domingo, 3 de marzo de 2013

364. Retiro en medio de la Cuaresma



Retiro en medio de la Cuaresma
al latido de la Iglesia en Sede Vacante


Preámbulo

Contexto y finalidad de este retiro
1. Un retiro en Cuaresma de algún modo tiene que ser un retiro desde la liturgia, inserto en la órbita de la liturgia. Día a día la liturgia es el “tic-tac” de la Iglesia, hic et nunc, y en su propio contexto vital. La liturgia es el “medio vital” de la Iglesia, de la comunidad cristiana. No podemos salirnos de ella, pues la liturgia, vivida en su intimidad, es la “dirección espiritual” de la Iglesia; por tanto, la dirección mía. (No hablamos de un liturgismo erudito; hablamos de la celebración diaria de la Eucaristía y de la Liturgia de las Horas como sencillo camino de vida de una comunidad celebrante).
2. La vida de la Iglesia y del mundo es nuestro hábitat, donde Dios sale al encuentro. Como de una manera más inmediata la vida de mi comunidad (acaso una comunidad de personas consagradas), de mi parroquia, de mi entorno… es mi “Sitz im Leben” donde yo me desenvuelvo, donde yo busco, donde yo encuentro.
3. Pero hay algo más profundo y definitivo, que es mi propio Yo, la circunstancia vital por la que estoy pasando. En este sentido, si un retiro espiritual tiene un “tema”, tal temática es puramente “externa”: el tema de mi retiro es siempre el mismo, mi encuentro con el Señor, mi respuesta de fidelidad a la revelación con la que él se me manifiesta.
4. Una circunstancia específica. La renuncia del Papa Benedicto XVI es un hecho del todo singular, que ha producido un enorme impacto eclesial y social – y sin duda que íntimamente personal – cuyas consecuencias eclesiales y eclesiológicas hoy no las podemos calibrar. En medio de la Cuaresma, lo que suscita y provoca este gesto nos lleva a múltiples implicaciones, que, al final, interpelan mi fidelidad a Cristo en el seno de su Iglesia, mi puesto en la Iglesia, mi misión en orden al Evangelio.

I
La herencia de un pontificado, que ha sido parte de mi vida

1. La renuncia al ejercicio del ministerio petrino, vista no como un acto jurídico-administrativo, sino como un acto teologal y eclesial
1. El Derecho Canónico, hablando de la constitución jerárquica de la Iglesia, prevé la posible renuncia del Papa, cuando legisla: “Si el Romano pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifiesta formalmente, pero no que sea aceptada por nadie” (CIC 332,2). Es una renuncia que podríamos llamar canónica y administrativa.
De forma absolutamente inesperada, el día 11 de febrero, ante el consistorio ordinario de cardenales, el Papa Benedicto XVI manifestó “formalmente” su renuncia, que llevaba a cabo “con plena libertad”.
“…Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.
Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice” (11 febrero 2013).

2. Esto fue un acto jurídico administrativo, de acuerdo a Derecho. Pero evidentemente este acto tiene su contenido espiritual – teologal y eclesial – que le da su genuina configuración, su verdadera realidad ante Dios y ante la Iglesia. ¿Cuál es esta? Para analizar decisión disponemos de un conjunto de elementos objetivos

- Un acto fruto maduro de un proceso de discernimiento, de un itinerario espiritual. No ha sido un acto repentino ni de última hora, sino un acto al que ha precedido un largo discernimiento. El discernimiento se ha operado: ante Dios, ante mi conciencia, y reiteradamente
En el discernimiento entra en juego cuatro elementos que requiere el ejercicio de este ministerio: obras, palabras, sufrimiento (no en menor grado), y oración (no en menor grado)
Para poder actuar plenamente con obras y palabras, sin duda se requiere “vigor tanto del cuerpo como del espíritu”. El Papa se siente falto de ese vigor necesario. Toma esta decisión sin que ello cuestione que otra persona, en semejantes circunstancias, pudiera optar de modo contrario. Es obvio que Juan Pablo II estuvo en peores circunstancias físicas y no llegó a semejante decisión personal. No podemos traspasar la frontera de la propia conciencia personal.
Cuando alguien no acepta un cargo para el que se le pide el consentimiento, no está obligación a manifestar las razones de la no aceptación. Y cuando uno renuncia legítimamente a un cargo, si está en facultad de hacer la renuncia, tampoco está obligado a manifestar las razones que motivan dicha renuncia.
Si libre y espontáneamente las ha manifestado, se deja entender que tales razones son las verdaderas, y que no son las razones aparentes, secundarias, que sirven de tapadera o camuflaje a las verdaderas, las cuales serían, en la opinión adversa, el desagrado y la impotencia ante los problemas tanto de la Iglesia universal como de la Curia Romana. En este caso la renuncia se interpreta como una rendición, o como una retirada. Nada de esto asoma en las palabras del Papa.

- En esta perspectiva la renuncia es un acto de fidelidad, un paso hacia adelante no una marcha atrás. Ahora nos situamos no es una perspectiva de una concepción jurídica de la Iglesia, sino de una consideración espiritual. Con ello tocamos una realidad más profunda de la Iglesia, en la cual resplandece más la soberanía de Cristo y la obediencia del hombre a Cristo. La renuncia de Benedicto XVI es un acto de obediencia a Cristo, que está gobernando a su Iglesia. En este sentido han ido las sucesivas manifestaciones de Benedicto XVI.
ü «La verdad es bella. Y la verdad y la belleza caminan juntas. El sufrimiento y la corrupción son el mal de este mundo» (En la despedida a la Curia Romana, 23 de febrero)
ü «Si Dios me pide esto, es para que pueda continuar sirviendo a la Iglesia con la misma dedicación y el mismo amor con que he tratado de hacerlo hasta ahora, pero de un modo más adecuado a mi edad y a mis fuerzas». (domingo 24 de febrero, en el Ángelus ante la plaza de San Pedro).
ü «No regreso a la vida privada ni abandono la Cruz». (Última audiencia general, el 27 de febrero en la plaza de San Pedro, ante unas 150.000 personas).
ü «Entre vosotros está el futuro Papa, al que prometo reverencia y obediencia incondicionales». (28 de febrero por la mañana en el acto de despedida a los Cardenales. Un periodista comenta que el Papa “corta de raíz cualquier duda sobre el hecho de que hay un solo Papa al frente de la Iglesia”).
ü «Soy un peregrino en la última etapa de su viaje en esta tierra». (Desde el balcón del palacio de Castel Gandolfo, 17.40 del 28 de febrero. Palabras finales de Benedicto XVI como Papa),  
La situación canónico-espiritual del Obispo Emérito (tal es el título que le otorga la Santa Sede) está configurada en el Directorio de los Obispos “Apostolorum Successores” (22 febrero 2004). Y quizás lo más importante que se dice teológicamente del Obispo dimisionario es esto. “Derechos del Obispo emérito con relación a la Iglesia universal  El Obispo emérito sigue siendo miembro del Colegio episcopal “en virtud de la consagración sacramental y de la comunión jerárquica con la cabeza y miembros del Colegio”. Tiene, por lo tanto, el derecho de ayudar al Romano Pontífice y de colaborar con él para el bien de toda la Iglesia. Además, tiene el derecho de participar en el Concilio Ecuménico, con voto deliberativo, y de ejercer la potestad colegial dentro de los límites establecidos por la ley.” (229a).

2. La renuncia del Papa vista desde otras instancias
1. Ante la renuncia de Benedicto XVI la gran mayoría – de lo que se sabe – del mundo católico – ha sido de admiración y de alabanza, al mismo tiempo que de sentimiento por ser una persona profundamente amada. Y en concreto, ¿qué es lo que podemos apreciar?
* La absoluta lealtad y responsabilidad.
* La transparencia de su gesto con el amor insobornable a la verdad; clarividencia ante la verdad; coherencia con su sentir cristiano.
*  La humildad y la valentía al dar este paso, el desapego de toda ambición humana.
*  La confianza en Dios, seguro de que Dios parveará en un momento inédito.
* El amor a la Iglesia como motor y justificación de esta decisión.
*  Y en consecuencia de todo ello, la ejemplaridad que deja a toda al Iglesia.
Pensar en otras motivaciones espurias no cuadra con la trayectoria de este hombre de Dios. Yo, creyente, abierto por lo demás a otras formas de pensar sin esclavizarme de las mismas, tengo este testimonio interno que me fortifica. La renuncia del Papa deja una impronta histórica para bien de la misma Iglesia.
2. Desde otras laderas aparecen otras interpretaciones de esta noticia que, al producirse, es una noticia de ámbito mundial. La sorpresa excita la curiosidad, y de la curiosidad, según los medios receptores fácilmente se pasa a las cábalas y a la intriga. Los comentarios se han multiplicado con firmas muy destacadas en el mundo eclesiástico (Hans Küng, Leonardo Boff), incluso eminentes en el mundo de la cultura (Nobel Vargas Llosa). En periódicos de cierta hostilidad a la Iglesia (tal El País, en España) los comentaristas de asuntos religiosos (Juan Arias, Miguel Ángel G. Bedayo) son muy duros al relacionar la renuncia con el estado actual de la Iglesia Católica. Diferentes son los comentarios en diarios de raigambre católica (ABC).
No hay que cerrarse a voces que nos hieren, pero con la misma lealtad científica hemos de afirmar que un periódico, con la expectativa de los lectores a los que sirven los periodistas, no es el foro más adecuado para acceder al examen de una realidad eclesial. A veces estos análisis proceden de personas de aguda inteligencia que un día ejercieron el ministerio sacerdotal y luego se retiraron, opción que respetamos pero que habrá que ver si no está obrando soterradamente en la visión que uno obtiene. Muchas veces se nota un poso de resentimiento. Y un hermeneuta sabe que si la verdad no camina con el amor, nunca acabará de ser verdad del todo.
II
La Iglesia de Jesús en esta hora
Yo, cristiano, como enamorado de la Iglesia, que es mi patria y familia, puedo tender una mirada panorámica a la Iglesia que, lanzada por Jesús, camina por el mundo. La Iglesia en dos mil años de andadura hace historia, historia humana, con grandezas y miserias como es propio de los humanos. Y jamás podrá escindirse de la historia con la que comparte la marcha. A esta altura podemos mirar a la Iglesia y discernir los ideales que en ella bullen, que lo interiorizo y personalizo como algo mío.

1. La Iglesia en su unidad interna
* Una Iglesia venida del tronco y savia de Israel, definitivamente marcada por la impronta que le han dado los escritores del Nuevo Testamento, todos ellos judíos. Israel siempre será la deuda primera de la Iglesia. Pablo lo sintió de una manera increíble, hasta expresiones fuera de razón pero “en el Espíritu Santo” (Rom 12,1): que “desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne” (v. 2). La Iglesia de Jesús, ayer y hoy, es la Iglesia de Israel.
* Una Iglesia, cuya necesidad primera ha sido y es la unidad de quienes creemos en Cristo y en el Evangelio, “para que el mundo crea” (Jn 17): unidad de Oriente (Ortodoxia) y Occidente, unidad dentro del mismo cuerpo, roto hace cerca de cinco siglos.
2. La iglesia abierta a todas las culturas y hoy llamada a una evangelización nueva.
*  La Iglesia, que se apagó en antiguas cristiandades (África), es una Iglesia que ha emigrado, y la parte más fuerte está en América, fruto de la antigua Misión de la Iglesia.
*  La Iglesia que se ha visto como Iglesia joven en África, que es esperanza nueva.
*  La Iglesia que se abrió a Asia, de donde acaso venga el futuro de la Humanidad.
3. La iglesia abrazando al mundo
*  El mundo no es otra cosa sino la patria de la humanidad, y en el mundo están las Religiones, que la Iglesia debe mirar con respeto, como un hermano mira con respeto a otro hermano, aunque sus caminos hayan sido distintos. La vocación humana, sin más, es fraterna y universal.
*  La Iglesia de Jesús, desde el legado que de él ha recibido, quiere escuchar, acompañar, iluminar. Y esto no es “superioridad”, sino serenidad. Si una persona camina por la vida serena, esta serenidad le da seguridad, firmeza interior, suavidad, nunca engreimiento ni despecho.
*  Pero sería un mareo mental pensar que todo es igual, porque, al cabo hay que reducirlo a la conciencia personal, y que todo es relativo, porque en el fondo, Dios está en todo.
III
La Iglesia enriquecida y humillada

Es muy socorrido el balance de “Luces y Sombras” al examinar el “estado de la Iglesia”.
Si un examen de las miserias de los cristianos sirve para estimular nuestra generosidad, adelante con este examen, sin dejar de incluirnos nosotros mismos como partes sufrientes del examen; porque la Iglesia no son los “otros”, sino también los mismos que hacen el examen.
Quien esto escribe no está por la labor de examinar a la Iglesia en sus debilidades, esto es, en las debilidades de sus hijos, sino más bien por apreciar el tesoro inapreciable de lo que la Iglesia va recibiendo de su Fundador y Guía, Jesús, y del servicio que la Iglesia está prestando humildemente a las hombres.
Los que podemos hablar de antes y de después del Concilio, alzamos las manos dando gracias a Dios por el bien que el Concilio ha aportado a la verdadera figura de la Iglesia y su misión en el mundo.
El mismo día de la ejecución de su renuncia (28 de febrero), el Papa se despedía por la mañana de los cardenales y su pensamiento dominante, con palabras salidas del corazón, lo dirigía a la Iglesia. 
“…Me gustaría dejaros - ha añadido- una frase muy sencilla, que me gusta mucho: un pensamiento sobre la Iglesia, sobre su misterio, que constituye para todos nosotros - podemos decir - la razón y la pasión de la vida. Me apoyo en una frase de Romano Guardini -escrita en el año en que los Padres del Concilio Vaticano aprobaron la Constitución Lumen Gentium,- en su último libro con una dedicatoria personal para mí. Por lo tanto, aprecio mucho las palabras de este libro. Guardini dice: "La Iglesia no es una institución ideada y planificada, sino una realidad viva. Vive a lo largo del transcurso del tiempo, en devenir, como cualquier ser vivo, transformándose. Sin embargo, en su naturaleza sigue siendo la mismo: su corazón es Cristo. Si pienso en la Plaza que vimos ayer, veo que la Iglesia es un cuerpo vivo, animado por el Espíritu Santo y vive verdaderamente de la fuerza de Dios. La Iglesia está en el mundo pero no es del mundo: es de Dios, de Cristo, del Espíritu. Lo vimos ayer. Por eso, es también verdadera y elocuente otra célebre frase de Guardini: "La Iglesia se despierta en las almas." La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas, que - como la Virgen María - acogen la Palabra de Dios y la conciben por el poder del Espíritu Santo. Ofrecen a Dios su propia carne y, justo, en su pobreza y su humildad, se vuelven capaces generar a Cristo en el mundo de hoy. A través de la Iglesia, el misterio de la Encarnación permanece presente para siempre. Cristo sigue caminando a través de los tiempos y de todos los lugares”
“Permanezcamos unidos, queridos hermanos en este misterio. Sobre todo en la Eucaristía y en la oración diarias, para servir a la Iglesia y a toda la humanidad. Esta es nuestra alegría, que nadie nos puede quitar”

IV
Yo ¿qué puedo hacer por la Iglesia?

1. La situación presente – o por sintonía con lo bueno o por rebote con lo malo acecido – ha afianzado y enardecido más en mí mi vocación eclesial. Percibo con mayor evidencia que mi vocación bautismal es, por ese simple hecho, entendido desde Cristo, entiendo que mi vocación es eclesial. Tanto la abundancia de pensamiento nuevo como la crisis que ha golpeado en diversos frentes me da a mí, personalmente, nuevo vigor en mi vocación eclesial. Es así por gracia de Dios. El fruto, pues, de esta hora presente es una vocación convencida y enardecida.
Lo primero, hemos de recoger con agradecimiento al herencia espiritual que nos deja este pontificado. ¿Cuál es? Será necesario “personalizarla”. Yo puedo presentar “mi balance personal”: la gracia que en mí han producido los casi ocho años de pontificado del Papa Benedicto XVI. He aquí los rasgos salientes que de pronto acuden a mi mente
1.      La primera encíclica “Deus caritas est” (25 diciembre 2005) me abría a una audacia en el lenguaje del amor que ningún Papa la había empelado.
2.      Sus decisiones con respecto al Fundador de los Legionarios y Regnum Christi y a los abusos ocurridos con niños ha roto una praxis en la Iglesia, que era falsa aunque bien intencionada, y ha puesto en evidencia un principio transcendental: El honor que merece un niño, una niña, profanados (o un joven con el que se ha abusado) prevalece ante Dios sobre la buena fama que merece un sacerdote, un obispo, un cardenal.
3.      Este Papa me ha hecho gozar con toda la tradición de la Iglesia cuando en sus catequesis semanales nos ha entregado las grandes figuras de la Iglesia como hermanos nuestros, patrimonio de familia. El rescate de grandes místicas medievales (Hildegarda de Bingen, Matilde de Hackeborn, Gertrudis la Grande, Margarita de Oingt, Juliana de Cornillon…, aparte de otras más conocidas) ha sido particularmente emotivo.
4.      Su talante intelectual y estético le ha inclinado hacia esa síntesis agustiniano-bonaventuriana en cuanto a la primacía del amor para entender la constitución del ser, no obstante que su lema bíblico haya sido “Cooperatores veritatis”. Para mí… es un camino.
5.      En cuanto persona adicta que soy al estudio de las santas Escritura, le doy las gracias por la exhortación “Verbum Domini” (San Jerónimo 2010), meta, por ahora, del proceso de renovación de los estudios bíblicos en el área católica desde la encíclica “Divino afflante Spiritu” (1943). Verbum Domini es una verdadera joya, coronación de la “Dei Verbum” del Concilio.
6.      Le doy gracias porque un Papa se ha atrevido a escribir, como vibrante testimonio de la fe que le ha acompañado toda su vida, una vida o semblanza de Jesús y su mensaje: Jesús de Nazaret (3 vol). Nos ha abierto un camino y su testimonio queda para la historia.
7.      Sus homilías tienen un encanto especial: oración, ciencia bíblica, arte del lenguaje, cercanía y sencillez.
8.      En fin ejemplo constante de integridad personal ha quedado sellado por una renuncia que yo la percibo ejemplar para toda la Iglesia, una renuncia sencilla y humildemente grandiosa.
Por todo esto, yo he amado al Papa con el amor con que se ama a un padre.

2. Recibida la herencia de este pontificado que acaba de concluir, viene la pregunta: Y ahora yo, hijo de la Iglesia ¿qué puedo hacer por ella?
Me viene el recuerdo de Teresa de Jesús, nuestra Teresa de Ávila:
“En este tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho estos luteranos, y cuánto iba en crecimiento esta desventurada secta. Dióme gran fatiga, y como si yo pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin, imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor (y toda mi ansia era, y aun es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos que ésos fuesen buenos) determiné hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada en la gran bondad de Dios que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo; y que siendo tales cuales yo las pintaba en mis deseos, entre sus virtudes no tenían fuerza mis faltas y podría yo contentar en algo al Señor, y que todas ocupadas en oración por los que son defensores de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que pudiésemos a este Señor mío que tan apretado le traen a los que ha hecho tanto bien, que parece le querrían tornar a hora a la cruz esos traidores, y que no tuvieses a donde reclinar la cabeza.” (Camino de Perfección, cap. 1).
Santa Teresa nos ha abierto la brecha. ¿Qué puedo hacer yo por la Iglesia?
ü  eso poquito que era en mí,
ü  que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese.
Hay un poquito que yo puedo hacer. Y si estoy decidido a seguir con toda perfección los consejos evangélicos, el Señor dará cuerpo a ese poquito que hay en mí.
Guadalajara, Jalisco, domingo III de Cuaresma, 3 marzo 2013.

Con referencia a Benedicto XVI puede ver ene ste blog:
359. Poemario de fe y gratitud en la Despedida al Papa
361. Benedicto XVI: Broche de oro
363. Mi último poema a Benedicto XVI

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