domingo, 8 de diciembre de 2013

471. La Inmaculada en la peana del corazón y de las palabras



PENSAMIENTOS DE UN CREYENTE SOBRE MARÍA,
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE LA INMACULADA


Pórtico

Llega de la fiesta de la Inmaculada – ya ha llegado – y siento que dilata el alma alzar los ojos al cielo para hablar de la Virgen María. Desde hace 90 años (1923) los Romanos rinden un homenaje a la Inmaculada, monumento erigido en Roma (1857) a raíz de la proclamación dogmática de 1854; y desde hace 60 años (1953) es costumbre que el Papa se asocie a este homenaje. Los bomberos subirán hasta los pies de la Virgen una corona de flores.
Esta corona de flores es la que yo quiero depositar ante ella. Hablar de María es un suave descargo para un creyente. Un creyente, creyente de toda la vida por la fe que nuestros padres nos transmitieron, quiere honrarla. Al hacerlo, como ofrenda de amor, testimoniamos la fe viva y perenne de Iglesia. Ahora mismo el Papa Francisco, al concluir su Exhortación “La alegría del Evangelio” (24 noviembre 2013), corona sus pensamientos con un canto a María: María, la Madre de la Evangelización. Al final, le dirige una oración, y, entre otras cosas, le dice:
“Tú, Virgen de la escucha y la contemplación,
madre del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,
para que ella nunca se encierre ni se detenga
en su pasión por instaurar el Reino” (Evangelii gaudium, 288).
María es Vaso espiritual. María es el perfume de la Iglesia. Es misterio y es corazón de todos los misterios, por cuanto que en la sinfonía universal de la Encarnación María es el regazo del Verbo Encarnado. Y estas frases sublimadas podrían parecer vía libre al lirismo, salga lo que salga. Quien preste atención verá que no es así. María es misterio, y solo por la vía del misterio – que es la fe – se accede a ella. Entremos, avancemos.

La vía de la historia y vías del misterio

¿Cómo se puede hablar de María de Nazareth, con palabras adecuadas? Su historia se nos oculta casi toda ella; su misterio se pierde ene l misterio de Jesús. Hay muchas vías, como sin número son las imágenes que la representan, las capillas diseminadas por el mundo entero que celebran su memoria.
1. El Concilio, exponiendo la fe, tomó dos puntos de referencia: Cristo y la Iglesia, a saber: María situada en el misterio de Cristo; María situada en el misterio de la Iglesia. Nos ofreció una bellísima síntesis como nunca había acontecido tal, a nivel de esta suma autoridad, en los siglos del cristianismo.

2. Se puede hablar de la Virgen auscultando las Escrituras conforme van apareciendo los datos en la historia de la revelación (tarea científica basada en muchas hipótesis que habría que probar). En esta perspectiva nos preguntaremos:
- ¿Cuáles son los testimonios más arcaicos, que dan fe de la conciencia que tiene la Iglesia de misterio de María? Quizás el pasaje escrito más antiguo sean aquellas palabras de Pablo a los Gálatas: “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (4,4). El misterio de aquella Mujer queda incrustado en la plenitud del tiempo y forma parte indivisa del misterio de la Encarnación. No pudo conocer Pablo qué manantial de teología surgía de aquella “impostación” (impostazione) que hacía de una mujer, que ya sabemos que era María la Madre de Jesús (aunque no la nombre), fundiéndola con la misma Encarnación del Hijo. Ya no se podría hablar de María sino desde el Hijo, y, por así decir, a ras del Hijo.
- Vinieron los Sinópticos, y allí encontramos frases muy primitivas y muy verídicas, que proceden de labios de Jesús, y que nos dejan altamente pensativos: “¿Quiénes son mi madre y quiénes son mis hermanos? … Estos son mi madre y mis hermanos” (Mc 3,33-34 y paralelos). Y muy arcaico y muy verídico es lo que refiere Lucas cuando “una mujer de entre el gentío” se lanzó con aquel piropeo: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. Y Jesús remató la felicitación: “Mejor, bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y al cumplen” (Lc 11,27-28). Metía a su madre bendita en lo más hondo y céntrico de la comunidad: maría era la acogedora de la Palabra, de la Alianza, de la Promesa, la acogedora de Dios; era, en efecto, el seno de Dios.
- Más tarde – no sabemos cuánto tiempo – vendría el Evangelio de la Infancia, lo mismo de Mateo (1-2) que de Lucas (1-2). Y aquí alcanzamos un monumento soberano de la sabiduría cristiana. Definitivamente María es Virgen, la Virgen María, así declarada por el testimonio de Mateo que por el testimonio de Lucas. Estos Evangelios, saturados de mariología, nos reflejan al vivo cuál era la conciencia espiritual que la Iglesia tenía de su madre, la santa Virgen María.
- Al parecer, con san Juan alcanzamos el ápice: María de Caná de Galilea, y María, la madre de Jesús en el Calvario, la Madre del discípulo amado, es la mujer que verifica en su ser y en su vida, en su súplica y en su presencia, la Hora de Jesús. En la Cruz es “la Mujer”, la nueva Eva, la Madre de la vida, preparada para ser la Madre del Crucificado que derrama su Espíritu en la Cruz y en Pentecostés, de donde nace la Iglesia. Por Jesús nosotros somos hijos de María, y hasta la podríamos llamar Esposa del Crucificado.


María en la armonía del misterio
Inmaculada – Virgen – Asunta
Pobre – Discípula – Creyente
Madre de Jesús – Madre de la Iglesia – Madre mía

No puedo echármelas de Filósofo. Pero, de alguna manera, quisiera trazar un perfil de nuestra fe en la Virgen María, acudiendo a las categorías dinámicas de Hegel, sea cual sea el origen idealista que las haya provocado. La realidad vital tiene ese ciclo dinámico:
Tesis o afirmación de una realidad plena.
Antítesis o contraste frente a esa primera realidad que nos fascina.
Síntesis o punto final hacia la quietud del pensamiento y de la vida.

Tesis: Inmaculada – Virgen – Asunta

Dejémonos conducir en todo momento por las santas Escrituras, sabiendo que en una hermenéutica de fe, la letra, siempre válida, siempre imprescindible, tiene que ser transcendida desde sí misma, como hizo Pablo, cuando en Abraham vio a Cristo. : «De hecho, la Palabra de Dios nunca está presente en la simple literalidad del texto. Para alcanzarla hace falta trascender y un proceso de comprensión que se deja guiar por el movimiento interior del conjunto y por ello debe convertirse también en un proceso vital» (Benedicto XVI, Verbum Domini 38, con la nota correspondiente).

María es Inmaculada. ¿Qué es esto exactamente y qué significa? Esto es que María fue concebida sin pecado original, mientras todos los demás hijos de Adán – Jesús excluido – nacemos inficionados por la culpa misteriosa del primer ser humano.
¿Y qué es lo que esto significa? Que María, ya desde el corazón de Dios, está consagrada a Jesús como Esposa del Verbo; que María y Jesús, siempre a infinita distancia como es la distancia de la creatura frente al Creador, por otra parte, en el plan salvífico de la Encarnación quedan como nivelados. Jesús ha envuelto a su madre en su propia santidad, y por eso, María como Jesús es santa en las raíces propias de su ser. María y Jesús fueron dos caminos que se acompasan y que Dios los funde en uno, porque los quiso unidos. Biene s cierto que María es silencio y Jesús Palabra. La Inmaculada Concepción de María, gracia y privilegio para ella, es fruto de la Redención de Cristo.
Un lector no avezado dirá. Esto es un mito. ¿Quién puede demostrar históricamente algo de esto?
No es un mito, ni siquiera en el más noble sentido que tiene las palabras. Todos los pueblos han tenido sus mitos para expresar de una manera accionada y dramática grandes verdades que Dios ha depositado en el corazón de sus hijos. Los cristianos no hemos fingido una lucha celestial entre la luz y las tinieblas para justificar la concepción inmaculada de María. Es una verdad contemplativa, que ha nacido de una historia. La historia es la muerte de Jesús, muerte y resurrección, causa de nuestra justificación. Contemplando más allá de lo que la mente alcanza, la Iglesia ha visto que la Pasión real e histórica de Cristo que la pasión de Cristo ha irradiado sobre su madre ya en el momento en que entraba en este mundo. “Hija de tu Hijo”, la llamó Dante en la Divina Comedia: figlia del tuo figlio. Son palabras que Dante en La Divina Comedia, en el Paraíso, pone como una súplica en labios de san Bernardo:

"Vergine madre, figlia del tuo figlio,
umile e alta più che creatura,
termine fisso d'etterno consiglio (Canto XXX)

Virgen madre, hija de tu hijo,
humilde y alta más que creatura,
término fijo del divino consejo.

El Bautista anunciaba de Jesús que él, sí, era el fuerte, y que él nos bautizaría con Espíritu Santo y fuego (palabras que recordamos en el II domingo de Adviento). María fue bautizada por su divino Hijo en el Espíritu Santo y en fuego. Esta y no otra es la razón por la que ella fue inmaculada.

María Virgen y María Asunta. Otras dos verdades que no alcanza la historia por una demostración empírica. La ciencia no tiene nada que decir para afirmar la verdad de la virginidad perpetua de María. Es pura armonía y concordia de fe. Lo mismo cuando afirmamos que María ha participado ya plenamente en el misterio pascual de Cristo, en cuerpo y alma, cosa que un día se nos concederá como suprema gracia a los que hemos sido santificados pro Cristo. En María el misterio se ha realizado ya. Esto es la Asunción de María: la plena participación de maría, “la llena de gracia”, en la gracia redentora de Cristo, su Hijo.
Todo esto configura la tesis, la soberana afirmación del misterio de María. María es el don de Dios al mundo, a través de Cristo en el Espíritu Santo. María es la nueva creación de Dios. Ella es la gloriosa siempre Virgen María.
He aquí, pues, la carta de identidad de María como obra de la Trinidad santa, como obra perfecta, regalo para el mundo.

Antítesis/contraste: Pobre – Discípula – Creyente

Una sensibilidad humana y eclesial muy agudizada en estos tiempos nos ha convocado para considerar a María de Nazareth, hija de Adán, como una de nosotros, viviendo en un pueblo desconocido en los bordes del imperio romano. Una mujer del vecindario de Nazaret, pobre como la mayoría, casa con un artesano, José.
¿Podremos rescatar la vida de María, cuando los poquitos datos que de ella tenemos están transmitidos en un género tan peculiar, incluso único, como es el género de Evangelio?
Podemos ciertamente atisbar lo que fue, lo que pudo haber sido: María una mujer de su casa, que sigue las costumbres judías, que en su trabajo a diario tiene que ir a la fuente del pueblo, que acude a la sinagoga, que está casada con un varón de la casa de David llamado José… Los conocedores de la antigua literatura judía acuden a esas fuentes para conocer cómo era la vida cotidiana de Israel en aquel entonces y encuadrar allí la vida de la joven María de Nazareth, de la piadosa María de Nazareth. Pero nuestra pía curiosidad se ve frustrada, porque podemos atisbar muy poquito de lo que quisiéramos conocer.
Un dato destacado es que era pobre, pero tan normalmente pobre como los demás que ni siquiera los Evangelios le van a dar este apelativo de honor…Sí, llevó al templo la ofrenda de los pobres, no la de los pudientes; su esposo era un artesano, que no vivía, por tanto, de la caridad y de la providencia, sino de su humilde trabajo.
Hoy nos agrada subrayar que María era pobre, aunque en la Anunciación la pinten con ropa de princesa y, acaso, hasta coloquen un jarrón de plata en su estancia. Evidente, es una representación de otra cosa.
Pasando a un terreno más interior, esta María de Nazareth, de la historia, era una discípula y era una creyente. Estamos en el área de su pura humanidad, que es la nuestra.
Era discípula, hermoso título que le daba Pablo VI, al tratar de reconfigurar la piedad mariana tras el Concilio. “fue la primera y la más perfecta discípula de Cristo: lo cual tiene valor universal y permanente” (Marialis cultus. 35).
Como discípula del Señor fue creyente, creyente en toda la peregrinación de su vida. Jesús era el Hijo de Dios; eso no era una evidencia, sino un misterio que había que aceptarlo en la fe. María avanzó en la peregrinación de la fe, dice el Concilio. “A lo largo de su predicación acogió las palabras con que su Hijo, exaltando el reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados (cf. Mc 3, 35; Lc 11, 27-28) a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente (cf. Lc 2, 29 y 51). Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz…” (Lumen Gentium, 58).

Síntesis: Madre de Jesús – Madre de la Iglesia – Madre mía

Síntesis, punto cenital de nuestros pensamientos: María, hoy, ahora, aquí, frente a esta nuestra historia, frente a mí: la Madre de Jesús, que es la Madre de los hermanos de Jesús – nosotros – es mi madre, y a ella yo le puedo invocar: ¡Madre mía!
Al final, todo desemboca aquí: su maternidad humana es su divina maternidad, y esta maternidad nos envuelve a todos y llega dulcemente hasta mí. El misterio, desplegado en la teología, se hace culto. Y la cristiandad, como un manto de estrellas, queda cuajada de invocaciones a la Virgen, de ermitas, de templos… Aquí mismo donde escribo hay una imagencita de la Virgen, con su Niño.
¡Ea, pues, Señora,
abogada nuestra,
vuelve a nosotros estos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre,
oh clementísima,
oh piadosa,
oh dulce Virgen María. Amén.


Oración del Papa Francisco hoy ante el monumento de la Inmaculada



Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el honor de nuestro pueblo
y la guardiana atenta que cuida de nuestra ciudad,
nos dirigimos con confianza y amor.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
El pecado no está en Ti.

Suscita en todos nosotros un renovado deseo de santidad:
en nuestra palabra brille el esplendor de la verdad,
en nuestras obras resuene el canto de la caridad,
en nuestro cuerpo y en nuestro corazón habiten la pureza y la castidad,
en nuestra vida se haga presente toda la belleza del Evangelio.

Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
La Palabra de Dios se hizo carne en Ti.

Ayúdanos a mantenernos en la escucha atenta de la voz del Señor:
el grito de los pobres nunca nos deje indiferentes,
el sufrimiento de los enfermos y los necesitados no nos encuentre distraídos,
la soledad de los ancianos y la fragilidad de los niños nos conmuevan,
toda vida humana sea siempre amada y venerada por todos nosotros.

Tú eres la Toda Hermosa, ¡Oh María!
En ti está el gozo pleno de la vida bienaventurada con Dios

Haz que no perdamos el sentido de nuestro camino terrenal:
la suave luz de la fe ilumine nuestros días,
la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
el calor contagioso del amor anime nuestro corazón,
los ojos de todos nosotros permanezcan fijos, allí, en Dios, donde está la verdadera alegría.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María!
Escucha nuestra oración, atiende nuestra súplica:
se Tú en nosotros la belleza del amor misericordioso de Dios en Jesús,
que esta belleza divina nos salve a nosotros, a nuestra ciudad, al mundo entero.

Amén.



Guadalajara-Zapopan, Jalisco, 8 diciembre 2013, junto al templo de Ntra. Sra. de los Ángeles, filian de la parroquia de San Martín de Porres.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Miriam es la cara maternal, de AB-BA.

Anónimo dijo...

Padre Rufino,ha hecho una semblanza de María muy hermosa.
se nota que esta llena de amor.

Un saludo desde Lizarra.
M.

Anónimo dijo...

Muy estimado P. Rufino:
Su verbo lleno de prosa y verso místicos causa asombro.
Δόξα στο Θεοτόκος
Cordiales saludos.
Juan José

Cordiales saludos.
Juan José

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