jueves, 22 de agosto de 2013

438 . Domingo XXI C - Señor ¿son pocos los que salvan?



Homilía en el domingo XXI del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 13,22-30


Texto del Evangelio:
Y pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.
Uno de le preguntó: “Señor ¿son pocos los que se salvan?”
Él les dijo: “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: Señor, ábrenos; pero él os dirá: No sé quiénes sois. Entonces comenzaréis a decir:. Pero él os dirá: No sé de dónde sois. Apartaos de mí todos los que obráis la iniquidad Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que será últimos.

Hermanos:
1. Jesús va caminando hacia Jerusalén. Este camino no es solo un itinerario geográfico de los pasos de su vida terrestre. Es un itinerario espiritual, efecto de ese fuego que ha venido a traer a la tierra, de ese bautismo de sangre con que ha de ser bautizado, “¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!” (Lc 12,50). Lo recordábamos el domingo pasado.
En este ambiente y tensión de espíritu surge la pregunta que le lanzan a Jesús: “Señor ¿son pocos los que se salvan?”
¿Qué difícil es responder a esta pregunta! Acaso sea imposible… De hecho, Jesús no va a responder al tema que le proponen. Jesús como hombre lo ignorar y nada puede decir.
Pero Jesús tiene un mensaje y ese sí lo ha de proclamar.

2. Jesús alimenta la idea del juicio de Dios sobre el mundo; incluso dice que estamos ya metidos en él. Y sus palabras no son una colección de buenos consejos para comportarse siempre con la virtud de un buen hijo, de una buena hija, obediente a la voluntad de Dios.
 Jesús se representa como centro de unos sucesos dramáticos que están verificándose en la historia y que van a terminar en la entrada al reino por la puerta estrecha.
Jesús, predicador del reino de Dios, ha tenido la audacia de fingir una escena del juicio de Dios en la cual es va a ser el protagonista. ¿Cómo será aquel día definitivo del encuentro? Al cerrar la historia, esta generación a la que él está predicando, ¿qué final va a tener?

3. La tensión dramática no puede ser mayor. Esta generación va a ser rechazada
Señor, ábrenos; pero él os dirá: No sé quiénes sois…
Hemos comido y bebido contigo, y tú ahí enseñado en nuestras plazas. Pero él os dirá: No sé de dónde sois. Apartaos de mí todos los que obráis la iniquidad.
Jesús no está hablando de un tercero; está hablando de él y sus oyentes. Esta generación no entrará en el reino. Si esta generación lo ha rechazado, Jesús tiene algo gravísimo que decir: él la rechazará.

Con esta explicación sencilla, inmediata. Jesús está anunciando algo gravísimo: que el reino no va a ser para ellos.

4. Hemos tomado estas frases de Jesús, que sin duda responden a la verdad histórica de su predicación, para hablar nosotros del infierno y verlo lleno de pecadores con la condenación eterna: “allá será el llanto y el rechinar de dientes” por toda la eternidad.
¿Jesús está hablando del infierno? ¿Nos está dando un cálculo avanzando de los que van a ir al infierno? ¿Acaso son más los que van a ir al infierno que los que van a ir al cielo, entendiendo el cielo como el Reino definitivo?
Y otra vez caemos en la pregunta del número de los salvados que le han dirigido al Señor: “Señor ¿son pocos los que se salvan?”

5. Sin quitar nada al dramatismo de esta cuestión de vida o muerte, tenemos que afirmar, con un estudio sereno del Evangelio, tres cosas:
Primera: Jesús no responde que son muchos los que se salvan.
Segunda: Jesús tampoco responde diciendo que son pocos, el pequeño resto de Israel, por ejemplo, 12.000 de cada tribu, los 144.000 señalados del libro del Apocalipsis.
Tercera: Jesús dice que el juicio de Dios es serio, que ese juicio se cifra en acogerle o rechazarle a él; y por lo tanto, quien no le acoge a él, enviado de Dios, sepa a qué atenerse. Nada vale el decir Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.
No es la primera vez que habla Jesús con este tono de amenaza. Recordad, hermano el final el sermón de la montaña: Aquel día muchos me dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu hombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros. Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad.
El que profetiza en nombre de Cristo, el que echa demonios en nombre de Cristo, el que hace milagros en nombre de Cristo, a lo mejor no con eso y por eso es cristiano, y hasta puede ser rechazado.
El cristiano es aquel y solo aquel que acoge a Cristo y sigue en su vida las enseñanzas de Cristo. Y nadie más. Sólo ese es cristiano.

6. Hermanos, lo que estamos diciendo no nos lleva al Evangelio del terror, sino, al contrario al Evangelio de la gracia, de la misericordia y de la esperanza.
Por de pronto, nos hace descubrir el verdadero rostro de Jesús. Para nosotros Jesús de Nazaret, el hijo de María, es sencillamente Dios, el Hijo de Dios. Y este Hijo de Dios tiene el protagonismo sobre el mundo y la historia universal.
Él es el que ha de decidir la entrada en el Reino o la exclusión del mismo.
En esa hora de la verdad, ¿cuál va a ser el punto capital que determine la acogida en el Reino o el rechazo de él? Él nos acogerá o nos rechazará según nosotros lo haya os acogido o rechazado a él, no tanto según las miserias con que a veces está envuelta nuestra vida, lo que llamamos nuestros pecados. Acogerle a él o rechazarle a él es lo que determina el veredicto final.

7. Jesús, profeta del presente y del futuro, ve: Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios, Un anuncio que proclama Jesús en consonancia con los profetas, como lo expresaba la primera lectura de Isaías. Yo… vendré para reunir las naciones de toda lengua; vendrá para ver mi gloria (Is 66,18)
¡Qué hermoso ver que el mundo entero viene a postrarse a los pies de Jesús, pues incluso sin conocerlo lo han acogido! Lo que hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños a mí me lo hicisteis.

Señor Jesús, abre mis ojos para contemplar, con infinita esperanza y agradecimiento, lo que tú contemplabas: que tú eres quien nos va a dar entrada en el Reino de tu Padre, que tú eres el que me vas a acoger a mí un día para sentarme a la mesa contigo y con Abraham, Isaac y Jacob y todos los profetas en el reino de Dios, tu Padre. Amén.
Guadalajara, 22 agosto 2013.

Sobre el Evangelio de hoy puede verse el poema: De la mesa Eucaristía

2 comentarios:

Patrricia Sandoval dijo...

Gracias padre Rufino por compartir la palabra del Señor. Palabra de amor, esperanza y misericordia. Reciba un abrazo fraterno muy fuerte de mis hijos y mío con mucho cariño.
Lo extrañamos . Que Dios lo siga bendiciendo . Paz y bien .

Anónimo dijo...

Muy estimado P. Rufino:
He leído su homilía dominical, y a través del correo electrónico le remito un escueto mensaje con una reflexión sobre la cita evangélica.
Espero, como siempre, su amable respuesta.
Cordiales saludos.
Juan José.

Publicar un comentario en la entrada

 
;