viernes, 5 de julio de 2013

423. Domingo XIV. C Enviados con la antorcha de la Fe



Homilía para el domingo XIV del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 10,1-12. 17-20


Texto evangélico:
En aquel tiempo designó el Señor a otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
- “La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en casa, decid primero: "Paz a este casa" Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que hay, y decidles: "El Reino de Dios ha llegado a vosotros". Pero si entréis en una ciudad y no es reciben, saliendo a sus plazas, decid: "Hasta el polvo de vuestras ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el Reino de Dios ha llegado". Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad”.
Los setenta y dos volvieron con alegría, diciendo:
- “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”.
Él les contestó:
- “Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres, porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”.

Hermanos:

1. He aquí un singular pasaje de la vida de Jesús que nos ha transmitido, en exclusiva, san Lucas. Los tres primeros Evangelios atestiguan el envío que hizo Jesús, en los días de su ministerio público, de los Doce: una campaña audaz que inauguraba la Misión en la tierra, que luego se había de completar tras la resurrección con el envío definitivo de los apóstoles – Once, porque Judas, el traidor, había fracasado – al mundo entero. Es la misión en la que hoy estamos: la comunidad de Cristo destinada a toda la familia humana.
Pero el Evangelio de hoy nos habla de esa misión ampliada de Jesús por tierra de Israel poniendo en pie a 72 discípulos generosos. Los envió de dos en dos y los envió a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Es una misión paralela a la primera misión de los Doce con consignas semejantes. Es una misión que brota de un gran entusiasmo. Resueltamente Jesús está inaugurando el Reino de Dios en esta tierra. Tal es el significado que se desprende del texto.

2. Los doce apóstoles conforman un número sacro que representa a las doce tribus de Israel, primicias del nuevo pueblo mesiánico. La movida de los 72 (permítasenos esta palabra del lenguaje juvenil) tiene un significado profético. Setenta eran los pueblos de la tierra, según los arcaicos relatos del Génesis; parece como si Jesús estuviese diciendo que él quiere, ya desde ahora, que sus discípulos lleven el mensaje a todos los pueblos de la tierra.
La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Jesús ve el mundo como un inmenso campo ya granado para la cosecha. El mundo es la cosecha de Dios.
Jesús envía no a sembrar, sino a cosechar la cosecha de Dios.

3. Esta visión de la vida es grandiosa y ensancha nuestro corazón con un gran aliento de entusiasmo. Ya en tiempo de Jesús los obreros eran poco. Los obreros son pocos porque, gracias a Dios, la mies es mucha. Cuando el Papa Pablo VI escribió una encíclica sobre el celibato sacerdotal (1967), analizaba la escasez de sacerdotes, y escribía: “La mies del reino de los cielos es mucha y los obreros, hoy lo mismo que al principio, son pocos; ni han llegado jamás a un número tal que el juicio humano lo haya podido considerar suficiente” (47).

4. Jesús concibe la misión no como una estrategia humana de ganar prosélitos para la causa, sino como una obra que Dios mismo dirige desde el cielo. La clave de la misión es el anuncio decidido y directo, como mensajeros de Dios, y esto en pobreza total, pues Dios mismo, como Padre que es, se hace responsable de la manutención de los mensajeros, de su ropa, de su hospedaje. Dios irá haciendo su obra, él, soberanamente él. Y, como obra de Dios, la misión estará llena de los prodigios de Dios.
Al regreso los misioneros dijeron a Jesús: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Jesús les respondió: Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. … Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres, porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

5. He aquí, pues, la imagen de la Iglesia que quiere esparcir el Evangelio de Jesús por todo el  mundo.
Esa ha sido la consigna en América, en la reunión de los obispos de Latinoamérica y Caribe en Aparecida (Brasil, 2007): Discípulo y Misionero. Todo bautizado queda consagrado como discípulo de Jesús, y todo discípulo es misionero. Así de sencillo, claro y contundente.
Esta es la Nueva Evangelización en la que se ha embarcado la Iglesia. Y en la que quiere que todos los cristianos estemos comprometidos.
Estos son los tiempos espirituales que estamos viviendo: Año de la Fe, Nueva Evangelización.

6. Estamos pronunciando estas cosas justamente en el momento en que la Iglesia acaba de recibir un gran regalo, la encíclica del Año de la Fe, Lumen fidei fechada el día de San Pedro y san Pablo (29 de junio), pero presentada y publicada el viernes pasado, 5 de julio (hoy). Quiero decir alguna palabra de este bellísimo documento que tanto nos puede alegrar y fortalecer con el gozo de nuestra fe.
En la introducción dice el Papa Francisco que esta encíclica la pensó y la preparó Benedicto XVI. Dice así: “Él ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones” (n. 7).
¡Qué palabras más hermosas y cuánto honran a los dos Papas! Dos hombres muy distintos en su temperamento, en su formación, en su estilo; y, sin embargo, de cara a la fe, que es lo que nos une a los cristianos, exactamente igual. Están los dos en la misma tónica, en la misma fraternidad de Cristo.

7. La encíclica tiene cuatro capítulos, cada uno de ellos aludiendo a una frase bíblica:
Primero: Hemos creído en el amor. Y aquí se explica cómo fue la fe de Abraham, la fe de Israel, la fe de los cristianos.
Segundo: Si no creéis, comprenderéis. La fe, el amor, la razón van absolutamente en órbita, según el designio de Dios.
Tercero: Transmito lo que he recibido. La fe sin comunidad no existe.
Y cuarto: Dios prepara una ciudad para ellos. La fe, la familia, la sociedad.

8. Voy a dar solo una cita de la encíclica, que cordialmente invito a leerla y meditarla.
Citando al filósofo Nietzsche, dice el Papa que Nietzsche joven un día le escribió a su hermana Elisabeth que en la vida hay que arriesgarse a « emprender nuevos caminos… con la inseguridad de quien procede autónomamente ». Y añadía: « Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser discípulo de la verdad, indaga » (n. 2).
Comenta el Papa que esto es falso: que la fe no es para los ignorantes, para los que no son capaces de pensar. Todo lo contrario, la fe nos invita a pensar, no anula la razón, la fe nos adentra en el misterio infinito de Dios.

9. Hermanos, este es el panorama cristiano. Esta es la antorcha de la fe que queremos llevar al mundo. Es la mayor gracia que Dios, nuestro Padre, nos ha concedido, y nosotros queremos compartirla con nuestros hermanos los hombres.
Señor Jesús, aquí estamos como uno de aquellos 72 discípulos misioneros, dispuestos a ser enviados.
Guadalajara, Jalisco, viernes 5 julio 2013.

Como himno en torno a este Evangelio, véase: Que vengan más segadores

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