: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tanga vida eterna” (Jn 3,16).

15. Volvemos a Pablo VI (¡ojalá que pronto Beato!), que por su delicado humanismo fue un exquisito amador del mundo de Dios. En la misma meditación, arriba citada, escribe:

“… ¿Por qué no he estudiado bastante, explorado, admirado la morada en la que se desarrolla la vida? ¡Qué distracción imperdonable, qué superficialidad reprobable! Sin embargo, al menos in extremis, se debe reconocer que ese mundo «qui per Ipsum factus est: que fue hecho por medio de El», es estupendo. Te saludo y te celebro en el último instante, sí, con inmensa admiración; y, como decía, con gratitud: todo es don: detrás de la vida. detrás de la naturaleza, del universo, está la Sabiduría; y después, lo diré en esta despedida luminosa (Tú nos lo has revelado, Cristo Señor) ¡está el Amor! ¡La escena del mundo es un diseño. todavía hoy incomprensible en su mayor parte, de un Dios Creador, que se llama nuestro Padre que está en los cielos! ¡Gracias, oh Dios, gracias y gloria a ti, oh Padre!
En esta última mirada me doy cuenta de que esta escena fascinante y misteriosa es un reverbero: es un reflejo de la primera y única Luz; es una revelación natural de extraordinaria riqueza y belleza. que debía ser una iniciación, un preludio, un anticipo, una invitación a la visión del Sol invisible, «quem nemo vidit unquam: a quien nadie vio jamás» (cf. Jn 1, 18): «Unigenitus Filius, qui est in sinu Patris, Ipse enarravit: el Hijo unigénito que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer». Así sea, así sea.
… Hombres, comprendedme; a todos os amo en la efusión del Espíritu Santo, del que yo, ministro, debía haceros partícipes. Así os miro, así os saludo, así os bendigo. A todos. Y a vosotros, más cercanos a mí, más cordialmente”.

16. Sí, esta es la escena del mundo reencontrado en Jesucristo, el mundo al que yo, compañero de viaje, quiero servir.
Es difícil compactar esta visión del mundo y los hombres con la violencia infernal a que tristemente nos tiene acostumbrada la prensa. Periódico local de hoy (periódico Mural de Guadalajara, Jal., 12 en 2013): “Padece Jalisco jornada violenta: asesinan a 11”. Una foto: “Los cuerpos de tres personas fueron abandonados en Avda. Inglaterra. Estaban embolsados y dos de ellos decapitados” (en la misma página).
Noticias de este cariz se repiten de continuo, como si una fuerza infernal se empeñara en decir que este es el mundo real…

17. Pero la carta primera de Juan, lectura navideña que hoy concluimos, proclama. “Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1Jn 5,4-5).
Desde Jesús amanece el futuro, solo desde Jesús. Esto es lo que creemos, abrazando todo cuanto de bello y deleitable encontramos en al creación y en la comunidad humana.

¡A Cristo sea el honor y la gloria!

Guadalajara, Jal., 12 enero 2013.

Estos Poemas para el Año de la Fe – aparte del Himno para el Año de la Fe – son los siguientes:
305. Poemas del Año de la Fe 1: Yo creo personal y libremente.
311. Poemas del Año de la Fe 2: Un éxtasis de Dios conmigo llevo.
313. Poemas del Año de la Fe 3: La alegría de la Fe.
315. Poemas del Año de la Fe 4: Tú te revelas y entregas.
317. Poemas del Año de la Fe 5: Quiero anunciar lo que llevo.
321. Poemas del Año de la Fe 6: Por amable beneplácito.
326. Poemas del Año de la Fe 7: El camino de la Fe.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

ESPERO QUE LE HAYA LLEGADO MI MENSAJE DE E-MAIL

Anónimo dijo...

ESTIMADO P.RUFINO: SUS HOMILÍAS SON MARAVILLOSAS, COMO SIEMPRE HAN SIDO Y LO SERÁN. LE ESCRIBO A SU CORREO ELECTRÓNICO A FIN DE ENVIARLE ALGUNA REFLEXIÓN SOBRE LAS MISMAS, COMO HICE EN TIEMPOS PRETÉRITOS (¿RECUERDA?), PERO DESDE QUE ESTÁ EN ESE DESTINO ACTUAL PARECE QUE NO LE LLEGA NINGUNO, COSA QUE ME DESCONCIERTA Y LAMENTO.
CORDIALES SALUDOS. JUAN JOSÉ.

olguita dijo...

Con esta reflexion me ayudo a despejar muchas dudas sobre la Fe,en lo particular me quedo con "LA ORACION ES LA RESPIRACION DEL AMOR" tambien le comento que recorde los que mi maestra me dijo hacerca de la naturaleza:No mamá en la naturaleza no esta Dios solo es la obra que él hizo para recordarnos cuanto nos ama. ¡GRACIAS POR EXISTIR PADRE RUFINO¡

Anónimo dijo...
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