martes, 13 de agosto de 2013

435. Virgen Asunta, vuelo desprendido de la Escritura



Canción de amor de un trovador

a María en el misterio de su Asunción

Flotando se han quedado las mil páginas
de mi Biblia, flotando cada una,
vibrando, aleteando, como pájaros,
que pían suspendidos en sus plumas.
Mis manos acarician  las palabras
que a suave olor de Dios todas trasudan:
la Biblia huele a Dios, amor destila
y al universo entero lo perfuma.
¿Quién es esta que sube, azul pureza,
que asciende desprendida de la bruma,
Esposa del Espíritu, María,
nacida en el hogar de la Escritura?
¿Quién es ella, de Dios la más cercana,
y a esta su familia la más junta?
Cantadme quién es ella, peregrina,
que corona su viaje en tal ventura,
en fe de Nazaret hasta el Calvario,
efigie de la Iglesia en esta ruta.
María, hija de Adán enaltecida,
la esposa de José, de estirpe augusta,
la humilde servidora nazarena,
que a un niño amamantó y meció en la cuna.
La Madre de Jesús con cuerpo y alma,
la esclava del Señor, su gloria suma,
la Madre de la Iglesia, nuestra Madre,
Mujer la más amada, Ella, única.
Llevada por su Hijo, hoy asciende,
y al verla nuestra faz se transfigura.

* * *
¿De dónde recogió cosas tan bellas,
la Iglesia que con gozo las anuncia?
¿Qué arcángel san Gabriel vino a contarlas
y de alegría henchir a los que buscan?
Escritas fueron todas y guardadas,
selladas en las santas Escrituras,
y al pecho de su amado Cristo vivo,
la Iglesia amante, amando las escucha.
¡Qué bello contemplar la Sacra Página
cual historia de fe, que fue y que dura,
y ver al Padre Creador, que crea,
en tanto que el Espíritu susurra!

* * *
En alas del amor María avanza:
¡abríos y entonad vuestra liturgia,
oh cielos, habitados por la vida,
de Dios amor para su Madre hechura!
¡Oh Madre clementísima y piadosa,
mirad benignamente con ternura,
que somos tuyos, hijos en el Hijo,
y yú tan Madre nuestra como suya! Amén.

Para gloria de Dios y de su santa Madre
Fr. Rufino María Grández
Guadalajara, Jalisco, 13 de agosto de 2013




Los últimos Maitines

Mi madre, Saturnina Lecumberri Labairu (nacida el día de San Saturnino de 1908) murió el día de la Asunción de 2008, a las 4.15 de la madrugada. Antes de morir, a las 2.00, rezamos los Maitines de la Asunción de María junto a su lecho. Al evocar, en su V aniversario, este suave tránsito escribo este poema.

Invitatorio: “Venid, adoremos al Rey de reyes,

cuya Madre ha sido elevada a lo más alto de los cielos”

Los ojos los tenía ya cerrados,

y era su aliento lento y fatigoso,

y el nuestro reverente y silencioso

para decirle adiós allí apiñados.



Recemos los maitines salmodiados,

mientras se apaga el pábilo amoroso:

“Levántate, María, del reposo,

y goza ya en los brazos deseados”.



Rayar de la Asunción, de madrugada,

el cielo puro se hizo melodía,

y paz de eternidad en la alborada.



Mi madre, nuestra madre, se moría

para entrar con Jesús en la Morada,

y eternizada en Dios, nos  sonreía.
Mi madre en su 98 cumpleaños (2006)

Guadalajara, Jalisco, noche de la Asunción 2013

Para ver otros poemas escritos para mi madre, véase:




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