domingo, 29 de septiembre de 2013

452. Domingo XXVII C – El tesoro de la fe; la alegría y grandeza del servicio



Homilía en el Domingo XXVII del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 17,5-10
Desde el Noviciado de hermanas Clarisas Capuchinas,
Guadalajara, Jalisco

Texto del Evangelio:

Los apóstoles le dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor dijo: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esta morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.

¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis, más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros. Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid. “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”

Hermanos:
1. El Evangelio de este domingo nos transmite dos enseñanzas de Jesús: una sobre la fe, cimiento de nuestra vida; otra, sobre la actitud constante de sencillez y humildad que debe marcar de raíz nuestra relación con Dios y que debe ser clave de nuestra existencia.
Vamos a reflexionar sobre las dos, en la medida en que el Señor nos dé su gracia.

2. Los apóstoles le dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. Esta petición nos recuerda instantáneamente otra que anteriormente nos ha descrito el mismo evangelista san Lucas, cuando dice: “Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos” (Lc 11,1). Y entonces Jesús les enseñó su oración: “Padre, santificado sea tu nombre”.
En uno y otro caso la petición va dirigida al Señor:
Señor, enséñanos a orar.
….le dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor dijo:…
Jesús hablaba y habla como el Señor, no lo olvidemos. Y nosotros estamos gozosos de escucharle como al Señor. Y ambos casos, el asunto sobre el que se pide luz y enseñanza, es esencial: la oración y la fe, que, por otra parte, en este segundo caso, en el Evangelio de hoy, se junta en un mismo acto: la oración y la fe.
Señor, auméntanos la fe. ¿Es que Jesús puede hacer algo? La fe solo la puede aumentar Dios. Cuando le hacen a Jesús esta petición, están confesando su divinidad. Efectivamente, Jesús puede aumentar la fe de sus discípulos, nuestra fe, la mía, esa fe sobre la que la Iglesia está reflexionando en este año, como Año de la Fe.

3. Señor, auméntanos la fe, le diremos nosotros. Y ahora viene la enseñanza de Jesús sobre la fe. Aquí como en otras ocasiones Jesús emplea un lenguaje chocante, y pone un ejemplo que seguramente nunca se ha dado ni nunca se ha de dar: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esta morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.
Según esta sentencia del Señor, la fe es entrar en comunión con el poder infinito de Dios, participar de la vida de Dios, del poder que dimana de esta vida de potencia infinita.
El creyente es  aquel que está inmerso en la vida de Dios, aunque no vea nada; incluso, aunque le parezca ver lo contrario. El creyente es aquel que se ha abandonado totalmente en Dios y ha hecho de Dios el cimiento y el bastión de su vida, su única seguridad para todos los sucesos, grandes o pequeños.
La fe es, por tanto, un salto al infinito, no un salto al vacío. Es un salto a los brazos de Dios.

4. Este abandono en los brazos de Dios no es irracional, por más que una misteriosa duda – o especie de duda – quiera asomarse en nuestra fe. El gran papa Benedicto XVI cuando era un joven teólogo que prometía mucho dio unas conferencias en Tubinga sobre la fe en 1967, que luego publicó en un libro: Introducción al cristianismo, editado en ediciones sucesivas. Allí hablaba de la duda del no creyente, y de la duda también del creyente. (El no creyente) “jamás estará seguro del carácter total de lo que él ha considerado y explicado como el todo, sino que le acuciará la pregunta de si, a pesar de todo, la fe no será lo real y lo que exprese lo real”. Y seguía haciendo la misma consideración a la inversa: “De la misma manera el creyente se siente continuamente amenazado por la incredulidad, que es para él su más seria tentación, así también la fe será siempre tentación para el no-creyente y amenaza para su mundo al parecer cerrado de una vez para siempre” (Introducción al cristianismo, Salamanca, Sígueme 2005, p. 44).
¿Qué nos pide Jesús, el Señor? Que creamos en Dios, abandonándonos sin condiciones. Y entonces, solo entonces, experimentaremos que Dios aumenta nuestra fe. La fe, nos dice la encíclica de este año, Lumen fidei, solo crece creyendo.
El justo vivirá por su fe, nos ha dicho el profeta Habacuc (2,4) en la primera lectura; texto que ha citado dos veces san Pablo: en Romanos (1,17) y en Gálatas (3,11) como principio clave en su teología.
Estamos en el Año de la Fe (2012-2013), conmemorando los 50 años del inicio del Concilio (octubre 1962) y como hijos de la Iglesia hemos sido invitados a reflexionar sobre la fe, la fe que por Jesús y los Apóstoles ha llegado hasta nosotros; la fe que marca la ruta de mi vida; la fe que ya no es simplemente la fe en Dios, sino la fe en Cristo Jesús, el Señor. En él está nuestra salvación. Cuando vea una morera, puedo pensar que Jesús dijo que la fe en Dios es capaz de trasplantar ese árbol al medio del Mar Muerto. Jesús se estaba refiriendo a ese Mar que él había visto con sus ojos cerca de Jericó.

5. El Evangelio de hoy tiene una segunda enseñanza, la del siervo, que es consciente de lo que es y se identifica con su servicio.
Estamos en una sociedad agrícola y pacífica, donde se vive honestamente de la labor del campo, donde los más favorecidos pueden tener sus jornaleros, o su criado habitual, que viene a ser una prolongación de la familia.
Allí se trabaja de sol a sol, y trabajan amos y criados. Al final del día, cuando vuelve el criado de labrar o pastorear, todavía le queda otro trabajo que hacer: servir la cena al amo; luego se sentará él, “comerá y beberá”, como lo acaba de hacer su amo. ¿Qué ha hecho de más el criado, si ese era su deber?
Es una comparación que toma Jesús de la vida social del tiempo, de la vida agrícola, así aceptada, para sugerir una reflexión: Así debéis ser vosotros, con humildad y amor decidle a Dios: Somos unos pobres siervos; hemos hecho lo que teníamos que hacer, y a gusto.
Hermanos:
Dios no nos debe ninguna propina, como si nosotros hubiéramos hecho nuestro deber y algo más. Sería ridículo pensar así.
Dios no nos debe ninguna propina, porque desde el principio nos lo ha dado todo y más que todo. Si nos sentimos generosos para trabajar más de lo que debemos… - por así hablar – démosle gracias a Él que nos da esta ilusión de la vida. Eso es don de Dios. Dios nos ha regalado todo y nunca nos ha hecho ningún mal, sino que todo lo que ha hecho con nosotros ha sido bueno.

6. Hermanos:
Ese es el panorama de nuestra vida: la oración, la fe, la gratitud, el servicio, la alabanza.
Si esto hacemos, Dios nos ha de colmar de felicidad incluso en esta vida, porque Él es nuestro Creador, Él es nuestro Padre. Amén.

(Homilía escrita el domingo 29 de septiembre de 2013. Nos encaminamos a España, y esperamos estar el domingo día 13 de octubre en Tarragona, celebrando al Señor Jesús por esa turba áurea de mártires que van a ser beatificados; entre ellos 33 capuchinos. ¡A Cristo Jesús, Rey de los mártires, el honor, el amor y la gloria!).

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