domingo, 9 de junio de 2013

412. Cómo traducir el Evangelio de los domingos



Por una traducción lo más exacta posible
del Evangelio


Para algunos biblistas son familiares unas expresiones de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz:
“Solamente en el cielo veremos la verdad de cada cosa. En la tierra esto es imposible. Así, incluso para la Sagrada Escritura ¿no es triste ver todas las diferencias de traducción?. Si yo hubiera sido sacerdote, habría aprendido hebreo y griego, yo no me habría contentado con el latín, y de este modo habría conocido el verdadero texto dictado por el Espíritu Santo”. Palabras que salieron de labios de santa Teresita en sus meses de agonía, y estas en concreto el 4 de agosto de 1897. Su hermana Paulina (Madre Inés de Jesús) fue recogiendo en un Cuaderno Amarillo estos centenares de palabras que iban saliendo del corazón de su santa hermana.
Los estudiantes del Instituto Bíblico (Roma) pueden recordar este pasaje que el P. Zerwick puso en el frontispicio de su Análisis Filológico del Nuevo Testamento Griego.
Santa Teresita, hoy doctora de la Iglesia, sin formación académica, fue una enamorada de la Escritura. Se han contado en sus escritos 450 citas o referencias del Antiguo Testamento y 650 del Nuevo Testamento (La Bible avec Thérèse de Lisieux, Cerf, 1979)
Sin duda que hay que perfilar este concepto de inspiración que se explicó con el “dictado del Espíritu Santo” (quizás tampoco o la santa quiera referirse exactamente a esta noción académica). Pero sí que hay que apreciar, y es lo que percibe la Carmelita, es la precisión del lenguaje del texto original. La versión latina. que entonces era la vulgata y no es la Nova Vulgata  - merece sumo respeto, pero nuestra referencia última tiene que ser el texto original.
La joven carmelita, que desea sorber al palabra de Dios, tal cual el Espíritu Santo al inspiró, ha quedado desconcertada al ver tan distintas traducciones para el mismo texto. ¿Cómo se explica esto?
En todos los aspectos de su vida santa Teresita ha sido una apasionada de la verdad. Y en fuerza del mismo criterio, quiere llegar al conocimiento exacto del texto original de la Biblia. Tiene perfecto derecho.
Castellano hablamos en castilla y España y castellano hablamos en México. Tomemos el texto del Evangelio de hoy (domingo X del tiempo ordinario, Lc 7,11-17) y leámoslo en la misa celebrada en México y celebrada en España. Pongámoslo en dos columnas (no me lo ha permitido la máquina o mi técnica). Al decir misa celebrada en España me refiero a la traducción de la Conferencia Episcopal Española



Se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre. Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: “No llores”, Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo Jesús: “Joven, yo te lo mando: levántate”. Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”.
La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circundantes.
Poco tiempo después iba camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores.» Y acercándose  al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo: “Un gran Profeta ha surgido entre nosotros”, y “Dios ha visitado a su pueblo.» 
Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.



Hagamos algunas observaciones, sin meter exactamente la lupa:
1.      En la primera versión el nombre de JESÚS aparece tres veces (se comprende que la primera vez sea meramente contextual, como “en aquel tiempo”). Pero ¿y las otras dos? ¿Por qué? En el texto, como lo dicen todos los libros de exégesis, Lucas utiliza por primera vez la designación de EL SEÑOR (ambas traducciones). Aquí hay que recargar el acento, sin duda.
2.      “hijo único de una viuda”. El griego tiene las palabras “madre” y “viuda”: hijo único de su madre, que era viuda. ¿Tenemos derecho a quitar la palabra “madre”?
3.      Cuando Jesús se dirige al muerto (joven o muchacho), ¿cómo se expresa el texto griego: yo te lo mando, o a ti te lo digo? En la Creación suena la frase: Y dijo Dios…, y dijo Dios…
4.      En la aclamación del pueblo ¿hay una frase (versión primera) o dos (versión segunda)?
Metiendo la lupa, iríamos a otras expresiones:
·         “¿acompañado de…?” o “¿caminaban con él…?”
·         “¿entrada de la población?” o “¿puerta de la ciudad?”, como literalmente dice el texto.



La minucia de la palabra tiene su sentido y transcendencia. Cuando nosotros nos acercamos a la Escritura, queremos degustar el texto, el texto incluso en su literalidad.
Si el lector fuera acaso un estudiante de Biblia, le aconsejo ahora que haga una confrontación de más detalle: que tome el volumen de J.M. Bover – J. O’Callaghan, Nuevo Testamento Trilingüe (Bac, Madrid 2001), y haga una confrontación entre
- texto griego
- texto de la Nova Vulgata (la versión más apegada al griego)
- y la propia versión castellana de O’Callaghan.
Allí verá, por ejemplo, qué significa “se compadeció de ella” (el verbo y su preposición): sintió que se le enternecía el corazón con ella.
Y es que, tratándose del Evangelio, cualquier detalle nos resulta un tesoro.
Espero que el lector comprenda estos afanes, que no son bizantinismos, sino matices a la escuela de nuestra querida Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz.
Y todo para gloria de Jesús, el Señor.

Guadalajara, Jalisco, domingo X del tiempo ordinario, ciclo C, 9 junio 2013

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