jueves, 12 de septiembre de 2013

445. Domingo XXIV C – El padre del hijo pródigo



Homilías en el domingo XXIV del tiempo ordinario, ciclo C
Evangelio de san Lucas, todo el capítulo 15


Texto del Evangelio
Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo esta parábola: “¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrás más alegría en el cielo por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convenirse.
O ¿qué mujer, que tiene diez monedas, si se le pierde una no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.
También les dijo: “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre; “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de paz, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”, Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí no me has dado nunca un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Hermanos:
1. La parábola del hijo pródigo es la joya de las parábolas. No es que queramos nosotros poner categorías a las palabras de Jesús, puesto que todas ellas son divinas; es la joya, porque bien pronto nos vemos a nosotros representados en ese hijo pródigo, malgastador de la hacienda paterna, y no nos atrevemos a figurarnos un padre como el padre que aparece en la parábola.

2. En esta parábola entran en escena tres personajes principales: el padre, el hijo malo y el hijo bueno; y otros secundarios, que no nos interesan: el hacendado que tiene una granja de cerdos, los criados que traen la ropa y el anillo al hijo perdido, la comparsa de músicos y danzantes que han preparado el festín y el baile. El eje de la parábola parece que es el hijo aventurero que ha ido por el mundo adelante buscando aventuras y, al fin, ha perdido su dinero en brazos de prostitutas. Por eso, tantos siglos hemos llamado a esta parábola “la parábola del hijo pródigo”. Sin embargo, si bien se reflexiona en las palabras de Jesús, el eje y centro de la parábola, el verdadero protagonista, es el padre, el padre bueno.
La parábola va dirigida a una pregunta: ¿Cómo es Dios? ¿Cómo es ese Dios que Jesús predica y que produce escándalo?
Y la respuesta de Jesús es clara: Dios se ha vuelto loco, loco de amor; sí, loco de amor por mí…Y celebra una fiesta en el cielo cada vez que uno de sus hijos, pecadores, se arrepiente y vuelve a la casa paterna.
Verdaderamente Dios nos ama hasta la locura y nada ni nadie le va detener en este amor.

3. En un pensamiento racional, al abordar la parábola, uno, de pronto, se siente inclinado a dar la razón al hijo mayor, que es el hijo virtuoso y responsable. Él es el trabajador, el siempre bueno, el que nunca se ha desmandado, el que no ha ocasionado ningún escándalo a su padre, el que siempre ha obedecido. Todas las cartas están a su favor.
En el contexto del Evangelio, de la vida precisa de Jesús, el hijo bueno está representando la conducta de los fariseos, que censuran el comportamiento laxo de Jesús. La introducción que hace Lucas, evangelista, es clara: Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”.
Jesús es criticado porque, con este proceder abierto, no salva la seriedad de la vida, el juicio de Dios.
Este hermano cumplidor – y fariseo, añadiríamos – de ninguna manera puede aceptar la conducta alocada de su hermano irresponsable y vicioso. Y tampoco el comportamiento de su padre, que ha coronado con una fiesta de bienvenida el proceder necio e infamante de su hijo. Este hijo mayor puede pensar: Mi padre se ha pasado de bueno y se ha vuelto loco.

4. Jesús pinta a ese Padre, que evidentemente es el Padre Dios, un Dios que se siente débil y desarmado por el pecador que regresa a casa. Se podría llegar a un acuerdo. Gran generosidad sería perdonar lo pasado, y borrón y cuenta nueva.
Pero la parábola no dice esto. Ese perdón calculado, que nosotros inventamos, no es el perdón de Dios. Dios perdona sin pasar factura, sin llegar a un acuerdo para resarcir los daños del pasado; Dios perdona pura y simplemente.
Y la evidencia del perdón es la fiesta, una fiesta de traje y anillo, con música y danza, que más se parece a un banquete de bodas que a un gesto de acogida y reconciliación.

5. Jesús ha soltado todos los recursos de su imaginación para darnos a conocer algo que nosotros no conocemos, porque tristemente nos da medio el conocerlo: ese es Dios, ese es mi Padre. Jesús morirá en la cruz orando: Dios mío, Dios, ¿por qué me has desamparado?, y traga con ello el pecado del mundo, pero el Dios que anuncia, a costa de su propia muerte, es el Dios del amor loco, el Dios ternura que no se deja oscurecer por ningún pecado humano.
Con esta parábola podemos reinterpretar las frases duras y amenazadoras de la predicación de Jesús, cuando ha asumido el talante de los profetas frente a esta generación mala y adúltera.
Sí es cierto que Jesús ha defendido los derechos de Dios con las palabras más terribles, con amenazas que han hecho temblar. Que era para decirles: Considerad la gravedad del momento, la importancia definitiva de la existencia humana; pero yo tengo un secreto último que quiero comunicar a Israel y al mundo entero: Dios, mi Padre, se muere de ternura por el hombre.

6. Solo hace falta, hermanos, que yo, torpe y necio, diga una sola palabra: Dios mío, he sido un ingrato, perdóname.
Y entonces comienza la fiesta nupcial, anticipo del cielo.
Homilía y palabas que pronunciamos ante este crucifijo desgarrado, al que presentamos un ramo de flores.
Gracias, Jesús, por haber presentado el amor, loco de ternura de tu Padre. Amén.

Guadalajara, 12 septiembre 2013.

Puede verse también, en el domingo IV de Cuaresma del presente año, el número 365. Parábola del Padre bueno y del hijo pródigo.
Un himno en torno al mismo capítulo, Lc 15,1-10: Albergue de pecadores.

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