miércoles, 20 de febrero de 2013

358. Transfiguración de Jesús, transfiguración de los cristianos



Homilía  en el domingo II de Cuaresma, Ciclo C
Lc 9,28-36

Video grabado en el parque público de Rinconada Santa Rita, Zapopan-Guadalajara


Texto evangélico
Unos ocho días después de estas palabras, tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús:
- “Maestro, qué bueno que estemos aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
No sabía lo que decía. Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía:
- “Este es mi Hijo, el elegido: escuchadlo”.
Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo.
Ellos guardaron silencio, y, por aquellos días, no contaron a nadie de lo que habían visto.

Hermanos:

1. La marcha de la Cuaresma, peregrinación espiritual hasta al Pascua del Señor, marcada por seis etapas, tiene todos los años el mismo punto de arranque, para abrir el rumbo: el primer domingo son las tentaciones de Jesús en el desierto; en el segundo, el escenario cambia del todo: Jesús en la Transfiguración, en un monte alto y hermoso. Pero entre las dos escenas hay un punto que las une en lo más profundo: la oración. Jesús fue al desierto a orar; Jesús fue al monte a orar.
Tengamos bien claro esto, hermanos, como una verdad del catecismo: Jesús no subió al monte a transfigurarse. No, Jesús subió al monte a orar. La transfiguración fue un evento que Dios estaba haciendo en su Hijo, para que experimentase humanamente la belleza de la filiación divina, en comunión y en alta intimidad con el Padre y el Espíritu.
Jesús fue, pues, al monte para orar. Lo ha remarcado el evangelista san Lucas.

2. Y llevó a tres de sus discípulos, tres elegidos, los mismos que un día en el Huerto de los Olivos, tomándolos de entre los once se separó con ellos en una especial compañía.
Y ¿para qué los llevó, hermanos? ¿Para que vieran el espectáculo divino que iba a acontecer y estuvieran preparados para la hora de la prueba?
No pienso que la exégesis pueda dar esa respuesta. Los llevó para que orasen con él por la misma causa y con toda la fuerza que pudieran. En el Huerto de los Olivos los llevó porque los necesitaba como apoyo. Aunque no se percibe que la circunstancia y la motivación fueran aquí la misma, quizás no estemos lejos de la verdad si decimos cosa parecida. Jesús los llevó como apoyo de su propia oración.
Si hoy dijéramos que Jesús necesita de mi oración, parecería que estamos haciendo una teología sentimental. Pero no es ninguna vana emoción el decir que hoy Jesús me está esperando y que hoy Jesús quiere contar conmigo, que Jesús me necesita. Hablar con este lenguaje es entrar muy profundo en lo que es una comprensión del Cuerpo Místico de Jesús.

3. Tornando al primer pensamiento, digamos que Jesús fue al monte para orar. Acaso fue en un momento álgido de su vida, cuando el entusiasmos popular había amainado y se iba reconcentrando el grupo de los discípulos. En todo caso, ya Jesús había comenzado a hablar claramente de su Pasión. Al tiempo que escribo y pronuncio esta homilía pensando en el domingo II de Cuaresma, es bueno recordar un suceso de todos los años. La primera semana de Cuaresma la dedica el Papa a orar, a hacer los Ejercicios espirituales anuales, invitando a todos los que trabajan en la Curia.
Un cardenal, el Cardenal Gianfranco Ravasi, les está dirigiendo las pláticas al día, tres pláticas al día.  
(Pasados los Ejercicios vamos a poder leerlas íntegras en Internet. Ahora solos e va dando unos puntos y un resumen de estas meditaciones).
Para abrir estos días de retiro, les dijo que iba a hablar de la oración: El arte de orar, que es el arte de creer (Ars orandi. Ars credendi), y que se iba a apoyar en los salmos, para ver en ellos el rostro de Dios y el rostro del hombre. ¿Qué es orar? Lo explicó con cuatro palabras:
- Orar es respirar.
- Orar es luchar.
- Orar es pensar.
- Orar es amar.
Hermanos, conclusión de todo: que la Cuaresma es, por encima de otra cosa – por encima de hacer penitencias, por encima de dar limosna (que son obras cuaresmales) – … que la Cuaresma es para orar, para detenerse en la vida y cultivar lo más importante: el trato con Dios, que debe impregnarlo todo. Vivir bien la Cuaresma es adentrarse en el corazón de Dios.

4. Veamos ahora qué pasó en la oración de Jesús. Dos cosas ocurrieron, según las cuenta san Lucas, y de modo semejante Mateo y Marcos:
- Una, que su ser humano y real, su cuerpo, su alma, sus vestidos, se llenaron de luz. No era una luz añadida, venida del sol o de un foco. Era una luz que salía de dentro, porque realmente estaba dentro. Su ser apareció en lo que verdaderamente es: luz. Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna, dice san Juan en su primera carta (1,5). Pues también el ser humano por dentro es luz, es decir, es belleza, armonía, deleite. Dios es luz y el hombre, participando de Dios como imagen y semejanza suya, es luz.
- Y segunda cosa que pasó: que de pronto se vieron dos hombres con Jesús, dos hombres luminosos como él, dos hombre “en gloria”: eran Moisés y Elías, que era como decir el resumen de toda la historia de Dios en el Antiguo Testamento. Y lo mismo, nos preguntamos: ¿Dónde estaban estos hombres glorificados? ¿De dónde vinieron? Y la respuesta es la misma: Vinieron de dentro. Vinieron del corazón de Jesús, porque allí estaban. Y nos atrevemos a hacer una correspondiente aplicación: todo cristiano lleva la obra de Dios, la historia de Dios, en su propio corazón. Las páginas de la Biblia habitan en mí, si yo vivo en comunión con Dios. Por eso la Iglesia va desgranando la Palabra de Dios a lo largo de su historia en medio de los hombres.
Esos momentos intensos que estamos viviendo con la despedida de nuestro querido y queridísimo Papa Benedicto XVI son también la historia de Dios con nosotros, que vamos asimilando.

5. Hay otro detalle clave en este relato de san Lucas. Allí se nos dice que conversaban con él, y que hablaban de su éxodo que se iba a cumplir en Jerusalén.
El Éxodo de Israel había sido la liberación de Egipto y la conducción del pueblo hasta el Sinaí, monte de la Alianza, y hasta la Tierra Prometida. El Éxodo de Jesús es conjuntamente la muerte en Cruz y la Resurrección, y lo que pasó con estos acontecimientos: la venida del Espíritu y el arranque de la Iglesia en el mundo.
Jesús hablaba con ellos de su Éxodo.
A propósito, hermanos, el libro de Éxodo es el libro más característico que lee la Iglesia en Cuaresma.

6. Y se nos dice además  que los tres apóstoles, cuando se despertaron de aquel letargo que les había invadido, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Todos estos pensamientos que el Espíritu Santo hará germinar en el corazón de cada uno, nos lleva una conclusión: La Trasfiguración es el modelo, el camino, la realidad de mi propia Transfiguración. Yo, cristiano, he nacido para esta Transfiguración que se ha de operar en mí a través de la comunión con Dios y de la oración. Yo, cristiano, estoy destinado a ver la gloria de Cristo y ser transformado – por la fe y ya desde ese mundo – en esa gloria que contemplo.
Señor Jesús, que ha puesto en el corazón de los hombres, en mi propio corazón un deseo de belleza infinita y de inmortalidad,
déjame contemplar tu gloria;
transforma mi vida con tu pureza
y en mi vida cambiada y transfigurada
veré la belleza de tu divino rostro. Amén.

Guadalajara, Jalisco, miércoles I semana de Cuaresma, 20 febrero 2013.



Sobre la Transfiguración puedes consultar, en este mismo blog, las diversas homilías y reflexiones puesta el año 2012, con la referencia a los poemas de oración



196. Transfigurado (1): Jesús hombre, mi divina hermosura.

197. Transfigurado (2): La conversación de Elías y...
199. Transfigurado (3). La luz tabórica del rostro...      
200. Transfigurado (4) Escuchadle: La Biblia, luga...                                                   
201. Transfiguración (5). Los ecos del silencio
202. Transfiguración (6) – ¡Escuchadle!
  
TE INVITO (A) UN CAPUCHINO  es un programa de entrevistas a diversos ehrmanso capuchinos que dirige el hermano Néstor Wer desde México (capuchinos.org), entrevistas en vivo de computadora a compuradora. En el día 22 de febrero, Cátedra de San Pedro, me ha entrevistado a mí. Es una entrevista que dura 62 minutos. Si te interesa puedes pinchar al siguiente título: Entrevista a Fray Rufino María Grández.

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