miércoles, 23 de enero de 2013

347. Jesús gozo y ternura de Dios en Nazaret



Homilía en el domingo III del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 1,1-4.; 4,14-21

Texto evangélico
Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
… Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a proclamar el año de gracia del Señor”. Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que le ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”

Hermanos:
1. Como salta a los ojos a todo el que presta atención a este pasaje del Evangelio de san Lucas, la perícopa evangélica seleccionada para este domingo junta dos trozos muy diferentes: Uno es el breve prólogo que Lucas antepone a todo su Evangelio; otro, la escena de Jesús en Nazaret, según san Lucas, el comienzo de la misma, cuando Jesús, después de las tentaciones del desierto, empieza su vida pública de predicador del Reino de Dios.
Lucas es un escritor, que, de no haber sido evangelista, podía haberse dedicado a la literatura, acaso como ocio de su oficio, que, según información de las cartas de san Pablo, era de profesión médico. Hombre culto y sensible, que, como otros ha puesto manos a la obra para escribir la vida de Jesús, y entregar a la posteridad este Evangelio. Las breves líneas son un documento interesantísimo para percibir cómo ha nacido el Evangelio, según lo explicará el Concilio Vaticano II: primero fue el anuncio mismo de Jesús, anuncio vivo que pasa a la comunidad cristiana, y de la comunidad cristiana después de años de sedimentación, pasa al obrador  de un escritor, que se sienta, estudia, selecciona, verifica, y acomoda con su estilo personal el legado sacro que recibe. El intérprete tiene que tener muy en cuenta este proceso para captar con la precisión que pueda una palabra de Jesús en su origen y en su evolución, teniendo presente que esa Palabra es Palabra viva, porque hoy, al escucharla, el Espíritu Santo la fecunda y la actualiza con su fuerza divina.
Explicar todo esto, hermanos, es doctrina para exponer una clase de Sagrada Escritura. Nuestro interés ahora es hacer una homilía, como fue aquella primera homilía de Jesús en la sinagoga de su pueblo sobre un texto del libro del profeta Isaías, capítulo 61.
2. El estilo de Jesús tenemos que aprenderlo todos los predicadores del Evangelio. Un estilo sencillo y vívido, y al mismo tiempo “sacramental”. Sacramental ¿por qué? Porque aquella palabra que tomó Jesús del rollo del profeta Isaías se hizo en sus labios un sacramento, una presencia eficaz, cuando dijo: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír. Hasta entonces estaba sin llegar a cumplirse del todo. Hoy, sin embargo, se ha cumplido. Se ha empezado a cumplir, porque toda mi vida no va a ser sino esto: el mensaje de que Dios ha llegado para los pobres, para los cautivos, para los ciegos, para los oprimidos. Para todos los que quieran recibir gratuitamente la salvación. Hoy se inaugura el año de gracia y de perdón de Dios, que va a durar no doce meses, sino tantos cuantos dure mi vida en esta tierra.
3. Jesús está diciendo que la salvación de Dios, la Buena Nueva de Dios, es año de gracia, es un jubileo como nunca antes lo hubo en la tierra. Todos están invitados, y tienen sitio de preferencia los últimos del mundo:
Los pobres, que como nada tienen en este mundo, miran con esperanza a su Padre Dios, y siendo pobres son, al mismo tiempo, humildes y sencillos. Estos “pobres”, que no tienen importancia, estos desheredados, que no pueden acceder a ningún grado de prestigio, según el escalafón humano, vengan, y reciban gratis la gracia y la alegría de Dios.
Los cautivos, que se sienten enrejados en una cárcel, vengan que la doctrina que yo les entrego es la libertad del corazón. Quedad libres del pecado que os tiene cautivos y gozad de la paz de Dios, de la alegría que nadie os puede arrebatar.
Los ciegos, que camináis a oscuras en la oscuridad del mundo: para vosotros he venido, para daros la luz de Dios, el sentido de la vida, la esperanza que nadie os puede arrebatar.
Los oprimidos, todos los oprimidos por cualquier mal o pesar, venid, porque yo vengo como Liberador.
4. En este programa y misión Jesús se reconoce. Pero hemos de calar hondo en esta su misión, que él no se la ha buscado como un líder contendiente de este mundo, que aspira a una gran conquista. El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido; Él me ha enviado.
Jesús es un Ungido, como Rey Mesías, como Hijo, con la unción suave y perfumada del Espíritu y es enviado. Nazaret, donde tantas veces de niño y de grande había orado y había escuchado las santas Escrituras, tiene esta preferencia de Jesús, porque allí fueron sus raíces. Lo triste es que Nazaret no quiso escucharle; le parecía imposible que un vecino del pueblo pudiera ser lo que él decía que era, con las santas Escrituras de Dios en sus manos.
Toda la obra de Jesús está contenida en esta tarea maravillosa: ser en el mundo la ternura de Dios, la sanación de Dios.
5. Tenemos, pues, ante los ojos el autorretrato de Jesús, que el culto evangelista contempla con supremo deleite. ¿Quién Jesús? ¿El médico de los corazones atribulados? Sí, todas las enfermedades del cuerpo y del alma tienen en él curación.
¿El libertador de todos los encadenados? Sí, toda esclavitud halla en él libertad, porque ha venido a liberar a los cautivos. ¡Cuántas veces había pensado Jesús en estas cosas en sus largas horas de desierto! En el curso de la historia van apareciendo libertadores… El caso de Jesús es eso e infinitamente más que eso, porque él es capaz de liberarnos hasta de las cadenas de nuestros propios pecados, que nadie ha tenido la osadía de proclamar tal mensaje.
6. Lo más importante de todo, hermanos, es tomar el hilo de la proclamación que Jesús hizo en Nazaret y confesar bien alto que eso, precisamente eso, es hoy Jesús para mí.
Jesús, término de todas las profecías, a ti te confieso hoy, en mi vida, como Hijo de Dios, como mi Dios, como mi Salvador. Amén.
Guadalajara, 23 enero 2013.

Como poema espiritual para este domingo, puede verse en mercaba.org: ¡Oh, qué hermosa la Escritura!

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