miércoles, 8 de mayo de 2013

394. Subió al cielo bendiciendo



Homilía para el domingo VII de Pascua, ciclo C,
sobre Lc 24,46-53

Texto evangélico:
(Jesús se apareció a los discípulos) Y les dijo:
“Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto”.
Y los sacó hasta cerca de Betania y los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría, y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Hermanos:
1. Hoy la Iglesia recuerda aquel episodio evangélico de la Ascensión del Señor: subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre. Ya de años, en España o en México (donde resido de hace más de una década) la fiesta de la Ascensión se trasladó del Jueves de cuarenta días de la Resurrección al domingo siguiente, esto es el domingo que precede a Pentecostés, coronación de los cincuenta días de Pascua.
En mi infancia, en la que reinaba un catolicismo social muy reconfortante, era proverbial aquel dicho en verso:
Tres Jueves hay en el Año
que relucen más que el sol:
Jueves Santo, Corpus Christi
y el Día de la Ascensión.
Día glorioso, del que mucho podrán decir: Fue el día de mi Primera Comunión.
El calendario civil-laboral ha ido reconvirtiendo el calendario religioso.

2. Hoy celebramos este misterio de luz, que se refiere al centro de nuestra fe, el misterio pascual. ¿Qué es exactamente el Misterio Pascual? Es el misterio de la totalidad de Jesús, contemplado en su coronación. Es, por lo tanto, el misterio conjunto de la muerte y resurrección de Jesús, el Señor, diciéndolo de la forma más concentrada. Y desglosándolos en sus diversos aspectos, es el misterio de la Pasión, Muerte, Sepultura y Descenso al lugar de los muertos, Resurrección, Ascensión y Envío del Espíritu Santo. Y de ahí se sigue la vida presente. Estamos envueltos en la gloria del Jesús viviente de la resurrección. Dice san Pablo a los Romanos: “sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rm 6,9).

3. San Lucas, autor del tercer Evangelio y autor de los Hechos de los Apóstoles ha descrito la Ascensión del Señor dos veces: al final del Evangelio como remate de la vida de Jesús, y al comienzo de los Hechos, como engarce que une la vida de Jesús con la vida de la Iglesia. Las circunstancias son distintas, lo que trae problemas a la exégesis crítica; lo cual no nos interesa en este momento, porque no estamos en una clase de Biblia, sino en una proclamación de nuestra fe y asimilación sabrosa del misterio.
Pero esas diferencias que todos percibimos ya nos invitan a pensar, como teólogos, que resurrección y ascensión son el mismo misterio: se trata de la gloria de Cristo tras su peregrinación terrena. Incluso más, en un sentido profundo se puede decir que muerte, resurrección, ascensión ocurren en el mismo “instante de Dios”, desprendidos de la cronología que marca nuestro reloj de la tierra mientras vamos de camino.

4. Muchos pensamientos pueden desprenderse del misterio de la Ascensión del Señor. En esta ocasión me parece muy oportuno referirme a la catequesis que hace unos días (el miércoles, 17 de abril, en la audiencia general) daba el Papa sobre los textos que estamos leyendo. Siguió la explicación del Credo en el punto en que la había dejado Benedicto XVI, y de los textos de la Ascensión del Señor hacía una interpretación muy bella y estimulante, que vamos a recordar.
 
* * *
5. (Texto del Papa Francisco). Al final de su Evangelio, san Lucas narra el acontecimiento de la Ascensión de modo muy sintético. Jesús llevó a los discípulos «hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante Él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios» (24, 50-53). Así dice san Lucas.
Quisiera destacar dos elementos del relato. Ante todo, durante la Ascensión Jesús realiza el gesto sacerdotal de la bendición y con seguridad los discípulos expresan su fe con la postración, se arrodillan inclinando la cabeza. Este es un primer punto importante: Jesús es el único y eterno Sacerdote que, con su Pasión, atravesó la muerte y el sepulcro y resucitó y ascendió al Cielo; está junto a Dios Padre, donde intercede para siempre en nuestro favor (cf. Hb 9, 24). Como afirma san Juan en su Primera Carta, Él es nuestro abogado: ¡qué bello es oír esto! Cuando uno es llamado por el juez o tiene un proceso, lo primero que hace es buscar a un abogado para que le defienda. Nosotros tenemos uno, que nos defiende siempre, nos defiende de las asechanzas del diablo, nos defiende de nosotros mismos, de nuestros pecados.
Queridísimos hermanos y hermanas, contamos con este abogado: no tengamos miedo de ir a Él a pedir perdón, bendición, misericordia. Él nos perdona siempre, es nuestro abogado: nos defiende siempre. No olvidéis esto. La Ascensión de Jesús al Cielo nos hace conocer esta realidad tan consoladora para nuestro camino: en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestra humanidad ha sido llevada junto a Dios; Él nos abrió el camino; Él es como un jefe de cordada cuando se escala una montaña, que ha llegado a la cima y nos atrae hacia sí conduciéndonos a Dios. Si confiamos a Él nuestra vida, si nos dejamos guiar por Él, estamos ciertos de hallarnos en manos seguras, en manos de nuestro salvador, de nuestro abogado.
Un segundo elemento: san Lucas refiere que los Apóstoles, después de haber visto a Jesús subir al cielo, regresaron a Jerusalén «con gran alegría». Esto nos parece un poco extraño. Generalmente cuando nos separamos de nuestros familiares, de nuestros amigos, por un viaje definitivo y sobre todo con motivo de la muerte, hay en nosotros una tristeza natural, porque no veremos más su rostro, no escucharemos más su voz, ya no podremos gozar de su afecto, de su presencia. En cambio el evangelista subraya la profunda alegría de los Apóstoles. ¿Cómo es esto? Precisamente porque, con la mirada de la fe, ellos comprenden que, si bien sustraído a su mirada, Jesús permanece para siempre con ellos, no los abandona y, en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ellos.

(Después pasa a dar una explicación del texto de los Hechos de los Apóstoles).

* * *
6. Hermanos, tenemos unas bellas palabras de nuestro querido papa Francisco que nos abren la vida como horizonte de esperanza. No nos queda sino dirigirnos a Jesús con aquella plegaria que le dirigió el buen ladrón cuando estaban muriendo los tres ajusticiados: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” (Lc 23,42).
Confío que me respondas lo que a él le respondiste: “En verdad te digo: Hoy – un día – estarás conmigo en el paraíso” (v.43). Amén.

Guadalajara, miércoles, 8 de mayo de 2013

Alabanza y bendición

en la Ascensión del Señor

“Y, levantando sus manos, los bendijo” (Lc 24,50)


Bendecidos por Jesús,

hasta dentro bendecidos,
cuando él al cielo ascendía,
abriendo el cuerpo camino,
y del cuerpo descendía
su Espíritu desprendido:
en bendición se quedaba,
porque al irse, no era ido.

Era cerca de Betania,
que evoca lazos muy íntimos.

Alzaba sus manos puras,
Sacerdote compasivo
y sin ritual vestimenta
la bendición era él mismo.
No se partía la historia
al velar el rostro vivo,
que era presencia sin pausa,
un amor siempre indiviso.

Y al bendecir nos quedamos
de su ser todo transidos:
todo fue en él consagrado
por su eterno sacrificio,
cielo y tierra por Jesús
forman un templo divino.

Inclinamos nuestra frente,
adorando a Jesucristo:
Salve, Cristo intimidad,
dulce amor, dulce delirio,
dulce esperanza segura,
llave de todos los siglos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 10 mayo 2013.
 

1 comentarios:

Anónimo dijo...

ESTIMADO P. RUFINO:
HE LEÍDO SU HOMILÍA DOMINICAL Y A TRAVÉS DE SU CORREO ELECTRÓNICO LE REMITO UN COMENTARIO.
ESPERO QUE PUEDA LEERLO.
CORDIALES SALUDOS.
JUAN JOSÉ.

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