martes, 18 de junio de 2013

416. Los 100 primeros días del Papa Francisco



Reflexiones en torno a los 100 primeros días

del Papa Francisco

1. El día 20 de junio (pasado mañana) se cumplen los 100 primeros días del Papa Francisco, elegido en el cónclave el día 13 de marzo. Muchos harán un alto para un análisis, una especie de foto panorámica, como es uso cuando llegan los 100 primeros días del Presidente. El domingo (16 de junio) ya lo hizo el periódico ABC de España: Los diez secretos del éxito del Papa Francisco. 1. Sencillez  2. Afecto  3. Humildad 4, Fortaleza 5. Libertad  6. Colegialidad 7. Oración 8. Profundidad  9. Misión 10. Coherencia.  Cada uno de estos diez titulares tiene unos párrafos a modo de tarjeta de verificación.
El Papa se ha granjeado la simpatía universal; demos gracias a Dios por ello. Hemos de añadir que el Papa está todavía en su luna de miel. No le ha tocado intervenir en decisiones que, por sí solas, crean división, aunque las situaciones críticas ya han comenzado. Ayer el Papa recibía al Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. El Papa sabe que es Papa exactamente igual de Papa para la mitad del país que ha votado a Maduro, en sucesión de Chávez, y para la otra mitad que no lo ha votado, incluso lo ha rechazado con una gran crispación en el país y sonoras repercusiones en el extranjero. ¿Cómo pronunciar una palabra de Evangelio – pues de esto se trata – sin perder la cortesía y contando con la diplomacia de este mundo?
No se puede emitir un juicio sobre este pontificado, que no ha hecho sino comenzar; ni tampoco es sensato exaltarlo en contraposición con los pontificados precedentes, a costa de estos.
Un ejemplo. Benedicto XVI termina su pontificado con un plebiscito de veneración en toda la cristiandad, de veneración y agradecimiento. Es el primer juicio que le ha dado la historia. Y esto, sin duda, hoy por hoy para la vida de la Iglesia es no menos importante que la enorme simpatía que ha despertado el Papa Francisco. La Iglesia ha visto en Benedicto XVI a un anciano íntegro y luminoso, a quien no le tembló la mano a la hora de actuar; un hombre no solo Doctor de Cátedra, sino lleno de la Sabiduría del Espíritu. Un gran Pontífice, que traducía en su dulce mirada, en su teología de preferencia bonaventuriana con la primacía del amor, y en su forma de escribir una alma esteta y una gran intimidad con Dios.

2. Y un día después de los 100 primeros días del Papa Francisco se cumplen los 50 años del comienzo de pontificado del Siervo de Dios Pablo VI (21 junio 1963). Con esta efeméride L’Osservatore Romano ha preparado un extraordinario de 100 páginas, que será puesto a la venta ese día. Desde aquí, México, ¡cómo quisiera tenerlo en mis manos, porque Pablo VI hace muchos años que en mi corazón tiene un altar, antes de que la Iglesia le otorgue el título de Beato y Santo, que en su día vendrá! Luego de la muerte del Papa surgió el Instituto Paulo VI en Brescia para guardar la herencia que su persona ha dejado a la Iglesia. Pablo VI, papa sufriente, fue el Papa del diálogo con la modernidad, a costa de su propio Calvario. Empezaba el oleaje de la secularización en el cual estamos.
Otros pensarán que fue un papa déspota y que no aceptó la colegialidad que él mismo firmó en los documentos conciliares, al no dar paso en el Concilio a temas que él no consideró maduros para la discusión en el aula. Yo opino que, aun en la colegialidad, hay un punto último que lo debe decidir “uno”, porque tampoco la colegialidad es una suma mecánica de votos. Con ello entramos en la esencia misma de la Iglesia, donde también los teólogos pueden sufrir unos frente a otros por la distinta fibra que tenemos. Pablo y Pedro discuten, y esto será así hasta el fin del mundo. En ámbito casero lo vemos así entre colegas que amamos y nos apreciamos y que divergimos en nuestros pensamientos o, mejor, sentires eclesiales, pero la caridad es la maravilla en la mutua aceptación.

3. El Papa Francisco sorprende desde su primera aparición en el Balcón de San Pedro: no quiere la muceta oficial de los actos públicos solemnes del Papa, no quiere un crucifijo de sus venerados predecesores: su sencilla cruz de bronce, que ha usado desde hace tantos años; sorprende, sobre todo, que antes de bendecir pide rueguen por él en silencio los que están en la plaza, y él mismo se inclina para orar, como recibiendo la lluvia de gracias que imploran los fieles. Comienza a sorprender de nuevo al día siguiente en su homilía sin papeles a los cardenales. El contenido no sorprende. Lo diría todo el que ha hecho a  fondo los ejercicios de San Ignacio, porque corresponde a la más clásica espiritualidad cristiana tradicional. El modo decirlo sí puede sorprender: “Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”. Es decir: es más importante ser discípulo del Señor que ser Papa.
Sorprende en la homilía de inicio del ministerio, que no parece una homilía a la altura de las circunstancias, una homilía de solemnidad para la historia, sino una homilía parroquial, sencilla y entrañable, del último domingo de un buen párroco. ¿Y es que en una homilía parroquial está menos vibrante el mensaje íntegro de Jesús?
Sorprende que, empezando a ser Papa, celebre la misa de cada día como un sacerdote que medita las lecturas y ora y predica una sencilla homilía como innumerables sacerdotes lo hacemos espontáneamente día a día. L’Osservatore, prudentemente, no transcribe el texto no escrito, sino que da el contenido y cita frases. (En alguna ocasión los críticos han notado la omisión intencionada de alguna frase fuerte que se recogió en la Radio Vaticana y no pasó al periódico). En una homilía de repente, sincera y auténtica, siempre podemos decir frases que así como están dichas no las dejaríamos escritas. El oyente evangélico nos tiene que comprender.
Sorprende que de la hospedería Santa Marta haga su residencia habitual, al menos por ahora, transformando así el sentido de la pequeña “familia pontificia”.
Sorprende muy especialmente su estilo de saludar en la plaza y de besar a niños y niños que le presentan las mamás. Es algo que le sale del corazón y le va; no es exhibicionismo y propaganda.
Con ninguna de estos gestos el Papa ha querido hacer crítica a otra manera de ser Papa, que han tenido sus antecesores. Y cuando el Papa ha dado explicaciones, ha dicho: No es virtud; es mi estilo…
No tiene que sorprender (a mi parecer) que el Papa haya nombrado a ocho cardenales como consejeros para la reforma de la Curia. Fue uno de los temas capitales de las reuniones del pre-cónclave. Sí que tiene que sorprender que, más allá de esta función precisa, el Papa haya pensado en un “Consejo permanente” del Colegio cardenalicio en vistas a un mejor ejercicios de la colegialidad, cosa que deberá aclararse y en su día se verá.
La mayor sorpresa para los que andamos en estas cosas de Iglesia como en casa nuestra – siempre a mi modo de ver – ha sido el reporte muy amplio de la audiencia privada que tuvo con los seis miembros del Consejo de la CLAR (Consejo Latinoamericano de Religiosos), tres mujeres y tres hombres, en una sencilla reunión en círculo, sin papeles, conversando de corazón a corazón. Ninguno de los seis se atribuye que pasara el reporte; los que lo han publicado garantizan su autenticidad. A mi modo de ver, se quebrantó seriamente la confidencialidad y eso es un perjuicio para el Papa… pero que hablara en ese tono y que dijera, a corazón abierto, tales cosas ¿se podrá negar tan fácilmente?

4. Con el paso de los meses hemos de ver nuevas sorpresas. ¿Cuáles? Si se supieran, si se barruntaran, ya no serían sorpresas. Supongo (es un decir) que si el Papa para ir el próximo mes a Brasil no quisiera un avión “ad hoc”, sino que dijera que se va en una línea ordinaria brasileña con vuelo Roma Rio de Janeiro, sería sorpresa (no calculamos los problemas logísticos que esto acarrearía) pero tampoco nos quedaríamos atónitos: Es la línea de Bergoglio, diríamos.
No queremos ni profetizar ni pronosticar, sino que es un ejemplo didáctico.

5. Con estos trazos por delante, y otorgando al Papa nuestro respeto, amor, admiración y obediencia, vamos al punto central.
- ¿Qué piensas de este Papa?, me dicen mis compañeros en plan de sobremesa.
- Lo admiro como hombre de Dios, lo acepto de todo corazón, pero espero… porque no soy un profeta. Se quiere operar un cambio en la Iglesia, pero mi clarividencia no es tal como para asegurar que  el cambio benéfico se ha operado, cambio, digo, en la verdad y profundidad de la Iglesia, como ha anhelado el Concilio Vaticano II.
La vida, vista por fuera, se muestra caprichosa, aleatoria, impredecible; a veces irónicamente caprichosa, si hacemos caso al sapientísimo Qohélet. Por eso el misterio de la vida tienen que ser más simple, más seguro que todo lo que se puede llamar crónica y propaganda: el misterio de mi vida (que me excede), el misterio de la vida del Papa Francisco (que le excede), el misterio de la vida de la Iglesia en el mundo, que solo lo conoce y domina Jesús, muerto y resucitado. No es escapatoria del problema; es lo más real que vivo y pronuncio.
Recuerdo que hace años, en una conversación de corrillo en la calle, saliendo de un evento o esperando a entrar el cardenal Carlos Amigo, dijo en el sentido más positivo y laudatorio: “Yo creo que este papa Benedicto XVI nos ha de dar alguna gran sorpresa”. Y ¡vaya que sí la dio!, aunque el final de Benedicto XVI estaba totalmente fuera de órbita de la imaginación del cardenal. Las sorpresas que nos va dando en 100 días el Papa Francisco, ¿es realmente la sorpresa?
Un Papa es Obispo de Roma, teológicamente sí: pero para elegir al Obispo de Roma no hay que ir “al fin del mundo” (decía el Papa de sí mismo: “Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo..., pero aquí estamos”). Para elegir un buen Obispo de Roma habría que pasearse por Italia. Los Cardenales en cónclave, que han de elegir, al Obispo de Roma,  buscan más a un Papa que a un Obispo para Roma…
La función específica del Obispo de Roma en cuanto Papa es presidir en la Unidad a todas las Iglesias del Orbe, que forman una sola Iglesia católica, dirigida por Cristo el Señor, desde el cielo. Eso es ni más ni menos un Papa. Obviamente esto excede todas sus fuerzas humanas, y en aquella asamblea de hombres dignísimos, desde esta óptica, no había uno capaz.

Y aquí comienza nuestro sueño ingenuo de esa Madre Iglesia  que queremos, a quien amamos con todas las fibras del alma, pese a los pésimos ejemplos que, a veces, nos puede dar algunos de sus hijos (¡Dios mío, que no caiga yo en esas aberraciones!)
Pensando, pues, en este Papa, para hacer la evaluación de los poquitos días de su pontificado, yo, fiel cristiano, pregunto con ingenuidad angélica:
- Y ¿por qué el Papa no se junta con el Santo Sínodo de Oriente y les dice: Hermanos, hagamos un Sínodo universal, ustedes y nosotros, porque no puede continuar ese escándalo supremo de los discípulos de Cristo que llevamos más de un milenio de división?
- Y ¿por qué el Papa no se junta con las Iglesias más sólidas nacida de la Reforma (pronto será el V Centenario de Lutero) y les dice: Ya basta de división, hermanos, 500 años son demasiados años, hablemos, aclarémonos, renunciemos todos a derechos que no establece el Evangelio…?
¡Qué bonito sería todo esto! Esta iglesia unida de todos los creyentes en Cristo sería la luz del Evangelio, e inmediatamente correríamos a los pobres, como a nuestros predilectos hermanos…
- O, más sencillamente, sigo discurriendo y preguntando con el mismo candor:  ¿Por qué no ponemos en práctica, comenzando por nosotros católicos del primero, segundo, tercero y cuarto mundo, las cosas maravillosas que ha dicho el Concilio Vaticano II, y que luego, con no menos entusiasmo, han repetido y ahondado, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida…?
Y, a fuerza de audaz, se me ocurre pensar y preguntar algo mucho más elemental, y al parecer, no menos difícil:
¿Por qué en mi Parroquia no dice el Párroco: Hemos acordado en el Consejo Parroquial que un comité de señoras prepare la celebración de la Primera Comunión de este año: las niñas, todas comulgarán con una sencilla túnica, todas en la misa parroquial y luego haremos un desayuno festivo para toda la Parroquia? Esto es muy bonito, muy evangélico; es viejo como mi niñez, y todavía no se ha conseguido. ¿Por qué? Porque a las mamás les parece mejor lo otro y porque no quieren esto…, porque quieren otro tipo de Iglesia. Y yo me pregunto: Si no somos capaces de arreglar en buena armonía estas cosas de casa ¿tendremos la osadía de dictar a la santa Iglesia, y al Papa en concreto, lo que tiene que hacer para que todo se arregle?
- Y sigo en mi cavilación: ¿Por qué las bodas no se hacen de otra manera muy distinta con la participación de toda la comunidad parroquial…? Esto es más viejo que mi niñez y tampoco se ha conseguido.
- ¿Por qué unas jovencitas celebran por todo lo alto sus quince años, con chambelanes y mariachis…, y otras no…, si son todas de la misma parroquia, de la misma familia de Dios?
De manera que el buen párroco teólogo se queda desarmado ante dos imágenes de Iglesia con las que tiene que contar: la de él y las de sus fieles. Hay una Iglesia pura y fascinante, que se desprende del Nuevo Testamento y una Iglesia de la historia de 20 siglos, con muchas ataduras y miseria, y que es la Iglesia de Jesús en la que yo vivo y viviré por su gracia. Hay una Iglesia fascinante de las cartas de la cautividad, hay una Iglesia bella y cruda de las cartas a los Corintios; y las dos son la misma Iglesia. Hay una Iglesia Esposa de Cristo, sin macha ni arruga, y una Iglesia Pueblo de Dios, llena de pecadores, de los cuales no puedo excluirme; y las dos son la misma Iglesia.
Soy sacerdote – como he dicho – y soy hermano menor capuchino. Los capuchinos tenemos unas Constituciones renovadas bellísimas, oro purísimo, mejor que las anteriores. Entonces, ¿por qué cuando yo era joven, y estudiaba una teología muy imperfecta, nuestros conventos estaban llenos de jóvenes, a veces hasta rebosar, y hoy en nuestra Provincia Hispana, fusión de cuatro provincias, los jóvenes de postulantado, noviciado y postnoviciado se pueden contar con los dedos de una mano y aun sobra alguno de estos dedos…? ¿Por qué, si el ideal que ofrecemos es mucho más bello – al menos aparentemente – que el que a mí me ofrecieron? ¿Cuál es el misterio, porque, a lo mejor, en pequeño, es el misterio mismo de la Iglesia? Mi familia capuchina no es solo san Francisco y las bellísimas Constituciones; es que soy yo y mis hermanos, y las historia que hemos hecho y la que vamos haciendo; todo junto forma una sola cosa.

6. Todos los que amamos a Jesús tenemos un sueño de Iglesia… Y en los 53 años que uno lleva de sacerdote sueña en otra Iglesia…, no porque hoy sea Papa un latinoamericano. Si uno lo dice, puede parecer díscolo, petulante y hasta escandaloso; pero no es así; es humildad, sencillez y búsqueda.
En un retiro a la CIRM de Puebla (Conferencia de Religiosos...) y en un folleto titulado Por una Iglesia vivida como comunidad de hermanos en el amor”, escribí estos párrafos:
“La Iglesia se mundaniza cuando quiere aplicar los signos de los poderosos a su régimen interno. Los poderosos son: mundo empresarial de eficacia e influjo; mundo político de prestigio y dominio; mundo de sociedad de presencia, fama e importancia. Pero no ha de ser así entre vosotros (Mc 9,43).
Por una sedimentación de siglos se han introducido en la Iglesia, específicamente en su estructura jerárquica, usos, costumbres y distintivos (escudos), vestimentas... que incluso llevan su explicación teológica, pero con una teología cuestionable. Recuérdese el uso de la Tiara, con triple corona, usada desde la Edad Media hasta que Pablo VI puso a subasta la última tiara... a beneficio de obras sociales. Con ello terminó la tiara en la Iglesia, no obstante que Papas humildes, sencillos y santos – el último el Beato Juan XXIII – la hubieran usado.
Y a modo de ejemplo. El título de cortesía oficial (no para uso litúrgico) en la Santa Sede para un Obispo es: “Excelentísimo y Reverendísimo”, a lo que se añade Señor. “Reverendísimo” es título eclesiástico; “Excelentísimo” es título civil de rango de gobernador otorgado en atención a su nivel en el estamento social... ¿Qué piensa un exegeta de todo esto frente al Evangelio...?” (Puebla, 14 mayo 2011).
Al aire de estos sentimientos un sencillo discípulo de Cristo, que quiere amarle de todo corazón, piensa – no ahora, sino desde hace tanto tiempo – ¿Por qué la Iglesia de Jesús tiene que estar unida a un “estado Vaticano”? (Pues porque se le facilita su labor entre las naciones por medio de las representaciones diplomáticas. Respuesta que es sensata, virtuosa, pero no específicamente evangélica).
La Iglesia no es solo proyecto, sino historia; y la Iglesia del Papa Francisco es historia.
Jesús nos ha dicho: Todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8), pero somos nosotros los que hemos ido configurando esta nuestra Iglesia-Hermandad a nuestro modo y manera.

7. Mi corazón se amaina con otras consideraciones en la que yo soy sujeto y parte, pues si la Iglesia la componemos los discípulos de Jesús, yo soy y me considero Iglesia viva. La Iglesia es proyecto de Jesús y la Iglesia real es también historia. Con las dos cosas debe contar el Papa Francisco, según el Espíritu le indique.
Yo no tengo una evaluación de los 100 días del Papa Francisco; tengo un gran anhelo (tiempo ha le dediqué mis primeros versos en este blog), una oración, y humildemente, como fiel cristiano, una disposición.
Francisco de Asís vio una Iglesia esplendorosa y llena de llagas. Él no trabajó por el camino de la dialéctica: “Así y así debe ser la Iglesia”. Ni estaba humanamente capacitado para ello. Él trabajó por otro camino: por el simple camino del testimonio.
La Iglesia ¿necesita analistas, proyectistas, teólogos? Sí.
Pero más necesita de testigos: que a unos los saque el Señor para conocimiento y estímulo de otros; que otros, la gran mayoría, se pierdan – o nos perdamos – en el anonimato, pero ¡que sean verdaderos testigos de la novedad de Jesús!
Lo dice san Ignacio en un momento central de los Ejercicios, en una oración que el que hace los Ejercicios dirige a Jesucristo: “Eterno Señor de todas las cosas, yo hago mi oblación, con vuestro favor y ayuda, delante vuestra infinita bondad, y delante vuestra Madre gloriosa, y de todos los sanctos y sanctas de la corte celestial, que yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada, sólo que sea vuestro mayor servicio y alabanza, de imitaros en pasar todas injurias y todo vituperio y toda pobreza, así actual como spiritual, queriéndome vuestra sanctísima majestad elegir y rescibir en tal vida y estado” (EE 98).
Hay sacerdotes que fueron espléndidos profesores y un día dejaron el sacerdocio…; y siguen opinando brillantemente…, y suenan en la prensa y en Internet. A nadie se le quita el derecho a opinar. Yo leo…, pero prefiero escuchar a los humildes sacerdotes que, por la gracia de Dios, se han mantenido en la palabra dada a la Iglesia. Sus opiniones, aunque sean de modestos alcances (los hay brillantísimos también), me interesan más que las de los anteriores.

8. En suma, la ruta del Papa Francisco acaba de comenzar, y bien por la gracia de Dios. Que continúe apoyado en la oración de toda la Iglesia. Cuente con la mía.
“La Iglesia se despierta en las almas” (Romano Guardini), y en la mía también.

Guadalajara, Jalisco, 18 junio 2013.

En torno al Papa Francisco, puede verse en este blog varios entradas, en especial:
368. Estampa del Papa Francisco. Poema (hasta el momento 393 vistas).
393. Año de la Fe. Retiro espiritual con el Papa Francisco (hasta el momento 189 vistas).

1 comentarios:

olguita dijo...

100 días sin P.Benedicto y 100 días con el P Francisco, pero....todos ustedes sacerdotes: como lo mas cercano aquí en la tierra a Dios, lo terreno sera siempre difícil de combatir sin la fuerza que ustedes nos infunden para seguir a Cristo, no miremos el medio sino el fin, lo importante no seria tener una celebración en comunidad sino que el niño o el joven realmente reciba una formación cuyo fin sea el de un buen Cristiano.

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