sábado, 4 de mayo de 2013

392. Perfiles de un alma franciscana



Alma franciscana

Candor – Sencillez – Amor seráfico

Y un poema al Jazmín de Sambac


La semana V de Pascua ha sido semana de ejercicios espirituales, que he tenido la gracia de dirigir o acompañar,  para un grupo de 21 hermanas capuchinas que iniciaban su año de noviciado, noviciado interfederal. Era en Zapopan, Jalisco. (Zapopan y Guadalajara son el mismo conjunto urbano, con Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco de Zúñiga, cinco municipios que forman la misma área, siendo Zapopan el más habitado de ellos, aunque Guadalajara se lleve la gloria del nombre).
Semana V que, como estas últimas semanas pascuales, está toda ella impregnada de las palabras de despedida de Jesús en la Cena. ¿Qué nos dice Jesús? Que se va y se queda, que el Espíritu va a ser presencia, y también el Padre. Esta visión del espacio celeste y terrestre que tiene Juan es sorprendente: una familia, una casa, una vida. El totalmente Otro, que dicen los filósofo, es lo más mío de mí mismo, digo yo al eco del Evangelio; intimior intimo meo, dijo san Agustín. Y también otro gran metafísico, nuestro Xavier Zubiri, dijo que si Dios es el Absolutamente Absoluto, el hombre es el Relativamente Absoluto. Ser hombre – pensaba y escribió – es una forma finita de ser Dios.
De esta especulación no les he hablado a las Novicias de blancos velos (signo sin duda de las aspiraciones más puras de sus almas) sino de que, tomando el Evangelio, Dios es lo más entrañable, lo más cercano, lo más inmediato…, y de que no puedo concebir mi vida sin una intimidad total con Dios.
Al final, como una especie de capricho espiritual, les he invitado a que escriban su perfil personal de capuchinas: qué quisieran ser como capuchinas. Y para empezar el retrato, yo mismo he tomado el pincel.
Un capuchina – un’anima bella – sería
- un alma llena de candor y ternura,
- de sencillez
- de amor seráfico…
Esta fue la plática conclusiva para que la siguiese cada una.
Me regalaron… lo que puede regalar una novicia capuchina: una estampita escrita por detrás, unos dulces, y… una flor.
Las flores tocan el corazón y, al punto, germinan en versos.
Y, a lo mejor, tal o cual hermana quiere brindarte un detallito que hacen en su comunidad, y una mínima frase que quizás sea una estrellita caída del cielo: “Padre Rufino: No hay forma más noble de vencer que morir luchando”.
Las novicias son ángeles de Dios, aunque no les inviten a escribir en los periódicos…, ni en Internet. Ya dijo el Cantar de los cantares que el amado se apacienta entre azucenas.
Con este preámbulo entenderá el lector lo que fue escrito para ellas, y ahora lo comparto como un obsequio para ti. Lo escrito fue lo que sigue.

* * *

Un nombre y un estilo

Fue sorprendente la renuncia de Benedicto XVI al pontificado presentada a los cardenales el 11 de febrero.
Fue sorprendente la elección del nuevo Papa, cardenal Jorge Mario Bergoglio (13 marzo 2013) El nuevo Papa quiso llamarse Francisco, y explicó a los periodistas la razón de esta elección.
“…Algunos no sabían por qué el Obispo de Roma ha querido llamarse Francisco. Algunos pensaban en Francisco Javier, en Francisco de Sales, también en Francisco de Asís.
Les contaré la historia. Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba.
Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís.
Después he pensado en las guerras, mientras proseguía el escrutinio hasta terminar todos los votos. Y Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís.
Para mí es
o   el hombre de la pobreza,
o   el hombre de la paz,
o   el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre... ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!
Después, algunos hicieron diversos chistes: «Pero tú deberías llamarte Adriano, porque Adriano VI fue el reformador, y hace falta reformar...». Y otro me decía: «No, no, tu nombre debería ser Clemente». «Y ¿por qué?». «Clemente XV: así te vengas de Clemente XIV, que suprimió la Compañía de Jesús». Son bromas.…”  (Encuentro con los periodistas, los tres días de la elección, 16 marzo 2013).

Cada persona en la vida quiere tener su estilo. El Papa ha mencionado tres características de Francisco. Podría haber mencionado otras; en la primera alocución usó varias veces la palabra “fratellanza”.
¿Cuál es el estilo que yo quiero imprimir a mi vida? ¿Cuál es el “perfil” – así dicen hoy – de mi persona, al menos, el que yo quisiera para mí?
Yo quiero ser un alma franciscana, y mirando a san Francisco y mirando a santa Clara, a medida que los vaya conociendo, yo quisiera ir haciendo mi autorretrato. He aquí algunos rasgos de la espiritualidad franciscana.
Invito a cada una a que tome su pluma y sus apuntes más íntimos y vaya escribiendo cómo quisiera ser vista… y recordada…  He aquí algunos rasgos.

Candor y ternura

Un “anima bella francescana” es, ante todo, una alma llena de candor, sin malicia; un alma pura, resplandeciente, donde brilla como blanca flor.
Con el candor va la ternura. “No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura. … Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza “ (Papa Francisco, Inauguración del pontificado, día de San José 2013).

Sencillez

(Diccionario de la Real Academia Española - Del latín singellus, y este de singulus: Que no tiene artificio ni composición). Simple (del latín: simple, adverbio de simplus). Simplicidad.

Dice el primer biógrafo de san Francisco, fray Tomás de Celano:
“El Santo procuraba con mucho empeño en sí y amaba en los demás la santa simplicidad, hija de la gracia, hermana de la sabiduría, madre de la justicia. Pero no daba por buena toda clase de simplicidad, sino tan sólo la que, contenta con Dios, estima vil todo lo demás. Ésta se gloría en el temor de Dios, no sabe hacer ni decir nada malo. Porque se conoce a sí, no condena a nadie, cede a los mejores el poder, que no apetece para sí. Ésta es la que, no considerando como máximo honor las glorias griegas (referencia a 2 Mc 4,15 y nota en la edición de la BAC), prefiere obrar a enseñar o aprender. Ésta es la que, dejando para los que llevan camino de perderse los rodeos, florituras y juegos de palabras, la ostentación y la petulancia en la interpretación de las leyes, busca no la corteza, sino la médula; no la envoltura, sino el cogollo; no la cantidad, sino la calidad, el bien sumo y estable.
Ésta la requería el Padre santísimo en los hermanos letrados y en los laicos, por no creerla contraria, sino verdaderamente hermana de la sabiduría; bien que los desprovistos de ciencia la adquieren más fácilmente y la usan más expeditamente. Por eso, en las alabanzas a las virtudes que compuso dice así: «¡Salve, reina sabiduría, el Señor te salve con tu hermana la pura santa simplicidad!» (Saludo a las Virtudes 1)” (2 Vida de Celano, núm. 189).

Amor seráfico

Serafín significa “ardiente”, del verbo hebreo “saraf” (arder). Los serafines. Los ardientes, aparecen en la visión de Isaías, cap. 6.
A san Francisco se le ha atribuido el ser “ardiente”, y lo referente a la Orden franciscana tiene el epíteto de Seráfico, comenzando por el mismo Francisco, nuestro Seráfico Padre.
San Buenaventura es nuestro Seráfico Doctor.
Todo lo franciscano debe tener el sello de lo “seráfico”, que es el amor efusivo, ardiente…

Y de esta manera voy tomando rasgos que quisiera que fueran mi perfil…

Fin y corona del retiro

La novicias me sorprendieron con una flor. Era muy pequeña, poco más que un dedal (como para llevarla en la solapa), pero olía como una fábrica de perfume. Me informé y escribí, para ellas, un poema.

Nombre científico: Jazmín de Sambac Gran duque de Toscana. (Su nombre es un homenaje al primer Gran Duque de Toscana, Cosme de Médici, que en sus jardines cultivaba plantas raras y exóticas).
Familia: Oleaceae
Origen: Arabia y La India.
Características: Es un tipo de planta que tiene flores dobles y un aroma exquisito. Crece durante la primavera-verano, cuando comienzan a elevarse las temperaturas, pero el crecimiento es muy lento.
Arbusto o trepadora de hoja perenne en climas cálidos, grandes, verde oscuro, terminadas en punta redondeada, ovadas con los nervios bien marcados pueden llegar a medir 2 metros aunque en su hábitat puede llegar fácilmente a los 8 o 10 metros ; las flores  que aparecen en primavera son dobles, blancas, muy olorosas.

Como jazmín de Sambac
(gran duque también le llaman)
siento mi alma olorosa
de mucho amor apretada.
Blanca de esposa anhelante,
pequeña y llena de gracia,
para ponerla en el pecho
de mujer enamorada.
Mi almita así se profesa,
mi almita de franciscana,
toda tuya, sola tuya,
bajo tu suave mirada.
Para abrirse, amado mío,
mucho sol sí le hace falta,
pero sol del corazón
el que sale de tu llaga.
Y aquí me tienes ahora,
flor por tus manos tocada,
porque a ti me he regalado,
por ti elegida y amada.
Eres el rostro de Dios,
humanado en carne humana,
que abriste la Trinidad
bajando a nuestra morada.
Ya tu sangre es nuestra sangre
y tu casa es nuestra casa,
una familia la nuestra
siendo yo divinizada
Acepto tu invitación:
cúmplase en mí tu palabra.

Zapopan, 3 mayo 2013 – fr. Rufino María Grández

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