miércoles, 7 de agosto de 2013

432. Domingo XIX C – No temas, pequeño rebaño



Homilía en el domingo XIX del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 12,32-48

No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en los cielos, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.
Tened ceñida vuestra cintura y encendidas vuestras lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes su señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, los irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el hijo del hombre.
Pedro le dijo: “Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?” Y el Señor dijo: “¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas? Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarde en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y a las criadas,  a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y el hará compartir la suerte de los que no son fieles. El criado que, conociendo la voluntad de su señor, nos e prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá”.

Hermanos:

1. El Evangelio de hoy es un tanto largo, y tienes dos partes diferentes de palabras del Señor. Los tres primeros versículos nos resultan de una dulzura entrañable, versículos de intimidad que nos abren de par en par el corazón de Jesús, a nosotros, su rebañito, para concluir diciendo: donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.

2. Luego sigue una catequesis a la comunidad creyente, una catequesis no exenta de severidad, que podríamos llamar la catequesis del ladrón, y que tiene este aviso central y principal: estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el hijo del hombre.
Esta palabra del Señor es clara y terminante. Él puede venir hoy mismo a llamarnos, y no podemos decir: Bueno, no estoy preparado…, pero más tarde será, mañana, aguardo otra oportunidad. No, hermanos, esto es un engaño. El cristiano debe estar preparado en todo momento, ahora mismo, para el encuentro con el Señor en "la noche de la liberación pascual" de la que se habla en la primera lectura con el libro de la Sabiduría (18,6).
3. Nuestra atención se va a centrar en los primeros versículos. Estos versículos comienzan; No temas, pequeño rebaño.
“No temas” es una palabra bíblica que solo la puede pronunciar quien tenga capacidad para destruir todo temor; en definitiva solamente Dios puede decirme a mí: “No temas”, porque solamente Él puede arrancar los miedos de mi corazón. Palabra de consuelo y de fortaleza, que está pidiendo una promesa, o, mejor, un don.
No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo. Así le dice el ángel a María en la Anunciación. El “No temas” de la Encarnación llevaba dentro el mayor don que el Padre Dios concedía a los hombre, el don de su propio Hijo.
Y cuando Jesús dice “No temas” sigue a continuación un milagro, un don de Dios.
Y esto es lo que aquí ocurre. Detrás de ese “No temas” que Jesús nos dice viene luego el gran don: vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
No temas,  “no tengáis miedoes la primera palabra que pronunció Juan Pablo II al ser elegido Papa; palabra que retomó Benedicto XVI en la homilía inaugural de su pontificado.

4. El rebaño de Jesús es un rebañito, “pequeño rebaño” o “pequeño rebañito”, que era como decir: “rebañito mío”.
Este rebañito de Jesús es el germen de la Iglesia, y a este rebañito se el concede el don supremo del Reino. Un regalo mayor no cabe.
Este rebañito pequeño – si no nos equivocamos – es la imagen más hermosa de la Iglesia que Jesús quiere. Jesús se ha sentido pequeño ante Dios, su Padre. Cuando realizaba un milagro mandaba, por favor, que no lo publicasen, que él no quería gloria por el bien que iba difundiendo. Ese era, por así hablar, el temperamento de Jesús, y eso quería traspasar a su Iglesia. Jesús no quiere grandeza, gloria y riquezas para su Iglesia. Quiere exactamente lo contrario; quiere que su rebaño se parezca a él en la humildad y en la pobreza.

5. Dice de su rebaño que lo quiere ver sin dinero. No está hablando de la jerarquía de su rebaño, sino que está hablando de todo el rebaño: Vended vuestros bienes y dad limosna.
La Iglesia de Jesús ha de ser una Iglesia pobre. Su atractivo y fascinación no está ni en las riquezas ni el poderío temporal. Lo más hermoso de la Iglesia es la hermosura de los corazones, que nosotros hemos de retratar mirando al corazón de Cristo.
Nos invita Jesús a traspasar los estrechos límites de esta vida, de las necesidades que aquí nos absorben, y nos dice: haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en los cielos, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.
Y concluye diciendo esta frase que para todos es una consigna de vida: Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.

6. A los cuatro días de su elección dijo el Papa a los periodistas que estaban en el aula de Pablo VI: “¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!” (17 marzo 2013), y esto desató una atronadora ovación.
Lo había dicho Juan XXIII en la convocatoria del Concilio: "La Iglesia es y quiere ser la Iglesia de todos, pero hoy más que nunca la Iglesia de los pobres" (JUAN XXIII, Convocatoria del concilio Vaticano ll, 11 de septiembre de 1962).
Y lo han seguido diciendo todos los Papas. No es necesario acumular citas. Pero instintivamente nos gusta más la riqueza que la pobreza. Y no caemos en la cuenta de que con la riqueza va el orgullo y la vanidad, mientras que con la pobreza va la misericordia y la ternura.

7. Concluyamos, pues, hermanos, diciéndole a Jesús: Jesús, manso y humilde de corazón danos un corazón semejante al tuyo, y que, al vernos pequeños y pobres, experimentemos allí la infinita ternura de Dios. Amén.

miércoles, 7 de agosto de 2013

En torno a este Evangelio véase nuestro poema Pequeño rebaño.

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