jueves, 7 de noviembre de 2013

460. Domingo XXXII C – Vida inmortal – No es Dios de muertos, sino de vivos



Homilía en el Domingo XXXII del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 20,27-38
Texto evangélico
Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
“Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando su mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”.
Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer.
Jesús les dijo: “En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos, no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles.
Y que los muertos resucitan lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuan do llama al Señor; “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos”.

Hermanos:
1. Estamos en el mes de noviembre, mes que tiene su propio colorido, mes de coronas y de flores en el cementerio. En España son los crisantemos; en México, la flor de difuntos para los “altares de muertos” que se ponen en las casas es flor de cempasúchil, de color amarillento tirando a rojizo. Visitamos el cementerio para recordar y venerar a nuestros seres queridos.
¿Por qué los visitamos? Asís e ha hecho siempre, así lo hacemos; no es por esto, hermanos, bien lo sabemos. Hay un impulso en el corazón que nos lleva a mostrar nuestros afectos y vinculación. El corazón nos dice que, aunque se fueron de nuestra presencia, todavía viven misteriosamente. Viven ante Dios. Incluso esa vida va a llegar a una grado de plenitud tal que hemos de hablar de resurrección de los muertos, la cual no será ciertamente recuperar un cuerpo caduco que pueda volver a morir, sino alcanzar una vida inmortal. Resucitar no es un paso hacia atrás, retomando un viejo equipaje, sino una m archa hacia adelante, cuyos detalles no podemos conocer; porque, al final, al resurrección es una verdad de fe, no un logro de la filosofía.

2. La fe en la vida inmortal es una vieja verdad de la Sagrada Escritura, que, conforme va pasando el tiempo, adquiere la forma de fe en la resurrección corporal. El caso de los siete hermanos Macabeos, referido en la primera lectura de este Domingo, del segundo libro de los Macabeos, es un testimonio muy elocuente.
Estamos en el siglo II antes de Cristo. La persecución religiosa al pueblo de Israel por parte de los griegos, que intenta profanar la vida y desacralizar y aplastar las tradiciones santas de Israel, al que se ha dado la Ley de Dios en el Sinaí, produce rebelión, resistencia y mártires. Se ha arrestado a los siete hermanos macabeos, se les obliga a quebrantar las tradiciones sagradas. Los siete hermanos, ante los ojos de su madre, van muriendo como verdaderos mártires de amor a al santa Alianza de Dios con su pueblo. Uno de ellos, el segundo, antes de entrar en el horrendo suplicio, le dice al rey: “Tú, malvado, nos arrancas la vida presente, pero, cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del cielo nos resucitará para una vida eterna” (2Mac 7,9). Y así murieron, uno a uno, confesando la resurrección que esperaban.

3. La Iglesia habla de la resurrección de los cuerpos, porque si no hubiera resurrección la inmortalidad que anhelamos no sería completa.
El ser humano ha nacido para la inmortalidad, es decir, para la vida perfecta. Esta verdad la llevamos dentro como un germen. Uno ha nacido para la vida, no para la muerte; y si npo hay una vida que nunca se acaba, y que siempre sea vida nueva, la vida no acabaría de ser vida. ¿Cómo sucederá esto? Solo Dios lo sabe.

4. Uno tiene el presentimiento de que las cosas bellas no serían del todo bellas, si un día se acabaran. La más preciosa de todas es el amor. Tiene que existir un amor que sea igual que la felicidad, un amor para siempre, un amor que no pueda perderse.
Todos disfrutamos en esta vida de momento muy hermosos, pero esos momento bonitos, que están en este mundo pero que parece que son de otro, se pasan. ¡Eso no puede ser así! Lo más bello de la vida no puede ser que un día se acabe, si no la vida sería un engaño, y siendo un engaño, sería un absurdo, una traición. Lo más bello y verdadero tiene que durar para siempre.

5. Hermanos, este sentir de lo más profundo del corazón, que es lo más mío de mí mismo, es verdad; puedo fiarme de él, puedo caminar en la vida guiado por esta luz. Jesús ha caminado así, y nos lo ha enseñado en el Evangelio, como en el episodio de hoy. Aprendamos las grandes verdades que hoy nos enseña, que son dos:
Primera, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
Segunda, Si Dios es el Dios de la vida, la vida total debe recoger alma y cuerpo y creación entera, porque Dios no destruye nada de lo que ha hecho, sino que lo lleva a su absoluta perfección.

6. Si yo bajo a lo más íntimo de mí mismo, a lo mejor me veo como un ser incompleto, tarado, incluso roto… Y con todo, yo tengo una ansia de transcender esas limitaciones mías. Yo quisiera ser, en mi locura, amigo de Dios, como cuerpo de Dios, incluso como esposo de Dios.
No es ninguna locura, porque eso está en las Sagradas Escrituras, ya en los viejos profetas del Antiguo Testamento: “Me desposaré contigo para siempre”, me dice el Señor a mí por labios del profeta Oseas (capítulo 2, versículo 21).

7. Es decir, el anhelo de transcender más allá de mí mismo, anhelo de inmortalidad, de infinitud… pertenece a la esencia constitutiva de mi ser. Nadie me lo puede aplastar ni quitar. Está ahí y levante siempre su cabeza, hasta que se cumpla.
Y en la resurrección de Jesús, que aceptamos por un acto de fe, lo hemos visto cumplido, y lo aceptamos en nuestro acto de fe.
Lo que hoy es Jesús ante el Padre, lo hemos de ser nosotros día; viviremos siempre con el Señor.
2. Terminamos, hermanos, con estas bellas frases de san Pablo, que son una bendición: “Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas”. Amén.

Guadalajara-Jalisco, jueves 7 noviembre 2013.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

LEHAIM

olguita dijo...

Esta reflexión me ayuda a entender (mamá tu no entiendes nada) quizás lo que mi querida hija me daba a entender es esto precisamente que ella estaría eternamente viva y reflexionando veo que si, porque en cada instante la siento viva como cuando siento la presencia de Dios en mi vida , gracias padre Rufino por colaborar en ese entendimiento que poco a poco se va aclarando. nosotras tenemos un amor de madre e hija que va mas allá, es realmente un amor que no acaba , si yo simple mortal lo siento, entonces reafirmo que el amor de Dios como Padre conmigo es perfecto y quiero hacerlo yo también perfecto algún día.

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
Una vez más he de felicitarle por la magnífica exposición que ha realizado en relación con el LIBRO DE LA SABIDURÍA.-
Según los exegetas, se trata de un piadoso judío de la diáspora egipcia (Carta de Aristeas), sociedad y cultura que su autor conoce.-
Asimismo advierten que el momento de su composición no está determinado con exactitud, si bien se ponen de acuerdo en que fue dentro del apogeo del periodo helenístico.-
Su autor conoce también la cultura y lengua griega, en cuyo idioma se expresa con facilidad y soltura, incluso utilizando modismos propios de estoicos y platónicos, sin que ello quiera decir que se halle influido por las ideas religiosas o filosóficas griegas.-
Cordiales saludos.-
Juan José.-

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años

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