domingo, 1 de septiembre de 2013

440. Ejercicios espirituales a Sacerdotes



MEMORIAL
de nuestros Ejercicios


He tenido la gracia de dirigir unos Ejercicios espirituales a 54 sacerdotes de la diócesis de Aguascalientes (México) durante los días 26 al 30 de agosto de 2013. Ha sido una gracia compartida.

Uno de los momentos bellos fue una reunión de grupos para dar testimonio espontáneo de la fe que inspira nuestra vida. Se trataba de compartir dos vivencias:
- Para ti ¿qué texto de la Escritura puede definir mejor tus anhelos y el sentido de tu vida?
Para ti ¿qué experiencia sacerdotal, que aspecto de tu ministerio… ha sido y sigue siendo lo más gratificante de tu sacerdocio?
El tema de los Ejercicios ha sido el “único” tema que tienen unos Ejercicios, sea un camino u otro el que se tome: el encuentro conmigo mismo y el encuentro con Cristo, mi Señor.
He aquí un “Memorial de nuestros Ejercicios” para reavivar la gracia de estos días.
 

Inicio: llaves para entrar, disfrutar y compartir

Iniciamos los Ejercicios tomando como primera inspiración un texto del Evangelio del día (lunes de la semana XXI), conscientes de que siempre el texto sagrado es manantial de vida
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis, pero además impedís el paso a los que están entrando (Mt 23, 13)
Jesús recrimina a los escribas y fariseos, guías espirituales de Israel, una praxis frontalmente opuesta a lo que debieran ser y en consecuencia hacer. Estos guías
-          Tienen en sus manos las llaves para abrir los tesoros del Reino.
-          No entran ellos para disfrutar de lo que Dios les ha concedido.
-          No dejan entrar, por su torpeza, a los que anhelan beneficiarse del regalo Dios.
Queda definido con ello, por contraste, la grandeza y responsabilidad de lo que Dios nos ha confiado como sacerdotes, como guías de su pueblo:
ü  Las llaves de los tesoros del Reino.
ü  Para que entremos y seamos los primeros beneficiarios.
ü  Y demos entrada a los demás.

Donde hay un sacerdote santo con él y en torno a él se ha creado una comunidad en la que florece la santidad. Esa es mi misión y mi responsabilidad.
Los Ejercicios, como alto en el camino, buscan eso: reavivar la llama viva de nuestro ser y misión, y relanzar de nuevo nuestra vida con una consagración total.
La oración preparatoria para todas y cada una de las meditaciones y contemplaciones en los Ejercicios de san Ignacio es la misma: La oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad (EE 46).



El corazón, punto de partida de nuestro itinerario

Corazón, - lugar de todo lo posible, de todo bien creado y toda guerra  - ahí es donde se cifra mi secreto.
Desde el corazón se ha ido desplegando mi vida, como “misterio de amor, siempre por descubrir, por admirar y agradecer”. Hemos tratado de sondear el fondo corazón, en la medida en que el Señor nos lo ha dado a conocer. El corazón se ha volcado hacia afuera trazando una vida por etapas, un recorrido que cuidadosamente lo debemos analizar con todo lo que en nuestra trayectoria ha ido pasando. El anhelo de la verdad sea anhelo de nuestra vida, pues no habría peor mentira y desgracia que la pretensión de engañarnos a nosotros mismos.
Un esfuerzo analítico de la propia interioridad quedaría encerrado y como muerto en nosotros mismos, si no tratamos de ver en el curso de nuestra vida la presencia del Dios vivo y verdadero, que es quien en todo momento nos ha guiado. Dios es el que ha puesto unas “constantes” en nuestro camino desde el despertar a la vida hasta el presente.
Mi corazón me entrega una misión y esta misión acontece justamente en esta hora de la Iglesia, que la vemos, tanto en el Pontificado de Benedicto XVI como en el del Papa Francisco, como hora fascinante para vivirla, y la definimos como “hora de purificación, vida y esperanza”.
Somos herederos de un pontificado gloria de la Iglesia, y estamos gustando los primeros meses de otro pontificando que por todas partes, como una oleada del Espíritu, ha generado entusiasmo y nuevas esperanzas.
Para el logro de miv ida como sacerdote, el Concilio nos ha dado una pauta cuando ha presentado la Unidad y armonía de la vida de los presbíteros (Presbyterorum ordinis, 14). Véase, de modo paralelo, la descripción de la Espiritualidad misionera que propone el Concilio (Ad gentes, 24).
El secreto (nos dice el Concilio)
-          no está en una planeación y programación táctica;
-          ni tampoco siquiera en salvar un ritmo exigente de actos de piedad.
-          El secreto está en que Cristo habite en el centro del corazón como vida y manantial de vida. Solo él puede operar la unidad del ser, y desde ese movimiento interno se alcanza la simplicidad y la armonía; con ello, la felicidad y la paz.
Nuestros esfuerzos hemos de concentrarlos ahí.

Comunión con Dios

Puedo abrir mi “Yo” a la plenitud. Soy un individuo en el planeta tierra, y la tierra se abre al universo como un polvillo invisible en medio de la inmensidad sin límites del universo creado. Esa apertura hacia afuera nos aboca a una inmensidad cuyas dimensiones nos las podremos saber. Pero no es menos asombrosa la apertura del Yo hacia adentro para indagar científicamente quiénes somos. ¿Quién puede decir lo que es el átomo, constitutivo del ser y lo que hay dentro del átomo, si hablamos protón y neutrón? Si lo inmenso (macrocosmos) nos sume en el asombro adorante, igual lo mismo la indagación, que nunca se podrá cumplir, de lo infinitésimamente pequeño (microcosmos). Es el sondeo hacia adentro de mí mismo, hacia la última partícula de mi ser, que linda directamente con Dios.
Ahí radica el Yo, pero el Yo no puede medirse como materia ni como energía. El Yo es inmanencia, que está pidiendo la transcendencia divina.
Quedamos abocados al misterio de la Comunión con Dios como destino del hombre. ¿Quién es Dios, contemplado desde la revelación que nos suministra la Escritura?
1.      Dios es el ser: PRESENCIA.
2.      Dios es la vida: PERSONA.
3.      Dios es la palabra: DIÁLOGO.
4.      Dios es padre: TRINIDAD
5.      Dios es amor: PLENITUD-TOTALIDAD.
6.      Dios es el santo: DESTINO
Mi destino es, por tanto, abrirme a la comunión con Dios, que da la medida de mi ser.
Mi vida deificada consiste en esto:
-          Dios es hombre.
-          El hombre es Dios (El hombre es “una manera finita de ser Dios”, Xavier Zubiri).


Seguir a Jesús

Si Dios es carne y ese es Jesús,  no hay Dios más grande que Jesús mismo.
En Jesús hallo a Dios; en él está el Espíritu. Él, que es la puerta del universo, es, al mismo tiempo, la puerta de la Trinidad.
Para seguir a Jesús, adherirme a él, configurarme con él, me pregunto, ante todo Quién es Jesús. Y discierno:
Jesús en la historia.
Jesús en la fe.
Jesús en el Evangelio. El Evangelio es la fusión de fe, historia y experiencia, y todo ello es la Tradición sagrada, único vehículo para alcanzar a Jesús.
¿Quién es Jesús? El mismo Jesús ha preguntado opiniones a los apóstoles. Cuando Pedro confiesa: “Tú eres el Hijo de Dios”, Jesús ratifica:
-          Eso no lo has encontrado tú.
-          Eso no te lo ha comunicado la carne ni la sangre. No hay instancia humana (magisterio, universidad) que pueda comnunicar con exactitud y garantía quién es Jesús.
-          Solo conoce a Jesús aquel a quien se lo revela el Padre. Cualquier otro planteamiento cae fuera de la órbita exacta. Y esto ha de ocurrir ayer y siempre.
Yo solo puedo conocer a Jesús en cuanto revelado por el Padre; no hay más vía que la vía mística.

Conocer a Jesús es vivir a Jesús. Jesús vive en mí, porque el Padre me lo ha revelado. Vivo yo, mas no soy yo: es Cristo quien vive en mí.
 Esa inmanencia vital de Cristo en mí nos lleva a ver la Comunión con Dios como Comunión con Jesús.
Conoce a Jesús el que da la vida por él, solo ese. Este conocimiento intrínseco, configurativo, tiene tres aspectos:
-          Ser pobre como Jesús, en verdadera pobreza.
-          Ser humilde como Jesús, por el camino de la humillación.
-          Morir como Jesús, en Jesús.

Nos remitimos a continuación a la doctrina de los Ejercicios de San Ignacio. Ignacio de Loyola, maestro en el discernimiento de espíritus, llega a un punto crucial en los Ejercicio, cuando nos habla de la táctica dl demonio y de la táctica de Jesús en ese proceso de la transformación radical del corazón. La representación militar de Íñigo de Loyola nos invita a imaginar dos arengas: la que hace el demonio a sus huestes de demonios; la que hace Jesús a sus siervos y amigos.

Táctica del demonio: “tres escalones”
[142] 3° puncto. El 3°: considerar el sermón que les hace, y cómo los amonesta para echar redes y cadenas; que
Ø  primero hayan de tentar de cobdicia de riquezas, como suele, ut in pluribus, para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crescida soberuia; de manera que el primer escalón sea de riquezas,
Ø  el 2° de honor,
Ø  el 3° de soberuia, y destos tres escalones induce a todos los otros vicios.
Táctica de Cristo nuestro Señor: “tres escalones”
[143] Assí por el contrario se ha de imaginar del summo y verdadero capitán, que es Christo nuestro Señor.
[144] 1° puncto. El primer puncto es considerar cómo Christo nuestro Señor se pone en un gran campo de aquella región de Hierusalén en lugar humilde, hermoso y gracioso.
[145] 2° puncto. El 2°: considerar cómo el Señor de todo el mundo escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de personas.
[146] 3° puncto. El 3°: considerar el sermón que Christo nuestro Señor hace a todos sus siervos y amigos, que a tal jornada envía, encomendándoles que a todos quieran ayudar en traerlos, primero a summa pobreza spiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere elegir, no menos a la pobreza actual; 2°, a deseo de oprobrios y menosprecios, porque destas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones:
-          el primero, pobreza contra riqueza;
-          el 2°, oprobrio o menosprecio contra el honor mundano;
-          el 3°, humildad contra la soberuia; y destos tres escalones induzgan a todas las otras virtudes.
[147] Coloquio. Un coloquio a nuestra Señora, porque me alcance gracia de su hijo y Señor, para que yo sea recibido debaxo de su bandera,
ü  (Pobreza) y primero en
o   summa pobreza espiritual,
o   y si su divina majestad fuere servido y me quisiere elegir y rescibir, no menos en la pobreza actual;
ü  (Oprobios) 21, en pasar oprobrios y injurias por más en ellas le imitar, sólo que las pueda pasar sin peccado de ninguna persona ni displacer de su divina majestad, y con esto una Ave María.

2° coloquio. Pedir otro tanto al Hijo, para que me alcance del Padre, y con esto decir Anima Christi.
3° coloquio. Pedir otro tanto al Padre, para que él me lo conceda, y decir un Pater noster.

En este clima de realidades espirituales podemos comprender la oblación a la que llega en ejercicio el corazón dispuesto. Véase el texto de san Ignacio (Libro de los Ejercicios, n. 98)

[98] Eterno Señor de todas las cosas (JESUCRISTO), yo hago mi oblación, con vuestro favor y ayuda, delante vuestra infinita bondad, y delante vuestra Madre gloriosa, y de todos los sanctos y sanctas de la corte celestial,
que yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada, sólo que sea vuestro mayor servicio y alabanza,
de imitaros en pasar
Ø  todas injurias y todo vituperio
Ø  y toda pobreza,
Ø  así actual como spiritual, queriéndome vuestra sanctísima majestad elegir y rescibir en tal vida y estado.















En suma, seguir a Jesús o vivir en comunión con él es verter toda mi vida en donación a él:
-          Donación inmanente, desde las raíces del ser en intimidad con él, donación esponsal.
-          Donación “histórica” de mi ser, por cuanto que esa donación interna se despliega como donación del todo concreta en el servicio a mis hermanos los hombres.


La presencia de la Madre de Jesús
en la Iglesia y en mi vida

Al coronar nuestros Ejercicios volvemos nuestros ojos a María, porque en ella hacemos síntesis. Hay un instinto en el corazón de la Iglesia, y en el mío, que nos lleva a la Virgen como misterioso centro, como aura envolvente de la vida. Tomamos el Evangelio de Juan, que nos entrega la conciencia de la era apostólica.
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena” (Jn 19,25). En el Evangelio de Juan María no tiene nombre: es “la madre de Jesús”, aquí lo mismo que en Caná. En el Evangelio de la Infancia de Lucas será nada menos que “la madre de mi Señor” (Lc 1,43).
La escena de ninguna manera se resuelve con una exégesis pío-sentimental; Jesús muriente resuelve el caso de su madre sola. Esta nota en sí misma tan humana, no cuadra con el estilo de todo el Evangelio, cargado de simbolismo sacramental. De modo que pertenece a la exégesis “literal” del texto la intención eclesiológica y sacramental del autor. “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26). María – Mujer del Génesis, madre de vida – es constituida, en el momento supremo de la Hora, como Madre de los discípulos del Hijo, Madre de la comunidad mesiánica.
En Caná dice Jesús: “Todavía no ha llegado mi hora” (Jn 2,4). La presencia de María ya era parte de la Hora. “Haced lo que él os diga” (v.4). Y fue la hora, el despuntar de la Hora, llena de gloria.
¿Cómo se puede definir teológicamente esa presencia de gracia, que fue y es la misión de María, superior al ministerio de los Apóstoles? Ese toque materno-mariano de la Iglesia es real, mas no se puede capturar como “definirlo” nosotros. Vale, como antes indicamos acerca del conocimiento de Jesús Mesías e Hijo de Dios, lo que dijo el mismo Señor a Simón: Eso lo tiene que revelar el Padre. María está entrañablemente presente en la Iglesia y en mi vida. El Concilio ha dado este espléndido testimonio.
En la semana pascual estuve en Medjugorje, donde se siente la dulzura de la Reina de la Paz. ¿Qué es Medjugorje? La amplia comisión de teólogos, creada para redactar un “informe” que debía entregarse a finales de 2012, no ha logrado todavía presentar su trabajo para que la Iglesia dé un veredicto. Y entretanto, Medjugorje, adonde han ido más de 20 millones de peregrinos, sigue siendo un centro de Eucaristía y de Perdón, porque ese es el centro espiritual de aquel lugar, no la Virgen. Y la voz suave de la madre de Jesús sigue diciendo: Haced lo que él os diga.
Las gentes sencillas de nuestras parroquias tienen mucho que enseñarnos
En la Virgen María seguimos poniendo nuestra confianza, pues ella, al ser la Madre de Jesús, es la Madre de la Comunidad de Jesús, la Madre de la Iglesia.
Así la hemos invocado al iniciar cada una de nuestras meditaciones.



La Encarnación de Díaz, Jal., 29 agosto 2013

Rufino María Grández, OFMCap

Hermanos Menores Capuchinos
Privada Bugambilias 350,
Col. Rinconada Santa Rita,
C.P. 44690, ZAPOPAN, Jalisco.
Tel. (01 33) 33357406
rufinomg@yahoo.com.mx
Blog: Las Hermosas Palabras del Señor

1 comentarios:

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años

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