jueves, 18 de abril de 2013

385. El Señor es mi Pastor - IV Domingo de Pascua



Homilía para el domingo IV de Pascua, ciclo C,
sobre Jn 10,27-30

Texto evangélico:
(En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos):
Mis ovejas escuchan mi voz,
y yo las conozco, y ellas me siguen,
y yo les doy la vida eterna;
no perecerán para siempre,
y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo,
y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno.

Hermanos:

1. Todos los años, el cuarto domingo de Pascua, es el domingo del Buen Pastor. ¿Por qué? Porque todos los años, después de haber escuchado en los tres primeros domingos un relato de aparición de Jesús según los distintos Evangelios, en este cuarto domingo se lee algunos párrafos del Evangelio de san Juan, capítulo 10, en el cual se presenta a los judíos como el Buen Pastor.

2. En el salterio de David hay un salmo entrañable, muy conocido, un salmo que toca las fibras del corazón, que podemos recitarlo en tantas circunstancias de la vida; que suena de una manera muy especial ante el cadáver de un hermano, de una hermana que nos acaba de dejar en esta vida, por quien pedimos en la liturgia que sea llevado en los brazos del Buen Pastor. Este salmo presenta una imagen dulcísima de Dios. Vamos a recodarlo, porque, en el fondo, Jesús ha tenido la audacia de aplicárselo a sí mismo: Yo soy el buen pastor del salmo 23

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Ya ven, en el salmo, a medida que avanzamos bajo el cayado del Buen Pastor, este se ha convertido en mi amigo, que me ha preparado una mesa, que me ha ungido con perfume, que me hace habitar en su casa, “en la casa del Señor por años sin término”. Al final, resulta que mi casa, la casa de mi pastor, es el mismo cielo.

3. Toda esta simbología espiritual que está dentro del salmo de buen pastor, nos hace pensar que justamente Jesús es el buen Pastor en el cielo.
La lectura del Apocalipsis, que es un libro pascual, y que lo vamos leyendo en todos estos domingos, nos presenta hoy a este pastor celestial.
“(Yo, Juan) vi una muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie, delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos” (Ap 7,9).
Jesucristo es el cordero pascual inmolado, que ahora es el Cordero triunfador.
La grandiosa escena continúa:
“Y uno de los ancianos me dijo: Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Yo le respondí: Señor mío, tú lo sabrás. Él me respondió: Esos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero… El Cordero que está delante del trono los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas”.
Como veis, una escena espiritual y mística que canta el triunfo de Dios y de Jesucristo, su Hijo enviado al mundo, que es el Cordero inmolado. En su sangre hemos lavados nuestras túnicas.
Este Cordero es el pastor celestial que conduce a su rebaño por las praderas celestiales.

4. Pues este mismo pastor celestial es el que hoy tiene sus ovejas en la tierra, y él es el que nos conduce.
Decimos nosotros que nuestro pastor es el Papa, o es el Obispo, o el Párraco. En la tradición protestante a los Párrocos no se les llama “Párrocos”, sino Pastores, el pastor de la comunidad. Esto es verdad a condición de salvar otra verdad primera: que nuestro Pastor, el que guía a la Iglesia, es, ante todo, Cristo, que no puede ser suplantado por nadie.
Desde aquí tenemos que entender el Evangelio de hoy.

5. Jesús es el Pastor y nosotros somos sus ovejas. Entre él y nosotros se establece una relación de intimidad recíproca, que está significada por diversas metáforas:
Mis ovejas escuchan mi voz,
y yo las conozco, y ellas me siguen,
y yo les doy la vida eterna;
no perecerán para siempre,
y nadie las arrebatará de mi mano.
Jesús nos garantiza que el conocimiento que tenemos de las cosas divinas nos lo proporciona él. ¿Cómo conocemos a Dios? ¿Leyendo muchos libros? Está bien leer libros que nos instruyan; pero el conocimiento último es el conocimiento que tenemos escuchando la voz del Pastor y siguiendo esa voz del Pastor, que es Jesús.
No pensemos, hermanos, que la Iglesia se gobierna por leyes y decretos, que son, ciertamente, necesarios en algunas ocasiones. La Iglesia se gobierna por esa voz interior, voy dulce, que pone Jesús en nuestros corazones. Esa voz nos indica lo que debemos hacer, por dónde debemos caminar. Esa voz del corazón, que se escucha apenas se pone uno en oración, nos dice por dónde debemos avanzar, qué es lo que está bien, cuáles son los caminos desviados…

6. Pero Jesús nos habla de otras dos cosas que queremos destacar:
- de la vida que él nos da
- y de la seguridad eterna de nuestra salvación.
Nos da vida, vida plena, que él llama “vida eterna”, vida que vale para ahora y para el futuro. Jesús da vida, no da muerte; Jesús da alegría y esperanza, no da temor. Jesús nos podrá dar en ocasiones dolor y enfermedad, pero cuando ellas vienes, porque tal es la condición humana, dentro del dolor y la enfermedad nos está dando vida. El dolor nos purifica y nos da una sabiduría que antes no teníamos; y eso es vida.
En una palabra, los dones de Jesús son vida, vida humana, vida integral.

7. Pero además nos da Jesús, Buen Pastor, la seguridad.
Somos sus ovejas: no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Una imagen muy tierna. A veces somos sus corderillos que él ha tomado en sus brazos. Nadie las arrebatará de mi mano.
Con Jesús estamos seguros ahora y al pasar la ribera de la eternidad.
Y, al final, nos dice esta declaración soberana:
Yo y el Padre somos uno.

8. Mis queridos hermanos: Esta es nuestra religión.
Gracias, Jesús, Buen Pastor, por habernos enseñado tales cosas. Confío en ti para siempre, en el tiempo y en la eternidad. Amén.

Guadalajara, jueves, 18 abril 2013.
Como himno para este IV Domingo de Pascua, véase:
Nuestro Pastor se ha alzado de la tumba.
Puede verse la homilía del año pasado, ciclo B: Jesús, el Buen Pastor
 



Domingo del Buen Pastor

Día de las vocaciones consagradas



A un joven que quiere ser sacerdote del único y buen pastor



“Ser pastores con «olor a oveja» –esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note”
(Papa Francisco en la Misa crismal de Jueves Santo)


1. Pastor con olor a oveja,
que a mi ropa se ha pegado;
es el olor que respiro
y el mismo olor que he sudado.

2. Una a una las conozco,
ovejas de mi rebaño;
una a una yo las tuve,
    al nacer, entre mis brazos.

3. Pastor que aprendí a silbar

como se silba en el prado,
al aire de la perdiz,
del gorrión y del milano.

4. Con un palo de avellano
hizo el pastor su cayado:
un cayado, que es su cetro,
rey, pastor, profeta y sabio.

5. Entre ovejas y corderos,
perdido y bien apiñado,
mis ovejas me conocen,
que les doy mi vida en pasto.

6. Buen Pastor, Jesús querido,
mi Evangelio en Cruz sellado,
porque pastor me elegiste,
del todo a ti me consagro.

Guadalajara, viernes, 19 abril 2013
 


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