jueves, 21 de marzo de 2013

370. Domingo de Ramos: Palmas y Cruz



Homilía para el Domingo de Ramos, ciclo C
Jn 19,28-40

Texto evangélico:
(Jesús) caminaba delante de ellos, subiendo a Jerusalén.
Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles:”Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”.
Fueron pues los enviados y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: “¿Por qué desatáis el pollino?” Ellos le dijeron: “El Señor lo necesita”.
Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él. Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino. Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, diciendo: “¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas”.
Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”. Y respondiendo, dijo: “Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras”.

Hermanos:
1. La liturgia del Domingo de Ramos todos los años tiene dos polos de celebración en torno a la Eucaristía: las Palmas y la Cruz, la procesión de Ramos, aclamando a Cristo, rey de los corazones, rey del pueblo de la alianza, y la lectura del Evangelio de la Pasión, que un año se tomará de san Mateo, otro de san Marcos, otro de san Lucas. Este año es de san Lucas, por ser el año tercero del ciclo trienal de Evangelios dominicales, el ciclo C.
Dos momentos diferentes que pertenecen a la misma celebración del día, al mismo misterio pascual de Cristo. El misterio pascual de Cristo es su pasión, muerte y resurrección, tomados los tres como un todo, sin fisura. La resurrección de Jesucristo, que inaugura la era final de la historia, llega hasta nosotros y nos envuelve; en ella estamos, nosotros.

2. A mis lectores quiero compartirles, como sencilla nota de familia, que este año yo tengo la gracia de cumplir la primera frase del Evangelio: Jesús caminaba…, subiendo a Jerusalén.
La noche en que se abre el Domingo de Ramos, volaré hacia Jerusalén, asociado a un grupo de más de 40 peregrinos, después de haber celebrado el sábado, todos juntos en la Basílica de Guadalupe, la misa de envío, poniéndonos bajo la protección del manto de María, nuestra Madre.
 Imagen colocada en la convocatoria litúrgica 
para la celebración del Domingo de ramos en San Pedro, Roma.

2. La entrada de Jesús en Jerusalén es el triunfo consciente de Jesús Mesías, un plebiscito de amor, que él lo ha querido, que él lo ha provocado. Maestro, reprende a tus discípulos, le espetaron algunos de los fariseos.
La respuesta de Jesús cayó fulminante: Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras.
Otras veces Jesús se ha ocultado ante la persecución, como expresamente lo dice san Juan (Jn 11,54); hoy, no, porque es el día de su manifestación mesiánica a Israel.

3. Jesús, manso y humilde de corazón, que mandaba enérgicamente a los enfermos curados que él  no quería ninguna apoteosis, hoy sí, Jesús acepta esta oleada de amor: la recibe y quiere que resuene. Por eso, la comunidad cristiana sigue proclamando a su Señor, y en gozo de esta entrada mesiánica, en la conciencia popular, vence al dolor de la pasión, celebrado en la lectura de la pasión.
¿Qué significa que Jesús haya suscitado esta fiesta de homenaje, que tan bellamente escribe Lucas, como también los demás Evangelios, incluido en este caso san Juan?
Significa, por de pronto, que este es un dato esencial a la vida de Jesús, esta entrada mesiánica por las puertas de Jerusalén, de cara a la cena pascual, de cara a la muerte gloriosa del vencedor.

4. Jesús, con tal gesto, afianza su perfil de triunfador en el amor de Dios. Pero un triunfo quedaría en la mitad si no fuera correspondido. Yo soy parte del homenaje, uniéndome al coro de todos los que le aclaman. Es para mí, cristiano seguidor del maestro, un supremo honor que él me invite a formar parte de la comitiva. No soy yo el que le está enalteciendo a él; es él el que me enaltece a mí, al invitarme a que me una a la comitiva, y yo también le aclame. La causa de Jesús es mi causa, y aclamándole a él subo yo también al podium de la gloria. Es el Padre el que nos invita a él y a mí a celebrar el triunfo del Mesías, el triunfo de Dios en la historia.

5. Cuando la liturgia se cantaba en latín se cantaba en esta ocasión bellísimo himno que tiene más de mil años de existencia: Gloria, laus et honor tibi sit, rex Cristo, Redemptor… Hace más de medio siglo, cuando yo era un joven novicio, se me clavó en el alma y nunca lo he olvidado.
¡Gloria, alabanza y honor a ti, oh Cristo, rey, redentor,
a quien aquella hermosura de niños prorrumpía en el piadoso Hosanna!
Tú eres el Rey de Israel, ínclita prole de David,
Rey bendito, que vienes en nombre del Señor.
Era un himno con muchas estrofas de elegantes versos elegíacos latinos, que el año 810 compuso el Obispo de Orleans, muerto como santo.
Es hermoso pensar que generaciones y generaciones de cristianos le han cantado así a Cristo en todos los templos de la tierra, agradeciéndole que por nosotros vaya derecho a la cruz.

6. Aquí estamos, hermanos, en este día de gloria, que se encamina hacia la Cruz. La gloria y la cruz son la paradoja y el misterio más auténtico de nuestra vida. Justo al día siguiente de su elección, hablaba el papa de la Cruz no existe el camino de Jesús, no existe el verdadero discípulo. “Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor” (Papa Francisco, 14 de marzo, misa en la capilla sixtina con los cardenales).
Con ello el Papa nos está diciendo que lo que importa es ser discípulos de Jesús, y ser discípulos con la cruz. Porque uno, hasta podría ser un aparente espléndido obispo y caminar con la cruz, edificar con la cruz, confesar la cruz. Sería un mal obispo, un mal sacerdote, un mal cardenal, un mal papa, porque no sería un verdadero discípulo de Cristo, que nos ha enseñado el camino de la cruz y ha muerto por nosotros con los brazos extendidos en la santa Cruz.

7. Hoy es el Día Internacional de los jóvenes en la Iglesia católica y a ellos que afrontan la vida con una montaña de generosidad habrá que recordárselo.
El amor es fiesta, y la fiesta hay que celebrarla.
Y el amor es cruz, y a esta cruz alzada entre ramos de olivo y palmas de victoria clamamos.
 ¡Gloria, alabanza y honor a ti, oh Cristo, rey, redentor! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 21 marzo 2013. Primavera

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