miércoles, 13 de febrero de 2013

356. Jesús y el Papa Benedicto y el desierto



Homilía en el domingo I de Cuaresma, ciclo C
Lc 4, 1-13
Texto evangélico

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu Santo lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di a esta pierda que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: no solo de pan vive el hombre”.
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo”. Respondiendo Jesús, le dijo: “Está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”.
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito. Dará órdenes a sus ángeles acerca de ti para que te cuiden, y también: te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”. Respondiendo Jesús, le dijo: “Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.
Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Hermanos:
1. Al escuchar hoy el Evangelio – primer Evangelio del inicio solemne de la Cuaresma, las tentaciones de Jesús en el desierto – nuestro corazón está sobrecogido del impacto producido en el mundo cristiano por la renuncia del Papa. Y creo que esta impresión no habrá que echarla fuera, como un pensamiento malo o inoportuno, para pensar solo en las tentaciones de Jesús en el desierto, en las tres tentaciones de Jesús, así clasificadas por los Evangelio de Mateo y de Lucas. Acaso las dos situaciones tengan algo que ver mutuamente y las dos, en armonía, nos transmitan un mensaje.
El evangelista san Lucas, para encuadrar el sentido del episodio del desierto y las tentaciones, ya en las dos primeras líneas menciona por dos veces al Espíritu Santo. Hemos escuchado: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu Santo lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo”.
No se trata de una representación mítica de lo ocurrido en aquel desierto duro de Judea, que hoy se puede visitar, una escena sin testigos; sino que se trata de una representación espiritual que toca a nuestra fe:
- Jesús está lleno del Espíritu Santo;
- Jesús es llevado por ese mismo Espíritu al desierto del combate.
El Espíritu es, pues, el primer protagonista; el segundo es Jesús.
Y en este cuadro está el diablo, seductor y aparentemente fuerte, pero él no lleva las riendas de la historia.
El demonio es derrotado, machacado por las palabras de Jesús, que combate con las palabras de las sagradas Escrituras.

2. En un sentido moralizador, que como catequesis tampoco hay que excluirlo del Evangelio, las tres tentaciones apuntan a las tres tentaciones que puede tener un cristiano. Más hondamente nosotros podemos ver aquí una reproducción del estado del paraíso: Adán sucumbe ante la tentación; Cristo sale victorioso.
Y su victoria – sigue la penetración de nuestro pensamiento místico – es la nuestra. Por tanto, si Jesús nos asumía en su victoria, por la misma razón y en el mismo grado Jesús nos asumía en su tentación. En suma, estábamos allí como tentados, estábamos allí en la tentación, en todo solidarios con Jesús, por una realidad que sobrepasa a la experiencia, que es la realidad del Cuerpo Místico.

3. Pero les decía, hermanos, que el corazón se halla como embargado tras la noticia de la renuncia del Papa, que nadie lo esperaba. Cayó como un rayo en el cielo sereno, le decía el Cardenal Decano del Colegio Cardenalicio al pronunciar un breve discurso de respuesta. Los que de verdad sienten con amor a la Iglesia – y no dudo que quien escucha esta homilía pertenece a esa grupo que ya san Juan, al principio del cristianismo, llamaba “los nuestros” – hemos admirado, estupefactos, la valentía, la humildad, la verdad de este gesto que engrandece al humilde y sabio Papa Benedicto. Del corazón han brotado hermosos sentimientos que hemos compartido:
La Iglesia te dice Gracias,
santo Papa Benedicto,
por tu humildad y verdad,
siervo fiel de Jesucristo.

Hemos sentido una sensación de orfandad.
Cual huérfanos de repente
así nos hemos sentido;
en los ojos se veía
y en el pecho contenido,
y de pronto – sin pensarlo –
más católicos nos vimos.
Y ¡cuánto amor soterrado
se ha despertado al oírlo!


(Para estos versos, véase la entrega anterior: 355. Gracias al Papa Benedicto - Poema yoración de gratitud).
 

4. Recapacitando sobre lo que ha sucedido uno puede volver a las graves palabras que el Papa pronunciaba, habiéndolas escrito primero en latín y leyéndolas ante los Cardenales presentes en el consistorio, como un documento de Iglesia. Decía así:

“Queridísimos hermanos,
… Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando”.
Estas palabras nos resultan iluminadoras para meditar. ¿Cómo se sostiene la Iglesia de Jesús? Con cuatro firmes pilares que asegura el Espíritu Santo:
- la Palabra
- la acción
- el sufrimiento
- y la oración.
Si la Iglesia fuese una organización, funcionaría con la palabra y la acción. Un buen gobernante debe ser un hombre de palabras y de acción. Eso es necesario, y, con todo, el Papa sigue diciendo que hay algo más importante: el sufrimiento y la oración.

5. El Papa está convencido de que su decisión será un bien para la Iglesia. Muchos dirán: Todo cambio es bueno; es un refresco de vida. Pero sea cual sea el vigor, la orientación que dé el Papa que venga antes de la Pascua, lo que sí es un bien incalculable para la Iglesia es el testimonio de transparencia, de lealtad, de fidelidad que representa esta renuncia.
Oía un comentario que comparto al cien por cien y de corazón: El Espíritu guía a la Iglesia. Es verdad.

6. Y tornamos al Evangelio de hoy al iniciar la Cuaresma. ¿Qué es la Cuaresma? La Cuaresma es un desierto luminoso, un desierto que nos lleva a la intimidad con Dios, un desierto para gustar que Dios es Padre y nosotros somos hijos.
El Papa entra ciertamente en un desierto. Que este desierto sea un oasis de paz, de consuelo espiritual, de dulces confidencias con Dios. Que sea un desierto benéfico para esa otra desertización espiritual, de deterioro de la fe, que está padeciendo en muchos lugares la Iglesia, desertización de que hablaba el Papa al abrir el Año de la Fe.

7. Hermanos, vayamos con Cristo, el iniciador y el consumador de nuestra Fe. Él es guía. No hay camino de la Iglesia – ni gozo ni dolor – por el que primero no haya transitado él.
Jesús, tú eres nuestro misterio cuaresmal, que desemboca en el misterio pascual. Por la cruz a la luz. Recibe nuestras penas y todo el dolor del mundo, como Cuaresma agradable al Padre, por ti, que por el Espíritu venciste todo mal. ¡A ti el amor y la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 12 febrero 2013.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias padre Rufino por esta hermosa homilía, este material me ayudará para el retiro que tendremos el lunes reciba un abrazo y mi oración, fraternalmente Sor ma. Guadalupe Maldonado (Hnas. capuchinas de acámbaro

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