miércoles, 29 de mayo de 2013

404. Ha llegado la belleza 6 - Corpus Christi: suavidad, dulzura y belleza



Suavidad, dulzura y belleza

1. La Eucaristía, donde está real y verdaderamente presente Jesús Resucitado, nos introduce por los caminos de la belleza. Hablamos de la belleza pura. La belleza en estado puro es el Dios de nuestra fe.
Y el modo de comunicación con esta belleza absoluta es
- o bien la contemplación,
- o bien el toque de amor.
Al fin, las dos experiencias se funden.

2. La experiencia de lo divino no es otra cosa sino el encuentro y fusión de dos presencias, las cuales, al contacto, se hacen una: Dios y yo. Al fin Dios está esencialmente presente en nosotros por su divina inmanencia que traspasa todos los seres. Y esta presencia, que es al mismo tiempo transcendente e inmanente, se hace noticia cuando mi corazón de hombre peregrino siente que Dios le ha visitado. Dios visita a todos sus hijos, sin excluir a nadie, y esos toquecitos al corazón, que sentimos en la intimidad, no son otras cosa que noticia cierta de esa presencia. Dios está conmigo.

3. Dios llega como fruición, y esto es suavidad y dulzura; Dios llega como belleza, lo cual también es suprema fruición, divina embriaguez. Y la Eucaristía, sacramento de fe – o “sacramento de la fe” – es justamente todo eso.
Y eso, y no otra cosa, es la fiesta del Corpus, fiesta de supererogación (ya lo explicamos en su momento, al pasar de Pentecostés al tiempo ordinario) nacida en el siglo XIII como anhelo de amor.
Nacida del amor, que es la cuna de la belleza, los siglos la han ido cargando de expresiones bellas: los teólogos, los poetas, los músicos, los orfebres y arquitectos han venido a postrarse ante la Eucaristía y dejar salir del corazón un suspiro de amor, al que luego le han dado forma en su arte.

4. La Eucaristía se cierne sobre todos los ámbitos de la vida, y quien lo desee puede disertar sobre la Eucaristía y las exigencias sociales que reclama la comunidad eucarística. Es cierto e, incluso, evidente. Con todo, el primer anhélito que brota en el pecho, al mirar la Eucaristía es un simple efluvio de amor, que irradia suavidad, dulzura y belleza. La Eucaristía nos invita a mirar, penetrar, dejarse embargar de sentimientos divinos. La Eucaristía es para sentirse amado.
Corpus Christi como fiesta nació en la Iglesia el 8 de septiembre de 1264 por el papa Urbano IV (bula Transiturus hoc mundo). Santo Tomás de Aquino nos dejó los textos para el Oficio y Misa propia del día. Y unas composiciones teológicas y poéticas, himnos y secuencias muy bellos y más embellecidos con la música gregoriana: Pange Lingua o Lauda Sion, Panis angelicus, Adoro te devote, Verbum Supernum Prodiens, Tantum Ergo.

5. Repasando recuerdos, me ha venido a la mente aquel Año Eucarístico de 2005, cuando aún vivía el Beato Juan Pablo II. Y de mis archivos he rescatado un poema que entonces dediqué a mis queridas hermanas capuchinas sacramentarias. Sacramentarias así llamadas, porque pertenece a su carisma el mantener la adoración al Santísimo Sacramento día y noche.
En este camino de la belleza, hoy brindo aquel poema a quienes gustan estar en adoración ante Jesús Eucaristía expuesto sobre el altar.

Cantinela para la adoración del Santísimo Sacramento,
expuesto en la Custodia

(Estos versos de siete sílabas llevan acento rítmico en la tercera y en la sexta). He aquí unos versos sencillos y espontáneos.  Para su ejecución, se podría intercalar, entre estrofa y estrofa, alguna música apropiada meditativa; o quizás algún pasaje continuo del Evangelio de san Juan.

1
Tu presencia infinita
se hace un suave latido,
nos envuelve en su nube
y caemos cautivos,
dulcemente adorando,
oh Señor Jesucristo.

2
Nuestros ojos se pierden
en la luz suspendidos:
eres Tú el que eres,
eres Dios, todo mío,
el Amor que conquista
y me tiene rendido.

3
En silencio sagrado
yo te adoro y te miro,
y no pienso ni hablo,
a tu pecho respiro;
y me estoy cobijado
y te siento conmigo.

4
Ser y estar todo uno,
ser contigo yo mismo:
en la santa unidad,
verme en ti sumergido;
y adorar con dulzura,
Sacramento dulcísimo

5
Tú eres tú frente a mí,
creador y destino,
y me haces ser yo,
reflejado en tu abismo:
oh mi Dios, soy tu imagen,
de la arcilla venido.

6
La quietud sabe a amor,
es paisaje divino;
navegamos sin tiempo,
hasta hallar el principio;
y el principio era el Padre,
y con Él era el Hijo.

7
Al principio el Espíritu
era el fuego escondido:
en Hogar increado
era amor de Dios trino;
era brasa y ternura
el amor siempre vivo.

8
Dios eterno encarnado
escogió nuestro sitio,
y a mi alcance se puso,
por el tiempo ceñido:
oh mi Dios, cuyo nombre
es Jesús Eucarístico.

9
¡Oh ternura inefable,
oh mi Dios pequeñito,
que te bastan tan solo
unos granos de trigo:
yo me gozo y te adoro
con los ojos bien fijos!

10
El amor sin palabras
llega a ti en mi suspiro;
sin palabras te encuentro,
y te escucho en lo íntimo:
oh mi Dios más adentro
que mi yo de mí mismo.

11
Oh mi Dios, a quien veo,
con los ojos sencillos,
eres luz que se enciende
en mi rostro encendido;
y te digo un secreto:
yo te amo, amor mío.

12
Yo te amo Jesús,
y a tu pecho me arrimo;
yo te beso y te como,
mi manjar exquisito;
de pecado y mentira
librame, compasivo.

13
Dame el don de mirarte
y expresar mi gemido,
pecador que yo soy,
mas de amores herido:
oh Jesús, pan sabroso,
oh Jesús, dulce vino.

14
Oh María que diste
a Dios Verbo cobijo,
de tu cuerpo sagrado
es la carne de Cristo;
seas tú bendecida
por tu fruto bendito.

15
Dios corone su amor
con la paz por los siglos,
y los cielos y tierra,
con los hombres unidos,
todos juntos cantemos
al Amor eucarístico. Amén


(Guadalajara, Jalisco, Corpus Christi 2013)

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