viernes, 29 de noviembre de 2013

467. Domingo I de Adviento - Cuando venga el Hijo del hombre



Homilía para el Domingo I de Adviento, Ciclo A (2013-2014)
Mt 24, 37-44

Texto evangélico:
Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempos de Noé. En los días antes del diluvio, al gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

Hermanos:
1. Hoy iniciamos en la Iglesia el Adviento, un tiempo que dura cuatro semanas – o un poco menos, nunca más – hasta que llegue el 25 de diciembre, día de Navidad, día del Nacimiento del Señor.
¿Qué es el Adviento? La palabra Adviento significa “llegada” o “venida”. El Adviento es la venida de Dios, ni más ni menos que la venida de Dios. La venida de Dios es lo más grande que puede acontecer a un hombre; porque si Dios viene, viene a alguien y para algo: con un mensaje, con un proyecto, con una creación. En realidad el Evangelio precisa: es la venida de Cristo, la venida del Hijo del hombre, la venida de Jesús de Nazaret.
El Misal Romano, ese libro que usamos para celebrar la Misa (y que aquí en México se acaba de estrenar en su última versión, mejorada y muy ampliada, la tercera edición del libro oficial de la Iglesia), concreta y explica:
“El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas universales sobre el año litúrgico, 39).
Hay que aprenderse y retener en la memoria estas tres palabras: expectación gozo y alegre.

2. La llegada del Papa Francisco a la Iglesia, hablando con lenguaje litúrgico, es ciertamente un Adviento. Es lo que ha experimentado la cristiandad, un Adviento. Este Adviento ha tenido su signo principal en la exhortación que acaba de publicar el Papa en la fiesta de Cristo Rey, titulada la alegría del Evangelio. Eso es la hoja de ruta de su pontificado. Hay que leerla con atención, no unos puntos particulares. Es larga ciertamente, pero de muy agradable lectura. La prensa internacional la ha acogido muy bien, fijándose, sobre todo en los puntos sociales y políticos. El Papa nos ha dicho expresamente que se va a detener en siete puntos. Oigámosle:
“Aquí he optado por proponer algunas líneas que puedan alentar y orientar en toda la Iglesia una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo. Dentro de ese marco (…), decidí, entre otros temas, detenerme largamente en las siguientes cuestiones:
1.     La reforma de la Iglesia en salida misionera.
2.     Las tentaciones de los agentes pastorales.
3.     La Iglesia entendida como la totalidad del Pueblo de Dios que evangeliza.
4.     La homilía y su preparación.
5.     La inclusión social de los pobres.
6.     La paz y el diálogo social.
7.     Las motivaciones espirituales para la tarea misionera.

3. Dicen que este Papa ha traído una nueva primavera a la Iglesia. Dicho con palabras de este domingo, el Papa Francisco quiso traer un Adviento a la Iglesia, como lo quiso ciertamente el gran Papa Benedicto XVI de otro estilo. Es el Adviento que trajo Jesús al mundo, el Adviento que va a traer con su venida final en gloria, el Adviento que trajo Juan XXIII, el Adviento que trajo el Concilio Vaticano II – la mayor gracia de Dios a su Iglesia en el siglo XX – el Adviento de aquel pontificado de la sonrisa que duró solo 33 días y se llamó Juan Pablo I, por decir solo algunos ejemplos.
Hermanos: está claro, si tenemos ojos clarividentes para ver, digamos con una expectación alegre y gozosa: estamos en Adviento. Hoy es Adviento, y la Navidad (Nacimiento de Dios entre los hombres será Adviento) y la Parusía (aparición final) será Adviento. En suma, un soberano misterio divino-humano, que se despliega con múltiples rayos.

4. Al escuchar el Evangelio de hoy, que ha sido precedido por otros textos sagrados bellísimos – la visión de Isaías que contempla a todas las naciones que vienen al monte del Señor (Is 2,1-5) y el aviso de san Pablo de que “ya es hora de edspertaros del sueño” (Rm 13,11-14) – nos vamos a detener en un punto: de que el que viene es ni más ni menos que el Hijo del hombre, Jesús de Nazaret, el mismísimo que todos los domingos nos reúne para celebrar la Eucaristía.
¿Es posible que Jesús, en su propia vida mortal, haya tenido tal pensamiento de sí mismo:
- yo soy la clave de la historia humana,
- yo soy el centro del universo,
- yo soy el que un día vendrá con toda la gloria de Dios,
- yo soy el centro de la Biblia…?
¿Es posible que Jesús haya pensado así?
Al menos así se lo dijo al supremo tribunal judío, al Sanedrín, en el momento supremo de su existencia, en que se jugaba la vida y la muerte. Es la única palabra que recoge san Marcos de todo el juicio de la Pasión en el Sanedrín?
“El Sumo sacerdote, levantándose y poniéndose en el centro, preguntó a Jesús: ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti? Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito? Jesús contestó: Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo” (Mc 14,60-62).
En esta escena Jesús emplazaba a sus jueves: Veréis al Hijo del hombre venir…

5. Jesús nos ha asegurado en su vida que será él el que viene. Los profetas nos habían dicho, todos los profetas, que vendrá Dios. Jesús nos dice que vendrá él. Esto es divina revelación, y solo por la fe lo aceptamos.
Vendrá él, pero no nos pasará lo que a la generación del diluvio que de repente se encontraron con una hecatombe encima. No nos pasará, porque al llegar hoy y ahora en el momento de la Eucaristía, le decimos:
- Jesús, te aguardamos con expectación, con confianza y alegría. Ven cuando quieras, porque tú has hecho que ya estemos preparados. Amén.

Guadalajara, viernes, 29 de noviembre de 2013.

Véase nuestros Himnos de Adviento en mercaba.org (Rufino María Grández /El pan de unos versos / Año litúrgico. Adviento - Navidad). Para acceder a estos Himnos puedes pinchar AQUÍ.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P.Rufino:
En esta ocasión he preferido dejarle un mensaje muy corto en su correo electrónico.
Disculpe las molestias.
Un saludo.
Juan José.

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
¿Ha podido leer mi mensaje de e-mail? que le transmití ayer??
Saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
Entiendo que no ha podido leer mi mensaje enviado a través del correo electrónico.
Pues bien, en él le comentaba que en su homilía se habla de muchas cosas, pero no se reflexiona nada en lo relativo al pasaje evangélico en concreto, con lo que queda incompleto. Creo que la homilía es para hablar de Cristo y de su evangelio, como advierte el Papa Francisco.
Cordiales saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

Quítate tu, para ponerme yo.

Mario.

olguita dijo...

La venida de Dios es la esperanza de muchos pero la presencia en la eucaristía nos da la tranquilidad de estar preparados para su llegada, compartiendo con usted tantas enseñanzas himnos y oraciones también nos da la confianza de recibirlo con la alegría de un hijo a su Padre. Este adviento es una vez mas una nueva oportunidad, Gracias.

Anónimo dijo...

. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EN LA CONDUCCION DIARIA

Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

Ejemplo:

Ceder el paso a un peatón.

Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

Poner un intermitente

Cada vez que cedes el paso a un peatón

o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años

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