jueves, 14 de marzo de 2013

367. Jesús y la mujer adúltera



Homilía para el domingo V de Cuaresma, ciclo C
Jn 8,1-11



Texto evangélico:
Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
“Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?” le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. E, inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo, uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús con la mujer en medio que seguía delante.
Jesús se incorporó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?” Ella contestó: “Ninguno”.
Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.

Hermanos:

1. Esta homilía la pronunciamos en esta circunstancia tan especial en la Iglesia, de que ya tenemos un nuevo Papa, desde el miércoles pasado 13 de marzo. Un Papa que ha querido llamarse Francisco, elección que seguramente le ha provocado el humilde Francisco de Asís…, lo cual a los que hemos profesado la Regla de san Francisco nos trae una alegría suplementaria, sin quitar nada a nadie. Podría haberse llamado Ignacio, él, que profesó de jesuita, un nombre tan bien sonado, y habría sido como un homenaje a todo el bien inmenso que la Compañía de Jesús ha hecho a la Iglesia durante más de cuatro siglos y medio. Pero no, parece que ha querido fijarse en san Francisco de Asís y dibujar con esta referencia un estilo. Seguramente que en algún momento nos explicará por qué ha tenido preferencia por este nombre.
Lo cierto es que sus primeras palabras nos han cautivado. Esos pocos minutos de su primer saludo quedarán para la historia de su pontificado y se han de recordar muchas veces. Ahora esperamos la homilía de inicio de su ministerio, el día de san José.
Comenzaba diciendo: “Hermanos y hermanas”, que, por otra parte era el saludo habitual de Benedicto XVI en sus audiencias y homilías. Nos decía que iniciaba un camino, y este camino lo describía así: “Un camino de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Rezamos por todo el mundo, para que haya una gran hermandad”.
¡Qué cosa más hermosa, que hasta podríamos aprenderla de memoria como lema de vida! Unas palabras que se pueden aplicar a la Iglesia universal y a cada parroquia en particular.
Me place evocar este momento espiritual de la Iglesia, pero ahora debemos centrarnos en el mensaje de este domingo.

2. La parábola del Padre bueno y del hijo pródigo, que escuchábamos el domingo pasado, nos tocaba hasta las entrañas. El sentido manante de aquel pasaje desde que lo pronunció Jesús llega hasta hoy y no se agota. Es una parábola de infinito consuelo, que nos da una definición de Dios amor y perdón que ninguna religión puede darla. Al fin, es el retrato de lo que Jesús ofrecía al mundo: él es la reconciliación de todos nuestros pecados. No hay pecado que se haya cometido o pueda cometerse que no tenga perdón en el Hijo de Dios; él es el abrazo del Padre al mundo, a mí, pecador. Él es la seguridad de mi vida; y, al fin, la única seguridad.

3. La doctrina de Jesús la vemos hecha vida en el episodio de hoy. Una mujer ha sido sorprendida en adulterio, y los escribas y los fariseos, celosos guardianes de la santidad de la Ley, quieren que se ponga en marcha la justicia de la Ley, la santidad de la Ley.
Maestro ¿qué opinas? La pregunta no es inocente, porque se van a enfrentar Moisés – el que hablaba cara a cara con Dios – y este maestro, Jesús de Nazaret.
A veces el periódico nos ha traído la noticia horrible de tal o cual mujer condenada en el Islam por una infidelidad semejante; de manera que la cuestión del Evangelio no es algo arcaico.

4. Una solución humanitaria repudia que a una mujer, por esa debilidad, se le excluya de la sociedad humana y pague su pecado con la muerte. Por de pronto, nosotros, en defensa de la mujer, tendríamos que decir que el hombre con quien ha pecado merece la misma sentencia. Un adulterio no lo comete una sola; un adulterio se comete entre dos.
Hay, pues, un sentido de humanismo que repele la pena de muerte para una adúltera, para un adúltero.

5. Pero Jesús no va por este camino. Sería una mala solución de la inmoralidad del mundo, haciendo, como quien dice, “la vista gorda” y pasando por encima como si anda pasara. Un adulterio, aunque no llegara a saberse, puede ser la ruptura íntima de un matrimonio.
Jesús no dice: ¿Qué más da? No pasa nada…
Jesús dice otra cosa bien distinta. Jesús mira al pecado de frente y dice: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
Que era como decir: ¡De acuerdo! ¡Al ataque! Pero no solo a los adúlteros. En la vida se puede pecar de muchas maneras, y se peca. Hay que extirpar el pecado desde la raíz. Por tanto: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.

6. Y la escena sigue entre lo cómico y dramático. Y anota el escritor sagrado: Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo, uno a uno, empezando por los más viejos. De modo que están ya solos la mujer y Jesús. ¡Qué miradas se han cruzado!
No es ninguna irreverencia decir que están frente a frente el amante y la amada.
Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado? Creo que no ofenderé a la gramática de la lengua griega en la que se escribió el Evangelio, si traducimos la frase con un giro equivalente:
¿Ninguno te ha podido condenar?
Ninguno, Señor.
Aquí termina el diálogo evangélico. Pero podemos continuar la frase que está en el corazón de Jesús:
Pues yo, mucho menos. Yo, el único sin pecado, el único que te podía condenar, yo, mucho menos, porque tú eres mi amada y yo voy a morir por ti.
Por ti y por todos los pecadores, por todos ellos. Por todos.

7. Hermanos, en este drama de la vida humana en el que estamos metidos y que estamos considerando, hay algo más que decir. Lo que dijo Caifás, sumo sacerdote, aunque con un sentido diferente: “Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera” (Jn 11,50).
Y así fue. El pecado es muy serio, y merece la muerte. Jesús murió; mas no murió al azar de unos políticos oportunistas. Murió porque su muerte es la expiación de nuestros pecados. Murió uno por todos.
Desde que él murió, que no muera nadie más. ¡Fuera la pena de muerte, porque Jesús ha muerto por todos los malhechores, por todos los pecadores! ¡Jesús ha muerto por mí! Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves 14 de marzo de 2013.


Por qué el Papa se llama Francisco.
En el día de hoy, 16 de marzo, el Papa, hablando a numerosos periodistas ha explicado por qué ha escogido el nombre de Francisco, y literalmente lo ha contado así (vatican.va):
"Algunos no sabían por qué el Obispo de Roma ha querido llamarse Francisco. Algunos pensaban en Francisco Javier, en Francisco de Sales, también en Francisco de Asís. Les contaré la historia. Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba. Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís. Después he pensado en las guerras, mientras proseguía el escrutinio hasta terminar todos los votos. Y Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís. Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre... ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres! Después, algunos hicieron diversos chistes: «Pero tú deberías llamarte Adriano, porque Adriano VI fue el reformador, y hace falta reformar...». Y otro me decía: «No, no, tu nombre debería ser Clemente». «Y ¿por qué?». «Clemente XV: así te vengas de Clemente XIV, que suprimió la Compañía de Jesús». Son bromas... Os quiero mucho. Os doy las gracias por todo lo que habéis hecho. Y pienso en vuestro trabajo: os deseo que trabajéis con serenidad y con fruto, y que conozcáis cada vez mejor el Evangelio de Jesucristo y la realidad de la Iglesia. Os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María, Estrella de la Evangelización, a la vez que os expreso los mejores deseos para vosotros y vuestras familias, a cada una de vuestras familias, e imparto de corazón a todos mi Bendición"

En homenaje al Papa recién elegido, invito al lector o lectora a visitar el spot anterior: El Papa Francisco: Palabras franciscanas y Poema

Sobre lo que piensa el Papa Francisco (Cardenal Bergoglio) sobre los Pobres y Cáritas pinchar AQUÍ: leer y ver el video.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estas dos parábolas,son preciosas y muestran como es Jesús y lo que hay que hacer.
Entonces ¿Porqué no se portan así sus seguidores?

Mário

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