viernes, 5 de abril de 2013

379. Pascua y octava de Pascua



Homilía para el domingo II de Pascua, ciclo C,
sobre Jn 20.18-31
(En las presentes circunstancias no es posible agregar el video)

Texto evangélico:
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos Y en esto, entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.
Y dicho esto, sopló sobre ellos y le dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.
Tomás, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu manos y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”.
Contestó Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “¿Por qué me has visto has creído? Bienaventurados los que creen sin haber visto”.
Muchos otros signos, que no están escritos en e este libro, hizo Jesús a la vista de sus discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Hermanos:

1. Este domingo corona los ocho días en que venimos celebrando como una fiesta única la Pascua del Señor. La Pascua del Señor es la suprema celebración del Amor de Dios, Amor, que por ser de Dios, tiene otra palabra equivalente: la Misericordia de Dios, la Divina Misericordia. Estamos, pues, en el domingo II de Pascua, la Fiesta de la Divina Misericordia.

2.  El Evangelio de hoy nos hace presentes las dos apariciones de Jesús a los discípulos en el Cenáculo, contadas por san Juan. En la primera no se encontraba Tomás; en la segunda estaban todos.
Recordemos a la luz del Espíritu de Dios. Cerradas las puertas, fuertemente cerradas por miedo a los judíos, se presenta Jesús. Ahora se acumulan los misterios de Jesús que podríamos llamar los “misterios terminales” de su vida.
Jesús les saluda con el saludo normal, y de alguna manera sagrado, que tenían y siguen teniendo los judíos: ¡Schalom!, ¡La paz con vosotros! Y al decir esto, Jesús realiza un gesto que bien podemos llamarlo gesto sacramental. Dice el Evangelio: “Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado”.  No era esto un signo de identidad para reconocer al Aparecido; era, más bien, un signo espiritual, de orden sacramental, un signo de revelación para mostrar de dónde venía la paz que él ofrecía: de la fuente viva de su Pasión, que se entregaba ahora en su Resurrección.

3. Con la paz vino la alegría a la Iglesia. La verdad alegría no es otra cosa sino la paz derramada por el Señor. “Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Los discípulos que veían al Señor tenían consigo la presencia del Señor. Tal realidad no se cierra en el Cenáculo, sino que queda dentro de la Iglesia y se perpetúa en ella. En este momento llega hasta nosotros la paz y la alegría que Jesús ha infundido a su Iglesia, es decir, la comunidad de los cristianos la recibe y la guarda de generación en generación.

4. El Evangelio sigue: “Jesús repitió:
- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.”
La figura de Jesús, marcada con su presencia en la tierra, entre nosotros, no concluyó con la cruz; porque con la Cruz y la Pascua vino el envío. Las palabras firmes de Jesús  nos indican que él transfiere a su Iglesia no solo su autoridad y sus poderes, sino su vida entera. La frase que ha quedado escrita en el Evangelio está proclamando que, si Jesús tiene una misión mundo, la tiene porque es el Enviado del Padre; pues con la misma ecuación, él transfiere el envío a su Iglesia. “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.

5. Un tercer momento de Jesús, en aquel día pascual, ungido de misterios: Y dicho esto exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidas.»
Los Concilios han localizado en esa frase de Jesús la institución del Sacramento del Perdón. En realidad la frase de Jesús significa eso y mucho más. Se nos está hablando del envío total de la Iglesia en el mundo: todo lo que lleva consigo Jesús, se lo transmite a la Iglesia. Jesús llevaba la vida divina, y donde está la vida de Dios queda arrasado el pecado. Porque aquí, el santo Evangelio, evocando aquel gesto de Dios Creador cuando insufló en las narices de Adán para infundirle la misma respiración de Dios, el Espíritu de Dios, aquí se nos dice que Jesús realizó este gesto sorprendente: exhaló el aliento sobre la comunidad de los apóstoles. Les estaba comunicando el Espíritu Santo que aparecerá en forma de llamas de fuego en Pentecostés. Aquel Espíritu, que es la intimidad de Dios, la vida pura de Dios, se estaba dando en el día de la Resurrección.
El Evangelio de Juan está penetrado de símbolos que nos llevan a las realidades sustanciales de la vida cristiana.
La Iglesia nació con esta fe, con esta misión. Jesús es el iniciador de esta nueva familia, que quiso que fuera la familia humana como tal. En esta obra de Jesús estaba todo el infinito amor de Dios, que cada uno de nosotros lo quiere personalizar de la manera más inmediata, más palpable y más individualizada. Jesús es para el mundo el amor sin fronteras de Dios, Jesús es la puerta de Dios y la puerta del Espíritu Santo, Jesús es la Misericordia de Dios, regalada a todo el que quiera recibirla.

6. Seguramente que nosotros, hermanos, tenemos que hacer una conversión total de todos nuestros pensamientos, y de todo el enrevesado mundo afectivo que llevamos dentro para simplificar todo en un acto de amor. Tomás se rindió, y dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Y es nuestro modelo. Esta es la verdadera religión. Cuando Tomás se rinde a los pies de Jesús llagado, Crucificado y Resucitado, está dando el verdadero retrato de la Iglesia. ¡Señor mío y Dios mío! Con eso estamos diciendo: Señor, acepto todo el amor infinito que a través de ti me viene del Padre, y tomo este amor gratuito como la verdadera y única riqueza de mi vida: ¡Señor mío y Dios mío! Esto es la verdadera misericordia de Dios, que no se agotará por todo la eternidad. Amén.

(Nota. Homilía escrita para el Domingo II de Pascua en 2008).




Post-scriptum. Paris, aeropuerto Charles de Gaulle, 6 de abril de 2013
Nuestra peregrinación ha llegado a su fin y los billetes están pronto para embarcar rumbo a México. Jesús viene con nosotros; él y solo él es el fruto de este viaje espiritual a los orígenes de nuestra fe. La virgen María, con la suavidad y la ternura que se desprende de su presencia en Medjugorje, tiende su manto sobre nosotros..
Año de la Fe…Bien sabemos que ni Jesús ni su Iglesia es estadística, pero la estadística es un indicador que toca el corazón. Francia, hija ferviente de la Iglesia, va viendo cómo se fe se erosiona, y lo mismo la patria España que me vio nacer y que siempre será mi patria y mi hogar.
Leo en “Le Monde” en el número del día de Pascua (dimanche, 31 mars – 1 avril): “Bautizos en Pascua y erosión del catolicismo. Cada año en Pascua, alrededor de 3000 adultos se bautizan después de dos años de preparación. El sábado 30 y el domingo 31, en toda Francia 3220 adultos (frente a 2958 el año pasado) recibirán el bautismo católico, según las cifras dadas por la Conferencia de los Obispos de Francia; a esto hay que añadir 1463 jóvenes de 13 a 18 años. El 42 % de adultos proceden de un medio ambiente sin adscripción religiosa; cerca de 200 vienen del Islam. Los empleados y los obreros son los más representados (24 %  y 17 %). Los bautismos de niños de 0 a 7 años van en una baja constante: 458000 en 1990, 273000 en 2011. Según una nota reciente del instituto CSA, las personas sin religión constituyen ya el grupo más importante entre los de menos de 35 años. Su proporción alcanza el 47 % entre los de 18-24 años, mientras que el 31 % se profesan católicos. Globalmente el 56 % de los franceses se profesan católicos, frente al 69 % que eran en 2002” (Le Monde, fecha citada, p. 11).
Desde Paris, desde este lugar tan significativo para Europa, mi corazón, como Pedro, dice al Señor: Tú lo sabes todo; tú sabes que te amo (Jn 21).
 

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;