domingo, 15 de septiembre de 2013

447. La celebración del Tránsito de San Francisco



Muerte y Tránsito de un crucificado:

Elemento espirituales del Tránsito de San Francisco

A mis hermanos y hermanas
de la Familia Franciscana
Índice

1. La gracia del Tránsito de san Francisco
2. Evocación espiritual y memoria de una tradición
3. En busca del Tránsito de San Francisco
4. Los elementos que hoy se manejan para preparar el Tránsito de san Francisco
5. El “Tránsito de Celano” y el “Tránsito de San Buenaventura”
6. Múltiples elementos para la espiritualidad del Tránsito de san Francisco, la muerte de un crucificado
7. Rima espiritual para contemplar el cuerpo yacente de san Francisco


1. La gracia del Tránsito de san Francisco

San Francisco  murió en el atardecer del 3 de octubre del año de gracia de 1226. El 3 de octubre era sábado y asomada el domingo 4 de octubre; la iglesia iniciaba el Domingo, día de la Pascua del Señor.
El Tránsito nos evoca un momento sencillo y sublime: el triunfo del Amor en Francisco de Asís que, una vez que dejó sus vanidades, fue cristiano hasta la médula, perfecto discípulo de Jesús.
En la muerte de los santos se celebra su dies natalis, su nacimiento para el cielo, su asociación definitiva al triunfo pascual del Señor. Y esto acontece en la celebración eucarística del día de la fiesta, rodeada por toda la oración litúrgica, de las primeras Vísperas hasta las segunda Vísperas, con las que concluye la solemnidad.
En el caso de san Francisco hay una celebración muy próxima a la liturgia, el Tránsito, que desde hace siglos hemos venido celebrando la familia franciscana. Quienes hemos vivido el Tránsito desde niños, en el Seminario Seráfico, podemos decir que el Tránsito tiene una gracia especial. Uno contempla cómo murió san Francisco, de un modo que parece una liturgia celestial, y queda embargado de muchos sentimientos: en el fondo, san Francisco, yo y Jesús. Yo también, que he abrazado la vida evangélica al modo de Francisco, un día me he de encontrar con el Señor… Quizás estos sentimientos no tienen nombre, porque son vida y aspiración. Si hay que darles nombre yo pondría este: divina nostalgia, envidia…, al ver en la tierra hombres que tanto se han parecido a Jesucristo.
Quisiera, con este pequeño trabajo para tal circunstancia, ofrecer algunos elementos a la consideración de mis hermanos y hermanas de la familia franciscana.

2. Evocación espiritual y memoria de una tradición

El Tránsito de san Francisco es una celebración que secularmente ha tenido la familia franciscana, con un sencillo rito propio codificado en el Caeremoniale Romano-Seraphicum. Con el Tránsito se coronaba todo lo que suponía la fiesta de san Francisco. ¿Qué era la Fiesta de San Francisco? Digámoslo no con lamentos, sino con la grata evocación de fervores de tantos hermanos nuestros.
El Manual Seráfico de los FF. MM. Capuchinos de las Provincias de España y de sus Custodias y Misiones (Madrid 1948), vigente hasta la renovación que trajo el Concilio, disponía lo siguiente:
Festividad de nuestro Padre. Para celebrar dignamente el triunfo de nuestro seráfico padre San Francisco, la comunidad se dispondrá con una solemne novena preparatoria que se hará durante la Misa conventual, en otra misa de las más concurridas y además en la función de la tarde. Dicha novena será predicada, cuando menos, en los lugares de alguna importancia. En el día de la fiesta de nuestro Padre debe hacerse por la tarde la solemne conmemoración de su feliz Tránsito, en la forma prescrita pro el Ceremonial (2755-2759); y además la renovación de la profesión religiosa, como lo preceptúan las Ordenaciones generales (Ord. 70,2)” (Manual, n. 182). La víspera de san Francisco – recordemos – era día de ayuno y de “comer en tierra” (es decir, de rodillas en el refectorio, cada uno delante de su puesto).
No tengo a mano nuestro viejo Caeremoniale Romano-seraphicum ad usum Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum. Romae 1944. 676 pp. que estudiábamos en el noviciado (ya será difícil hallarlo en nuestras bibliotecas), pero de memoria podría recordar qué elementos componían el Tránsito. Eran estos principalmente, reunida la comunidad en la iglesia o en el coro, presidida por el Padre Guardián con capa pluvial y los hermanos con cirios encendidos: - La bellísima antífona O santissima anima - El salmo de la muerte de san Francisco, salmo 142: Voce mea ad Dominum clamavi - Los cinco padrenuestros a las llagas de San Francisco - La renovación de los votos, precedidos por una breve alocución del Guardián – La antífona Salve, sancte pater - La oración u oraciones correspondientes - La bendición con la reliquia de san Francisco - Para finalizar con el beso a la reliquia con un canto a san Francisco
En aquel tiempo las Vísperas se rezaban a media tarde, y el Tránsito era al atardecer. El texto de la primera antífona dice así:
O sanctissima anima,
in cuius transitu
cæli cives occurrunt;
angelorum chorus exultat
et gloriosa Trinitas invitat dicens:
mane nobiscum in æternum.
¡Oh alma santísima,
a cuyo tránsito salen al encuentro los ciudadanos del cielo,
exulta el coro de los ángeles,
y la gloriosa Trinidad invita diciendo:
Permanece con nosotros para siempre!
La antífona está inspirada en el oficio divino de San Martín de Tours. Puede escucharse en diversos sitios de Internet que fácilmente se alcanzan con un buscador.
Otra pieza muy bella es el Salve, sancte pater, cuya letra, atribuida a Tomás de Capua, cardenal (1185-1239) dice:
Salve, sancte pater, patriae lux, forma Minorum.
virtutis speculum, recti via, regula morum:
carnis ab exilio duc nos ad regna polorum.
Salve, padre santo, luz de la patria, forma de los Menores,
espejo de virtud, camino de lo que es recto, regla de costumbres:
desde el exilio de la carne llévanos al reino de los cielos.
Recomendamos la ejecución de maestro de canto gregoriano Studio di Giovanni Vianini, Milano, Italia,  en el sitio:


3. En busca del Tránsito de San Francisco

Cuando se va acercando la fiesta de san Francisco se reúne la comunidad – que hoy preferimos llamar la fraternidad – y en diálogo suelto los hermanos (e imagino que harán igual las hermanas) se preguntan cómo preparar la fiesta de san Francisco: si novena, si triduo, y en qué momento oportuno y de qué modo. Y hay un punto particular: El Tránsito de San Francisco. Los aspectos que entran en discernimiento suelen ser estos:
1)     El día. De preferencia el 3 de octubre por la tarde.
2)     ¿Con Vísperas o sin Vísperas? Parece que son dos celebraciones distintas. No hay que alterar las Vísperas, y al Tránsito hay que darle su fisonomía propia.
3)     ¿Nosotros solos o con “la gente”? Los hermanos y hermanas de la Orden Franciscana no son “la gente”, sino la familia. Conviene celebrarlo en familia; y Francisco, hermano universal, invita a quien quiera venir.
4)     ¿Con qué elementos? Aquí es donde salta la creatividad de los hermanos. No está de más darse un paseo por Internet y ver cómo campea la creatividad. Detengámonos en este punto. (Lo último que cae en mis manos, muy sensatamente preparado: Memoria del Tránsito del padre san Francesco. Curia provinciale OFM. Trento 2008).

4. Los elementos que hoy se manejan para preparar el Tránsito de san Francisco

No tenemos, al presente – al menos, los capuchinos – un Ritual “oficial”, aprobado, del Tránsito de san Francisco, como existe un Ritual de profesión.
El “impasse” en que nos encontramos dura ya mucho tiempo. Y no se ve fácil solución. La liturgia de las Horas de la familia franciscana, en español (los folletos editados en 1983 y usados hasta el año pasado), había puesto en las I Vísperas de la fiesta, en lugar del cántico del Nuevo Testamento, el salmo de la muerte de san Francisco; a mi modo de ver, erróneamente; “error” subsanado en al edición de 2012. En Completas había un himno referente a san Francisco, que se ha mantenido, y que – dicho modestamente – está fuera de lugar, fuera del espíritu litúrgico.

1)     Los cantos. ¿Qué hemos de cantar? Se acude a partituras juveniles: cantos de la película Hermano Sol, Hermana Luna; cantos muy difundidos de Cesáreo Gabaráin, el músico sacerdote vasco que tanto ha penetrado en la liturgia…Y a otros semejantes. No se cierre la inspiración. De nuestra parte hemos ofrecido un himno específico para el Tránsito: La paz se ha derramado suavemente / desde Jesús sobre el llagado cuerpo (Himnos para el Señor. Barcelona. Ed. Regina 1983. Con música de Fidel Aizpurúa). Veo que en la nueva edición de la Liturgia franciscana se ha tomado como posibilidad alterna en las primeras Vísperas.
2)     Fondo bíblico. Hay dos textos privilegiados:
- El Evangelio de san Juan: Jn 13,1-15
- El salmo 142 (en la Vugata 141)
Ambos textos aludidos por las fuentes franciscanas.
3)     Fondo de las fuentes franciscanas:
- El Cántico de las criaturas (que tiene una estrofa para la Hermana Muerte).
- ¿Testamento de san Francisco? ¿Acaso el “Testamento de Siena”?
- Los relatos de la muerte de san Francisco: ¿Qué texto seleccionar?
4)     Fondo de la tradición secular de la Orden:
- La antífona O sanctissima anima, unida al salmo 142 (tiene dos melodías gregorianas).
- La antífona invocativa Salve, sancte pater (que podría ir antes de las preces)
- Puede ser muy oportuno mantener el elemento del antiguo rito, sencillo y grave: renovar junto con el hermano ministro, que preside, los votos de nuestra profesión religiosa.
5)     Las preces, habituales en la liturgia actual. Convendría que no fueran dirigidas a san Francisco, sino a Cristo pro intercesión de san Francisco; preces de carácter universal, no reducidas a la familia franciscana.
6)     Otros elementos. En grupos juveniles especialmente – tal como la Jufra, Juventud Franciscana – y también en nuestros jóvenes franciscanos, novicios y profesos, gusta mucho la escenificación. Podría ser, pero con mucho tacto y discreción. El ambiente de sacralidad no lo da precisamente la escenificación, que con facilidad se puede banalizar, sino otros aspectos de encuentro en la fe y meditación, que te llevan a la interioridad.
7)     El lugar de la celebración y los varios servicios. Es importante el lugar con su ambiente, y la decoración propia de esta celebración. Hay que cuidar la función del que preside la asamblea, que en el momento oportuno tendrá la homilía adecuada, densa, breve y piadosa; la intervención, muy discreta del monitor; las intervenciones de los lectores y otros posibles actores.

¿Qué hacer? Con buena voluntad lo que se pueda. Con buena voluntad, que debe ir fundamentado en un conocimiento adecuado.


Acudir a las fuentes franciscanas

Las fuentes de donde debemos extraer los elementos históricos que pueden configurar los varios aspectos de la espiritualidad del Tránsito de san Francisco son estas:
Vida primera de Celano, (1228, con motivo de la canonización, entregada en 1229) 109-111;  Vida segunda de Celano (1246) 214-217; Leyenda de los Tres Compañeros 68-70; Anónimo de Perusa 46; Leyenda de Perusa (florilegio de Greccio, año 1246), 99-101; Legenda maior de San Buenaventura (1263) XIV; Legenda minor (poco después); Espejo de perfección (posterior, de los “espirituales”) 121-124.
No podemos tomar indiferenciadamente un dato de aquí y otro de allá, sino que hay que sopesar cada uno para saber cuándo fue escrito y con qué finalidad, y saber si lo que se narra es el Tránsito o anécdotas que se refieren oportunamente al fin de san Francisco. Es deliciosa la escena de la visita de madona Jacoba de Settesoli, venida de Roma para visitar a Francisco muy enfermo, y trayendo lo que a Francisco gustaba, unos “mostaccioli”, tela para la mortaja y cera para los funerales. Este relato del Espejo de perfección 112 termina anotando: “Y en la misma semana que vino la señora Jacoba, voló al cielo nuestro Padre santísimo”. Pero esta escena entrañable no ha sido transmitida en la secuencia del Tránsito.
En una visión de conjunto podemos afirmar:

1)     Todos los relatos, empezando ya en Celano, están escritos desde la perspectiva de un santo canonizado. Son relatos, por tanto, para que se lean con gran admiración. La muerte de Francisco, más que una “santa muerte”, una “muerte modélica” para un cristiano o un religioso, es una muerte del todo singular, de algún modo atípica, muerte configurada con Jesús crucificado.
2)     Ningún testimonio narra la recepción de los últimos sacramentos de la Iglesia, normal en un cristiano: ni el viático ni la “extremaunción”, ni la confesión para morir, la absolución y la posible bendición “in articulo mortis”.
3)     Para narrar esta muerte singular era importante dejar constancia de tres elementos recurrentes en la hagiografía cristiana:
- el aviso sobrenatural de la muerte
- la visión de alguien que contempla el alma del difunto subiendo al cielo
- los milagros que se obran en la muerte
4)     Ningún relato ha querido dar, con exactitud cronológica, la secuencia de los pequeños episodios. No se puede reconstruir, con esta exactitud, los días y los momentos inmediatos a la muerte.
5)     A todos les importa, narrar lo que pasó antes de morir o anécdotas en torno a la muerte, ponernos en contacto con la figura original de Francisco para que, por medio de acciones, incluso de símbolos, y normalmente con palabras y buenos ejemplos, sepamos cuál es nuestro camino. La vida de san Francisco tiene una dinámica interna desde las llagas, como despedida de sus hermanos y encuentro con la Hermana Muerte. Francisco, inextinguible, anhela el fervor de los primeros días: “Comencemos, hermanos…”, y la exhortación del Testamento, evocando cómo comenzó esta historia, apunta a lo mismo.
6)     Un estudio especial merecen tanto en Celano como en san Buenaventura dentro del curso narrativo los textos efusivos, teológicos y espirituales, en cuyos párrafos se refleja el sentido último de lo que están narrando y las aspiraciones que suscitan a quienes buscan la vida evangélica en la vida franciscana.
7)     En cada escrito se dice y se calla oportunamente lo que procede, según la finalidad del autor. En el primer testimonio de Celano tiene un significado muy importante la figura de Fray Elías, que está al frente de la Orden, luego ya no, excluido de la fraternidad; en el relato de san Buenaventura no se nombra.
8)     Celano es muy buen narrador, narra con unción, teniendo la Escritura como latido constante de su narración; y al mismo tiempo combina narración y parénesis: intercala oraciones o parénesis con respecto al estado de la Orden.f
9)     San Buenaventura escribe por orden del capítulo general (1261) cuando se había decretado que desapareciesen las demás “Leyendas”, que “pro bono pacis” serían suplantadas por la vida que iba a escribir el eminente Fray Buenaventura. Su escrito tiene que ser profundamente espiritual y conciliador, sin salirse de la verdad. Compone, principalmente sobre la base de Celano, un relato teológico del Tránsito de san Francisco, sobre el esquema, que recorre toda su obra, de configuración con Jesús crucificado.  Se diría que la muerte de san Francisco va cobrando, cada vez más, un aspecto de celebración litúrgica.
10)Un estudio especial merece san Buenaventura, no tanto por lo que narra del Tránsito – que no es menos bello el de Celano – sino por la Teología del crucificado como clave para entender la vida y pasión de Francisco, coronada por la Transfixión del Monte Alverna. Por eso, dicen los expertos que el capítulo XIII titulado Las sagradas llagas es el punto cenital y la clave de toda la obra y de la comprensión teológica de Francisco de Asís.

5. El “Tránsito de Celano” y el “Tránsito de San Buenaventura”

Fray Tomás de Celano y Fray Buenaventura, los dos son escritores de primera calidad, los dos son grandes conocedores de la Escritura, los dos son autores profundamente espirituales, los dos son escritores espirituales. Los dos nos han dado una imagen del Tránsito, con sus propios perfiles y situando el Tránsito en una ambientación conclusiva de la vida de Francisco.

Secuencia “celebrativa” del relato de Celano
1.      Bendición. “Ante la inminencia del día”, el palacio de Asís: Llamada para bendecir a los hermanos (como el patriarca Jacob Gn 49,1-2, como Moisés Deut 33,1), muy especialmente a Fray Elías. “A ti, hijo mío, te bendigo en todo y por todo. Y como bajo tu dirección el Altísimo ha multiplicado mis hermanos e hijos, así sobre ti y en ti los bendigo a todos….”
2.      Alabanzas. Pide que le canten el canto de las Alabanzas (Cantan Ángel y León).
3.      Salmo de entrega. El entona, como puede el salmo 141: Voce mea ad dominum clamavi
4.      Perdón. Petición de Fr. Elías: “Acuérdate de los huérfanos…; perdónales. A mis hermanos, presentes y ausentes les perdono”.
5.      Evangelio del inicio de Pascua. Pide que le lean el Evangelio de Juan que comienza: Seis días antes de la Pascua, sabiendo Jesús que le era llegada la hora de pasar de este mundo al Padre... (Jn 12,1 y 13,1).
6.      Puesto en tierra. “Ordenó luego que le pusieran un cilicio y que esparcieran ceniza sobre él, ya que dentro de poco sería tierra y ceniza”. Quizás por pudor no dice lo que dirá en la Vida segunda: “Acabado, pues, con aquella enfermedad tan grave que puso fin a todos los dolores, hizo que lo pusieran desnudo sobre la desnuda tierra, para que en aquellas horas últimas, en que el enemigo podía todavía desfogar sus iras, pudiese luchar desnudo con el desnudo” (2Cel 214, frases que recogerá san Buenaventura).
7.      Los hermanos en torno a él. “Estando reunidos muchos hermanos, de los que él era padre y guía, y aguardando todos reverentes el feliz desenlace y la consumación dichosa de la vida del Santo, se desprendió de la carne aquella alma santísima, y, sumergida en un abismo de luz, el cuerpo se durmió en el Señor” (110).
8.      Se durmió en el Señor. Es el paso a la luz. “¡Luz del mundo que en la Iglesia de Cristo iluminas más que el sol!...” (111).
9.      Veneración de las llagas. “Podía, en efecto, apreciarse en él una reproducción de la cruz y pasión del Cordero inmaculado que lavó los crímenes del mundo; cual si todavía recientemente hubiera sido bajado de la cruz, ostentaba las manos y pies traspasados por los clavos, y el costado derecho como atravesado por una lanza...” (112). Todo el relato concluye con la apoteosis, que es con la narratio una meditatio, laudatio, iubilatio. “…¡Qué intimidades las suyas con Jesús! Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en los oídos, Jesús en los ojos, Jesús en las manos, Jesús presente siempre en todos sus miembros. ¡Oh, cuántas veces, estando a la mesa, olvidaba la comida corporal al oír el nombre de Jesús, al mencionarlo o al pensar en él!...” (115)

Secuencia “celebrativa” del “Tránsito de San Buenaventura” en la Porciúncula
1.      Desnudo. “pidió ser trasladado a Santa María de la Porciúncula… Habiendo llegado a este lugar… se postró totalmente desnudo sobre la desnuda tierra”
2.      Despedida. “Y, vuelto a sus hermanos, les dijo: «Por mi parte he cumplido lo que me incumbía; que Cristo os enseñe a vosotros lo que debéis hacer».
3.      En pobreza y obediencia: mandato del guardián. “(El guardián) corrió presuroso en busca de la túnica, la cuerda y los calzones, y, ofreciendo estas prendas al pobrecillo de Cristo, le dijo: «Te las presto como a pobre que eres y te mando por santa obediencia que las recibas». (En 2Cel 215 la frase terminaba: “Y para que veas que no tienes propiedad sobre estas prendas te retiro todo poder de darlas a nadie”)
4.      Exhortación final a todos los hermanos. “hizo llamar a su presencia a todos los hermanos que estaban en el lugar y… los exhortó con paterno afecto al amor de Dios. Después se prolongó, hablándoles acerca de la guarda de la paciencia, de la pobreza y de la fidelidad a la santa Iglesia romana, insistiéndoles en anteponer la observancia del santo Evangelio a todas las otras normas”.
5.      Bendición. “…poniendo los brazos en forma de cruz por el amor que siempre profesó a esta señal, y, en virtud y en nombre del Crucificado, bendijo a todos los hermanos tanto presentes como ausentes…”
6.      Evangelio. “Concluida esta suave exhortación, mandó el varón muy querido de Dios se le trajera el libro de los evangelios y suplicó le fuera leído aquel pasaje del evangelio de San Juan que comienza así: Antes de la fiesta de Pascua (Jn 13,1)”.
7.      Salmo. “Después de esto entonó él, como pudo, este salmo: A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor, y lo recitó hasta el fin, diciendo: Los justos me están aguardando hasta que me des la recompensa (Sal 141)”.
8.      Se durmió en el Señor. Convicción de que su alma sube derecha al cielo (igual Celano) y es vista en ese instante por Jacobo de Asís, el hermano Agustín (Tierra de Labor) y el Obispo de Asís, peregrino en Monte Gargano.


6. Múltiples elementos para la espiritualidad del Tránsito de san Francisco, la muerte de un crucificado

La muerte de san Francisco fue la coronación de una vida, como lo afirman aludiendo a una célebre texto del Eclesiástico: El fin del hombre, dice el sabio, descubre lo que él es (Eclo 11,29) (2Cel 214).
Destacamos esta serie de notas o motivos que dan su relieve singular a la muerte de san Francisco, tomando los textos de las fuentes.

1.      Murió en la paz de los justos con la muerte designada por Dios. San Francisco ha visto su vida como una “historia salutis”, dirigida por Dios en pasos sucesivos. Dios ha sido el protagonista. Dos años antes de morir se le revela el fin de sus días. Los escritores concluyen la vida de Francisco en una doxología: “A ti, Padre dignísimo, te bendecimos; a ti, a quien bendijo el Altísimo, que es siempre Dios bendito sobre todas las cosas. Amen. (…). Conocido esto, se congregó una gran muchedumbre, que bendecía a Dios, diciendo: «¡Loado y bendito seas tú, Señor Dios nuestro, que nos has confiado a nosotros, indignos, tan precioso depósito!. ¡Gloria y alabanza a ti, Trinidad inefable!» (1Cel 111-112).
2.      Murió en la santa Iglesia a los 20 años de su conversión. Veinte años de su conversión, o, más bien, de su total conversión es una fecha salvífica que hay que guardarla para la historia (1Cel 109; Tres Compañeros 68; Anónimo de Perusa 46). El testimonio primero de Celano: “Habían transcurrido ya veinte años desde su conversión” (1Cel 109), hay que ponerlo en relación con otra datación de Celena en el mismo libro: “Estos son los tristes principios en los que se ejercitaba desde la infancia este hombre a quien hoy veneramos como santo -porque lo es-, y en los que continuó perdiendo y consumiendo miserablemente su vida hasta casi los veinticinco años de edad” (1Cel 2). Según ello, al momento de su total conversión tenía 24 años (casi 25 cinco); a la hora de su muerte tenía 44 años (¿casi 45?). Por ello se coloca la fecha de nacimiento en 1182.
3.      Murió con las llagas de Jesús crucificado. “No habían oído ni jamás habían leído en las Escrituras lo que ahora estaba patente a los ojos de todos; y difícilmente se hubiera podido persuadir de ello a nadie de no tener pruebas tan evidentes” (1Cel 112, ver la Carta de Fray Elías comunicando la muerte de san francisco).
4.      Murió en la Porciúncula, bajo la mirada de María. San Francisco escogió el lugar de su muerte. Hay dos motivos: murió donde espiritualmente había nacido; murió en el regazo de María. La historia de la Porciúncula queda entrañablemente unida a la vida de los hermanos menores, y bien podemos decir que es parte de su carisma.
5.      Murió celebrando el misterio pascual. Aparte del Evangelio está el signo del pan compartido: “. Como los hermanos lloraban muy amargamente y se lamentaban inconsolables, ordenó el Padre santo que le trajeran un pan. Lo bendijo y partió y dio a comer un pedacito a cada uno. Ordenando asimismo que llevaran el códice de los evangelios, pidió que le leyeran el evangelio según San Juan desde el lugar que comienza Antes de la fiesta de la Pascua, etc. Se acordaba de aquella sacratísima cena, aquella última que el Señor celebró con sus discípulos. Todo esto lo hizo, en efecto, en memoria veneranda de aquélla y para poner de manifiesto el afecto de amor que profesaba a los hermanos” (2 Cel 214).
6.      Murió dejando un Testamento, llamada a la fidelidad. Fue primero el Testamento de Siena; luego el Testamento adherido a la Regla, no como nueva Regla, sino como aviso y recordación. Surge en la Orden, especialmente de parte los Espirituales el tema polémico de las “Últimas voluntades de san Francisco” (véase Leyenda de Perusa, 101)
7.      Murió bendiciendo. Bendición a Fray Elías, bendición a sus hermanos, bendición a la ciudad de Asís: “Cuando llegaron al hospital, situado a la mitad del camino entre Asís y Santa María, dijo a los que lo llevaban que dejaran las parihuelas en el suelo. Como, debido a su prolongada y grave enfermedad de los ojos, apenas veía nada, hizo que le volvieran de forma que tuviera el rostro mirando hacia la ciudad de Asís. Entonces, incorporándose un poco, dio la bendición a la ciudad, diciendo: “Señor…” (Espejo de perfección, 121). “Nadie se acapare para sí esta bendición que el Santo dio en los presentes para los ausentes; como ha sido descrito en otro lugar, hubo en aquella ocasión una cláusula especial; pero de ella se hizo uso para viciar, más bien, el oficio” (2Cel, frase polémica con posible alusión a Fray Elías).
8.      Murió cantando con alegría las alabanzas del Señor. “Invitaba también a todas las creaturas a alabar a Dios, y con unas estrofas que había compuesto anteriormente él las exhortaba a amar a Dios (cf. 1 Cel 109)” (2Cel 117).
9.      Murió desnudo. Jesús está en la Cruz pobre, doliente y desnudo. Desnudo antes de morir, al llegar a la Porciúncula; desnudo en el momento de morir y muerto: “Y a los hermanos: «Cuando me veáis a punto de expirar, ponedme desnudo sobre la tierra -como me visteis anteayer-, y dejadme yacer así, muerto ya, el tiempo necesario para andar despacio una milla»” (2Cel 217). Tema muy importante en la mística de Celano y Buenaventura. El Seráfico Doctor lo ha plasmado en este momento así: “Ciertamente, quiso conformarse en todo con Cristo crucificado, que estuvo colgado en la cruz: pobre, doliente y desnudo. Por esto, al principio de su conversión permaneció desnudo ante el obispo, y, asimismo, al término de su vida quiso salir desnudo de este mundo. Y a los hermanos que le asistían les mandó por obediencia de caridad (13) que, cuando le viesen ya muerto, le dejasen yacer desnudo sobre la tierra tanto espacio de tiempo cuanto necesita una persona para recorrer pausadamente una milla de camino”.
10. Murió abrazando a la Hermana Muerte. “… recibió a la muerte cantando” (2 Cel 214). “Aun a la muerte misma, terrible y antipática para todos, exhortaba a la alabanza, y, saliendo con gozo a su encuentro, la invitaba a hospedarse en su casa: «Bienvenida sea -decía- mi hermana muerte»” (2Cel 117).
11. Murió rodeado del amor de sus hermanos y del amor de Asís. Ninguna polémica entre hermanos a la hora de la muerte de Francisco, cuando en la Orden ya se sienten opiniones y corrientes. “Pues tuvo por deshonra vivir para el mundo, amó a los suyos en extremo (Jn 13,1), recibió a la muerte cantando” (2 Cel 214).
12. Murió en medio de la creación con el canto de las alondras. “Las alondras, amantes de la luz y enemigas de las tinieblas crepusculares, a la hora misma del tránsito del santo varón, cuando al crepúsculo iba a seguirle ya la noche, llegaron en una gran bandada por encima del techo de la casa y, revoloteando largo rato con insólita manifestación de alegría, rendían un testimonio tan jubiloso como evidente de la gloria del Santo, que tantas veces las había solido invitar al canto de las alabanzas divinas” (San Buenaventura).
13. Murió llorado con ternura. El cuerpo fue llevado a San Damián para que fuera mirado, tocado y besado. “Llegábanse presurosos los hermanos e hijos, y, derramando lágrimas, besaban las manos y los pies del piadoso Padre que los había dejado, y el costado derecho, cuya herida recordaba la de Aquel que, derramando sangre y agua, reconcilió el mundo con el Padre. Muy honrada se sentía la gente; no sólo aquellos a quienes era dado el besar, sino también los que no podían más que ver las sagradas llagas de Jesucristo que san Francisco llevaba en su cuerpo” (2Cel 113).
14. Murió dejando una herencia evangélica a toda la Iglesia. Celano, en su primera vida en el ambiente de la canonización exclama: “¡Luz del mundo que en la Iglesia de Cristo iluminas más que el sol!” (1Cel 111).
15. Tras la muerte la contemplación de las llagas de san Francisco por los hermanos, y en San Damián por las hermanas. El final de Francisco concluyó con una apoteosis de amor de los hermanos, de las hermanas, del pueblo de Asís. Definitivamente a su muerte se le llamó Tránsito.


7. Rima espiritual para contemplar el cuerpo yacente de san Francisco

El Tránsito de san Francisco, narrado primero por Fray Tomás de Celano, narrado después por Fray Buenaventura, provoca una efusión de afectos al contemplar lo sucedido en esta historia de misericordia y amor.
La narratio se convierte en meditatio, laudatio, iubilatio
“La ciudad de Asís fue llegando por grupos, y los habitantes de toda la región corrieron a contemplar las maravillas divinas que el Dios de la majestad había obrado en su santo siervo. Cada cual cantaba su canto de júbilo según se lo inspiraba el gozo de su corazón y todos bendecían la omnipotencia del Salvador por haber dado cumplimiento a su deseo. Mas los hijos se lamentaban de la pérdida de tan gran padre, y con lágrimas y suspiros expresaban el íntimo afecto de su corazón.
No obstante, Un gozo inexplicable templaba esta tristeza, y lo singular del milagro los había llenado de estupor. El luto se convirtió en cántico, y el llanto en júbilo. No habían oído ni jamás habían leído en las Escrituras lo que ahora estaba patente a los ojos de todos…(…)
Llegábanse presurosos los hermanos e hijos, y, derramando lágrimas, besaban las manos y los pies del piadoso Padre que los había dejado, y el costado derecho, cuya herida recordaba la de Aquel que, derramando sangre y agua, reconcilió el mundo con el Padre. (…)”
Francisco había sido en la tierra el Serafín – el Ardiente – alado (Is 6) con seis alas: dos alas sobre la cabeza, dos alas para cubrirse, dos alas para volar: “El segundo par de ellas es para volar, esto es, para consagrarnos a un doble deber de caridad para con el prójimo, alimentando su alma con la palabra de Dios y sustentando el cuerpo con los bienes de la tierra…”
En suma, el Tránsito nos lleva al gozo, íntimo y compartido con los hermanos, y al silencio… Luego él obre según su placer.

1. Llanto y gozo se juntaron
ante el cuerpo de Francisco;
de rodillas lo besaban
cual se besa al Crucifijo.

2. Al Cordero inmaculado
allí lo veían vivo,
nunca en los siglos contado
nunca visto tal prodigio.

3. El cuerpo moreno ayer
tiene hoy un blanco brillo,
y anuncia, flexible y puro,
que Cristo es cuerpo divino.

4. La pobreza es sacramento
que aquí cumple su destino:
comunión con el Desnudo,
amor de Cruz compartido.

5.  El Serafín de seis alas
allí se encontraba herido,
y en el costado derecho
era fuente el paraíso.

6. Dos alas para volar
se abrieron a un tiempo mismo,
para dar a Dios mi todo
y al prójimo mi servicio.

7. Pero el Hermano menor
ya su camino ha cumplido,
vive con Cristo por siempre,
y su presencia sentimos.

8. Dulce hermano en mi Evangelio,
mi Francisco hermano mío,
al abrigo de tu pecho
yo quiero alcanzar a Cristo.

9. ¡Cristo Jesús, gloria y paz,
y luz de los redimidos,
en la pura Trinidad
seas tú santo y bendito! Amén.

Guadalajara, Jal., Domingo, 15 septiembre 2013

fr. Rufino María Grández,
hermano menor capuchino

Nota después de un año (2014):

La paz se ha derramado suavemente

El 15 de septiembre de 2013 se subió a Internet este artículo sobre “El Transito de san Francisco con alentoso espirituales.  Ha tenido interés en la familia franciscana, pues hasta la fecha (víspera de san Francisco de 2014) ha alcanzado 1490 visualizaciones. Añado un Cántico para el tránsito, arriba citado, compuesto hoy hace 34 años, que tiene música apropiada de mi hermano capuchino Fidel Aizpurúa. (Texto publicado en su momento en: mercaba.org /  Rufino María Grández / El pan de unos versos / Flos sanctorum: 4 de octubre).

Tránsito de san Francisco

La muerte de San Francisco, al atardecer del 3 de octubre de 1226 no llamamos Muerte, sino Tránsito, y la familia franciscana en la víspera de la fiesta de san Francisco celebra El Tránsito de San Francisco.
He aquí algunos retazos tomado de la Vida de san Francisco, escrita por San Buenaventura:
El vigésimo año de su conversión Francisco pidió ser trasladado a Santa María de la Porciúncula para exhalar el último aliento de su vida allí donde había recibido el espíritu de gracia.
Habiendo llegado a este lugar…, llevado del fervor de su espíritu, se postró totalmente desnudo sobre la desnuda tierra …
(…) Postrado así en tierra… les dijo: “Por mi parte he cumplido lo que me incumbía; que Cristo os enseñe a vosotros lo que debéis hacer”.
(…) Sentados a su alrededor todos los hermanos, extendió sobre ellos las manos, poniendo los brazos en forma de cruz… bendijo a todos los hermanos tanto presentes como ausentes.
(…) mandó el varón muy querido de Dios se le trajera el libro de los evangelios y suplicó le fuera leído aquel pasaje del evangelio de San Juan que comienza así: Antes de la fiesta de Pascua. Después de esto entonó él, como pudo, este salmo: A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor, y lo recitó hasta el fin, diciendo: Los justos me están aguardando hasta que me des la recompensa.

Cumplidos, por fin, en Francisco todos los misterios, liberada su alma santísima de las ataduras de la carne y sumergida en el abismo de la divina claridad, se durmió en el Señor este varón bienaventurado.
(…) Las alondras, amantes de la luz y enemigas de las tinieblas crepusculares, a la hora misma del tránsito del santo varón, …llegaron en una gran bandada por encima del techo de la casa y, revoloteando largo rato con insólita manifestación de alegría, rendían un testimonio tan jubiloso como evidente de la gloria del Santo, que tantas veces las había solido invitar al canto de las alabanzas divinas.

La paz se ha derramado suavemente
desde Jesús sobre el llagado cuerpo;
Francisco dice adiós a sus hermanos,
los ángeles le salen al encuentro.

Todo está consumado. La fatiga
es ahora el cantar del gavillero;
la pobreza, la esposa engalanada,
heredera feliz del reino eterno.

Viene la muerte en ademán de hermana,
la recibe con cantos y con besos;
y a Cristo entona el salmo vespertino
con un coro de alondras sobre el cielo.

Se han abierto las puertas de la gloria,
se apresuran celestes mensajeros;
"¡Francisco, ven, hermano con nosotros,
junto al Señor guardado está tu puesto!"

Llegó la noche plácida a la tierra,
mientras Francisco amaneció en el cielo;
era por fuera el muerto del Calvario,
era por dentro el que surgió en el Huerto.

¡Oh Padre, cuyo pecho es nuestro hogar,
hoy arriba Francisco del destierro;
a tu divino pecho llamaremos
cuando un día nosotros arribemos! Amén.

Víspera de San Francisco, 1980.

RUFINO MARÍA GRÁNDEZ, capuchino (letra) – FIDEL AIZPURÚA, capuchino (música), Himnos para el Señor. Editorial Regina, Barcelona, 1983, pp. 218-221.
 

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