viernes, 24 de mayo de 2013

403. Mi Dios es mi Trinidad



Homilía en la fiesta de la Santísima Trinidad,
domingo siguiente a Pentecostés, ciclo C,
Jn 16,12-15

Texto evangélico:
Muchas cosas me quedan por deciros, pro no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo comunicará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará.


1. Hoy es la fiesta de la Santísima Trinidad, una fiesta que en el pueblo cristiano tiene muchísima veneración, que ha arraigado cordialmente en las almas de las gentes sencillas. A la Trinidad se le han dedicado tantas ermitas en los  montes, y donde hay una ermita fácilmente sospechamos que hay una peregrinación con su misa, con su comida festiva, con sus festejos de danzas y canciones. Seguramente que, al pronunciar estas palabras, nuestro corazón se llena de recuerdos personales, y muchas personas podrán decir: Parece que está hablando de mi pueblo.
Vuelven a mi mente recuerdos, conversaciones de adolescentes como estas:
- Pues la Trinidad es la fiesta más importante del año, porque de la Trinidad nacen todo los misterios.
- De la Trinidad ha nacido el misterio de la Encarnación, y de la Encarnación, la infancia de Jesús, el ministerio de Jesús, su pasión y muerte, su resurrección, la venida del Espíritu Santo.
Estas verdades son todas ellas ciertas en sí mismas: de la Trinidad ha venido todo. Mas esto no quiere decir que la Trinidad sea la fiesta principal…; ni siquiera la Trinidad tiene que tener una fiesta aparte, porque en toda celebración cristiana se está celebrando la Trinidad, de tal modo que cada vez que celebramos la Eucaristía, para empezar hacemos la señal de la cruz y decimos. “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
De Dios hemos nacido y a Dios volveremos; estamos envueltos por Dios en todas partes. Hasta diríamos que respiramos a Dios. Y Dios es lo que es: Dios  es Trinidad: Padre, Hijo y  Espíritu Santo.

2. Hoy la Iglesia, al festejar la Trinidad, desea que tomemos conciencia clara de este misterio y, por así decir, lo “personalicemos” en tanto en cuanto podamos. Por eso hemos puesto este título a nuestras reflexiones: Mi Dios es mi Trinidad.
¿Cómo podemos hablar de Dios? ¿Podemos hablar nosotros, humanos, de Dios Trinidad?
Pues he aquí la respuesta, hermanos:
- Podemos hablar de Dios Trinidad,
- debemos hablar de Dios Trinidad, si, al abrazar la fe, hemos experimentado que el único Dios que existe es el Dios revelado, el Dios de la historia, el Dios de ayer y hoy, el Dios de mi vida, el Dios que me va a juzgar, mi Dios, que es mi familia, mi Dios, mi Trinidad.

3. Podemos hablar de Dios Trinidad, puesto que Jesús ha utilizado el lenguaje de la familiaridad para revelarnos el corazón de los misterios. Lo acabamos de oír. Todo lo que tiene el Padre es mío. El Dios infinito, creador de cielo y tierra, Dios eterno sin principio ni fin, es el Padre de Jesús; y el Padre de Jesús es mi Padre.
Jesús, que se despide, abre su corazón y habla de Dios infinito como si fuese un familiar que está allí y que va a venir mañana. Parece que esto no es correcto; e incluso que es escandaloso. Mas para entendernos hay que usar el lenguaje de la familiaridad; incluso, no hay otro lenguaje posible. Dios es familia, nos está diciendo Jesús, mi familia, vuestra familia.
Así nos ha revelado quién es el Padre.

4. El que se mete a fondo por las historia del Antiguo Testamento se queda abrumado: ¡cuánta pecado!, ¡cuántas barbaridades…se nos cuentan en esas páginas! Pero metiéndose a fondo y más a fondo, uno termina adorando y diciendo: Realmente Dios está ahí. El protagonista de la Biblia es Dios, Dios presentísimo, a veces muy escondido, en los hechos humanos; Dios, siempre Dios y solo Dios, en todos los acontecimientos humanos. Donde está el hombre está Dios. Y no puede ser de otra manera. Esta es la enseñanza central del Antiguo Testamento: que Dios está presente. Y por estar presente, está activo; nos acompaña; todo lo nuestro le interesa a él como cosa de familia.
Y si pasamos al Nuevo Testamento el panorama es el mismo con una característica: Dios está en Jesús, Dios es Jesús, porque Jesús es el Hijo de Dios.
Y para abrirnos el misterio completo, Jesús, el Hijo de Dios, nos habla del Espíritu Santo. Nos lo presenta en el texto de hoy (que corresponde a las confidencias de la Cena) como familia: uno de la misma familia, con su personalidad distinta. Hay un solo Dios con tres Personas distintas, dijeron los concilios de tiempos pasados.

5. Este Espíritu, que por ser Dios, tiene todas las perfecciones de Dios hoy lo presenta Jesús como el Espíritu de la verdad. Es también el Espíritu del amor, pero ahora nuestra atención se posa en esto de que es el Espíritu de la verdad.
No podemos encontrar la verdad de Dios fuera del Espíritu de la verdad. “Os guiará hasta la verdad plena”, nos dice Jesús.
¡Qué panorama más bello! Realmente yo busco la verdad, y, al buscarla, siento que la verdad es infinita, y que no hay nadie que pueda cargar con ella. Tampoco los discípulos de Jesús podrán cargar con toda la verdad; pero, no temamos, este a ser divino, Dios mismo, el Espíritu de Dios, nos irá diciendo, conforme se van deslizando los siglos, lo que necesitamos saber para el verdadero conocimiento de Dios. De esto se trata: de la verdad que nos humaniza, nos santifica, nos diviniza, de esa verdad con la que el hombre alcanza su destino. El Espíritu de Dios nos la va diciendo. Nosotros, la Iglesia de Jesús, debemos dejarnos conducir por ese Espíritu de consuelo y de amor, que es, al mismo tiempo, el Espíritu de la verdad.

6. Vivir así la vida, hermanos, es sublime; sencillamente divino. Es vivir cotidianamente en la Trinidad: dialogar de continuo con Dios, y sentir en mi corazón como Dios Padre, como Dios Hijo, como Dios Espíritu Santo.
La Trinidad, pues, la sublime Trinidad, origen del universo, se aposenta en mi corazón y es mi Trinidad.
Se aposenta en mi corazón y de mi corazón sale a la vida. Mi Trinidad es mi ámbito de cada día.
Esto es bello; esto es verdadero; esto da la paz.
Hagamos juntos, hermanos, esta sencilla oración:
Mi Dios Trinidad, mi Dios Padre, mi Dios Hijo, mi Dios Espíritu Santo: solo os pido una cosa: ser vuestro confidente. Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves 23 mayo 2013.

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