viernes, 1 de marzo de 2013

363. Conversión - Dios en el corazón de la vida



Homilía  en el domingo III de Cuaresma, ciclo C
Lc 13,1-9

Texto evangélico
En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió:
“¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo eso? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.
¿O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”.
Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?” pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante; si no, la puede cortar””.

Hermanos:

1. Hemos llegado al tercer domingo de Cuaresma, tercera etapa de un itinerario que tiene seis etapas, seis semanas, la última de las cuales es la Semana Santa, coronada por el Triduo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. El domingo de Resurrección este año cae tempranamente en el día 31 de marzo. Tercera semana, después de haber compartido en la primera la oración y la tentación de Jesús en el desierto, y la segunda la oración y la transfiguración de Jesús en el alto monte, que se suele identificar con el monte Tabor.
La tercera, la cuarta y la quinta semana nos brindan grandes temas de la vida cristiana, siempre con las tres lecturas. La primera de ellas, del Antiguo Testamento, es un recorrido de la Historia de salvación del Antiguo Testamento, fijándonos en etapas y personajes: Adán en la primera, Abraham en la segunda, Moisés en la tercera, que es donde nos encontramos.
Tercera semana, que la Iglesia la está viviendo en esta circunstancia peculiar de la Sede Vacante, tiempo de oración y discernimiento para la elección de quien haya de ser el nuevo sucesor de Pedro en el conclave, cuya fecha (indica el decano del Colegio Cardenalicio, 1 marzo 1203) se decidirá colegialmente cuando hayan llegado a Roma todos los cardenales electores, a partir del próximo lunes (4 de marzo). Todos los cristianos estamos invitados a orar a Dios, nuestro Padre, con plena confianza. La oración de los humildes atraviesa las nubes y Dios la escucha.

2. Entremos directamente en el Evangelio abriendo el corazón para experimentar cómo Dios llega hasta mí a través de sus palabras. Una peculiaridad única de este pasaje, transmitido por san Lucas y solo por él, es que Jesús con sus palabras comenta dos episodios de la crónica de aquel tiempo, sucesos de los cuales ha hablado la gente: una matanza de judíos que ordenó el procurador Poncio Piloto, y una desgracia de un edificio que cayó y mató a 18 personas.
No sabemos ni por otros textos del Nuevo Testamento ni por la literatura judía o romana cuál fue este triste episodio del asesinato de esos galileos, ni cuantos fueron. Lo que sí sabemos por las fuentes judías es que Pilato fue un sanguinario. Jesús, que se sentía galileo por haber vivido en Nazaret, podía sentir el hervor de la sangre, y salir a la defensa de aquellas víctimas, gentes de su propia tierra. Jesús no hace esta consideración patriótica.
Ese mismo Pilato un día dará sentencia de la muerte de Jesús. Jesús reflexiona de otro modo: una muerte es una condena por parte de alguien, sí...  Pero “¿pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo eso? La forma de preguntar incluye la respuesta, que Jesús la saca a flote: Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”.
Sin conversión, todos sois reos de muerte, dice Jesús a los que le escuchan, que en aquella ocasión, seguramente, son la mayoría galileos.

3. Otro caso, no diremos de la prensa diaria, porque entonces no habría prensa, sino de la crónica y del comentario de la gente. Se había derrumbado una torre de Siloé, que no sabemos de qué se trataba – probablemente alguna torre de la muralla junto a la piscina de Siloé – y había matado a 18 personas, justamente a dieciocho.
¡Castigo de Dios! ¡Ay si les cogió la muerte en pecado mortal…! No es esa la reflexión que hace Jesús. Como predicador de Dios, como anunciador de la presencia de Dios en la vida, dice y proclama: y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”.

4. ¿Qué están diciendo estas palabras de Jesús? ¿Nos quiere presentar a todos ante un Dios terrorífico que, a nada que nos descuidemos, nos puede mandar al infierno? No es ese el Dios de Jesús, porque no es ese el Dios de la Biblia, el que se apareció a Moisés, pastor del rebaño, en el monte Horeb. El Dios que se apareció a Moisés, según se proclama en la lectura de hoy, del libro del Éxodo, es éste:
- “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto
- y he oído sus quejas contra sus opresores;
- conozco sus sufrimientos.
- He bajado a librarlo…” (Ex 3,7-8).
Ese es el Dios de Jesús, el Dios de nuestra fe. Es el Dios de la presencia y de la compañía. El  que ve, el que oye, el que conoce, el que baja. A ese Dios podemos rezar todos, como reza el salmo: ¡Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo…! Mi alma tiene ansia de ti… (Salmo 62). Ese es el Dios de las santas Escrituras, el Dios de la historia de la salvación. Si Dios no es compañía del hombre, echémoslo fuera, porque ese no es Dios.

5. Entonces, este lenguaje duro de Jesús ¿qué significa? Jesús nos habla de la conversión a Dios; y, por tanto, de la soberanía de Dios, que debe ser el auténtico horizonte de nuestra vida en todas las decisiones. ¿Dios estaba en la muerte de aquellos Galileos, asesinados por Pilato? Sí, Dios estaba allí, Dios no la aprobaba, pero Dios nos estaba diciendo que todos los seres humanos estamos bajo su soberanía y que tendremos que dar cuenta a él de nuestros actos. Todos tenemos que convertirnos a Dios. Todos tenemos que volver el rostro y el corazón a Dios, para decirle: Oh Dios, tú eres mi Dios, y toda mi vida es tuya. Y como es tuya yo quiero emplearla para lo que tú quieres.

6. Hermanos, estos es la santa Cuaresma: Conversión, oración, comunión con Dios y con los hermanos. Ese es el programa.
Y con ese programa llegaremos un día a nuestra muerte para recibir el abrazo de Dios. Todos los días de nuestra vida hemos de permanecer con el rostro vuelto hacia Dios, que esto significa conversión – volverse a él, mirarle a él, y desde él mirar al mundo – todos los días de nuestra vida hemos de rezar el Padre nuestro, para clamar: Padre, envía tu reino, haz tu voluntad en medio de nosotros, con nuestra propia colaboración.
Hermanos, éste es el mensaje; esta es la Cuaresma. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 1 marzo 2013.



Cántico de conversión y comunión
al eco de Lc 13,1-19,
para la santa Eucaristía

1. Con mis ojos convertidos
a tu rostro inmaculado,
guárdame siempre, piadoso,
por tus ojos custodiado.

2. Mi presente es tu presencia,
mi pasado en ti saldado,
mi futuro, dueño mío,
eres tú, Resucitado.

3. Peregrino cuaresmal
siempre de amor insaciado,
anhelando siempre el más
que en mi pecho tú has sembrado.

4. Mi conversión permanente
la quiero como mi estado,
y estarme amando sin tregua,
sabiéndome siempre amado.

5. Soy fruto de tu paciencia,
latido de tu costado,
y he de ser tu triunfo un día,
muriendo en ti confiado.

6. Tú eres mi Dios inmanente
y me siento enamorado,
mi conversión es tu paz
y el perdón me ha alimentado.

7. Es la santa Eucaristía
lo que viene ya llegado,
y tu cuerpo en sacramento
el abrazo deseado.

8. Mi Jesús, Palabra eterna,
Evangelio sustanciado,
yo te adoro y me profeso
siervo en hijo transformado.

Guadalajara, 1 marzo 2013.
 
Para el conjunto de nuestros Himnos de Cauresma, ir a mercaba.org: Rufino María Grández / El pan de unos versos / Año litúrgico / Cuaresma.

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